Aprender Jugando 2

enero 30, 2009

Título: How Computer Games Help children Learn.

Autor: David Williamso Shaffer.

Editorial: Palgrave McMillan.

No solo de novela y poesía vive el hombre. Conviene diversificar la lectura y cultivar otros géneros literarios, que aunque todo sea negro sobre blanco, el lenguaje y contenido que encontremos puede alimentar muy diversas sensibilidades de nuestro espíritu. La divulgación científica, por ejemplo, se convierte en vehículo fundamental para que todos podamos conocer y entender el mundo en que habitamos, y si  agradecemos a los genios de la ciencia su labor -sin ir más lejos, este año a toca Galileo– igualmente hay que tributar elogios a los que han sabido difundir el conocimiento en suaves dosis para que cale en todos los estratos sociales.   Ocasionalmente se funden en un mismo personaje la magia de la ciencia y la pasión por contarlos a los demás.  Carl Sagan supo unir una ciencia de primera con su vocación divulgadora.  Hablaremos otro día de Sagan y quizá de su colega Drake, y de Popper.   Pero eso será otro día.

Continuamos hoy devanando el ovillo de la línea técnica-divulgadora en un campo muy concreto, el de los videojuegos. Hace días discutíamos sobre niños y aprendizaje, y el valor de los videojuegos actuales. Hay un mar de fondo en nuestra sociedad que se agita y nos salpica con mensajes basados en la inutilidad y negatividad de los videojuegos. A veces, algunas ideas nacen y crecen como una ola que se propaga, y se convierte en fuerte marejada. Los mitos y leyendas urbanas conviene analizarlos y desmantelarlos en su origen, no sea que la tempestad haga embarrancar al mejor navío.

Barrio Sésamo

Barrio Sésamo

Ya dijimos que comienzan a surgir estudiosos que lidian  con los juegos y el aprendizaje y también las nuevas tecnologías, claro.  Resulta curioso constatar que las nuevas tecnologías de cada época nacen con vocación de bien social, y dirigen con frecuenca sus esfuerzos a mejorar la educación de nuestros niños.  Baste recordar como ejemplo el aclamado internacionalmente Barrio Sésamo (Sesame Street).  Qué pena dan algunos programas actuales autodenominados infantiles, y de los monigotes que convierten en estrellas televisivas.  Las comparaciones fueron siempre odiosas, pero ya me dirán lo que sucede cuando en el otro lado de la balanza está Jim Henson.

Las nuevas tecnologías de las últimas décadas son los computadores y videoconsolas.  Y decíamos que también los videojuegos y su utilidad en el aprendizaje han sido analizados recientemente. En esta segunda sesión, analizamos otro autor de interés: D. Williamson Schafer.

La educación y los videojuegos es un tema que siempre me interesó, el futuro de nuestra sociedad depende de lo que cultivemos en la fértil mente de nuestros hijos.  Aunque uno no sea pedagogo, la experiencia de la tecnología, y el contacto directo con alumnado, universitario, le hace considerar ciertos elementos interesantes del mundo de los videojuegos.  Allá por el 2000 ya comenzamos a darle vueltas al asunto en Extremadura.  Concursos como Arcathlon primero, y los Cursos Internacionales de Verano de la Uex han permitido que este otro punto de vista pueda ser también escuchado y repetido por otros, aunque a veces el que otros hablen de lo que uno cuenta, sobre todo cuando se trata de programas de opinión, puede ser un problema, que no fue el caso en esta ocasión (audio de La Linterna, 15/7/2005).

En su libro, D. Williamson Schafer analiza los videojuegos precisamente desde el punto de vista que nos interesa aquí.  Presenta el juego como elemento clave para conectar con los intereses de nuestros jóvenes, y aprovechar su pasión y entrega a las videoconsolas para que sus largas horas de vigilia ante las pantallas fluorescentes les sean devueltas con crece a en forma de aprendizaje y conocimiento.  Aprendizaje real y profundo, no mera lista de conceptos aprendidos.

SodaPlay

SodaPlay

Propone Schafer algunas ideas, y además suministra allá una serie de juegos desarrollados para adquirir determinados conocimientos/habilidades en temáticas tradicionalmente rechazadas por los estudiantes. Ahí van algunos links:

SodaPlay: Para construir y crear criaturas móviles bajo la fuerza de la gravedad.  SodaPlay

Escher’s World: Desarrollado por el autor en el MIT, permite crear diseños y aprender matemáticas mientras tanto.  (Escher’s world)

El propio ejército americano se ha dado cuenta del potencial  educativo de los videojuegos (http://www.fullspectrumwarrior.com/)

… (en el libro más, como siempre).

