Monomaniacos.

enero 31, 2016

Título:  Einstein, El espacio es cuestión de tiempo.

Autor: David Blanco Laserna.

Editorial:  National Geographic.

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El trabajo de Einstein hasta 1905, cuando la juventud aún corría por sus venas, era tan impresionante que aunque hubiera fallecido entonces, su importancia en la ciencia moderna seguiría siendo capital.  Tuvo sin embargo la suerte de cara, y la vida y salud le acompañaron largos años para proseguir su misión y llegar así a culminar su teoría general de la relatividad, de la que este libro nos habla.

Einstein es prototipo y modelo para muchos científicos hoy.  Y aunque serán pocos los afortunados en descubrir una teoría de tan gran impacto, el mero hecho de tenerlo como ejemplo y patrón para los más jóvenes, permite que el caldo de cultivo esté en su punto de ebullición, para que de cuándo en cuándo pueda emerger una nueva figura de tal calibre.  Pero no hay que olvidar que son varios los ingredientes primordiales para una buena sopa, como diría Oparin.

No hace falta recurrir de nuevo a Galileo, o Leonardo.  El mismo Einstein nos muestra esas diversas facetas, ingredientes necesarios para el auténtico hombre de ciencias.  Entre ellas destacaremos hoy la que le ayudaba durante periodos de sequía, de falta de inspiración;  aquella capaz de provocar un brainstorming muy útil en su búsqueda de soluciones a las teorías que perseguía:  la interpretación musical.  Su segunda mujer confesaba como se enamoró de él al escucharle tocar una sonata de Mozart al violín.

Einstein comenzó a estudiar violín mucho antes que física y matemáticas.  Con sólo 5 años tomaba ya sus primeras lecciones.  Su madre, quién transmitió tan noble pasión, le acompañaba habitualmente con el piano, y fueron Bach y Mozart sus compositores preferidos, al reflejar según su opinión, la armonía del universo.  Aunque tuvo múltiples ocasiones de interpretar en público con diversas formaciones, nunca estuvo tan noblemente acompañado como en la velada a dúo con la reina de Inglaterra, con quién tuvo ocasión de tocar aprovechando una visita.

La práctica nocturna de violín en la cocina de su hogar se convirtió en costumbre frecuente cuando peleaba con problemas difíciles;  la profunda concentración y emoción que pueden provocar la interpretación le ayudaba de tal modo que en ocasiones se interrumpía a sí mismo con un súbito “lo tengo”:  y la luz se hacía a través del sonido.  Tal era su pasión, que cuando en 1919 decidió celebrar la confirmación de su teoría general de la relatividad, que se produjo con una medición afortunada durante un eclipse de sol, no pensó en otra cosa más que en adquirir un nuevo violín.

Einstein tocó música de cámara durante toda su vida, ensayando semanalmente con su cuarteto de cuerda, aunque lamentablemente no quedan grabaciones de la época.

Pero no es Einstein caso aislado.  Al contrario, más bien parece norma que las inteligencias auténticas cultivan facetas diversas, que dirían hoy múltiples.  Cualquiera que haya leído el conocido “¿Está vd. de broma Sr Feyman?” recordará como este otro grande de la física cuántica, y nobel en 1965, admiraba la música y la pintura, y aún con su autoreconocida limitación artística, buscó mejorar y practicar tanto la pintura como la percusión.

Hoy que tanto hablamos de la necesidad de vocaciones, por fin surgen voces que animan a incluir la A mayúscula del ARTE en la ecuación STEM (Science, Technology, Engineering and Maths), para que en su lugar se utilice STEAM, y entiendan las nuevas generaciones que el Arte es imprescindible para una correcta compresión del mundo en que vivimos.  Que no sólo de ciencia vive el hombre.

