Galdós y el Belén

diciembre 26, 2008

Me tocaba continuar hablando de Stevenson y la isla del tesoro, pero hoy terminé de leer un libro imprevisto:  un error me condujo hasta él.

Los errores se autoinvitan a cualquier hora del día en nuestro quehacer diario, sin ser convocados ni bienvenidos cuando se presentan.  Suelen deslizarse en la rutina a causa de nuestra impericia;  a veces brotan  en terreno abonado por la ignorancia, o labrado por la incomunicación (y sino pregunten a la nasa qué pasó con su satélite Mars Climate Orbiter).  Las menos veces, son sus frutos recibidos con agrado, limpios de espinas.  No hay quién pueda librarse de este convidado de piedra.

Pues sucedió que en mi primer Post hablé de los Episodios Nacionales, y el final de su lectura.  Ya sentía con fuerza la nostalgia de su ausencia cuando fui consciente de mi error:  un día cualquiera del pasado y extraño frío noviembre, a la vuelta del trabajo encontré el primer volumen de la serie quinta de los episodios nacionales, nuevo, sin desembalar.  Craso error el mío, debí haber pensado aquello de que “hasta el rabo todo es toro”.

Galdós

Galdós

Es curioso que la Segunda Novela del volumen se desarrolle en fechas similares a las que vivimos, finales de Diciembre.  En esta época de 1870, nos cuenta Galdós las zapatiestas y trapisondas de nuestros paisanos de la época.  Por boca de Vicentito Halconero, que no halcón, conocemos de primera mano la bien calíficada España Trágica del siglo XIX.  Una pena que la condición humana determine tan funestamente el futuro de una país, y aupe gobiernos y desaloje gobernantes con atroz uso de la violencia.  Pobre resultado los esfuerzos de Prim:  consideraciones aparte de sus posibles razones de estado, y su acierto o fracaso en la solución de traer un rey extranjero, Amadeo de Saboya, es lamentable asistir a través del telescopio del tiempo y la novela, a los intentos de algunos por imponer razones mediante la violencia.

No es momento de hablar de violencia cuando todavía hacemos digestión de los manjares de la Navidad.  Pero si es curioso contemplar como Italia ha influido en una de nuestra tradiciones Navideñas más arraigadas.

Describe Galdós en sus episodios varias estampas Italianas que influyen en nuestra historia:  como llega la Reina Cristina y su familia, como su hija Isabel tiene que emigrar, y en este último acto, la llegada del italiano que viene a ser Rey.

Belén Napolitano del Palacio Real

Belén Napolitano del Palacio Real

Pues de Italia también procede una tradición que llegó para echar raices, y cuyos frutos se extienden y germinan con fuerza hoy, el Belén, también llamado en estos lares Portalito.

En mayo pasado tuve la oportunidad de participar en Nápoles del congreso EuroGP 2008.  Es este un congreso ya consolidado en el panorama internacional, sobre Inteligencia Computacional (puden ver un pequeño resumen sobre estas tecnologías en un programa reciente de Canal Extremadura).  Por segunda vez visitaba esta ciudad, que podríamos calificar como paradigma del caos circulatorio.  Es una experiencia única convertirse en peatón y sortear vehículos para intentar atravesar una vía de la ciudad.  También creo yo que los vehículos disfrutan evitando peatones, adaptando su velocidad al número de viandantes que se ejercita cruzando calles. El caos ha demostrado su belleza en las matemáticas modernas.  Diría que Nápoles es también muestra de la belleza del Caos, con su aroma Español en barrios escondidos, y su magnífica calle de Toledo, atestada de napolitanos y turistas.

Esta belleza mal encarada de la ciudad, con su inmundicia acumulada en cada rincón, también ha sido, por contra,  fuente, saludable esta vez, del belén español.  El belén Napolitano de hoy tiene unas características que lo hacen bien diferente al nuestro.  Si allí ahora se visten las figuras y presentan enteladas, en españa la terracota domina el total de la figura policromada.  Pero es problable que cuando Carlos III llegó a España, varias décadas antes que las recogidas por Galdós en sus episodios, trajera el belén en su forma primigenia.  Todavía hoy pueden verse Belenes Napolitanos antiguos en algunas iglesias y palacios españoles.

