Burlarse del pueblo.

abril 27, 2016

Título:  La Señorita de Trevélez.

Autor:  Carlos Arniches.

Editorial:  Salvat.

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Arniches tejió una tragicomedia que bien podría ser metáfora de la situación política de España.

A costa de una poco agraciada señorita entrada en años, una camarilla de golfos trama la burla del enamorado que pretende a la sirvienta de la primera.  Los amiguetes de marras tejen la broma sin sospechar que el hermano de la víctima inocente, toma parte en el equívoco, prolongando y aumentando el posterior sufrimiento del burlado que por no dar el disgusto mayúsculo no sabe como salir del embrollo, y finalmente retado en duelo, acaba por confesar su amor verdadero, dejando a la señorita de Trevélez en una lamentable situación de desamparo y desaliento, al vislumbrar la realidad que durante tantos años ha tratado de esquivar con un autoengaño complaciente:  a nadie importa su destino.

El sociedad española siente hoy en sus carnes la burla y desprecio que ocultan habitualmente los políticos de profesión, que muy políticamente eluden mostrar su naturaleza verdadera para continuar disfrutando el convite del cargo, pero que en estos cuatro meses por fin han manifestado a las claras:  su incapacidad manifiesta para preocuparse del bien del pueblo español.

Esperemos por el bien de todos, que esta novedad desgraciada pase a la historia como catarsis para una venturosa nueva era en España.

 


You are

abril 22, 2016

Título:  El cannon del jazz.

Autor:  Ted Gioia.

Editorial:  Turner.

Con tinte enciclopédico, este volumen imprescindible para los amantes del Jazz recoge los 250 estándar que cualquier músico que se precie en la disciplina debería conocer, según su autor;  aunque seguramente no ande muy lejos de la verdad.

Libros como éste admiten lecturas variadas: referencia para búsquedas puntuales; cabecera para adquirir con su lectura un mayor conocimiento del mundo del jazz;  compendio de títulos y grabaciones fundamentales, con los que el lector sabrá dónde buscar los mejores registros;  sugerente libro para descubrir nuevos temas para el aficionado al género;  anecdotario múltiple de génesis históricas y biografías resumidas de autores variados…  y así hasta llegar a 250.

Y puestos a elegir, suscribiría algunas palabras del autor cuando describe “All the things you are”, por cierto, bonito título que serviría de resumen y dedicatoria para cualquier persona querida de nuestro entorno, aunque mirando la letra que Oscar Hammerstein escribió para esta composición de Jerome Kern, cuando mejor encaja es en San Valentín.  Nos comenta sobre este conocido tema Ted Gioia:  “Estoy tentado a afirmar que  es mi estándar de Jazz favorito”.   Posiblemente la cadena de dominantes tan característicos del tema tenga algo que ver con su éxito tanto entre el público aficionado, como entre intérpretes a los que suministra un terreno abonado para la improvisación.

Es una suerte que cada vez sean más los que reconocen el valor de esta música.  Esta misma semana, y con motivo de la entrega de premios del Museo de las Ciencias del Vino en Almendralejo -que curiosamente se entregó un diploma/distinción a sí mismo-, el presidente de la Junta de Extremadura aprovechó su discurso para hacer una encendida defensa de esta disciplina artística, tras haber tenido la oportunidad de presenciar el evento que estuvo amenizado por el Instituto de Jazz y Música Moderna de Extremadura.  Aquí dejamos el enlace.  Ojalá que muchos de sus seguidores aprecien estas palabras y también las hagan suyas.  Dejamos el vídeo completo, para que puedan disfrutar del evento y de la actuación de los combos, y recomendamos el minuto 36’40” con la referida intervención y valoración de Guillermo Fernández Vara sobre la música Jazz y sus intérpretes.


El secreto de Lello

abril 3, 2016

Título:  Cuentos Portugueses.

Autor:  Castelo Branco, Eça de Queirós, Pessoa, Sá-Carneiro.

Editorial:  Gadir.

