Un cuento de niños

junio 19, 2009

Título:  Paraíso inhabitado

Autor: Ana María Matute

Editorial: Destino

Las historias sobre niños tienen la capacidad de recuperar en los lectores sensaciones y recuerdos lejanos de la infancia.  Aunque diverjan las anécdotas y experiencias, vividas por ficticias rapaces, muy distintas quizás de las experimentadas por autores y lectores, un buen escritor tiene la capacidad de reflejar elementos naturales y universales de la naturaleza infantil de sus protagonistas y su modo de ver el mundo, aportando una crítica no mediatizada por los años aún pendientes hasta llegar a la vida adulta.  Se convierten así los niños en transmisores universales de valores desechados por la sociedad adulta.

Tom Sawyer

Tom Sawyer

Recuerden sin ir más lejos las aventuras de Tom Sawyer, y particularmente las de su amigo de Huckleberry Finn, clásico y obra maestra de la literatura norteamericana, repleto de detalles de la sociedad sureña, que el autor critica por boca de Huck.  Resulta inolvidable para muchos, las aventuras de Tom proyectadas en la pequeña pantalla hace ya varias décadas, y que fueron antesala de la obra escrita por Mark Twain, para deleite de lectores jóvenes y adultos.

Sucede así con el libro de esta semana, cuya autora es “la Matutes”, como gusta autodenominarse a esta escritora insigne de las letras Españolas de la postguerra, y una de las pocas féminas en la Academia Española de la Lengua.  En los tiempos que corren conviene decir que el sillón lo ostenta por derecho propio, y no por asignación de algún cerebro  igualitario.  Suerte que aún haya instituciones con sentido común, en las que no sea necesario cuestionar la calidad de una mujer:  si está, lo merece, sino, ni se le espera.

Presenta así el libro las aventuras intrascendentes a los ojos del adulto, de una criatura en su infancia, que asiste atónita al devenir del mundo adulto, aderezando sus andanzas con misteriosas y fantásticas visiones.  Pero merece especial importancia el tratamiento diferente de la protagonista, que se reconoce distinta al resto de su edad, y sufre por ello. La temida inadaptación infantil al entorno, y el interés del protagonista en potenciar sus diferencias, recuerda la alegoría de Juan Salvador Gaviota, y permite a uno recordar experiencias similares vividas en primera persona.

Hablábamos hace unos días de la economía del mundo de la mano de un economista de prestigio.  Remarcamos entonces algunos factores básicos para la prosperidad de un pueblo.  Pero dejamos otro aspecto fundamental en el tintero, y que el autor decía entonces clave para el éxito de una aventura empresarial:  El valor de lo Diferente.  La empresa que consigue diferenciarse del resto, con calidad, tiene el éxito asegurado.

Billy Elliot

Billy Elliot

Esa diferencia positiva empresarial, puede en lo personal suponer una lacra en los primeros años vitales, cuando  las presiones de las modas y de las borreguiles actiudes de grupos dirigidos desde púlpitos televisivos ahogan a quién quiere potenciar sus capacidades y valores.  Pero estos mismos años de adolescencia, bien cultivados y trabajados, con una labranza esmerada y riego abundante de las diferencias singulares, pueden marcar un brillante camino hacia la vida adulta.  Vuelvan a Juan Salvador Gaviota, y sus esfuerzos para cumplir su sueño, o  a la cinematográfica historia de Billy Elliot, para sobreponerse a un ambiente familiar hostil.

Merece la pena que los autores revisiten este tiempo vital, la niñez, y muestren la importancia de ese momento especial.