Hace ya casi 100 años que Galdós terminó su España Trágica en Madrid, un 19 de marzo de 1909.  Los años curten y envejecen los productos de calidad.  El belén también se ha asentado y convertido en producto navideño propio, español, como el turrón;  y sus figuras siguen siendo esculpidas y cocidadas por artistas y artesanos.  Bonita tradición de más de 300 años, que el pueblo sabe valorar, y que a pesar de algunos, seguirá viva en la navidad de nuestros hogares.


Robert L. Stevenson (1/2) y la TDT

diciembre 20, 2008

Me ha sorprendido como nunca un anuncio publicitario que escuché hace una semana en las ondas.  Circulaba en coche mientras amanecía,  y cuando mi cerebro comenzaba a planificar la jornada de trabajo, lanzaba nuestro señor gobierno (eso decía, el gobierno de España) un mensaje apocalíptico:  Regala para Navidad TDT o nadie responderá de lo que le sucedan a tus circunvoluciones cerebrales.  Bueno, literalmente lo decía de otro modo, pero en el fondo transmitía el ahora o nunca.

El hombrel del saco.

El hombrel del saco.

Antiguamente nos asustaban con dragones de siete cabezas, o con el hombre del saco, o el sacamantecas, e incluso con el infierno o versiones light como el limbo y el purgatorio, que gente había para hacer mal uso de los conceptos antes, y la sigue habiendo ahora.   Porque ya ven como nos atemorizan con la soledad en que nos sumirá la falta de esa imagen sutil y sugestiva que nos envía la televisión.  Es paradójico que un Gobierno se dedique a estos menesteres.  Quizá trate de salvar al sector de los electrodomésticos con catástrofes mileniaristas, aunque a decir verdad ya hace rato que pasamos el 2000.  El fin del mundo ya no está tan cerca, pero sí lo está el de la televisión tradicional, si no te pasas a la TDT claro.  Puestos a salvar a Bancos e  industria del automóvil, quizá ahora le toque al fabricante de televisores.  Porque en realidad, si los gobiernos buscaran de veras salvar a los ciuadanos, quizá lo que debieran es acabar con la televisión que conocemos.  Otros modelos de televisión pudieran funcionar (descarga gratuita de los programas que de verdad interesan, sin cortes, con calidad…)  pero el sistema actual es una auténtica estafa.  Estafan el tiempo a los ciudadanos, que en verdad podrían utilizarlo de un modo mucho más productivo, y a la vez controlan el pensamiento global con los contenidos, dirigidos a manipular a la ciudadanía.  Han conseguido liquidar gran parte de las aficiones tradicionales, las auténticas, no las que se comercian en kioscos callejeros:  coleccionar sellos, casitas de muñecas, recortables, monedas (difícil en estos tiempos de crisis).   Incluso  acabaron antes con el abuelo cuentacuentos, que antiguamente a la luz de la fogata del hogar reunía a los nietos, y entre pucheros humeantes y olor de encina quemada en la candela narraba historias de antes, con moraleja.   Triple forma de reciclar: el calor del fuego servía para cocinar y para calentar a la concurrencia, y a la vez, los consejos y experiencias el abuelo eran reciclados y absorvidos por las nuevas generaciones.  Pero nada de eso hace falta hoy: ponga TDT en su vida oiga, y a falta de cuentos con moraleja, Educación para la Ciudadanía.

Pues no, prefiero los buenos cuentos, cuentos antiguos, como los de Perrault, o Andersen, o de los hermanos Grimm.  Qué se yo, cuentos con sustento, con buenos cimientos y bien acabados.  Muchos autores han sentido la necesidad de contar cuentos e historias a los niños.  Bienaventurados los niños.  Algunos incluso escribieron para sus hijos historias que han llegado a ser Universales, como la Historia de la que hoy hablaré.

