Convivencia

febrero 11, 2017

Título:  El Mozárabe.

Autor:  Jesús Sánchez Adalid.

Editorial:  Ediciones B.

El mozárabe es un libro para leerlo de un tirón, con un hilo argumental que no da tregua, y que permite al lector no sólo disfrutar de la lectura, sino entender lo que para muchos hoy es imposible.

Leíamos recientemente en las portadas de los periódicos que España sigue en el punto de mira de los islamista radicales.   Muchos no quieren recordar que hubo otros tiempos en los que la convivencia entre religiones era posible, y la historia del mozárabe precisamente nos cuenta que la cultura del califa gobernante permitió la colaboración pacífica entre musulmanes y cristianos hace ya unos cuantos siglos.

Hace así Adalid en este libro un ejercicio de repaso histórico -por cierto complementado por el propio autor con unas interesantes notas al final del volumen- en el que contrapone educación, cultura, libros, bibliotecas, tolerancia, colaboración entre religiones, con el arte de la guerra y el odio entre las mismas.

Hizo Almanzor bandera del odio, y parace que ese fue el ejemplo que hoy emulan algunos:  no sólo el ISIS, basta echar un ojo a Israel para conocer el aprecio que tienen a sus vecinos árabes.

El consuelo es que el número de guerras ha descendido progresivamente a medida que la historia avanza.  La tragedia, que la tecnología permite acumular más muertos con menos guerras.

Ojalá que libros como este sirva a muchos para saber que la convivencia pacífica es posible hoy como lo fue ayer.

 


Fe en la ciencia.

enero 18, 2017

Título:  El volcán de oro.

Autor:  Julio Verne.

Editorial:  RBA Editores.

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Aprovecha Julio Verne la fiebre del oro, para montar la historia de unos buscadores en pos de lo imposible:  un volcán que mana oro.  Historia ágil con final feliz que deja finalmente a un lado la quimera del volcán para dar paso al más tradicional oficio de zaranda en el río.

Qué tendrá este elemento químico, tan perseguido desde la antigua alquimia.  Hubo un tiempo en que la falta de conocimiento alentaba a los alquimistas en su búsqueda de la reacción perfecta.  Pretendían éstos emular a los modernos “cocineros” que son capaces de generar en los laboratorios drogas artificiales.

Pero no.  Finalmente la persistencia permitió entender a los científicos, que el oro, como otros elementos simples, no pueden generarse mediante mezcolanza alguna.  La Física y la Química triunfaron, y el intelecto humano avanzó de su mano.

Cosa bien distinta a otras áreas notables de la ciencia, en la que la experimentación y posterior generación del marco teórico, aunque han servido para entender lo que muestra la realidad en que vivimos, ayuda bien poco a entenderla.  Un ejemplo:  una reciente encuesta entre los físicos muestra que estos no entienden la física cuántica, aunque sus ecuaciones les permiten utilizar sus efectos, y quién sabe si toda la ciencia del futuro dependa de sus cualidades.  Ya lo decía el propio Feyman.  Tal es así, que mucho renuncian a entenderla.

Otro ejemplo:  la incompletitud de las mátematicas.  Fue Gödel quien destronó a las matemáticas como cumbre del saber humano, demostrando que ni son completas ni nunca lo serán.  Siempre requerirán de axiomas o verdades externas que le ayuden a completar de lo que carecen.  Pero cada nuevo axioma, abrirá un nuevo espacio de incompletitud, que requerirá nuevas verdades, y así ad infinitum.

Resulta pues, que la ciencia aquí converge con la fe:  los propios físicos descubren área que no sólo reconocen como misteriosas, sino a cuyo conocimiento profundo renuncian por imposible.  Se convierten así los científicos en hombres de fe, y dan la mano a los que también utilizan la fe, con otra perspectiva, para entender este mundo que habitamos.

 


Los intermediarios.

enero 1, 2017

Título:  Jazz.

Autor:  Winton Marsalis, Geoffrey C. Ward.

Editorial:  Paidos Ibérica.