Desconfíen pues de aquellos que muy ufanos se tildan de científicos de pro, abanderando la ciencia e ignorando las artes.  Monomaníacos de la ciencia, frikis de laboratorio, burócratas de despacho,  que no consiguen entender qué diferencia a Brahms de Mozart o Debusy, Delacroix de Rembrandt, Gehry de Lloid Wright, Dizzy Gillespy de Bill Evans.

 


Explotando a los hijos

enero 23, 2016

Título:  Almacén de antigüedades.

Autor: Charles Dickens.

Editorial:  Club Internacional del Libro.

1979, BBC

Dickens siempre mostró especial sensibilidad por la infancia.  Sus muy conocidas Oliver Twist o Grandes Esperanzas, muestran las andanzas juveniles de unos protagonistas cuyas fortuitas desventuras o suerte al acecho, según el caso, marcan una vida llena de alegrías o miserias, estas últimas más frecuentes.

Almacén de antigüedades, no por menos conocida, deja de sustraerse a la fórmula, y en un siglo en que una asentada revolución industrial aún mal entendida, creaba masas de pobreza, la joven protagonista es explotada por un anciano sin escrúpulos.  Todo con el más perfecto decoro y tono apto para todos los públicos, sin mancillar su honra pero ejerciendo la mendicidad en su justa medida.

En países que tratan de liberarse del fango de la pobreza, y elevarse con trabajo para alcanzar un desarrollo razonable, los hijos fueron elemento vital de ayuda.  En la España rural de los cincuenta y sesenta, los jóvenes, una vez terminada su instrucción básica, en su incipiente adolescencia, pasaban a formar parte de la cuadrilla familiar, colaborando en el sustento y progreso de la misma, que aparejaba a la vez el de su país.  Y aunque hoy no entenderíamos que a tan tierna edad comenzara la vida laboral de cualquier español, las carencias y sufrimientos de la época justificaban esta norma social.  Pero de ahí a la mendicidad hay un trecho, y tanto entonces como ahora, causaba perplejidad y asco, ver en la puerta de una iglesia una joven de cualquier minoría étnica, que las había entonces y las hay ahora, cuyo único negocio era parir hijos para exhibirlos sin pudor al son de la calderilla removida en un cuenco de porcelana, mientras entonaba el eterno soniquete:  “una moneda, señora”.  La proclive fertilidad de las ninfas, ofertaba al viandante una cara infantil nueva cada año;  qué bien conocían ellas el negocio:  el mozo imberbe siempre renta menos que el harapiento niño de teta.

Hoy, a Dios gracias, y al esfuerzo de muchas generaciones de españoles, cada vez hay menos de esto, al menos con pasaporte patrio.  Son más lo inmigrantes que prosiguen este negocio de la mendicidad pariendo y mostrando.  Que el niño en casa no produce, ni en la guardería, ni en el colegio.  Mejor que se vea.  ¿Hay mayor delito de explotación infantil?

Pues sí que lo hay.  Y aunque es imperdonable, todavía habrá quienes piensen en la pobreza que padecen las que amamantan en las puertas de las iglesias;  la falta de educación, cultura y muchas otras conquistas sociales de nuestro siglo, servirá a muchos para justificar lo injustificable.  Pero ¿Qué hacemos hoy con aquella otra, que con dineros, cultura, guarderías, trabajo, … , en beneficio propio y de su partido muestra al infante y le da la teta delante de los focos sentada en su escaño del congreso de los diputados?

Que Dios nos coja confesados, como diría el castizo, si semejantes ejemplares deben llevar el rumbo de la política del país.  Que ya nos avisaba Don Quijote:  “Cosas verdes amigo Sancho”;  y ¡qué cosas!.

 

 

 


El mundo en un disco

enero 12, 2016

Título:  Rechicero.

Autor: Terry Prachett.

Editorial: RBA.

