De Barcos y Aviones

junio 26, 2009

Título:  Mistress Branican

Autor: Julio Verne

Editorial:  RBA

Hace pocos días escuchamos atónitos la triste noticia del desaparecido vuelo de Air France, que camino de París fue succionado por una tormenta oceánica.  Aunque noticias como ésta sirven para alimentar el terror de los por otra parte convencidos detractores del transporte aéreo, las desventuras en viajes transoceánicos han sido motivo frecuente de la literatura.

Trata el libro de hoy una desventura marítima, en una época en la que el público vivía acostumbrado a las noticias de catástrofes, y resignado despedía a los suyos confiando en una travesía propicia y esperando una reunión próxima en el más acá.  Situación muy diferente, la de Misstress Branican, a la de los modernos familiares de viajeros que confiados despiden entre chanzas a los parientes que embarcan en vuelos transcontinentales, sabedores de la seguridad del medio.  He aquí la gran diferencia, y el porqué de la notoriedad de noticias sobre desastres aéreos o navales.

Ocean Liners - Mauritania

Ocean Liners - Mauritania

Quizá, desde que los modernos “liners” comenzaran a surcar los mares, en períodos de paz, los avances tecnológicos han permitido prever y mitigar los efectos de la natural destemplanza y altivez ocasional de la atmósfera, que sacude y vocea a los intrépidos que osan desafiarla.  Desde el hundimiento del Titanic, accidentes aéreos y navales no debidos a la obra maquiavélica del dios Marte, invocado con frecuencia por el hombre, han sido notablemente reducidos por la industria humana. Lujo y Glamour de los viajes transatlánticos por fin aislados razonablemente de imprevistos indeseables.  Situación muy diferente a la descrita por Verne en el Siglo XIX  (por cierto, si quieren un buen libro de barcos, no se pierdan SHIP de DK, y sobre lujo y glamour, quizá la obra de mi amigo JJ:  Lujo y Glamour.net)

A lo que íbamos:  Mistress Branican,  no desiste en un empeño platónico, ejemplar y desesperado:  la búsqueda de los posibles náufragos.  Empresa semejante afrontan hoy los efectivos aéreos ante la desgraciada suerte del vuelo de Air France en territorio atlántico, aunque sabedores esta vez de la imposibilidad de salvación.  Ojalá las ventajas tecnológicas modernas, incrustadas en cajas negras, permitan discernir las causas del suceso, y evitar futuras desgracias ocasionadas por similares circunstancias.

Y sirva la perseverancia pasada de la ficticia Misstres Branican, como ejemplo para las actuales patrullas que buscan los restos:  aunque la esperanza de encontrar supervivientes no existe, el descanso psicológico fruto de la sepultara de los fallecidos bien vale el esfuerzo.

Anuncios

Un cuento de niños

junio 19, 2009

Título:  Paraíso inhabitado

Autor: Ana María Matute

Editorial: Destino

Las historias sobre niños tienen la capacidad de recuperar en los lectores sensaciones y recuerdos lejanos de la infancia.  Aunque diverjan las anécdotas y experiencias, vividas por ficticias rapaces, muy distintas quizás de las experimentadas por autores y lectores, un buen escritor tiene la capacidad de reflejar elementos naturales y universales de la naturaleza infantil de sus protagonistas y su modo de ver el mundo, aportando una crítica no mediatizada por los años aún pendientes hasta llegar a la vida adulta.  Se convierten así los niños en transmisores universales de valores desechados por la sociedad adulta.

Tom Sawyer

Tom Sawyer

Recuerden sin ir más lejos las aventuras de Tom Sawyer, y particularmente las de su amigo de Huckleberry Finn, clásico y obra maestra de la literatura norteamericana, repleto de detalles de la sociedad sureña, que el autor critica por boca de Huck.  Resulta inolvidable para muchos, las aventuras de Tom proyectadas en la pequeña pantalla hace ya varias décadas, y que fueron antesala de la obra escrita por Mark Twain, para deleite de lectores jóvenes y adultos.