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La librería Lello es visita obligada para los amantes del vino y los buenos libros.  Situada en la vitivinícola ciudad de Oporto, cuyos vinos dulces son fruto de la interrupción de la fermentación del mosto con alcohol de alta graduación,  forma parte del selecto top 3 de librerías más bonitas del mundo, y también es reconocida por los amantes de la saga Harry Potter:  un simple rumor urbano que la sitúa como escenario de grabación, la ha catapultado a la fama.   Aunque el hecho no es cierto, ha servido para multiplicar sus visitas.  Así, para evitar la avalancha de turistas, cobran desde agosto pasado 3€ por la visita, que amablemente canjean por descuento a aquellos que deciden invertir en cultura.  Cuentos portugueses ha sido mi contribución personal a la empresa, y canje del ticket de entrada.  Siempre es buen momento para saber que Castelo Branco no es sólo una ciudad portuguesa, y que a caballo entre el XIX y XX varios autores notables prodigaron cuentos y narraciones que conviene conocer.

La librería Lello, que abrió sus puertas en 1906, está ubicada muy cerca de la torre de los clérigos,  con fachada de estilo neogótico y detalles modernistas en el interior, ofrece al visitante una impresionante escalera de doble recorrido que permite el acceso a la planta superior. Ahora bien, no todo es lo que parece en esta curiosa librería:  quién quiera conocer el secreto deberá visitar el Palacio de la Bosa, otro edificio insigne en la pintoresca ciudad de Oporto.  Mantengamos por ahora el secreto de Lello.

Otros edificios modernistas y decó dan pinceladas a la ciudad de Oporto, que con sus vinos aromáticos, sus callejuelas coloristas y empinada y sus puentes sobre el Duero no necesita carta de presentación y es destino obligado para quienes visitan Portugal.

Sirvan estos cuento portugueses para unir literatura, viajes y arquitectura de una época, principios del siglo XX, que serán hilo conductor hacia nuestro próximo post.

 


Esto es un circo

marzo 9, 2016

Título:  Mathematical Circus.

Autor:  Martin Gardner.

Editorial:  Penguin.

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Nunca está demás releer el Quijote, y buscar conexiones con otras areas de la actividad humana, incluyendo la científico-tecnológica:  es imprescindible en los tiempos que corren entender que las humanidades y las artes deben ir de la mano de teoría y práctica científica.  Así lo entendió también Martin Gardner, que cita en su mathematical circus a nuestro querido Cervantes.

Gardner escribió de manera continuada entre los años 1957 y 1982 una columna mensual en la revista Scientific American, con divertimentos matemáticos que entusiasmaron igualmente a matemáticos, soñadores, científicos, niños, programadores o poetas.  Como filósofo de la ciencia y divulgador de primer nivel, Gardner presentó por primera vez al público general en 1977, por poner un ejemplo, el algoritmo de cifrado RSA, y a sus autores, que tan importante ha sido en el desarrollo de las comunicaciones de finales del siglo XX.

Su circo matemático recoge algunas columnas escogidas, y que ahora en formato de libro clásico vuelven a sorprender y emocionar a los lectores de hoy.  En su capítulo sexto, introduce los “random walks” del siguiente modo, cuando habla del modo en que Don Quijote buscaba sus aventuras:

“y con esto se quietó y prosiguió su camino, sin llevar otro que el que su caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de las aventuras.”

Don Quijote, Vol 1, Capítulo 2.

Este deambular azaroso de Rocinante, que emula aquí al famoso borracho utilizado con frecuencia para mostrar lo que un caminar sin control puede producir, le sirve a Gardner de pretexto para mostrar hasta dónde podría uno llegar con un caminar aleatorio, y que matemáticamente podría modelarlo del siguiente modo:  Dada una posición particular sobre una línea, y ante la opción de caminar un paso a la izquierda o a la derecha, el lanzamiento de una moneda al aire decide en que dirección se efectúa el paso, y una vez dado éste, se vuelve a lanzar la moneda para decidir, repitiendo el proceso ad infinitum.  ¿Hasta dónde podremos llegar caminando de este modo?

Estas, y otras muchas preguntas interesantes encuentran su respuesta en este circo de las matemáticas;  título escogido con acierto para quién pretende convertir la ciencia en objeto de disfrute.

 

 


Jarabe de Ley

marzo 5, 2016

Título:  El Caballero del Hongo Gris.

