La búsqueda de la Verdad.

agosto 31, 2014

Título:  The Language of God.

Autor:  Francis S. Collins.

Editorial:  Free Press.

 

La vida es una caja de sorpresas.  Para el joven Francis S. Collins hubiera sido difícil adivinar su futuro, cuando sus estudios de doctorado estaban lejos del gran proyecto que luego dirigió, El proyecto Genoma Humano;  y cuando su visión atea del mundo difícilmente le hubiera permitido prever su futura búsqueda de la revelación.  Pero al contrario que otros, Collins siempre estuvo interesado en la búsqueda de la verdad, y no evitó hacerse preguntas trascendentales, reflexionar sobre ellas y buscar las fuentes que le permitieran contestarlas.

La mente de Dios.

El libro de hoy se dirige a múltiples lectores:  creyentes que no consiguen aún compatibilizar su fe con la ciencia; científicos siempre dispuestos a evaluar qué creen y porqué; ateos con interés en el mundo de la ciencia …  Pero seguramente nada sacará de él un extremista, ya se fundamentalista creyente o ateo beligerante.

Collins parte de su experiencia personal para analizar el camino de la búsqueda de la verdad por dos caminos diferentes:  el de la ciencia primero, y el de la fe después.  Como científico ateo, fue consciente pronto de la imposible respuesta que la ciencia podía ofrecer a las cuestiones trascendentales:  El porqué del Universo, el porqué de la existencia, y el objetivo último de su consciencia personal…   y cómo una inmensa mayoría de culturas, tradiciones, y en definitiva, personas que habitan el mundo, responden a estas preguntas desde la fe.  La necesaria respuesta para éste deseo trascendental, esta profunda sensación de incompletitud que todo ser humano siente en algún momento de su vida, no encuentra su respuesta en la ciencia.

Collins, gracias al proyecto que dirigió, es uno de los científicos más cualificados para hablar de la teoría de la evolución, corroborada mediante el estudio estadístico de la presencia y posición de genes en los genomas de las múltiples especies que habitan la tierra.  Pero al contrario que el recalcitrante Dawkins, nos muestra como algunos comportamientos humanos se salen del modelo:  El altruísmo demostrado por Teresa de Calcuta acogiendo y acompañando a los moribundos en sus últimas horas queda lejos de los ejemplos con los que Dawkins quiere demostrar como las hormigas son el mejor ejemplo para entender la evolución del altruismo humano.

Así pues, Collins experimentó en primera persona la incapacidad de la ciencia actual o futura para resoponder a cuestiones últimas, la profunda carencia que experimenta el ser humano, y algo más:  la llamada interior de una ley moral que todo hombre siente y le previene y advierte, indicándole el camino del bien y del mal.  Incluso para los que defienden el relativismo moral y excluyen la universalidad de esta ley, su falta de razonamiento lógico le impide ver su posible equivocación:  Si todo es relativo, su propio relativismo puede ser relativo, abriendo la puerta a una ley moral fundamental.  Collins siente esta ley moral tan fuerte como la ley de la gravedad, aunque surgiendo de una realidad más profunda.

Con estos mimbres, Collins inició un camino que le llevó a estudiar lo que otros dicen de Dios, buscar el Dios que mejor responde a la lógica según la tradición científica, y que a la vez sea compatible con esa verdad científica.  Citando a Juan Pablo II, nos recuerda que si el Universo y la vida fueron creados por Dios, y Dios nos dio la capacidad de razonar, nuestro razonamiento profundo y sincero debe conducirnos a una verdad científica que sea compatible con la verdad que nos muestre el camino de la fe.  La verdad no puede ser contraria la Verdad.  Collins llegó así a la fe en Dios, y no un un Dios cualquiera que se olvida del hombre, sino en un Dios que necesita del hombre.

Y una vez Collins descubrió este otro camino de la verdad, también planteó en su terreno la preguntas más difíciles de contestar:  el mal del mundo, porque Dios parece permitirlo…  preguntas que también surgieron de experiencias personales, tal como el asalto y posterior violación que sufrió una hija.

Pero en fin, mejor nos desvelar más el misterio.  Es una suerte que gente que ha recorrido este camino acompañado del razonamiento científico lo cuente, para evitar que otros ruidosos y beligerantes pretendan hacernos creer que Dios es incompatible con la mente científica, y que un científico que se declara creyente comete suicidio científico.

 

 

 


Desdibujando el principio

agosto 23, 2014

Título:  Brief history of time ilustrated.

Autor: S. Hawkings.

Editorial:  Bantam.

