¿Qué música?

agosto 7, 2017

Título:  En busca de aquel sonido.

Autor:  Ennio Morricone, Alesandro de Rossa.

Editorial:  Malpaso.

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Para los amantes del cine, Morricone es parte de la familia.  Para los músicos absolutos, el trabajo del compositor es una referencia.  Porque Morricone ha navegado entre los cauces de la música aplicada, como él define aquella compuesta con una finalidad adicional, y la de la música absoluta, cuya justificación se encuentra en su propio núcleo.

Morricone es un maestro conocido por sus grandes bandas sonoras.  Basta hacer un repaso de la historia del cine para encontrarnos repetidamente con él:  el bueno el feo y el malo, la muerte tenía un precio, la misión, cinema Paradiso, etc.  Pero también destaca su faceta de compositor puro, cuyo fin último es la propia música, sin ataduras a la imagen, sin concesiones ni tasas adicionales.  Y por eso es reconfortante encontrar en las palabras del autor, su crítica a aquellos que agarrándose a la pureza se olvidan que la música, en última instancia, tiene sentido cuando existe el ser humano que la escucha;  y que cuando en aras de la independencia y la novedad, el compositor olvida esto último, en realidad no compone música, sino que rudo -o silencio, que de todo hay- para la provocación.  Y basta un ejemplo propuesto por el mismo Morricone:  John Cage.

Una suerte que tan laureado compositor tenga el atrevimiento de mostrar el color del nuevo traje del emperador, y así, permita una vez más reflexionar sobré el sentido último, significado y valor de la música.


Todos pierden

julio 3, 2017

Título:  Miles, La autobiografía.

Autor:  Miles Davis, Quincy Troupe.

Editorial:  Alba.

Autobiografía no apta para menores, en las que Miles cuenta sin tapujos su poliédrica personalidad, llena de luces, con sus numerosas aportaciones a la historia del jazz, y de  grandes sombras marcada por sus adicciones de ida y vuelta, que le hicieron transitar por el infierno, condenando a un peaje demasiado caro a muchos músicos de su entorno.  Como Parker con el saxo, marcó Davis con su trompeta la música de una época, y lamentablemente indujo a otros a una búsqueda de la perfección de la mano de las drogas.  Ciertamente ni el color de su piel ni la época en que vivió fueron de ayuda.  Sirve esta biografía no obstante como un “mea culpa” de su autor, en el que reconociendo sus vicios, alerta del peligro alfinal de una vida llena de lujos y excesos.

Siempre es bueno que el líder renuncie en ocasiones a lo que la fortuna le ofrece, sobre todo cuando la ganancia es a costa de otros.  Recuerdo especial para otro David, esta vez Brubeck, uno de los máximos representantes del “west coast”, que cuando fue portada del Times, más que alegría sintió un pena inmensa ante su fotografía:  coincidía en aquellos días con Duke Ellington, a quién admiraba, y su primera reacción fue llamar a su puerta para darle la triste noticia:  “Duke, claro que quería salir en portada del Times, pero después de ti, no antes.”  No hay reconocimiento más sincero, que la alabanza del que recibe injusto premio.


No me digan “ahorita no”

junio 28, 2017

Título:  Don Quijote de la Mancha.

Autor:  Miguel de Cervantes.

Editorial:  Planeta.

La última vez que leí este voluminoso ejemplar del Quijote, profusamente ilustrado por Mingote, fue allá por el 2005, antes de que este blog naciera.  Cada relectura del Quijote le aporta al lector múltiples experiencias y detalles que antes pasó por alto.  Y hoy me quedo con uno, asociado al uso del lenguaje.

