La Mente de Dios

Título: God’s Mechanics

Autor: Brother Guy Consolomagno

Editorial:  Jossey-bass

Recién terminada la Semana Santa, publican en muchos periódicos del mundo el magnífico hallazgo de un grupo de científicos.  Se trata del lugar dónde Dios reside, muy lejos de las alturas infinitas del cielo que nos cubre sin desplomarse, y mucho más cerca de los límites del universo conocido, fuera de cualquier círculo Dantesco, más allá del Cielo, purgatorio e infierno, y tan cerca que casi podemos tocarlo: en un grupo de neuronas del cerebro humano. Parece que la ciencia ha conseguido así en semana tan emblemática despojar a Dios de su pedestal divino, humanizarlo y confinarlo a una porción reducida de nuestra mente.

El Gen de Dios

El Gen de Dios

Nada más lejos de la realidad.  Ya reconocía en algunas de sus conferencias Carl Sagan, famoso divulgador, científico y pensador, que la consciencia propia experimentada por el ser humano, quedaba fuera de toda demostración científica y ante la pregunta sobre la facilidad/dificultad de la demostración de la existencia de Dios y la comparable y hercúlea tarea de demostrar la existencia propia, no encontraba otro camino que asentir como Descartes que la consciencia propia, solo puede ser reflexivamente demostrada por el ente que la experimenta:  pienso luego existo (ojo a lo que los amigos de Google acaban de presentar:  según ellos el primer ente consciente en internet, Cadie.  Habrá que seguirlo de cerca).

En el caso que nos ocupa, los científicos no han buscado demostrar la existencia propia, o del mundo que les rodea o de alguna de sus leyes físicas.  Más allá de eso han intentado mostrar un origen psicológico a la existencia de Dios.  Pero un buen pensador como Sagan, o Gould, o Santo Tomás, o San Agustín bien podría decirles que su propósito ha sido vano.  O tal vez no.

Porque en el fondo, cualquier persona creyente encontrará miles de razones para entender que Dios se manifieste de múltiples maneras, y que su experiencia personal haya sido revelada ahora a los científicos a través de la mente humana, y los genes que la generan.  Hoy día tenemos genes para cualquier cosa que se nos ocurra, no solo para el color de los ojos, o del pelo, tez, altura y anchura:  hay genes para la alegría, el amor, la depresión y tristeza, el liderazgo, la timidez, y para las más terribles enfermedades conocidas.  Y en el fondo, la cuestión es simple:  buenos genes dotaron a Mozart de unas capacidades excepcionales para la Música.  Y otros muy diferentes permitieron a El Greco, Rembrandt, Goya, da Vinci, Miguel Ángel y otros tantos a crear obras sublimes.   ¿Podrá el descubrimiento y selección exacta de esos genes hacer desaparecer el arte?  ¿Permitirá  el conocimiento exacto de los genes que desarrollan el órgano auditivo indicar dónde reside la música y su naturaleza exacta? ¿Mostrará este gen quizá la naturaleza psicológica del Dios en que creemos?

Gods Mechanics

God's Mechanics

Temática tan interesante nos conduce al libro de Consolomagno, que se inscribe en este ámbito preciso del diálogo entre fe y razón.  En palabras del autor, pretende el libro responder algunas preguntas planteadas por viejos amigos y camaradas antaño escépticos en su etapa de estudiantes inconformistas del MIT.  Así, pretende Consolomagno explicar de manera muy sencilla algunas buenas razones personales que llevan al autor, astrónomo y científico de profesión, además de Jesuita de formación y militancia, a creer en un Dios vivo y personal, sin perder de vista su modo de pensar como científico-técnico (la visión del típico “techie” en jerga americana, que compatibiliza su trabajo con su fe).  Presenta esta obra de forma didáctica argumentos utilizados por otros autores, similares a la idea del Universo como simulación, y la posible existencia de un “programador” de este macro simulador.  Utiliza referencias al mundo científico-técnico, de modo que los profesionales de este ámbito se sientan cómodos en terreno tan delicado.  Aborda el concepto de la nada, el todo, la buena ciencia, la mala filosofía…y la existencia de Dios.  Notable libro para mentes inquietas.

Hablando de mentes y volviendo a la noticia de portada, es curioso descubrir cómo la mente de Dios dejó su huella en el genoma humano que a su vez dió lugar a mentes pensantes que descubrieran el gen milagroso.  Pero si usted no cree nada de esto, no se preocupe.  Quizá no tenga el gen en cuestión, o simplemente perdió esa fe que el gen le otorgó en sus primeros años de vida, como un premio de lotería.  Otros muchos hubo que perdiendo otras capacidades básicas, y aún así fueron capaces de continuar y superar su limitación, confiando en sus experiencias y habilidades previas (recuérdese el Beethoven sordo que siguió componiendo genialmente, sabiendo que su música era real, aunque fuera ya incapaz de percibirla).

Ahora que la Semana Santa acaba, y entre manifestaciones culturales y religiosas, olor a incienso y sonido de cornetas, despedimos esta época tan significativa en nuestro calendario, bien vale la pena echar un ojo a la Mecánica de Dios, y quizá, volver al origen en otro libro interesante:  El Evangelio, con unas ideas y modos de vida, que comparadas con el modo habitual en que el homo sapiens se conduce, tienen un aroma suprahumano.

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