Sobre Libros, Cajas, Caballos y arte.

Título: Plástica Extremeña.

Autor: M. Mar Lozano Bartolozzi y otros.

Editorial:  Fundación Caja Badajoz.

Corren malos vientos para las Cajas de Ahorros Españolas y sus sufridos clientes.  Las desapacibles brisas del otoño inmobiliario han traído frío y escarcha invernal, provocando la hibernación de la economía nacional.

Vientos adversos fruto de las siembras tempestuosas.  Una pena que gestores del ahorro acumulado con esfuerzo no previeran la debacle del sistema.  Ya no existen economistas como antaño – vean sino el trabajó de José, a la postre gobernador de Egipto, que vaticinando 7 años de miseria, acrecentó los graneros faraónicos, para suplir la carestía venidera en los años de bonanza de cosechas.  Quizá el libro del Génesis ya no forme parte del acervo de modernos gestores y administradores de ciertas Cajas de ahorros, que llegados a sus puestos por designios democráticos, y revestidos de la ciencia infusa absorbida por ósmosis del escaño asignado, no precisan conocer Génesis ni Éxodos ni clásicos Griegos o Romanos para tomar sabias decisiones macroeconómicas.

Pero no todo es cizaña en los campo sin labranza, también brota la semilla y produce fruto.  Hoy contemplamos con deleite “Plástica Extremeña”, que si bien carece de un formato visual moderno, recoge con detalle el arte nacido en Tierras Extremeñas.

Esta obra es fruto del trabajo de los autores, pero también del mecenazgo cultural de la Caja de Ahorros de Badajoz.  Afortunadamente las obras sociales de las Cajas han sido sensibles en muchas ocasiones a las necesidades básicas del pueblo, y no nos engañemos, la cultura y el arte es un bien primordial que debe llegar a todos.

Caballo en carrera

Caballo en carrera

Quisiera mencionar una obra de arte muy interesantemente comentada por la autora, y que nos conduce al mundo tecnológico.

Parece que el análisis del movimiento de un caballo en carrera fue un problema de difícil solución hasta finales del siglo pasado.  La dificultad era originada por la velocidad de los cuadrúpedos,  que impedía una precisa visualización por el ojo humano de la secuencia correcta de movimientos encadenados.  No fue pues hasta 1887 cuando el misterio fue desvelado por Eadweard Muybridge, fotógrafo, investigador y emigrante.

El origen del experimento realizado por Muybridge fue una curiosa polémica que enfrentaba a los aficionados a las carreras de caballos en California, dónde dos grupos se enfrentaban sobre la posibilidad de que el caballo en su carrera permaneciera algún instante completamente suspendido sin tocar el suelo.  Muybridge preparó con ayuda un curioso experimento:  la secuencia fotográfica del galope del caballo en una pista, para lo que necesitó un atrezo singular: sábanas blancas colgadas en el hipódromo, de modo que el contraste del caballo sobre el fondo fuera suficientemente claro para las cámaras fotográficas de la época (aunque necesitó varios intentos a lo largo de dos años, probando obturadores con diferente velocidad).

Zootropo

Zootropo

A partir de esta polémica y del resultado del curioso experimento -que efectivamente confirmó el vuelo instantáneo del caballo, se idearon animaciones basadas en el zootropo (disco con una serie de imágenes que conforman una animación al hacerlo girar).  Muybridge llevó la idea más lejos, inventando el Zoopraxiscopio, uno de los antecesores del proyector de cine.

Todo muy interesante, con la particularidad de que el movimiento del caballo ha sido un problema de interés para los antiguos.  Y aquí volvemos a nuestro libro de hoy.  Porque entre las pinturas y grabados rupestres comentados, hay uno de particular interés, surgido del yaccimiento “cancho roano”:  muestra una serie de trazos que bien parecen querer esbozar el movimiento del caballo en carrera.  Lo curioso del caso es que se trata de un grabado de la edad del bronce, y perfectamente conservado.  Los artistas del Siglo V a.C. ya parecían interesados en el análisis de la dinámica de los cuerpos -el caballo en este caso.  El Santuario de Cancho Roano, muy cerca de Zalamea de la Serena, nos ha permitido así conocer el arte Tarteso y sus preocupaciones.

Una suerte, que a pesar de las dificultades, Fundación Caja Badajoz haya seguido apostando por la cultura y el arte.  Seguramente hablemos en el futuro de algún otro artista extremeño más cercano, contenido también este magnífico ejemplar sobre el Arte Extremeño.

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