La primera vez que hice una estancia prolongada en México fue en Ensenada, Baja California.  Mis amigos de allá me sorprendían con frecuencia al utilizar el vocabulario de un modo particular.  No sólo era que ciertas palabras no se usan en estos lares, sino que a veces, un uso diferente crea situaciones cómicas.  Así, me costó comprobar, por ejemplo, que el “Ahorita” de ellos, se refiere en realidad a un momento indeterminado del futuro.  Así cuando la madre reconviene al hijo para que haga una tarea, el niño remolón contesta con el “Ahorita lo hago”, que provoca el habitual cabreo al postponer para un futuro indeterminado la mencionada tarea.  Igualmente cuando al paseante de turno le ofrecen un producto en venta callejera, habitualmente responde el posible comprador “Ahorita no”, lo que en el fondo significa “ni ahora ni nunca”, aunque con una particular diplomacia.

Ahora bien, lo que más extrañeza me causó, fue la respuesta materna al “ahorita” del joven vago:  “lo haces luego luego”.  Y la sorpresa viene por el uso reiterativo del “luego”, más indefinido aún para un castellano, cuya reiteración abunda en la indeterminación.  Muy al contrario, para ellos significa algo así como “ahora mismo”.  Pues bien, entendida la construcción, desde entonces me preguntaba de dónde surgió, y aquí llegamos a Cervantes.  Porque en su Quijote, son al menos dos o tres veces las que aparece la construcción “luego luego” en boca de algún personaje.

Les dejo como tarea, volver a disfrutar con la lectura, y encontrar quién y porqué usa “luego luego”.

Y no me digan “ahorita no”.


EXHIBIT

junio 2, 2017

Título:  Exhibit.

Autor:  IBM.

Editorial:  IBM.

Aunque una de las primeras definiciones de Obra de Arte Total, vino de la mano de Wagner y sus larguísimas óperas, en la que artes visuales, escenografía, teatro y música se funden en un sólo concepto, ha sido de la mano de los arquitectos del siglo XX, y en sus postrimerías con las tecnologías de la información, cuando ha adquirido un nuevo significado.

Este libro describe cómo IBM concibió una exposición de informática aplicada, en la que los arquitectos desarrollan su concepto en base al contenido y la idea que lo inspira.  Así, continente, contenido, informática, arquitectura y arte se unen para dar lugar a esta exposición, cuyo título juega con la palabra BIT.

Parece que la Inteligencia Artificial y sus aplicaciones comienzan a formar parte del dominio público, cuando sus éxitos alcanzan disciplinas diversas.   Pero libros como este, editado a mediado de los 80, sirven para trazar la genealogía de la IA, que nacida a finales de los sesenta en el MIT, era ya prometedora adolescente en esta década.

Anoten este título para dificultar la tarea a bibliotecarios;  les costará decidir en qué sección colocarlo:  arquitectura, arte, informática…


Jazzlessnígenas

abril 7, 2017

Título:  Jazz Instruments.

Autor: Peter Bölke.

Editorial:  Ear Books.

En otra ocasión hablamos de cómo un buen disco o película, complementado con texto que le haga justicia y descubra sus secretos, es dos veces bueno.

Esta especie de audio-libro, que no es tal, permite al lector conocer algunos de los protagonistas de la historia del jazz, agrupados por instrumentos, a la vez que escuchar grabaciones memorables.  Si bien las recopilaciones sonoras dicen que no son la mejor forma de conocer un estilo, y siempre es preferible escuchar los discos tal como se editaron, creo que libros como éste, con 8 CDs que lo acompañan, cada uno dedicado a un instrumento, tampoco debe ser desdeñado, y sería objeto de salvación en la biblioteca de algún loco del jazz aventurado a salvar el mundo de la música actual, que fuera puesta en cuarentena, tal como en nuestro célebre quijote, por algún buen curador musical.

Podemos así encontrar en el primer CD, el dedicado a la trompeta, desde Swahili con Clark Terry hasta Autumn in New York interpretado por Chet Baker;  Doxy de Miles o Night in Tunisia de Lee Morgan, pasando por I Know that you Know con Gillespie, Sonny Rollins y Sitts o Royal Garden Blues de Louis Amstrong.  La selección de estándar y autores no tiene desperdicio, y para cualquier alienígena que aterrize en el planeta del jazz, le permitirá tener una visión del camino que los mejores representantes del estilo trazaron en el pasado siglo.