Tengo que confesar que Terry Prachett no ha conseguido que caiga en sus redes.  La curiosidad me llevó a elegir uno de los tres volúmenes que dispongo de su mundodisco, y me ha dejado completamente indiferente.  Bien es verdad que el nombre que da origen a su mitología y la saga que desarrolla, mundodisco, me van a permitir hoy trasladar una noticia que aunque no me ha sorprendido, a muchos sí que lo hará, en el ámbito de la música.  Y aunque ciertamente Terry Prachett considera la música como elemento indispensable para cualquier civilización, sea ésta imaginaria o real, lo que explica su título Soul Music para uno de los capítulos de su mundo, no seré yo quién avance de la mano del escritor en la música del mundo disco.  En su lugar hablaré hoy de los discos de música.

Allá por Julio de 2012, me permitía compartir aquí mi visión sobre la vuelta del Vinilo.  Mis alumnos nunca estuvieron de acuerdo conmigo.  Generación digital por autonomasia, de pantallas táctiles, índices deslizantes y pulgares hyperdesarrollados, no hay más literatura ni música para ellos que la digital.  Pero la psicología humana me sirve de argumento para defenderme frente a sus ataques, y estas Navidades, el comercio electrónico en EEUU me ha dado la razón:  el aparato más vendido por amazon ha sido un tocadiscos clásico.

Aunque hay quienes se aferran a la tecnología para explicar su regreso, no creo que la calidad sea la razón fundamental;  más bien es el humo que vende el fabricante para apoyar lo inevitable, y convencer a los indecisos.  El protocolo y ritual necesario para reproducir un disco de vinilo, su liturgia que diríamos, junto con la sensación de poseer un objeto físico especial, creo que están permitiendo que la industria del vinilo remonte el vuelo de nuevo.

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La música digital tiene sus ventajas, inmediatez, facilidad de acceso, portabilidad.  Pero todos ellos son elementos que restan valor al CD:  ¿Qué necesidad hay del formato binario en disco, cuando puedo tenerlo sin que ocupe espacio físico?  En el futuro nadie comprará CDs.  Eso sí, los servicios de descarga, préstamo, escucha, compartición de música digital, gratis o no, irán a más, y serán completamente compatibles con la venta de discos de vinilo;  dos mundos musicales que coexistirán.  Las grandes compañías se van dando cuenta.  Ahí tienen al presidente de Sony, que va aún más lejos:  no sólo el vinilo, también el carrete de fotos tendrá una segunda vida, dice Kazuo Hirai.  Bueno, con el carrete creo que se equivoca, y aunque es verdad que los profesionales de la fotografía probablemente vuelvan sus ojos al carrete clásico, el usuario de a pie difícilmente dará marcha atrás.

Por cierto, y para ir acabando, mi primer vinilo ha sido un clásico del Jazz:  Time Out de Dave Brubeck.  Se ve que los Reyes Magos también creen en el vinilo, y pese a algunos nuevos gobernantes, por estos lares seguimos creyendo en Sus Majestades de Oriente. Aquí les dejo un enlace para escuchar este título imprescindible:

A disfrutar de este magnífico cuarteto.

 

 

 


Tócala otra vez, John

diciembre 31, 2015

Título:  Star Wars, El Legado.

Editorial:  Caelus Books.

Autor:  S.J. Sansweet & P. Vilmur.

star-wars-episode-7-imageMás que un libro, es un objeto, o muchos objetos, de colección.  Esta fantástica edición incluye copias facsimil de casi todo lo que se nos pueda ocurrir que se utilizó durante la gestación de los primeros capítulos de la serie:  pases premier, copias de guión, invitación de Sir Alec Guiness a cevezas, revista de la fox con noticas sobre el film, pegatinas de los personajes…  en fin, todo lo que quepa en un soporte 2D.  También se incluye, copia de parte de la partitura manuscrita de John Williams.

J. Williams ya se había ganado el puesto en Hollywood.  Aunque trabajó primero para la televisión, ganó fama de versátil compositor, capaz de adentrarse tanto en el jazz como en la música clásica, y con películas como La Aventura del Poseidón, le tildaron de compositor de género de cine de catástrofes.  Pero su primer Óscar, llegó por otros derroteros:  El violinista en el tejado.