La Isla del Tesoro.

La Isla del Tesoro.

Es la obra que más veces he leído, y que ha envejecido y madurado en las estantería de libreros de todo el mundo, convirtiéndose en obra cumbre en su género.  Quería Stevenson, Robert Louis Stevenson, escribir una historia de aventuras para su hijo adoptivo.  Y no hay aventura para niños que se precie sin unos piratas malvados.  Y sino que se lo digan a los jugadores de Monkey Island, juego de aventuras por antonomasia, con una Guybruth emulando a Jim, y piratas malos, muy malos, aunque con menos recorrido y profudidad que el gran John Silver.  Por cierto, no se pierdan la versión cómica del juego, la isla de lo mono.

La isla del tesoro es una magnífica obra literaria, para niños y mayores,  con un aventura imperecedera.  La historia de Jim y su relación con Silver forma parte de nuestro subconsciente colectivo, quizá no tanto por haber leído el original, sino por haber visto alguna de las muchas películas que han versionado la novela.

Seguramente nadie como Stevenson podía haber escrito la Isla del Tesoro.  Autor y novela se confunden, ficción y realidad se mezclan de algún modo mágico para dar lugar a un compuesto maravilloso, un elixir único.  Los auténticos viajes de Stevenson, originados por su precaria salud, emulan de algún modo los de Jim en la busca del tesoro.  En 1888 abandona Stevenson su tierra natal, Escocia.  La búsqueda del mayor tesoro posible, la salud, condujo al autor por las islas del sur.   Y quizá de estas aventuras personales por mares lejanos, e islas perdidas, surgió Jim y el Tesoro, Silver y su pata de palo, y el viejo Capitán con su sempiterna canción: “quince hombres sobre el cofre del muerto, y un gran vaso de Ron.  El Diablo y el Ron hicieron el resto…”.  El Gato Negro, Joyce, Redruth, el ciego, el doctor Livesey, el capitán Smallet, el Hidalgo… son personajes que pueden acompañarnos en las tardes frías y desapacibles de las Navidades que llegan.  Buen momento para sumergirnos en el calor y la humedad veraniega, tropical, de la Isla del Tesoro.

Qué suerte que Stevenson Jr. no tuviera televisión para pasar el rato, y le pidiera en su lugar a su padre que le contara una buena historia de aventuras.  De haber dispuesto del acertadamente calificado por algunos como  invento del maligno, quizá en su lugar redactara su pedido a los Reyes Magos, como recomienda nuestro Gobierno, incluyendo una actualización TDT, y quizá un Stevenson preocupado decidiera  evitar el “apagón tecnológico”, en lugar de escribir una buena historia de piratas (de la que continuaremos hablando otro día).

Qué suerte que la televisión tardara unas buenas cuantas décadas más en inventarse.


El secreto de Maston

diciembre 12, 2008

Si alguien nos preguntaran por un escritor prolífico, capaz de generar obras como churros – aunque bien podríamos decir porras madrileñas, por eso de la calidad de las que allí sirven con los cafés calentitos de las mañanas;  si nos preguntaran por ese mismo autor que además ha sido un genio de la ciencia ficción – ¿quizá su fundador?;  si para colmo, sus obras contuvieran una información científica completamente actualizada;  y si además de todo lo anterior, uno pudiera hojear sus obras para aprender geografía, historia, física, biología… seguramente todos nombraríamos al incomparable Isaac Asimov.  Ciertamente este escritor Americano de origen Ruso, ha pasado a la historia por varias razones, entre las que destaca su capacidad creadora, su paso por la Ciencia Ficción, marcando un antes y un después, y su gran labor como difusor de la ciencia a través de sus obras de divulgación.

Pues bien, aunque podríamos dar por correcta la respuesta, hay una alternativa que cumple todos los requisitos anteriores:  Julio Verne.  Llegará el día en que repasemos la bibliografía de Asimov, y hablaremos de divulgación.  Pero no toca hoy.