 

Arthur C. Clarke, reconocido autor de ciencia ficción, formuló en su libro “Profiles of the future” tres interesantes leyes sobre el avance científico.  La tercera de estas leyes dice:

    Toda tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

Hubo y tiempo en que el fanatismo religioso conducía a los magos a la hoguera.  Hubo otro en que ese mismo fanatismo empujaba a los científicos por el mismo camino.  Hoy los papeles se intercambian, y aunque las brasas y el fuego se transforman en desprecio y humillación, son muchos fanáticos de la ciencia los que pretenden ejercer de jueces y verdugos sobre las personas de fe.  

La frase de Clarke nos invita a revisar la relación entre ciencia, tecnología y la sociedad en que vivimos, y el libro de hoy es otro buen pretexto para ello.

Afortunadamente Hawkings no llega tan lejos como algunos contemporáneos suyos, y no parece que su discurso esté tan desequilibrado.  Basta un ejemplo.  Hawkings reconoce cuando repasa la teoría de la relatividad, el viaje en el tiempo, el mundo cuántico y sus paradojas, que no es necesario pensar que el mundo realmente esté construido por los elementos que las ecuaciones describen.  Esto ya es algo.  

Los que trabajamos en computación sabemos hace tiempo que las máquinas de Turing, un concepto  teórico inventado por el famoso matemático británico A. Turing,  sirven para modelar TODO lo que los computadores pueden hacer, pero esto no implica que los computadores estén físicamente construidos como máquinas de Turing, entre otras cosas porque no tienen memoria infinita.  No, en su lugar los computadores funcionan con electricidad, procesadores… 

Así, la naturaleza del universo está todavía en cuestión, y no sabemos si algún día obtendremos una respuesta última.

Tambien entiende Hawkings que algunas de las conclusiones que las ecuaciones arrojan no quepan en la cabeza.  A decir verdad, en esto de la ciencia moderna, las personas de fe tenemos una ventaja: siempre hemos sido conscientes de nuestras limitaciones y falta de capacidad para entender la naturaleza de un Dios trino.

 

Escher

Me sorprende sin embargo que no sea hasta el final de la obra cuando Hakings cite a Gödel y su famoso teorema que revolucionó el siglo XX:  Hoy sabemos que las matemáticas son incompletas (no pueden contener toda la verdad del dominio en el que trabajan) y además que no existe ninguna posibilidad para salvar ese obstáculo.  Todo el edificio científico se apoya así en pilares inestables.  El Teorema de Gödel junto con el principio de Incertidumbre de Heisenberg (que también muestra la imposibilidad de conocer “todo” sobre el universo en que habitamos) han puesto coto a la pretensión científica última.  Así la ciencia de hoy sabe, aunque muchas veces lo olvide, de su propia incapacidad, y en esto por fin se ha alineado con las enseñanzas de los grandes teólogos.

Hawkings sin embargo pretende hacer un truco final con sus ecuaciones, llegando a la conclusión de que con las teorías que conocemos, no es necesario que el universo tenga un principio ni un fin.  No se da cuenta ahora que eso sólo es posible si el universo realmente se rige por esas leyes que estudia, y que por tanto esas mismas leyes son necesarias primero.  Un origen se puede transformar en otro a base de ecuaciones, pero como en la famosa obra de Escher, en que dos manos parecen dibujarse a sí mismas, todos sabemos de la necesidad del artista y su lápiz para que la obra tomara forma.

Una pena que Hawkings no se de cuenta que su resultado no ha conseguido desdibujar el principio, y que aún es necesario un artista final que modele las leyes que rigen su universo sin principio.

 

 


Un descubrimiento prodigioso

agosto 12, 2014

Título: Un descubrimiento prodigioso.
Autor: Julio Verne.
Editorial: RBA.

El mejor Verne se presenta en este relato corto con final inesperado, describiéndonos un escenario plausible:  un invento capaz de revolucionar el mundo.

Un descubrimiento prodigioso.

La mente científica de Verne busca aplicaciones para la antigravedad y la reacción que despierta en el mundo occidental.  Desde el mercado de valores que anticipa los acontencimientos, las empresas de ferrocarriles que preveen su ruina, un público enfervorecido dispuesto a pagar cualquier precio por probar el invento, y la iglesia despreciada por el mundo de la ciencia.  Todos estos comportamientos están hoy presentes en nuestra sociedad más que nunca.

Las startups californianas hacen soñar a los inversores, temer a la competencia y crear necesidades falsas.  Los gobiernos de medio mundo quisieran importar un silicon valley sin darse cuenta que sus jóvenes universitarios y emprendedores tienen tan buenas ideas como la competencia norteamericana, y sólo es la falta de fe de su mercado quién les impide el éxito.

