Galdós y el Belén

Me tocaba continuar hablando de Stevenson y la isla del tesoro, pero hoy terminé de leer un libro imprevisto:  un error me condujo hasta él.

Los errores se autoinvitan a cualquier hora del día en nuestro quehacer diario, sin ser convocados ni bienvenidos cuando se presentan.  Suelen deslizarse en la rutina a causa de nuestra impericia;  a veces brotan  en terreno abonado por la ignorancia, o labrado por la incomunicación (y sino pregunten a la nasa qué pasó con su satélite Mars Climate Orbiter).  Las menos veces, son sus frutos recibidos con agrado, limpios de espinas.  No hay quién pueda librarse de este convidado de piedra.

Pues sucedió que en mi primer Post hablé de los Episodios Nacionales, y el final de su lectura.  Ya sentía con fuerza la nostalgia de su ausencia cuando fui consciente de mi error:  un día cualquiera del pasado y extraño frío noviembre, a la vuelta del trabajo encontré el primer volumen de la serie quinta de los episodios nacionales, nuevo, sin desembalar.  Craso error el mío, debí haber pensado aquello de que “hasta el rabo todo es toro”.

Galdós

Galdós

Es curioso que la Segunda Novela del volumen se desarrolle en fechas similares a las que vivimos, finales de Diciembre.  En esta época de 1870, nos cuenta Galdós las zapatiestas y trapisondas de nuestros paisanos de la época.  Por boca de Vicentito Halconero, que no halcón, conocemos de primera mano la bien calíficada España Trágica del siglo XIX.  Una pena que la condición humana determine tan funestamente el futuro de una país, y aupe gobiernos y desaloje gobernantes con atroz uso de la violencia.  Pobre resultado los esfuerzos de Prim:  consideraciones aparte de sus posibles razones de estado, y su acierto o fracaso en la solución de traer un rey extranjero, Amadeo de Saboya, es lamentable asistir a través del telescopio del tiempo y la novela, a los intentos de algunos por imponer razones mediante la violencia.

No es momento de hablar de violencia cuando todavía hacemos digestión de los manjares de la Navidad.  Pero si es curioso contemplar como Italia ha influido en una de nuestra tradiciones Navideñas más arraigadas.

Describe Galdós en sus episodios varias estampas Italianas que influyen en nuestra historia:  como llega la Reina Cristina y su familia, como su hija Isabel tiene que emigrar, y en este último acto, la llegada del italiano que viene a ser Rey.

Belén Napolitano del Palacio Real

Belén Napolitano del Palacio Real

Pues de Italia también procede una tradición que llegó para echar raices, y cuyos frutos se extienden y germinan con fuerza hoy, el Belén, también llamado en estos lares Portalito.

En mayo pasado tuve la oportunidad de participar en Nápoles del congreso EuroGP 2008.  Es este un congreso ya consolidado en el panorama internacional, sobre Inteligencia Computacional (puden ver un pequeño resumen sobre estas tecnologías en un programa reciente de Canal Extremadura).  Por segunda vez visitaba esta ciudad, que podríamos calificar como paradigma del caos circulatorio.  Es una experiencia única convertirse en peatón y sortear vehículos para intentar atravesar una vía de la ciudad.  También creo yo que los vehículos disfrutan evitando peatones, adaptando su velocidad al número de viandantes que se ejercita cruzando calles. El caos ha demostrado su belleza en las matemáticas modernas.  Diría que Nápoles es también muestra de la belleza del Caos, con su aroma Español en barrios escondidos, y su magnífica calle de Toledo, atestada de napolitanos y turistas.

Esta belleza mal encarada de la ciudad, con su inmundicia acumulada en cada rincón, también ha sido, por contra,  fuente, saludable esta vez, del belén español.  El belén Napolitano de hoy tiene unas características que lo hacen bien diferente al nuestro.  Si allí ahora se visten las figuras y presentan enteladas, en españa la terracota domina el total de la figura policromada.  Pero es problable que cuando Carlos III llegó a España, varias décadas antes que las recogidas por Galdós en sus episodios, trajera el belén en su forma primigenia.  Todavía hoy pueden verse Belenes Napolitanos antiguos en algunas iglesias y palacios españoles.

Hace ya casi 100 años que Galdós terminó su España Trágica en Madrid, un 19 de marzo de 1909.  Los años curten y envejecen los productos de calidad.  El belén también se ha asentado y convertido en producto navideño propio, español, como el turrón;  y sus figuras siguen siendo esculpidas y cocidadas por artistas y artesanos.  Bonita tradición de más de 300 años, que el pueblo sabe valorar, y que a pesar de algunos, seguirá viva en la navidad de nuestros hogares.

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3 respuestas a Galdós y el Belén

  1. Verónyk dice:

    Te lo juro que lo he intentado, pero soy incapaz de leerme tu blog. jaja
    Solo puedo decirte ¡Feliz Navidad!

    Un besito y otro a Concha.

    Verónyk

  2. Verónyk dice:

    Ah, se me olvidaba…
    Como tu me recomiendas tu blog, voy a recomendar el que comparto:
    http://www.gjsanjose.blogspot.com.

    Navidad, Navidad, dulce Navidad…

  3. Concha dice:

    Siempre he disfrutado en casa montando el Belén. Esta tradición, junto con algunas nuevas, adquiridas en el hogar que un dia fundé junto con mi marido, son las que inculco a mis hijos, no sin darles su sentido y contenido moral, a fin de fomentar valores tan importantes como la familia, el amor a los demás, el respeto y valorar realmente lo que en estas fechas proclamamos, el amor de un Dios que se hace hombre para salvarnos.

    Este año en la fiesta de los Reyes, que en mi casa sigue siendo tradición, “me han caido” una estampa navideña para incluir en el Belén del año proximo; en terracota, la anunciación del nacimiento de Jesús a los pastores, esto seguirá contribuyendo a afianzar las tradiciones en mi casa, pues junto con un nacimiento, el año que viene seguiremos montandolo cuando se aproximen estas fechas, supongo que a principios de diciembre.

    Todo esto me hace concluir en que las tradiciones están muy bien, siempre y cuando no estén exentas de contenido, ya que entonces no pasan de ser meras costumbres hechas leyes que bien pueden cambiarse en cualquier momento, y perder todo el significado , carga historica y enseñanza moral que las tradiciones albergan en su interior.

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