Hace algo menos de una década decidí adquirir la edición seriada de las obras de Julio Verne.  Era el tipo de colección bien presentada, con cubierta de cuero, punto de lectura y aquellos grabados originales de las primeras ediciones, y que puntualmente, o quizás no tanto, entregaba el librero a cambio de unos euros.   Precisamente el precio, aún estampado en la funda protectora de cada ejemplar, y que lo ha mantenido inmaculado hasta su lectura, es la pista que marca cuando sucedió mi visita al quiosco, después de que el efecto y2k pasara su abultada factura.  Ahora que la crisis visita nuestros bolsillos y se aviva y propaga a la velocidad con que caen las piezas empresariales como fichas de dominó, valoro la buena inversión que hice:  por menos de 8€ puedo volver a la pila de libros almacenados y elegir el nuevo, como si visitara una librería del pasado con precios congelados, o quizá des-inflaccionados (¿porqué me suena esto a los universios inflaccionarios de la Ciencia Ficción?).

Julio Verne

Julio Verne

Bueno, pues entre esta larga serie de obras de Julio Verne, en la que con alarde de conocimiento geográfico e histórico nos va dosificando aventuras sin límites, me tocó esta vez degustar “El Secreto de Maston”, sucedaneo de traducción del original “Sans dessus dessous”.  No hace falta saber francés para apreciar que nos dan gato por liebre.  Malditala  suerte que hemos sufrido nuestras generaciones en España con los idiomas

Ciertamente no es este libro 20.000 Leguas de viajes submarino, ni presenta un tratado de biología marina.  Tampoco se trata de Viaje al Centro de la Tierra, con su juego de acertijos y paseo por el pasado Jurásico.  No perdamos de vista en todo caso la capacidad de Verne para presentar en cada caso inventos del futuro, quizá en ese viaje a las entrañas de nuestra madre tierra previó lo que el recientemente fallecido Michael Crichton nos contaba con lenguaje científico actualizado en Parque Jurásico.  En fin, que no se trata de la mejor obra del autor.  Pero quizá sí sea, como algunos han calificado parte de su obra,  una profecía del futuro por llegar.

De la Tierra a la Luna

De la Tierra a la Luna

Porque en este libro, que además es continuación de la historia de los protagonista de Viaje a la Luna, de Barbicane y compañía del Gun Club, aquellos constructores del Columbiad, sigue Julio Verne actuando como profeta y sátiro científico.  Si allí pronosticaba la posibilidad de viajar en cohete a la luna, cohete tosco y propulsión rudimentaria, (oiga, visite y compare el modulo lunar que primero se posó en nuestro satélite, a ver quién sale ganando), aquí hace una predicción que bien la podrían utilizar ecologistas y tele-predicadores como Al-Gore (¿Agorero mejor?) para apoyar sus tesis.  Perdón por la licencia, pero no me cuadra un ecologista que se gana la fortuna – sí sí, no la vida, la fortuna-, a base de conferencias millonarias por el mundo.

El secreto de Maston

El secreto de Maston

Bueno, pues a lo que vamos, resulta que el señor Maston y Barbicane y compañía deciden ¡¡¡¡cambiar el clima de la tierra!!!!! para aprovechar los yaccimientos bajo el ártico. Y es que en el siglo XIX no se conocía aún qué había más allá de los 85º norte, y facilmente podría suponerse allí un continente rebosante de hulla (el petroleo de la época).  Y el acceso al combustible requiere primero  derretir el hielo del polo.  No hay mejor idea por tanto que cambiar el clima de la tierra  ¿Nos suena a algo?

Pues no era la solución difícil: bastaba aplicar las leyes de la física.  Muy sencillo para gente que consiguieron llegar a la luna con una bala de cañón, y que bien podían utilizar otro cañón más grande aún para mover el eje de rotación terrestre, aprovechando la fuerza de acción-reacción.  Y la cosa tiene gracia, porque bastaba actuar desde un país cualquiera para producir un efecto global.  ¿Qué me recordará a mí esta bonita historia?