Contaba el laureado Feyman a sus lectores (ya hablaremos de algún libro suyo en otra ocasión) su decepción con el sistema educativo Brasileño en la época en que visitó el país; cómo los estudiantes eran capaces de recitar de memoria capítulos enteros de física, incluyendo su formulación exotérica para profanos, y sin embargo demostraban no comprender fenómenos básicos de nuestro mundo basados en aquellas complejas fórmulas que los modelaban, ni resolver problemas planteados en el dominio que manejaban. El problema se debía a la falta de inmersión y de conocimiento epistemológico de la ciencia. Otros autores han hablado de la motiviación como elemento fundamental del aprendizaje. Quizá esa motivación consista en interés en resolver un problema que asumimos como propio, y que nos empuja a quere conocer herramientas que nos ayuden. En Brasil, se explicaba la Física, o la Química, o quién sabe que otras temáticas, como lista de fórmulas y conceptos a memorizar y utilizar a discrección en test que medían el nivel de los estudiantes. ¿Le suena a alguien la Canción?

Pues este asunto es el que Schafer descubre en el sistema educativo actual, y cuya solución, según él, pasa por una revolución del sistema.

Quizá en el fondo, y a pesar de la polémica, el nuevo modelo de Bolonia merezca la pena intentarlo.  Y los videojuegos podrían ser una ayuda.

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Aprender Jugando

enero 23, 2009

TítuloWhat Video Games have to teach us about Learning and Literacy.

Autor:  James Paul Gee.

Editorial: Palgrave Macmillan.

Hace no mucho preguntaron a un productor de videojuegos sobre el posible efecto de la crisis en el sector.  Su respuesta fue rápida, precisa y optimista: los videojuegos no se verían afectados;   por unas decenas de euros podrían los padres llenar cientos de horas del ocio de los niños.  ¿Hay mejor relación calidad/precio en alguna otra oferta?

Niños y Videojuegos

Niños y Videojuegos

Incluye esta respuesta varios elementos claves, aparte del manido tema de la crisis económica, que este año 2009 parece que se extenderá como un tsunami causado por el terremoto financiero del 2008.  Por un lado está el destinatario fundamental de los videojuegos, el niño, y por otro el progenitor que lo adquiere.  Y por último, el largo número de horas que dedican las nuevas generaciones a luchar con los villanos virtuales.  Todos estos elementos son imprescindibles para  reconsiderar  los videojuegos como meros productos de ocio.

En su libro “What Video Games have to teach us about Learning and Literacy” habla James Paul Gee sobre educación, aprendizaje y el papel de los videojuegos.  Gee, de la Universidad de Wisconsin, considera algunos elementos claves del aprendizaje, y como cada uno de estos elementos podría ser utilizado en los videojuegos para conseguir un objetivo adicional en las horas de ocio infantil;  de hecho el autor plantea que muchas de las técnicas descritas, ya están incorporadas de serie en los productos del mercado, y por eso, a pesar de la dificultad manifiesta en algunas fases y objetivos de los videojuegos más vendidos, los niños persisten en su empeño y no descansan hasta lograr resolver los puzles que se presentan, o adquirir la habilidad y coordinación necesaria para derrotar a cuantos adversarios deambulan por el monitor del computador o videoconsola.  ¿Porqué será que esta tenacidad es prácticamente inexistente ante las tareas propuestas en el colegio para realizar en casa?

Libro de J. P. Gee

Libro de J. P. Gee

Habla Gee, entre otros temas, del error de los sistemas educativos tradicionales, que persiguen la formación en materias claves mediante una formulación teórica de conceptos, que el alumno debe aprender a manejar de forma rutinaria;  y la diferencia con un aprendizaje real de la materia, conseguido mediante inmersión-experimentación.  Proporciona Gee varios ejemplos concretos de buenos y malos métodos educativos, y fácilmente podríamos relacionarlos con el fracaso educativo en lenguas extranjeras en España, que fueron transmitidas a estudiantes de mi generación como lenguas muertas, sin alma, sin vida, mostrandonos  sobre papel su sueño eterno.