Igualmente se acompaña el libro con 2 CDs de Saxo, agrupando en uno tenor y alto y en el otro barítono y soprano, con artistas como Mulligan, Parker, Coltrane, Hodges, Bechet, Hawkins, Berry, Webster, Gordon, Getz; que se yo, todo una plétora.

Igualmente tenemos CDs con Clarinete, Trombone, Piano, Bajo y Guitarra y finalmente percusión.  Prueben a pensar en alguno de los grandes, y lo tendremos:  Goodman, Bassie, Ellington, Evans, Christian…

En fin, un libro para disfrutar leyendo y escuchando, y buen regalo para cualquier JazzLessnígena o terrícola pop-alienado.

Y ya puestos, aquí dejamos como banda sonora de este post a uno de los escogidos Clark Terry interpretando StartDust en esta ocasión.

 


Otros Meridianos

marzo 24, 2017

Título:  Mérida, Palabras y Miradas.

Autor:  Varios.

Editorial:  Ayuntamiento de Mérida.

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Mérida “la blanca”.  Así la conocen sus admiradores.  Dicen que no sigue el patrón común de la ciudad colonial mexicana.  Nacida de la piedra Maya se asienta en lo que fue T’Ho,  urbe de importancia en época precolonial.

Mi colega y amigo Juan Villegas, profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana, me ofreció ocasión para visitar Ciudad de México, y en esta ocasión también nuestra hermana ciudad de Mérida en Yucatán.

En un meridiano apartado de la Mérida española, disfruta el “meridano” de allá, de una cálida temperatura veraniega la mayor parte del año, humedecida con la brisa del atlántico que dista sólo algunas decenas de kilómetros; calor y humedad que contrarrestan las hamacas.  Traídas de Filipinas, pronto dominaron el paisaje nocturno de hogares humildes, dónde el aire acondicionado hoy como ayer son un lujo imposible y los paisanos optaron por desechar la cama.  Pero su éxito contagioso hace que hoy sea elegida por mayoría:  un 86% de la población la utiliza.  Contaba con flema un guía turístico ante el asombre de forasteros, que la hamaca da tanto juego como la propia cama.

Mérida tiene un aroma a nostalgia.  Aunque la fisonomía de los modernos fraccionamientos rezumen el made-in-america, y los inexpresivos numerales han suplantado completamente y relegado al olvido los pintorescos nombres de sus calles, todavía encontramos en el corazón de Mérida su casco histórico, con una aire vintage que sugiere aquellas imágenes sepia de edificios señoriales que nos ofrecen aún los archivos históricos de principios del siglo XX.  Un paseo por su centro permite al transeunte un inolvidable viaje al pasado.

La plaza en que asienta la catedral, rodeada de notables construcciones, lugar obligado para cualquier visitante o anfitrión haciendo patria, es un hervidero de actividad, con cafeterías y heladerías centenarias que comparten abolengo y pedigrí heredado de clientela ilustre.  Bien pudiera uno pensar que viaja en el tiempo hacia esa otra España de siglos precedentes, en los que señoríos y ducados otorgaban rango.  Pero las calles de hoy se disputan paridad, y así se cruzan y alternan nones y pares en dirección norte-sur este-oeste, como si transitara uno Manhattan.  Este prestado culto a los números; los centros comerciales a la americana; los vivos colores en algunas fachadas y cercanías de las pirámides precolombinas, harán recordar al visitante que transita por la hermana ciudad de Mérida yucateca, con todo su pasado maya, presente mexicano e influjo gringo que sopla del norte.

Y si lo anterior no basta, el empuje y energía de sus empresarios, y la recién re-estrenada capitalidad cultural americana, pues goza del apelativo por segunda vez en la historia, deben servir de excusa para cualquiera de nuestra latitud, con ganas de hacer turismo o negocios por/con otros merid(i)anos.

Y enhorabuena al ayuntamiento por esta magnífica edición, que incluye textos de sus paisanos, autores mexicanos, y algunos notables visitantes españoles, entre los que destaca Valle Inclán.