Sucede así con el libro de esta semana, cuya autora es “la Matutes”, como gusta autodenominarse a esta escritora insigne de las letras Españolas de la postguerra, y una de las pocas féminas en la Academia Española de la Lengua.  En los tiempos que corren conviene decir que el sillón lo ostenta por derecho propio, y no por asignación de algún cerebro  igualitario.  Suerte que aún haya instituciones con sentido común, en las que no sea necesario cuestionar la calidad de una mujer:  si está, lo merece, sino, ni se le espera.

Presenta así el libro las aventuras intrascendentes a los ojos del adulto, de una criatura en su infancia, que asiste atónita al devenir del mundo adulto, aderezando sus andanzas con misteriosas y fantásticas visiones.  Pero merece especial importancia el tratamiento diferente de la protagonista, que se reconoce distinta al resto de su edad, y sufre por ello. La temida inadaptación infantil al entorno, y el interés del protagonista en potenciar sus diferencias, recuerda la alegoría de Juan Salvador Gaviota, y permite a uno recordar experiencias similares vividas en primera persona.

Hablábamos hace unos días de la economía del mundo de la mano de un economista de prestigio.  Remarcamos entonces algunos factores básicos para la prosperidad de un pueblo.  Pero dejamos otro aspecto fundamental en el tintero, y que el autor decía entonces clave para el éxito de una aventura empresarial:  El valor de lo Diferente.  La empresa que consigue diferenciarse del resto, con calidad, tiene el éxito asegurado.

Billy Elliot

Billy Elliot

Esa diferencia positiva empresarial, puede en lo personal suponer una lacra en los primeros años vitales, cuando  las presiones de las modas y de las borreguiles actiudes de grupos dirigidos desde púlpitos televisivos ahogan a quién quiere potenciar sus capacidades y valores.  Pero estos mismos años de adolescencia, bien cultivados y trabajados, con una labranza esmerada y riego abundante de las diferencias singulares, pueden marcar un brillante camino hacia la vida adulta.  Vuelvan a Juan Salvador Gaviota, y sus esfuerzos para cumplir su sueño, o  a la cinematográfica historia de Billy Elliot, para sobreponerse a un ambiente familiar hostil.

Merece la pena que los autores revisiten este tiempo vital, la niñez, y muestren la importancia de ese momento especial.


El Cielo de nuestros padres

junio 12, 2009

Título:  La Divina Comedia

Autor: Dante Allighieri

Editorial: Galaxia Gutenberg

Hace ya varios meses tuvimos ocasión de hablar del perfecto ciclo de círculos  compuesto por Dante en su trilogía ascendente infierno-purgatorio-cielo.  Ese mes quedé a las puertas del paraíso, que hoy retomamos por varias razones, incluyendo haber concluido su lectura en esta edición para coleccionista, y que ya dijimos mereció premio a la calidad editorial el año de su publicación.  Pero no es esta la razón única.

Esta semana se publica un libro esperado por las masas borreguiles devoradoras de bestsellers insípidos, y que algunos editores, labradores de copiosas fortunas, ofrecen a rebaños sin pastor.  Este libro de cuyo nombre no quiero acordarme, incluye Fátima en su título, y probablemente seguirá rayando la mediocridad estilística y narrativa, en línea del anterior de su serie.  Buen momento es para dirigir la mirada a otra Fátima, la cercana ciudad portuguesa, que rodeada de Azinheiras, nos descubre el mensaje transmitido por tres niños,  descripción del bíblico infierno en llamas incluido.

Infierno novelístico para algunos, metáfora bíblica para otros, se convertía en la niñez de Francisco, Jacinta y Lucía en el drama real y terrible de la gran guerra fratricida entre hermanos de la vieja Europa.   Sirvió el mensaje de Fátima como aliento y esperanza de un final cercano para aquel infierno terrenal.

