No hay mal libro que por bien no venga.

agosto 28, 2009

Título:  StarDust.  The Bible of the Big Bands.

Autor: Richard Grudens

Editorial: Celebrity

Nunca pensé que un mal libro diera tanto juego.  Porque ya se habrán fijado que en ocasiones los títulos y contenidos de las obras traídas son meras excusas para temáticas diversas.  Puestos a mejorar este pésimo libro, vamos amenizar este blog con la mejor música de la época.

Pues sí, el negocio de los libros está cambiando, en todos sus perfiles.  Este libro, sin ir más lejos, lo compré en la tienda virtual Amazon, que hacen un negocio muy real, y que les está permitiendo diversificar hasta el infinito. Porque, no me dirán que no tienen imaginación los que comenzaron vendiendo libros, y hoy venden nubes.  Sí, sí, nubes, tal cual.  Vean sino su EC2:  Amazon Elastic Cloud (nube elástica, literalmente), y su modelo de negocio basado en vender computadores “virtuales” allá arriba, en internet, para que cualquiera con necesidad de cálculo, pueda literalmente resolver un problema en las nubes.  Esto del Cloud computing tiene su miga.

Libros como éste son los idóneos para que los lectores se pasen a los libros electrónicos.  Porque a ver, si un libro está mal editado, te lo venden con fe de errata impresa en papel fotocopia, el diseño gráfico es una castaña, el texto tiene un interlineado difícilmente digerible, y la tipografía es un asco, ya me dirán para qué queremos el libro. ¿Que porqué lo compré?  Pues simplemente por su información, que siendo completa, obviamente no justifican la adquisición.  Pues eso, para manejar información, meramente, con exclusión absoluta del placer intrínseco y estético de leer un buen libro, efectivamente, mejor un lector electrónico.  Por cierto, que Amazon también vende el suyo: Kindle.  Habrá que echarle un ojo.

Hay otro tema editorial en el que Amazon creo no ha entrado aún:  La edición de libros libres.  Pero ese es otro tema, y por estos lares podríamos recomendar Bubok,  que por cierto ha otorgado su nuevo premio editorial a la novela LujoyGlamour.net, de mi amigo J.  No estaría bien con todos estos condicionantes dejarla fuera de la Biblioteca de Alejandría. Ya la compré, otro día les contaré.

Autobús

Autobús

Pues volviendo al libro de la semana, les contaré.  Allá por los años 80, un abnegado profesor de biología -también existen algunos buenos profesores en secundaria- decidió llevarnos de viaje a la Universidad de Salamanca.  Aquella visita, que incluyó el microscopio electrónico de la facultad, y charla con algunos científicos, fue parte del despertar científico de algunos estudiantes. ¿Y  cuento de qué esto aquí?

Se imaginarán que a la vuelta del viaje, el profesor nos reunió a todos, los tres o cuatro cursos implicados, para comentar la experiencia y enseñarnos las fotografías.  En todas ellas, aparecía un sujeto compañero de estudios y de viajes, que cual niño de teta colgado de los brazos de su madre, seguía de cerca, sin separarse, a tan dedicado profesor, cual impertinente cobrador del frac, y poniendo una sonriente cara ante el objetivo cada vez que este se disparaba.  El profesor le amonestó posteriormente y pidió abono de todos los carretes y fotos reveladas. Y Esta anécdota viene al caso, porque el autor del libro, más que escribir un libro sobre un tema, ha escrito “su libro” sobre el asunto, preocupándose de mostrar siempre cuan dedicado ha estado durante los últimos años a entrevistar a todos los artista y hacerse fotos con ellos.  Con lo que si uno echa un vistazo rápido al libro, pensaría más bien que el libro retrata al autor, antes que a una época o un tipo concreto de música.  Una pena, mayor si cabe por el modo que las imágenes destrozan el texto, cortando líneas dónde sea necesario, cual máquina desbrozadora, y dejando renglones mutilados acá y allá.

Y ya puestos a sacar temas, vamos con algo más positivo sobre ciencia y música.  ¿Pensaba Vd. que la música y la ciencia son conceptos divorciados?  No hay tal.  Pongamos por caso al joven Galileo, de cuyo invento se celebran 400 años. Sirva al menos la música del libro, para hablar un día más de ciencia y tecnología.