Que los líderes actuales del Jazz traten de contar su experiencia de un modo inspirador para las nuevas generaciones no tiene precio.  Tiene mérito que Marsalis trate de dirigirse a las nuevas generaciones contando su experiencia, sus errores, y su modo de ver la vida a través de un caleidoscópico cristal:  el del Jazz.  Y aunque no aspire Marsalis a nobel de literatura, el esfuerzo merece elogio.  Pero hay una segunda reflexión al hilo de esta obra.  Vamos por partes.

Hace ya años, tuve ocasión de compartir con un catedrático de universidad, mi punto de vista sobre las traducciones de literatura especializada.  Este profesor, dedicaba parte de su tiempo a traducir obras del inglés, que se vendía con facilidad por ser obras de refencia en ingenierías técnicas.  Personalmente prefiero siempre el original, que por otra parte ayuda a mejorar las competencias lingüísticas en otro idioma, y así se lo decía; y es lo que algunos de mis alumnos podrán confirmar con desgana.  Pero este catedrático me decía que los emolumentos obtenidos eran un buen complemento cuando aún era titular de universidad.  El dinero, siempre el dinero, aunque debo reconocer que nadie mejor que un experto para traducir una obra de su área.

¿Y todo esto porqué?  Porque no es de recibo, que ponga el traductor en boca de Marsalis, que Coltrane todaba la trompeta, más aún cuando el traductor de marras se permite añadir “notas de traductor” para aderezar los contenidos.  Más valdría un experto en Jazz, o aficionado avanzado con un aceptable nivel de inglés, que un filólogo que no se preocupa de informarse.  Pondría mi mano en el fuego a que fue “horn” lo que motivó el equívoco.  Basta haber leído literatura de jazz en “versión original” para entender las expresiones.

En fin, una pena que sucedan estas cosas, y que probablemente Marsalis ni siquiera sepa lo que sucede con su obra en otros idiomas, por culpa de los intermediarios.  En fin, trataremos de ponerle remedio.

 

 


Su sitio.

diciembre 31, 2016

Título:  La Ciudad de los Prodigios.

Autor:  Eduardo Mendoza.

Editorial:  Seix Barral.

Aunque sabía del autor, conocía su existencia, no había tenido aún oportunidad de leerle.  El reciente premio Cervantes fue la excusa necesaria.

Mendoza tiene una prosa fluida y una capacidad narrativa que permite con facilidad al lector entrar en la trama.  El hecho de utilizar paisaje urbano patrio e historias tejidas al hilo de acontecimientos notables -como son en este caso sendas exposiciones universales celebradas en Barcelona- ayudan a conocer más de cerca nuestra historia reciente.

Dicho esto, tengo que reconocer que prefiero a Galdós o Delibes.  Estilos aparte, que ya son algo, personalmente entiendo que la distancia es un extra:  los casi doscientos años que nos separan de las historias recogidas en los Episodios Nacionales nos acercan a un vocabulario y una estética que  sorprende en cada relato.

Creo que toda la crítica esta de acuerdo en el Cervantes de este año -quizá no tanto con el Nobel-, pero por mi parte dejaré pasar un poco el tiempo para Mendoza,  y adquiera así solera, y un mucho para Bob Dylan -hasta que para bien o para mal, haya acuerdo sobre su poesía.  El tiempo siempre pone las cosas, los escritos y sus autores, en su sitio.

 

 


Una de piratas.

diciembre 28, 2016

Título:  Bolsa de viaje.

Autor:  Julio Verne.

Editorial:  RBA.

Con la excusa de un premio a los mejores estudiantes, cosa cada vez menos habitual en nuestro moderno sistema educativo, aprovecha Julio Verne para presentarnos un viaje a las Antillas interceptado por una banda de piratas.

El término pirata, según los diccionarios más extendidos, se asocia con el robo, aunque en época de bucaneros y filibusteros, incluía entre los delitos practicados el asesinato y otras lindezas.  Conocemos piratas de esta índole en la actualidad, pero son más los que actualmente asocian el término a la industria tecnológica, y el pirata es así habitualmente descrito como el que practica el robo de datos, ya sea por cuestiones monetarias o de disfrute personal.  Pero no siempre fue así. De hecho convendría distinguir el término hacker, acuñado a finales de los 70 por el de pirata.