Dice Gee, con razón, creo yo, que es imprescindible llegar a manejar la Gramática subyaccente del dominio semiótico al que uno se enfrenta (en cristiano:  campo de aprendizaje y sus reglas de funcionamiento) para llegar a aprender y comprender aquello con lo que se trabaja.  Y es ahí precisamente dónde el videojuego tiene mucho que ofrecernos.  Porque el niño ante un videojuego se transforma en otro y se zambuye en la acción.  Y mediante pruebas bien diseñadas, con un sistema de refuerzos-recompensas, podrá ir desarrollando nuevas habilidades.  Un juego bien diseñado, y con unos objetivos de fondo, podría permitir que las habilidades desarrolladas sean útiles luego en la videa real.

Ofrece Gee más de una treintena de técnicas de aprendizaje que podrían estar incluídas en un videojuego, y mientras tanto, realiza una crítica constructiva al sistema escolar tradicional.  En esto coincide con Schafer, otro investigador, que hablando de la historia del sistema educativo, diseñado en el siglo XiX en los Estados Unidos, emulando un sistema de producción en serie, argumenta que su país se queda atrás, al fomentar la repetición, en lugar del conocimiento y la innovación.

Miami Deco - South Beach

Miami Deco - South Beach

Y la cuestión es que no es el único que lo dice.

Recuerdo una visita a Miami que disfruté en mayo de 2008.  Tuve ocasión de asistir allí al congreso IEEE IPDPS, lider en temas de procesamiento paralelo y distribuído.  Además de tener oportunidad de contemplar en vivo el fantástico Art DECO tropical, alguno de cuyos ejemplos nada tienen que envidiar al DECO Neoyorkino, y por supuesto zambullirme en la otra orilla del Atlántico (ya probé las aguas de aca en Estoril y Galicia), bueno pues además de esto, tuve ocasión de escuchar a Jannette Wing de la NSF americana.  Y venía a decir que necesitamos incorporar un nuevo modo de pensar en los estudiantes, el “Computational Thinking” que llamaba.  En el fondo, y fuera tecnicismos, se trata de buscar un pensamiento más profundo y a la vez creativo en nuestros estudiantes.

Si investigadores americanos piensan así de sus sistema educativo, da miedo pensar que deberíamos hacer en nuestro país, en el que el objetivo último de los mejores estudiantes de bachillerato es convertirse en funcionario (no, no, nada de crear una empresita cuando acaben sus estudios universitarios, como en su día hicieron los fundadores de Yahoo, Google, o Apple).

¿Alguien ha pensado  qué tipo de mentalidad estamos fomentando en nuestros futuros profesionales?  ¿Y qué será de España en breve, con este tipo de educación, que nos coloca como lideres en la cola del informe Pisa, dónde la educación es boomerang arrojadizo entre partidos políticos, que lanzado desde la oposición golpea al gobierno a la ida, y también de vuelta cuando la oposición se convierte en gobierno?

Y la crisis, no ha hecho más que comenzar, oiga.


200 años de misterio y cambio climático

enero 16, 2009

Título: POE. El gato negro y otros cuentos ilustrados de misterio e imaginación.

Autor: Edgar Alan Poe.

Editorial: Valdemar.

Creo que alguien debería reflexionar en los tiempos que corren, como esta tradición tan arraigada en España de los Reyes Magos podría servir también, además de para disfrute de nuestros niños, para concienciarlos de la importancia de los inmigración en nuestra sociedad. Porque ya me dirán si no tiene gracia que fueran tres, o cuatro o ciento, igual da, ofrecidos por la tradición a lomos de dromedario, con andamiaje y fachada de árabe, subsahariano y rostro pálido, los que llegaron al pueblo de Israel procedentes de territorio gentil: Persia, África y Europa. Seguro que a alguno se le viene a la cabeza algún sinónimo moderno de esta alianza de pueblos que de forma conjunta idearon llegar unidos a un mismo punto a ofrecer presentes, no utilizando más guía que la de un cometa brillante surcando una cúpula profusamente decorada con manchas de todos los colores armonizados en luz blanca: el cielo estrellado. La cultura se manifiesta por el conocimiento de los clásicos, y algunos pretenden reinventar la rueda, o reescribir la historia.

The Pit and the Pendulum, by Samuel Casal.

The Pit and the Pendulum, by Samuel Casal.