Autor:  R. Gómez de la Serna.

Editorial:  Salvat.

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En su caballero del hongo grís, Gómez de la Serna nos presenta al prototipo de Español triunfador: con suerte en la vida y gracia para los negocios, usa sus dotes naturales para el engaño y la estafa.

Quién nos iba a decir que aunque el sombrero de hongo cayera en desuso, las malas artes para el beneficio propio serían más actuales que nunca.  La corrupción domina hoy el panorama, y cada cual busca su nuevo amuleto:  a falta de sombrero, bien vale una presidencia, un escaño, alcaldía o lo que se tercie, un carguito que diría Galdós, para ponerse el mundo por montera.

Pero la esperanza de una ciudadanía más consciente y atenta permite hoy lo que en otros tiempos ni soñábamos:  desfile de líderes por tribunales anticorrupción.

Ojalá que superemos esta enfermedad con un buen jarabe de ley.

 

 


Monomaniacos.

enero 31, 2016

Título:  Einstein, El espacio es cuestión de tiempo.

Autor: David Blanco Laserna.

Editorial:  National Geographic.

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El trabajo de Einstein hasta 1905, cuando la juventud aún corría por sus venas, era tan impresionante que aunque hubiera fallecido entonces, su importancia en la ciencia moderna seguiría siendo capital.  Tuvo sin embargo la suerte de cara, y la vida y salud le acompañaron largos años para proseguir su misión y llegar así a culminar su teoría general de la relatividad, de la que este libro nos habla.

Einstein es prototipo y modelo para muchos científicos hoy.  Y aunque serán pocos los afortunados en descubrir una teoría de tan gran impacto, el mero hecho de tenerlo como ejemplo y patrón para los más jóvenes, permite que el caldo de cultivo esté en su punto de ebullición, para que de cuándo en cuándo pueda emerger una nueva figura de tal calibre.  Pero no hay que olvidar que son varios los ingredientes primordiales para una buena sopa, como diría Oparin.

No hace falta recurrir de nuevo a Galileo, o Leonardo.  El mismo Einstein nos muestra esas diversas facetas, ingredientes necesarios para el auténtico hombre de ciencias.  Entre ellas destacaremos hoy la que le ayudaba durante periodos de sequía, de falta de inspiración;  aquella capaz de provocar un brainstorming muy útil en su búsqueda de soluciones a las teorías que perseguía:  la interpretación musical.  Su segunda mujer confesaba como se enamoró de él al escucharle tocar una sonata de Mozart al violín.

Einstein comenzó a estudiar violín mucho antes que física y matemáticas.  Con sólo 5 años tomaba ya sus primeras lecciones.  Su madre, quién transmitió tan noble pasión, le acompañaba habitualmente con el piano, y fueron Bach y Mozart sus compositores preferidos, al reflejar según su opinión, la armonía del universo.  Aunque tuvo múltiples ocasiones de interpretar en público con diversas formaciones, nunca estuvo tan noblemente acompañado como en la velada a dúo con la reina de Inglaterra, con quién tuvo ocasión de tocar aprovechando una visita.

La práctica nocturna de violín en la cocina de su hogar se convirtió en costumbre frecuente cuando peleaba con problemas difíciles;  la profunda concentración y emoción que pueden provocar la interpretación le ayudaba de tal modo que en ocasiones se interrumpía a sí mismo con un súbito “lo tengo”:  y la luz se hacía a través del sonido.  Tal era su pasión, que cuando en 1919 decidió celebrar la confirmación de su teoría general de la relatividad, que se produjo con una medición afortunada durante un eclipse de sol, no pensó en otra cosa más que en adquirir un nuevo violín.

Einstein tocó música de cámara durante toda su vida, ensayando semanalmente con su cuarteto de cuerda, aunque lamentablemente no quedan grabaciones de la época.

Pero no es Einstein caso aislado.  Al contrario, más bien parece norma que las inteligencias auténticas cultivan facetas diversas, que dirían hoy múltiples.  Cualquiera que haya leído el conocido “¿Está vd. de broma Sr Feyman?” recordará como este otro grande de la física cuántica, y nobel en 1965, admiraba la música y la pintura, y aún con su autoreconocida limitación artística, buscó mejorar y practicar tanto la pintura como la percusión.