El hacker se inició como el paria que lucha por sus derechos en un mundo dominado por las grandes corporaciones;  cuando éstas negaban información importante a los programadores, estos se veían abocados a la ingeniería inversa para extraer de los dispositivos lo que sus fabricantes les negaban.  Además, un sentimiento de hermandad permitía luego compartir esos datos, y ahí surgían los conflictos con el establishment:  unos outsiders podían construir lo que hasta el momento solamente el fabricante suministraba.

Estas luchas de poder, que se iniciaron quizá por razones moralmente aceptables, devinieron en lo que hoy conocemos:  aunque siguen existiendo estos hackers de guante blanco sin fines lucrativos cuyo objetivo es aprender y compartir conocimientos, son muchos más los que buscan con su conocimiento sacar tajada caiga quien caiga.  Aquí como en tantos otros ámbitos, es el uso que se hace del conocimiento el que determina su bondad.

Así que no tenga miedo de ser un hacker;  Tema más bien caer en el “lado oscuro”.


La máquina vital.

diciembre 11, 2016

Título:  The machinery of life.

Autor: David S. Goodsell.

Editorial:  Springer.

Libros como éste hacen comprender al lector cuán complicado es el universo en que vivimos.

Por mucho que algunos lo intenten, la falsa ilusión de estar cada vez más cerca de la teoría del todo, del conocimiento último de las leyes fundamentales que rigen la material, la vida, el universo… no es más que eso, una falsa ilusión.  Si algo nos enseña la historia de la ciencia es que cuando parece que alcanzamos la fórmula que nos falta, de la partícula final, el elemento vital, más distancia y profundidad descubrimos en nuestro desconocimiento.

La ciencia resulta así un mundo fractal encerrado en sí mismo.  Cuanto más nos acercamos a sus maravillas, y más claras nos parecen sus fórmulas;  cuanto más ampliamos el objetivo y vemos más lejos en el universo, o más cerca en el fondo de los átomos, nuevas formas de complejidad surgen en los márgenes y recovecos aún no explorados, como curvas de mandelbrot aumentadas repetidamente.

Este libro, con su intento de ilustrar la compleja maquinaria celular, nos devuelve a la realidad de nuestro pretendido conocimiento, que nos más que la quimera que envuelve nuestra ignorancia.

La maqunaria vital irá poco a poco, con esfuerzo de la ciencia, mostrando sus piezas.  Pero quién sabe lo que nos queda aún por descubrir escondido entre las moléculas de ADN.  Quizá  el pretendido simple código genético, con sus 4 letras, que algunos creen resuelto, transporte un enigma tan complejo que ni el propio Turing pudiera descifrar.  Quizá Godel nos enseñó con su teorema la profundidad de la paradoja científica:  que su objetivo es inalcanzable, no sólo en las matemáticas.


Benny Goodman

noviembre 30, 2016

Título:  Benny Goodman and the Swing Era.

Editorial:  Oxford University Press.

Autor:  James Lincoln Collier.

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No hay mejor portada para esta biografía que una buena tipografía de los años 30.  Para los amantes del Art Decó, el título será un buen preámbulo al contenido.

Escuché por primera vez al autor, J.L. Collier en la reconocida historia del jazz de Ken Burns.  Debo reconocer que gran parte de la bibliografía sobre el jazz que ha pasado por este blog procede de historiadores que colaboraron con Burns.  Y nunca he quedado defraudado.

Las buenas biografías siempre suministran al lector, que en general llega a la misma como buen conocedor previo del personaje al que se refiere, datos nuevos no sólo de la persona sino del contexto histórico y social en que vivió.  Esta obra cumple sobradamente su cometido;  y no sólo eso.  El autor, como músico profesional, se permite indagar en cada una de las principales grabaciones de goodman, analizando continente y contenido, sidemen que lo acompañaron, fechas y lugares, y cómo no, contenido musical de cada obra.

Lo dicho, un magnífico ejemplar que permitirá al lector entender que la obra de Goodman contribuyó no sólo al desarrollo del Jazz, sino a la libertad e integración en un país en el que aún hoy queda camino que recorrer.

Disfrutemos de este genial cuarteto “integrado” por Goodman, Gene Krupa, Lionel Hampton y Teddy Wilson.