Pues hablando de presentes y de Reyes, a lo que vamos: me tocó este año un libro sobre relatos de POE. Buen año para leer a POE, justo cuando celebramos el 200 aniversario de su nacimiento. El año pasado tocó aniversario de Espronceda (nacido en 1808, y muerto trágicamente en el 43 por un resfriado mal curado), y a mí, la correspondiente lectura de sus obras completas en la ciudad que le dio a luz, y donde últimamente se celebran unas fiestas de encanto romántico y literario, la ruta del romanticismo, que merece una visita (¿Han pasado alguna vez por Almendralejo?) Curioso personaje Espronceda, quizá no tan libertino como nos lo han querido pintar.

Pero no es turno de Espronceda ahora, sino de Poe. Decía Lovecraft que con Poe llegó “un amanecer literario que afectó no solo la historia del cuento fantástico, sino a la del relato corto en general, modelando indirectamente las tendencias y el rumbo de una gran escuela estética europea”.

Poe es un viejo conocido mío. Llegó en barco con una historia truculenta, de la mano de Arthur Gordon Pym y sus aventuras. Y llegó para quedarse. Me cautivó el género de aventura que narraba, descrito entre lo delirante, macabro, terrorífico, fantástico… Y en aquella historia en particular, su final inacabado me dejó de piedra, obsesionado. De la mano de Verne conseguí encontrar el punto final del relato. Porque también Julio Verne quiso acabarlo en su obra “La Esfinge de los hielos”.

Con el tiempo conseguí engarzar, como cuentas de rosario, en mis ratos de lectura otros relatos de Poe, como el Escarabajo de Oro, o el Gato Negro, relato este último que forma parte de la recopilación editada por Valdemar.

The Masque of The Red Deat, by Lars Henkel

The Masque of The Red Deat, by Lars Henkel

Esta edición en particular es una joya, y para mí ha sido un regalo. Se ve que los editores han aplicado su dedicación para rematar unos ejemplares de lujo, tanto por su encuadernación, como por su edición, y particularmente, por la selección de ilustradores para acompañar la selección de historias. Aunque la discusión sobre las ventajas que aportan los libros electrónicos sobre los tradicionales sigue en pie, y las empresas del sector siguen haciendo consultas al consumidor final (por ejemplo Ebrary muy recientemente lanzó su encuesta), pocos serán tan cortos de luces para dudar de la persistencia del libro en la historia futura de nuestra humanidad, aunque recovertido, eso sí, en delicatesen, tras saborear esta edición. Además, han sabido los editores conjugar lo viejo con lo nuevo, y el poso de 200 años de historia de los relatos, se funde con las imágenes nuevas creadas para la edición, por artistas que incluyen sus sitios web en la página final del libro. ¿Siente curiosidad? Aquí le incluyo algunos links:

– Samuel Casal: www.samuelcasal.com

– Lars Henkel: www.reflektorium.de

… (vayan al libro que hay más).

Por cierto, hablando de la utilidad de los buenos libros, y tras la polémica levantada por el consumo de energía y polución producida por una búsqueda en internet, ¿han pensado alguna vez que un libro una vez impreso no vuelve a consumir energía durante su lectura/consulta? ¿y si además consideramos nuestra biblioteca particular como un sumidero de CO2.? Resulta que 1 kilo de papel, almacena 1.3 kilos de CO2. A partir de ahí todo fácil:  Que queremos saber cuanto CO2 almacenamos, bien sencillo, bastará pasar por la balanza nuestras enciclopedias, libros, apuntes de clase… y así podremos saber cual es nuestra “huella” en el cambio climático, huella positiva, esta vez, como esponjas de CO2. Y además, para cuando el petroleo y el carbón se acabe, en caso de necesidad, tendremos un montón de carburante disponible;  ahora que tenemos crisis del gas, y nos quedan sin suministro, quién sabe si tendremos que recurrir al papel.  Una pena que los de la calculadora de huella climática no hayan incluído los libros comprados para compensar el cambio climático. Un misterio esto del cambio climático… Pero para misterios, no lo duden, háganse amigos de POE.


Viaje de vuelta

enero 9, 2009

Título:  El Alquimista

Autor:  Paulo Coelho

Editorial: Plawerg

Hace ya algunos años, cuando los viajes se convirtieron para mí en algo cotidiano, me preguntaban sobre Nueva York, justo a la vuelta de una visita a la gran manzana que repetiría con el tiempo.