Tener y no tener, esa no es la cuestión.

marzo 4, 2017

Título:  1984.

Autor:  George Orwell.

Editorial:  RBA.

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Algunas frases son tan directas, sencillas y claras, que han pasado de la literatura o el cine al acervo popular como por arte de magia.  El “Ser o no ser” de Skespeare en Hamlet, que desafía la duda existencial;  o el “Tener y no tener” de Hemingway llevado al cine con maestría por Hawks, título que apela a corazón del capitalismo con la misma escasez de recursos, pero lógica aplastante que el ser o no ser de Hamlet.

Pues también ésta nueva cuestión, la del “tener o no tener” se dirime hoy en la realidad desnuda de la calle; y en sus autobuses.

Es lamentable que podamos utilizar una misma etiqueta, música, para calificar los trabajos de Mozart, Brahms y a la vez para el ruido blanco, sonidos aleatorios o seriales, y cualquier otro resultado del movimiento ondulante de los átomos de la materia.  Los esquimales utilizan más de veinte términos distintos para referirse a lo que para nosotros no es más que nieve, por razones evidentes:  su supervivencia depende de una correcta indentificación de la calidad de la misma y sus características en el ambiente.  Lo que por estos lares es algo anecdótico, una nevada, es de vital importancia para su día a día.  La simplificación del término en nuestra latitud es producto de su falta de relevancia.  ¿Será que para muchos críticos y aduladores, la música no importa nada, y lo único relevante es el engaño colectivo que les permite ganarse la vida?

No sólo en la música sucede tan pernicioso efecto.  Los museos de arte contemporáneo incluyen basura en sus exposiciones temporales.  Han conseguido al fin el arte supremo de vender basura a precio de oro.  Arte y crítica se alían para sacar tajada del Tener y no tener.

Esta lamentable falta de ética llega a su culmen aupada por grupos de presión que consiguen marginar entre lo políticamente incorrecto a los que defienden la importancia del vocabulario, llamando a las cosas lo que son.

Decía Swift en los viajes de Gulliver que los abogados eran los profesionales reconocidos por su capacidad de decir que lo blanco era negro y lo negro blanco;  no sólo decirlo, sino demostrarlo ante tribunal, y ganar dinero con ello.  Pero la realidad tozuda nos demuestra que este modo de proceder se ha extendido desde entonces, y ya ni el arte, ni la música, ni el matrimonio, por decir algo, son ajenos a esta corrupción lingüística.

Si hay algo que desasosiega en 1984, esta reconocida obra de Orwell que nos sirve hoy de pretexto, en mi opinión no es el Gran Hermano, ni el partido.  Es la capacidad para cambiar hechos, definiciones, la historia en sí misma.  Lo más preocupante de la obra de Orwell es que acierta en mostrar como grandes grupos de presión pueden cambiar no ya la historia, que también se reescríbelo en ocasiones, sino la misma naturaleza de las cosas:  el arte, la música, el bien y el mal, los masculino y lo femenino.

Pronto llegará el día que nos digan que XX y XY son quimera;  incluso podrán plantear operación de cromosomas.  ¿Me cambia una X por una Y?  ¿Podría incluirme una W?   ¿Habrían censurado al famoso autobús del eslogan de marras si en lugar de decir que los niños tienen pene hubieran dicho que los niños son XY?  Quizá quieran reescribir los libros de ciencia, como ya han conseguido transmutar lo que es música o arte.

Llegará el día que busquen operaciones transcromosómicas, para suprimir aquello que dicte el grupo.  ¿Idiotizarán a las masas para convencerla de que es mejor ser haploide?  Llegará el día que la ciencia permita convertir a quién lo desee en ave del paraíso, o en flor  de lis, o en gato, con una sencilla operación en el ADN.  Bastar cortar y reconstruir.  Cada uno será lo que desee.

Terrible camino el que nos dictan al amparo de lo políticamente correcto, consiguiendo que tener o no tener no sea ya la cuestión.