La materia gris está uniformemente distribuida, y cualquier docente sabe que alumnos prometedores los hay en cada rincón de España.  Ojalá ahora que la crisis remita, aquellos que pueden invertir decidan apostar por la innovación local y den a los jóvenes las oportunidades que merecen.


El Dueño del Mundo

agosto 5, 2014

Título:  El Dueño del Mundo.

Autor:  Julio Verne.

Editorial:  RBA.

 

Con este título aventura Verne quién dominará el mundo.  Y acertó.  La tecnología estuvo en una época asociada a los medios de transporte;  tierra y mar habían sido ya dominados por el motor de explosión, y sólo las profundidades oceánicas y las capas atmosféricas seguían sin domesticar.  Sólo en los sueños y las novelas nuevos ingenios para surcarlos eran construidas sin esfuerzos, y sus artífices se convertían en los amos de la creación.

La tecnología sigue hoy conquistando territorios nuevos, y quienes las diseñan y venden son los actuales dueños del mundo.  

Un reciente viaje a China nos ha permitido constatar a muchos la dirección que lleva el mundo, y quienes lo gobernarán en breve.  El IEEE WCCI 2014 nos ha permitido ver de cerca el estadio del Nido, la Ciudad Prohibida y la Gran Muralla.  Pero además nos ha acercado a ciudades que nada envidian al primer mundo.  Beijing no sólo se caracteriza por su contaminación -que algún día que otro fue barrida por el viento durante nuestra visita- sino también por sus rascacielos occidentales, su población activa y el mercado de lujo que fluye por sus calles abordo de vehículos de alta gama.  China ha sido ejemplo del “copy/paste”, pero dueña de la deuda americana, y con una de las mayores producciones de tecnología (diseñada en el exterior) está a un paso de convertirse en líder del pelotón.  Tiene territorio, gente y tecnología, tres factores claves para coronarse de éxito.

Ya nos lo habían avisado.  Habrá que estar atentos si queremos que Europa no se quede descolgada.


El sur

junio 21, 2014

Título:   En los Mares del Sur.

Autor:  R.L. Stevenson.

Editorial:  Valdemar.

 

El viaje hacia lo exótico fue una necesidad para Stevenson.  Su frágil salud le llevó a visitar islas lejanas y mares desconocidos para el europeo medio de la época.  De su mano recorremos hoy aquellos paraísos inexplorados y asistimos atónitos a las costumbres de pueblos aislados, de los que hoy casi no quedan.

Si creemos el relato de Stevenson, y nada hay que nos empuje a dudarlo, el occidental tiene aún mucho que aprender de la exótica forma de vida de los nativos, que durante milenios se han adaptado a la tierra que los acoge.  Baste un fragmento del texto, en el que Stevenson pone a prueba la medicina tradicional, para comprender cuán lejos estamos aún, a pesar de la ciencia y la tecnología, de comprender la naturaleza de nuestra mente y del mundo en que evolucionó:

El doctor y yo entramos en el lugar sagrado solos;  pusieron a un lado las cajas y la esterilla y a mí me entronizó en su lugar sobre la piedra, mirando una vez más hacia el Este.  Durante un rato el hechicero permaneció detrás de mí sin ser visto, haciendo pases en el aire con una rama de palma.  Luego golpeó ligeramente en el ala de mi sobrero de paja, y continuó repitiendo este golpe a intervalos, rozando algunas veces mi hombro y brazo alternándolo con el golpe.  Hay gente que ha intentado hipnotizarme docenas de veces y siempre sin el menor resultado.  Pero al primer golpecito -en una parte no más vital que el ala de mi sombrero, y con nada más virtuoso que un bastoncillo de palma blandido por un hombre que no podía siquiera ver- el sueño me acometió como un hombre armado.  Mi fortaleza desfalleció, mis ojos se cerraron, y el cerebro me zumbaba a causa de la somnolencia.  Resistí:  al principio instintivamente, luego con una repentina agitación de desesperación, al final con éxito, si en realidad fue éxito, que mi hizo ponerme de pie rápidamente, llegar a casa dando traspiés, sonámbulo, tirarme en la cama en seguida y hundirme inmediatamente en un amodorramiento sin sueños.  Cuando me desperté el constipado había desaparecido.  Y en eso quedó un asunto que no entiendo“.

Hoy las distancias se acortan, la lejanía es relativa, y el paraíso llega a casa embotellado y por satélite en cualquier momento.  Justo ahora, que el fútbol se alía con Brasil, resuenan las notas que en 1963 A. Carlos Jubim compuso, y Vinicious Moraes escribió al ser deslumbrados en el bar Veloso, un behemio local en las playas de Ipanema, cuando quedaron deslumbrado por el paso de una hermosa joven de 20 años, Heloisa Eneida, y que gracias a la canción, y sus dotes naturales, fue posteriormente conocida y admirada.