Torre Chrysler

Torre Chrysler

Además de describir con entusiasmo los parajes más conocidos de la ciudad, como Central Park, Times Square, o el distrito financiero con sus tristemente – y salvajemente- desaparecidas twin tower, o la estatua de la libertad, sin olvidar tampoco el fantástico museo de Historia Natural (no se pierdan su colección de dinosaurios) o el sorprendente MOMA (Genial la colección de Van Gogh) decía, que contaba yo a quién me preguntaba, que tan increible era Nueva York para un Extremeño, como paradisíaca debería parecer Estremadura a un Neoyorquino.  Y es que la misma distancia hay desde nuestra tierra a las américas, como a la inversa.

Y sucede que a menudo no apreciamos lo cercano y familiar, mientras que nuestra imaginación se libera ante lo exótico y lejano, que idealizamos por considerarlo inalcanzable.  Aunque a decir verdad, está en nuestras manos conseguir aquello que nos propongamos.  Los límites surgen más de nuestra mente que del mundo en que vivimos.

Esta podría ser una lectura de El Alquimista, la historia de  Santiago, que se afana por encontrar un tesoro lejano, y supera barreras infranqueables para llegar a su destino dorado,  mucho más cerca de lo que imagina.

Pero los libros son capaces de hablar de muy diversos modos a sus lectores.  Pueden incluso regalar varias historias diferentes a una misma persona.  Quizá sea objetivo del autor contarnos muchas historias diferentes en una sola.  Creo que Paulo Coelho tiene algo que contar, no solo sobre viajes y tesoros.  Y ya es algo que un libro tenga una idea de fondo, y no precisamente una idea estandar basada en la azar o en teorías determinstas adptadas de la física clásica.

El Laboratorio del Alquimista

El Laboratorio del Alquimista

En nuestra época de progreso científico y tecnológico reconforta saber que hay autores que publican historias que muestran otra forma de mirar el mundo, aquella que se aparta del prisma de la Ciencia (mejor aún cuando es un científico quién lo firma, que no es el caso aquí).  Las visiones miopes de la realidad – fudamentalismos- hay que enterrarlos, vengan de donde vengan.  Vale la pena mencionar en este terreno a Stephen Jay Gould, científico y divulgador señero, que además de sus teorías del equilibrio puntuado, o la explosión cámbrica, tuvo tiempo para desdramatizar la confrontación entre fe y razón que por extrañas razones ha sido promovida con ahinco por ambos bandos desde tiempo inmemorial.

Me queda no obstante la duda, por falta de una definición más clara aún y contundente, sobre el verdadero propósito de Coelho.  Quizá el aderezo de citas bíblicas del libro solo busque promocionar la obra entre un determinado conjunto de lectores.  Cierto es que no conozco aún con detalle al autor, y espero no quedar defraudado en el futuro ante un espejismo similar a aquellos de los que habla en la novela.  Otros autores de ciencia, como Richard Dawkins, me deslumbraron al principio y me han defraudado a la postre, por una  simplista, a veces fundamentalista, de la realidad.  Que diferencia entre Dawkins y el tristemente ya desaparecido Gould.  Pero esto es otra historia encerrada en otros libros, y vivida en otros viajes.  Y habrá tiempo para contarla.


Stevenson (2/2) y la Mancha Negra

enero 2, 2009

Creo que fue la Isla del Tesoro uno de los primeros libros que disfruté en edición íntegra, cuando todavía adolescente no leía más que versiones resumidas ilustradas de clásicos.

Historias Selección
Historias Selección

Aquellos clásicos que Bruguera comenzó a editar en los años 70, han debido llenar muchos ratos de mis compañeros del baby boom.  Emilio Salgari, Julio Verne, Mark Twain y otros tantos, con sus ilustraciones a modo de comics insertadas entre textos adaptados y resumidos, eran un buen reclamo para incipientes lectores.  Dicen que Bruguera también buscaba la cuadratura del círculo:  dar a conocer el formato comic a lectores tradicionales.

Quizá el virus de la lectura lo recibí con estas pequeñas obras ilustradas, aunque bien es cierto que la incubación fue larga, y la enfermedad no rompió hasta bastante después.

Grandes Aventuras

Grandes Aventuras

La isla del tesoro me llegó en una oferta de lanzamiento, un 2×1 de kiosco.  Era una edicción pésima, con páginas ásperas como papel de lija.  Pero benditas aquellas ediciones baratas que han empujado a muchos al universo de los libros.  Vino además acompañada en el lote por otro gran clásico, 20.000 leguas de viaje submarino.