Hablaba Delibes en una de sus novelas, las Guerras de nuestros Padres, de ese drama que se repite y transmite como herencia macabra de padres a hijos.  Lástima, decía, que cada generación tenga su guerra.  En manos del hombre queda la materialización efectiva del cielo o el infierno en la época que le toca vivir.  Miremos hoy al Cielo.

Sitúa la tradición judeo-cristiana la ubicación del paraíso, no el terrenal bíblico, sino el espiritual, en el cielo.   Este cielo es el que describe colorísticamente y con una figuración diluida Barceló en esta edición.  Cielo bien distinto del que Bosco imaginó, lleno de misterio, surrealismo, sensualidad y color.   En todo caso entre el Bosco y Barceló permitánme elegir al primero.

El Jardín de las Delicias

El Jardín de las Delicias

El cielo fue asunto de discusión perpetua en tertulias y cafés desde época inmemorial, cuando el fútbol y la televisión no eran objetos sagrados.

Nuestros padres ancestrales ya miraron hacia el abismal cielo nocturno buscando respuestas imposibles.  Quizá fuera Galileo quién acercó por primera vez ese cielo inalcanzable y evasivo, a la indiscreta mirada del hombre.  Aunque bien mirado, también sirvió su telescopio para colocar en su sitio, eones de por medio, galaxias, estrellas y constelaciones. Ese universo celeste, tan estudiado hoy, ha sido objeto misterioso, codiciado y fabuloso, llegando en la actualidad a convertirse en soporte de nuestros viajes.

La Astronomía moderna quizá piense que todo sobre el cielo será conocido en breve, una vez la ciencia culmine su trabajo.  Torpe ilusión humana.  Aunque podamos encontrar las razones del cómo, imposible será para la ciencia responder al porqué.  Y aún en su propio terreno, aunque las respuestas mecánicas propuestas sean válidas en nuestro universo observable, el universo conocido, quizá estemos inmersos en un ajuste desmesurado de las teorías científicas, que nos impidan observar la verdad general -una especie de overfitting, que tanto gustan nombrar los creadores de algoritmos de optimización.

Buen resumen de la incapacidad humana para encontrar respuestas es parte del título del libro de Lederman y Teresi:  La partícula divina:  Si el universo es la respuesta, ¿Cual es la pregunta?

No está demás cultivar otros aspectos del saber humano:  literatura, arte y música son imprescindibles para un equilibrio vital, y tampoco huelga hacer caso al viejo refranero:  por boca del niño escucharás la verdad.  Una mirada a los niños de Fátima puede tener su recompensa, y quién sabe si su mensaje nos conduzca al cielo.


Se nos quiebra el motor

junio 5, 2009

Título:  Top Class Competitors

Autor:  Stéphane Garelli

Editorial:  Wiley

Allá por el 2006 tuve la oportunidad de asistir a un evento organizado por BULL, cuyo objetivo obvio era vender su mercancía a los responsables extremeños de Sistemas de Información, de empresas y administraciones públicas.

Poco recuerdo del evento, y no debería aparecer aquí salvo por una razón importante, y que permitió engrosar mi biblioteca particular cubriendo un pequeño hueco en el desconocimiento mayúsculo que me domina sobre el milagro de la economía mundial:  Los artífices de la reunión nos regalaron un bonito libro titulado “Top Class Competitors”.  No se bien si fue el libro, o las bondades de los sistemas blade allí mostrados, quienes propiciaron la adquisición de los equipos que hoy utilizamos a diario en temas de investigación que requieren un esfuerzo de cómputo importante.  Pero hablemos hoy un poco más del libro, y menos de la tecnología.

El autor, Stéphane Garelli, es Profesor de la Universidad de Lausanne y  conocido economista, además de director del World Competitive Center y director del Foro Económico Mundial y de la muy conocida cumbre de Davos.  ¿Qué más se puede pedir?