La chica de Ipanema

La chica de Ipanema

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Stevenson también muestra admiración por las mujeres nativas, y sus parcas vestimentas que logran hipnotizar a cualquier viajero desprevenido.  La sensación hipnótica que H. Eneida provocó en los dos artistas mencionados, nos ha regalado este Bossa Nova innolvidable:  “Garota de Ipanema”.  A disfrutarlo.

 

 

 


El hambre

junio 13, 2014

Título:  Un millón de Muertos.

Autor:  J.M. Gironella.

Editorial:  Círculo de Lectores.

 

Otro viaje a la Nueva España me recuerda hoy el problema que la subida del precio del maíz causó en estas tierras Mexicanas.  No se si la especulación, o su destino para el biodiesel, provocó un alza tal en este producto básico de la dieta Mexica que los más desfavorecidos se vieron desprovistos de la materia prima para sus tortillas, y el fantasma del hambre asomó a finales del siglo XX.

Si algo recuerda la generación de nuestros padres del final de la guerra civil española es el hambre.  También el libro de Gironella, que no es un compendio de batallas, sino más bien un intento de pintar un fresco de la vida en las dos Españas de la época, presenta al hambre como protagonista en las últimas fases de la contienda.

Cuentan nuestros mayores como en la postguerra, las cáscaras de patatas eran buscadas con ahínco por las viudas para poder mantener a la prole.  Como los ajos en ayunas sustituían el chorizo del puchero, y como el trabajo a domicilio para labores domésticas se recompensaba con un plato de garbanzos.

Pero España pudo, a pesar de todo, salir de una guerra, superar una dictadura, vencer al hambre y adentrarse en la modernidad.  Ojalá nos sirva este libro y la memoria de nuestros padres para saber que también hoy si nos esforzamos, podremos pasar página de la crisis que nos acosa desde hace ya varios años.

 

 

 


Acomplejados

abril 15, 2014

Título:  Los Cipreses creen en Dios

Autor:  J.M. Gironella.

Editorial:  Círculo de lectores.

 

En una reciente visita, un colega portugués me preguntaba extrañado sobre las rejas que encierran toda ventana baja en cualquier localidad española, incluida la mía.  La razón es obvia, le dije:  pretenden evitar los robos.  Su extrañeza aumentó con la respuesta.

Como diálogo premonitorio, esta semana sufrimos allanamiento y robo en una casa de campo.  La guardia civil encargada del atestado me decía que el problema en España es que este tipo de delitos sale gratis, y tienen ellos “en nómina” profesionales del hurto con 50 antecedentes paseándose tan ricamente por nuestra geografía, sin que fiscales, jueces ni policía puedan hacer otra cosa, dada las leyes que nos gobiernan.  En Portugal, nos decían, esto no pasa:  allí existe aún el miedo a la autoridad, y el ladrón teme un encuentro con la policía.  En Francia, otro vecino cercano gobernado hoy por el inefable Hollande, si te pillan sin seguro en el coche, por decir algo, (1000 € en España) te requisan el vehículo;  si en un plazo de tres días no se presenta la documentación, lo mandan a desguazar.  Muerto el perro se acabó la rabia.

¿Y qué tiene que ver esto con el libro de hoy?  Aunque estuve a punto de dejar la obra una vez iniciada su lectura (la prosa de Gironella no rezume calidad, y las historias de nuestra guerra siempre son parciales), su prohibición por la censura me hizo continuar, y la muestra de los diferentes roles de cada parte en la precuela de la contienda, y lo que vino después, quizá permita entender la clase de complejos que sufren hoy las leyes Españolas.

Parece que hoy debamos compensar todo lo que sucedió entre la postguerra y la democracia, y en pro de los derechos humanos atenuamos el castigo del malhechor incrementando el sufrimiento de las víctimas.  La paradoja es que  las repúblicas que nos rodean entienden bien que el castigo debe ser proporcional al delito, mientras que aquí,  tratamos lo imposible:  rehabilitar personas con delincuencia congénita.

Bien saben en otros países que en España es gratis robar, por ejemplo, y convertimos así nuestra patria en cueva de ladrones.  ¿Será que quienes redactan nuestras leyes, igual que ayer, no sufren nuestra misma suerte?  ¿Será posible que algún político  concluya que es necesario endurecer la ley sin que el resto le apedree?

Dicen los buenos árbitros, que una vez pitado un penalti injusto, lo mejor es olvidar el error para seguir con el partido.  No hay nada peor que compensar una injusticia con otra.  Antes o después habrá que dar un paso, olvidar complejos, y legislar pensando en la España de hoy, y no en la que surgió del año 36.

 


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.