Todavía recuerdo las palabras de Jim explicando las razones que le llevaron a desvelar todo lo acontecido en su aventura en la busca del tesoro, todo salvo la posición exacta de la isla.  Decía Stevenson después que probablemente estaba en la misma latitud que las bermudas, pero al otro lado del continente, en medio del pacífico.  Quién sabe si tomó prestado algunos parajes de su residencia última para ilustrarnos las colinas del trinquete y el catalejo.

Me parece estar viendo aún la posada del almirante Benbow, con su vieja enseña del catalejo, colgando junto a la puerta de entrada, y todavía surcada con la hendidura que el mandoble de un viejo sable pirata produjo en una trifulca descrita en los primeros capítulos.  La vieja posada, y el acantilado del pueblo se dispuntan los recuerdos de mi infancia, con otros más reales – pero no  más vívidos- de aquellas aldeas en las que algún familiar se crió, y que con sus calles empedradas y sus viejas casas de piedra están listas a retornar a nuestros recuerdos.

Dicen que los jóvenes que  son capaces de zambullirse y degustar los primeros capítulos de la Isla del Tesoro,  los que enganchan con la acción trepidante y el misterio envolvente del primer tramo de libro, serán ya lectores para toda la vida.  Yo puedo confirmarlo.

Me parece que las pesadillas de Jim con el hombre de una sola pierna han sido mías.  Y que la mancha negra que deslizaron al capitán en presencia de Jim la veo con mis propios ojos, tal como la segunda mancha negra, quemada a fuego sobre la página de una biblia y entregada a Silver por sus camaradas, hombres de fortuna.

Siempre hubo manchas negras, garbanzos negros y ovejas negras en las familias.  Los tiempos modernos nos trajeron también manchas negras de chapapote y agujeros negros en el espacio.  De esto último quería hablar también hoy.

Experimento Atlas
Experimento Atlas

Estuve en el mes de Septiembre en Grenoble, asistiendo a unas interesantes Jornadas sobre Computación Voluntaria (no se pierdan el proyecto Extremadura@home, a punto de arrancar).  Grenoble se ubica en un valle colosal en las estribaciones de los Alpes, a un tiro de piedra de Ginebra.  Justo en esos días, ponían en marcha el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), después de años de trabajo, en lo que podría calificarse como el mayor proyecto científico de la historia de la humanidad, al menos en complejidad tecnológica.  La expectación en esta época era enorme, y la puesta de largo del LHC convocó a medios de comunicación de todo el mundo.  Gratos recuerdos me trajo el evento, habiendo conocido de primera mano en 2007 el experimento Atlas, que a 80 metros de profundidad estaba insertado en el gran anillo de casi 30 km de diámetro, listo para ser puesto en marcha.

El éxito inicial había venido precedido por la polémica de los profetas agoreros (¿se acuerdan de los al-goreros de mis posts anteriores?) que anunciaron la creación de un agujero negro que con apetito voraz, cual dragón gigantesco, devoraría la tierra entera en sus fauces, y quién sabe si el resto del sistema solar.   Los agujeros negros fueron descritos hace ya bastante tiempo, sumideros espaciales capaces de absorver todo a su alrededor, incluída la luz, de ahí su color carbón.

Nadie hizo caso de tan fanático pronóstico.  Pero sí sucedió al poco tiempo algo inesperado.  Un accidente en una sección del cilindro del LHC, que provocó la parada completa del sistema.

El coste económico del LHC ha sido asumido por todos los países de la Unión Europea, y como todo proyecto de esta magnitud, el importe final de la factura, nada tiene que ver con la previsión inicial.  Todo esto sin considerar los costes de reparación de posibles fallos.

Parece que el problema producido es tan serio, que la reactivación del experimento no tendrá lugar al menos, hasta la próxima primavera.  Y habrá que seguir apilando montones de euros para poder continuar con la jugada.  Los agoreros pitonisos se equivocaron en algo, pero no en todo.  El LHC sí que se ha convertido en un agujero negro, pero de un gusto muy refinado:  no absorve materia cualquiera, solamente le gustan los brillantes y lustrosos euros.  Parece que estamos ante el nuevo dios-monstruo que engulle sin tardanza nuestra ofrenda.

Quizá alguno podría verlo como el nuevo sumidero del ahorro que con tesón los ciudadanos europeos aportan con su esfuerzo.  Pero que nadie se lleve a engaño, la ciencia es imprescindible:  qué bien nos vendría ahora el tesoro del Capitán Flint.