Steven Spilberg confió a Williams su debut, y desde entonces también algunos de sus grandes éxitos: Tiburón o E.T.  Con Tiburón consiguió su segundo Óscar, que premiaba esta vez la banda sonora completa original.

Williams dirigió a la London Symphony Orchestra para grabar en Marzo del 77 la banda sonora de Star Wars, de la que dijo Lucas que era la única parte de la película que superó sus expectativas.  La  20th Century Fox editó 10.000 copias, que vendió en tan sólouna semana.  El éxito hizo ha muchos redescubrir la música clásica, y cuando el disco se agotó, los impacientes escucharon en su lugar obras de Chaikovski y Wagner.   Y es que Williams hace un uso Wagneriano del leitmotiv, muy patente en la serie Star Wars:  Cualquier amante de la saga conoce la melodía de los principales personajes de la historia.

Star Wars es una banda sonora que ha crecido con los años, incorporando nuevos elementos a medida que la serie se ha ido desplegando, y que Williams ha seguido dirigiendo y grabando fielmente como siempre:  frente a una pantalla en la que se proyectan las imágenes que acompañan cada pieza musical.

Aprovechemos este final y comienzo de año, momento musical dónde los haya en los que los conciertos -de año nuevo- proliferan, para escuchar una vez más esta magnífica composición.

 

 

 

 

 


El corazón del mar

diciembre 20, 2015

Título:  Moby Dick.

Autor:  Herman Melville.

Editorial:  Modern Library.

 

En el año 2007 tuve oportunidad de relizar un viaje inolvidable:  cruzar el atlántico abordo del Queen Mary II.  Paro los acostumbrados a aviones, aeropuertos, controles de seguridad, comida encorsetada espacios minúsculos y jetlags, surcar el océano recordando el periplo de los exploradores pasados con la comodidad de hoy es toda una experiencia.

Seis días en el mar inmenso permiten entender aquel título de Sagan publicado en el 1994:  un punto azul pálido.  Nuestros antepasados que hicieron las américas ya experimentaron el asombro de los astronautas de hoy;  si éstos se alejan como el pintor del lienzo para captar el efecto, ellos fueron capaces de acercarse para apreciar el detalle sutil, soportando las inclemencias del tiempo y las incomodidades de la tecnología pasada, saboreando así el mar en todo su esplendor.

Consigue Melville en Moby Dick sumergir al lector en el mar profundo abordo de un ballenero.  Siempre pensé que las andanzas del capitán Ahab eran fruto de una obsesión, pero hace pocas semanas, y gracias a la cartelera cinematográfica, he descubierto que la historia de Melville tiene un origen real:  el desgraciado fin del ballenero Essex.

Debo reconocer que nada esperaba del título “En el corazón del mar” coproducción española filmada en exteriores Canarios y con protagonista de moda.  En primer lugar, esperaba ficción y resultó relato histórico.  Los magníficos exteriores y la caza de ballenas trajo a mi memoria los lejanos surtidores de vapor que saludaban el paso del Queen Mary tras 4 días de viaje marino.  La historia del Essex no sería diferente de tantos otros pecios sumergidos, sino fuera porque el hundimiento fue fruto de una acción premeditada de un gigantesco cachalote.  Las calamidades pasadas durante noventa días, por los pocos supervivientes que ocuparon las tres barcas disponibles, permitieron a Melville tejer esta gran novela americana.  Melville tuvo la oportunidad de entrevistarse con algún protagonista de aquella desgracia, y que por primera vez en muchos años confesó al escritor cuan lejos hubieron de llegar para sobrevivir a la deriva.  Melville obvió el escenario dantesco posterior, y centró su argumento en el cachalote asesino.