Hoy que tanto hablamos de la necesidad de vocaciones, por fin surgen voces que animan a incluir la A mayúscula del ARTE en la ecuación STEM (Science, Technology, Engineering and Maths), para que en su lugar se utilice STEAM, y entiendan las nuevas generaciones que el Arte es imprescindible para una correcta compresión del mundo en que vivimos.  Que no sólo de ciencia vive el hombre.

Desconfíen pues de aquellos que muy ufanos se tildan de científicos de pro, abanderando la ciencia e ignorando las artes.  Monomaníacos de la ciencia, frikis de laboratorio, burócratas de despacho,  que no consiguen entender qué diferencia a Brahms de Mozart o Debusy, Delacroix de Rembrandt, Gehry de Lloid Wright, Dizzy Gillespy de Bill Evans.

 


Explotando a los hijos

enero 23, 2016

Título:  Almacén de antigüedades.

Autor: Charles Dickens.

Editorial:  Club Internacional del Libro.

1979, BBC

Dickens siempre mostró especial sensibilidad por la infancia.  Sus muy conocidas Oliver Twist o Grandes Esperanzas, muestran las andanzas juveniles de unos protagonistas cuyas fortuitas desventuras o suerte al acecho, según el caso, marcan una vida llena de alegrías o miserias, estas últimas más frecuentes.

Almacén de antigüedades, no por menos conocida, deja de sustraerse a la fórmula, y en un siglo en que una asentada revolución industrial aún mal entendida, creaba masas de pobreza, la joven protagonista es explotada por un anciano sin escrúpulos.  Todo con el más perfecto decoro y tono apto para todos los públicos, sin mancillar su honra pero ejerciendo la mendicidad en su justa medida.

En países que tratan de liberarse del fango de la pobreza, y elevarse con trabajo para alcanzar un desarrollo razonable, los hijos fueron elemento vital de ayuda.  En la España rural de los cincuenta y sesenta, los jóvenes, una vez terminada su instrucción básica, en su incipiente adolescencia, pasaban a formar parte de la cuadrilla familiar, colaborando en el sustento y progreso de la misma, que aparejaba a la vez el de su país.  Y aunque hoy no entenderíamos que a tan tierna edad comenzara la vida laboral de cualquier español, las carencias y sufrimientos de la época justificaban esta norma social.  Pero de ahí a la mendicidad hay un trecho, y tanto entonces como ahora, causaba perplejidad y asco, ver en la puerta de una iglesia una joven de cualquier minoría étnica, que las había entonces y las hay ahora, cuyo único negocio era parir hijos para exhibirlos sin pudor al son de la calderilla removida en un cuenco de porcelana, mientras entonaba el eterno soniquete:  “una moneda, señora”.  La proclive fertilidad de las ninfas, ofertaba al viandante una cara infantil nueva cada año;  qué bien conocían ellas el negocio:  el mozo imberbe siempre renta menos que el harapiento niño de teta.

Hoy, a Dios gracias, y al esfuerzo de muchas generaciones de españoles, cada vez hay menos de esto, al menos con pasaporte patrio.  Son más lo inmigrantes que prosiguen este negocio de la mendicidad pariendo y mostrando.  Que el niño en casa no produce, ni en la guardería, ni en el colegio.  Mejor que se vea.  ¿Hay mayor delito de explotación infantil?

Pues sí que lo hay.  Y aunque es imperdonable, todavía habrá quienes piensen en la pobreza que padecen las que amamantan en las puertas de las iglesias;  la falta de educación, cultura y muchas otras conquistas sociales de nuestro siglo, servirá a muchos para justificar lo injustificable.  Pero ¿Qué hacemos hoy con aquella otra, que con dineros, cultura, guarderías, trabajo, … , en beneficio propio y de su partido muestra al infante y le da la teta delante de los focos sentada en su escaño del congreso de los diputados?

Que Dios nos coja confesados, como diría el castizo, si semejantes ejemplares deben llevar el rumbo de la política del país.  Que ya nos avisaba Don Quijote:  “Cosas verdes amigo Sancho”;  y ¡qué cosas!.

 

 

 


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