Bueno, pues el libro trata un concepto abstracto y etéreo:  La competitividad.  Hablando de paises y negocios, va desgranando el autor, como cuentas de rosario, los factores necesarios para el éxito económico, basado en gran medida en este mágico concepto, la competitividad.  Elige ejemplos de todos conocidos de empresas -y países- con éxito.  No se pierdan la fotografía de la página 45 con el “Microsoft Funding Team” del 78, foto para la galería de ¿freakies-hippies-inadaptados-peludos-hackers-…?  La gracia, dice el autor, está en los factores diferenciadores.  Pero no sólo en eso.

Refiriéndose a los requisitos necesarios para un éxito nacional, propone a Singapur como modelo de desarrollo exponencial en los últimos años.  Ahora bien, su falta de espacio vital -léase suelo- y humano -población, le impedirá convertirse en potencia mundial de peso.  Dice el autor que basta mirar los kilómetros cuadrados y la población para conocer el potencial de un país.  Pero todo tiene arreglo:  ¿No tiene usted territorio o población?  Cree una multinacional y expándase.  Superará así su espacio geográfico, y podrá disponer de población suficiente.  La potencia de su país se multiplicará a través de los tentáculos multinacionales.

Camaro - GM

Camaro - GM

Y hablando de potencia, y de empresas, nada como la industria automovilística (aunque la de refrescos también es citada con frecuencia).  Resulta fascinante como alguna de las más grandes empresas del mundo -del motor- han pasado del éxito a la quiebra en cuestión de meses.  Quién iba a imaginar que la gigante General Motors atravesaría la difícil situación actual (gigante hasta hace muy poco en la realidad, y también en la ficción.  Eche un ojo a  los modelitos de la empresa que aparecen en la película Transformers, como el Camaro-Bumblebee).  Quizá les hubiera venido bien el algoritmo que han desarrollado mis colegas del Valencia para predecir las Quiebras de negocio.  Por que las quiebras, si son predecibles, quizá puedan evitarse, o quizá no.

¿Pero cómo es posible predecir una quiebra, o un éxito fulgurante, o si lloverá el lunes,  o cualquier aspecto del futuro?  En el fondo todo se basa en lo mismo, adivinar el futuro a partir del pasado.  Cualquier dato que evoluciona en el tiempo, ya sean los beneficios de una empresa, o la evolución de la bolsa, o el índice pluviométrico, puede tratarse como lo que es, una serie de valores que cambian con el tiempo:  una serie temporal.  Y ahí está la clave.  Tomemos una serie temporal cualquiera, tratemos de generar una curva matemática que ajuste los datos que tenemos, y veamos qué dibuja la curva en el futuro.  Esperamos que si la función ajusta bien (dibuja con buen parecido) la línea del pasado, será también capaz de hacerlo con los datos del futuro.  Y a partir de ahí coser y cantar, tal cual.  Vean como ejemplo el caso de Joseph Jagger, y cómo inspirándose en su fábrica de tejidos (coser) estudió las series temporales de jugadas en las ruletas de Montecarlo y consiguió hacer saltar la banca prediciendo el futuro, lo que al final mereció la composición de la canción “The Man Who Broke the Bank at Montecarlo” (y cantar).

Y por cierto, ¿saben de qué habla también el libro?  de algo políticamente incorrecto:  la necesidad del esfuerzo personal para conseguir el avance de un país.  Los países que han prosperado más, lo han conseguido a base del esfuerzo colectivo, o bien impuesto por una dictadura férrea -lamentable por la coerción de la libertad personal-, o bien por la asunción global del  interés colectivo y por el bien de las generaciones futuras, a pesar del sacrificio presente -autosacrificio en este caso a favor de los descendientes.  Sin esto, el progreso no puede producirse.

¿En qué situación cree usted que nos encontramos?