Dos años de intenso trabajo dieron lugar a esta magnífica obra, que gracias a la cartelera ha permitdo a algunos como yo situarla correctamente en el contexto histórico.  Espero tener pronto oportunidad de leer la historia original del Essex, y volver a escuchar la banda sonora que acompaña la película, compuesta por nuestro paisano Roque Baños, que continúa abriendo brecha en una terreno muy competido.


El ruiseñor

diciembre 13, 2015

Título:  Cuentos.

Autor:  Andersen.

Editorial:  Alianza Cien.

Celebramos estos días el centenario del nacimiento de “la voz”.  Frank Sinatra comenzó su carrera con alguno de los grandes del swing, y acabó liderando el movimiento del fenómeno de masas hacia los cantantes solistas.

Su web celebra la efeméride con una frase:  “May you all live to be 100 years old and may the last voice you hear be mine!”

Buen día para recordar la importancia de la música, un fenómeno humano que nació para dar gracias a Dios (el pueblo judío así lo reconoce en muchos libros de la biblia:  éxodo, deuteronomio, samuel, crónicas…) y que tuvo en el canto y la danza una de los más preciados talentos que un soberano podía disfrutar:  el Rey David cantó y bailó ante el traslado del arca de la alianza a su ciudad.

Pero no todos los gobernantes han sabido valorar este regalo divino.  Sin ir más lejos, nos cuenta Ándersen en su cuento “El Ruiseñor”, cómo el Emperador de China, despreció el canto del ruiseñor, prefiriendo un pájaro mecánico que emulaba su canto.  Quizá Ándersen ejerció de profeta sin saberlo, adivinando la invasión de DJ’s que hoy sufrimos, y que son preferidos sistemáticamente por gobernantes y súbditos.  Quizá el bueno de Andersen daba en el cuento unas pinceladas sobre el ateismo imperante en la China postrevolucionaria, bajo la metáfora del rechazo a este preciado don divino de la música en el canto del ruiseñor.  Los cuentos siempre esconden moralejas múltiples, y el de hoy permite reflexiones variadas.

 

Buen momento para volver a disfrutar de los clásicos de la mano de “La voz”, y pedir a nuestros gobernantes se dejen de cuentos chinos y eviten las gangas:  hay mucho pájaro ganando dinero con música mecánica.


Los últimos días de occidente.

noviembre 15, 2015

Título:  Los últimos días de pompeya.

Autor:  Bulwer Lytton.

Editorial:  Club Internacional del Libro.

Aún careciendo de datos concretos, hizo bien Lytton en entrelazar en la historia de la destrucción de Pompeya las desventuras de algunos cristianos que tratan de sobrevivir difundiendo su mensaje en un imperio en liquidación.  Aunque fue una catástrofe natural la que sepultó la ciudad a los pies del Vesubio, el conflicto de religiones de entonces conviene hoy recordarlo más que nunca, cuando los islamistas radicales siembra de terror París y anuncian la próxima conquista del Vaticano y la exclavización de las mujeres de occidente.  Parecería un chiste si no fuera por quienes lo anuncian.

La tercera guerra mundial ya está aquí, y contra todo pronóstico tiene forma de cruzada, la que debe librar occidente contra los radicales islámicos.  La libertad y democracia construida durante siglos sobre un continente cristiano que tuvo que librar batallas para defenderse, vuelve hoy a estar en el punto de mira de algunos que se consideran defensores del Islam.

Hace poco debatió Europa su novedosa constitución, y fue imposible llevarla adelante por un mal entendido principio laico que hace a muchos cortar las raíces que dieron la vida a nuestra civilización.  Esta persistente renuncia a la cultura y tradición cristiana de occidente es el caldo de cultivo para las células cancerígenas que el estado islámico va llamando a la acción, y el catalizador de nuevos partidos extremistas que surgen como reacción cáustica a tanto despropósito.

Nunca es tarde para reflexionar.  Esperemos que nuestros gobernantes tomen nota de lo que el siglo XXI augura y que los terribles atentados de los últimos 15 años no sean un preludio de los últimos días de occidente.


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