Pues eso, que ya Verne profetizó la capacidad destructura de un único país sobre el clima global del mundo que nos covija, aunque por medios un poco más exotéricos que la actual combustión generalizada de carburante y emisión de gases sin límite.  ¿Y se confundió en la hulla del Polo Norte?  A lo mejor era la expresión en el siglo XIX del petroleo de Alaska del XX y XXI.

¿Alquien da más?


El Maravilloso Viaje de Nils Holgersson

diciembre 6, 2008

Hace largos años, cuando aún utilizaba la televisión de forma sistemática, asistí a la proyección de una serie de dibujos animados que en aquellos años me enganchó.  Era una serie tradicional, con dibujos 2D realizados por dibujantes profesionales, y sin mayores pretensiones que la de entretener.

La tecnología ha cambiado mucho hoy día.  Una película de animación que se precie no puede prescindir de los gráficos 3D generados por computador.  Igual le pasa a los videojuegos actuales.  Por suerte, hay herramientas libres disponibles, que permiten iniciarse a cualquiera, e incluso llegar a convertirse en profesional.  Herramientas como blender han conseguido igualar  a sus contraparte propietarias.  Pero también hay herramientas 2D fantásticas, como inkscape, y profesionales que saben utilizarlas, como Joaclint Istgud.

Pero volviendo a la cuestión,  aquella serie no solo era imagen.  También tenía su banda sonora, que discurría a ritmo de Vals, y por supuesto una temática interesante:  un jovencito ruidoso, desinquieto (que diría mi abuela en aquella época) y muy travieso, rayando en lo perverso.  Este jovencito sufre un día un tremendo escarmiento y se convierte en duende, y no le queda más remedio que acompañar una bandada de gansos en sus viajes por Suecia.

Imagen de la serie de televisión

Imagen de la serie de televisión

La serie siempre ha permanecido en mi cabeza, afianzando su hueco en mi memoria y defendiédolo contra otros recuerdos nuevos. Lo bucólico del ambiente, los paisajes, la vida en la naturaleza, los gansos volando, siempre han sido temas que han capturado mi atención.  Además, descubrí con los años, que la serie se basaba en la obra cumbre de Selma Lagerlof, premio Nobel de la literatura Sueca, e interesante mujer activista de derechos fundamentales.  Lamentablemente la serie pasó por la tele sin pena ni gloria.

Recientemente, en uno de mis visitas a los colegas de la Complutense, conseguí hacerme con la obra.  Y ciertamente la obra llegaba más lejos de lo que yo esperaba.  Porque además de ser un libro de viajes, es un libro que nos habla de historias tradicionales de Suecia, y las historias emanadas por la tradicción, suelen ser historias que nos hablan de lo fundamental y profundo de la vida.  Nos habla así Selma Lagerlof del valor de la educación, del respeto a los padres, de la naturaleza Sueca.  Decía la autora que le habían propuesto escribir un libro de Geografía, y ella decidió hacerlo pero de un modo especial, contando historias de su tierra a través de la pequeña historia de un jovenzuelo impertinente que recibe una buena lección con una bandada de gansos.

Bandada de Grullas a su paso por Extremadura

Bandada de Grullas a su paso por Extremadura

Ahora que las Grullas llegan a nuestra Extremadura, una de las regiones con la naturaleza mejor conservada en España, y menos explotadas (de ahí otras carencias), es buen momento para leer libros o cuentos de aves que vuelan y  migran.  La vista de una bandada de Grullas, afinando sus trompetas como banda de músicos, y surcando los cielos otoñales  al paso por las dehesas y sierras Extremeñas no tiene precio.

Nils Holgerson  nos cuenta la historia de un niño y unos gansos.  Un niño al que visita un duende y le hace recapacitar de sus gansadas.  Buen libro para nuestros jóvenes, que más que gansos a veces parecen  animales.

Y buen libro para estas fechas de Navidad que se aproximan, dónde un buen libro, un clásico, leído al calor del brasero y a la vera de nuestro belén y el árbol con su estrella, y lleno de valores, merecen más nuestro tiempo que las series de televisión actuales, huecas de sustancia en el mejor de los casos.