Resultó allá por el siglo XVII, cuando el joven Galileo trataba de estudiar mediante planos inclinados el comportamiento de la ley gravitatoria, poniendo así en bandeja a Newton el avance posterior, que su bien afinado oído, y su rítmico sentido de la música, le permitió dilucidar lo que de otro modo, y en ausencia de un preciso reloj -todavía no inventado- hubiera sido imposible.  Conocía Galileo y medía con soltura, los diferentes compases, pulsos y medidas de las notas musicales.  Con un bien entrenado sentido del ritmo, capaz de distinguir la duración de semifusas y garrapateas, con divisiones de hasta 32 notas por segundo, ideó, digo,  Galileo, un experimento ingenioso.  Colocaba primero cuerdas atravesadas sobre un plano inclinado, y separadas por unas determinadas distancias, arbitrarias inicialmente.  Dejaba después rodar una bola y escuchaba el sonido producido a cada paso por la bola sobre las cuerdas.  Posteriormente movía las cuerdas, intentando que el tiempo transcurrido entre cada golpe de la bola sobre cuerdas consecutivas fuera idéntico.  De este modo y tras ajustes progresivos, consiguiendo distancias que hacían los intervalos de tiempo entre golpes idénticos, descubrió algo interesante.  Que las susodichas distancias entre cuerdas aumentaban progresivamente a lo largo del plano inclinado, en razón geométrica del tiempo transcurrido.  ¿Verdad que tiene sentido?

En fin, después de todo lo dicho, convendrán conmigo que no hay mal libro que por bien no venga.  Y sí, de Big Bands contiene 700 páginas de información -que incluye bastante sobre Glenn Miller, Benny Goodman, Ella Fitzgerald, Duke Ellington, Frank Sinatra… ya digo, contaminadas por el autor.  Espero que hayan disfrutado el la preciosa Canción grabada por la Banda de Duke Ellington, en una época difícil:  Jump for Joy.

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Funny Physics

agosto 21, 2009

Título:  The God Particle.

Author: Leon Lederman.

Editorial: Mariner Books.

Algunos profesores de ciencia, así se autodenominan, han conseguido frustrar muchas vocaciones a base de rigor científico mal entendido.  Mediante áridas sesiones teóricas -usadas como burladero para esconder carencias manifiestas-, y a falta de salazón y condimento experimental, anecdótico, y diversión auténtica generada por el descubrimiento asombroso de las leyes más profundas de la naturaleza,  han conseguido formar verdaderas legiones de iliteratos científicos.

Sufrí en mis carnes, pongamos por caso, varios profesores de ciencia paradigmáticos en secundaria.  El uno, nos empapelaba de apuntes de química con interlineado 1, y generados con una calidad emborronada mediante multicopista defectuosa.   Jamás vi colores de productos químicos, ni sentí el nauseabundo olor de ciertos compuestos, quizá por un alarde de proteccionismo paternal del susodicho elemento.  El otro, ante preguntas profundas sobre el misterioso significado de materia y energía, gravedad o fuerza, escurría el bulto redirigiendonos al profesor de filosofía, que por otra parte estaba en otros menesteres.

Partículas

Partículas

Leon Lederman, por otra parte, es el extremo opuesto.  Preocupado por la docencia de la ciencia y la divulgación, trata con este libro de hoy de presentar de manera amena y divertida, hasta donde es posible, la historia del hombre en la búsqueda de los más pequeño, el átomo de Demócrito.

Es un curioso elemento Lederman, que aunque experimentalista profundo, al contrario que el teórico Feyman, comparte con este la diversión por su trabajo y el universo que le ha tocado vivir.  Sus descubrimientos de partículas fundamentales, le condujo a la obtención del premio Nobel de Física, 27 años después del descubrimiento, por cierto, y que explicaba a su madre, extrañada por la tardanza manifiesta del jurado, que probablemente se tomaron ese tiempo para dilucidar cuales de sus trabajos era el más importante para otorgarle el galardón.

Cuenta otra interesante ocasión, en que tubo oportunidad de contárselo a alguien que no conocía:  Viajaba en metro, y en una atestada estación subió una monja y un grupo de deficientes mentales que, entre atropellos prisas y empujones le rodearon rápidamente.  La dedicada monja, para no perder eslabones de su cadena humana púsose a hacer recuento:  uno, dos, tres…. ¿Y Vd quién es, preguntó a Lederman, cuando señaló su rostro?  Yo soy Leon Lederman, premio nobel de física, investigador de física de partículas, contestó.  Ah, sí- dijo la monja- y continuó su cuenta del grupo incluyéndole: cuatro, cinco, seis…

Cuenta Lederman en el libro, entre anécdotas, la historia de la física de partículas, desde los griegos a la actualidad.  Y cómo tan bonito trabajo ha conducido tanto a teóricos como experimentalistas, allá en el Fermilab, o acá en el CERN, a otros tantos doctorados y premios nobel posteriores.   Aunque, como explicaba a su madre, entre tanto doctor persiguiendo partículas hay de todo, incluyéndo imbéciles, necios, raros, idiotas….  ¿idiotas auténticos, le preguntaba su madre en cierta ocasión, han conseguido un doctorado?  ¿Cómo lo hicieron? Sitzfletchz, contestó -calentando el sillón- en nuestro términos.  Basta ser capaz de aguantar sobre una tarea el tiempo que haga falta, hasta que de un modo u otro algo salga, o alguien quiera quitarse de encima a semejante engendro regalándole el título.  ¿Le suena? Quizá algo parecido a su nivel suceda con algunos profesionales de la enseñanza.

Por cierto, no me resigno a acabar hoy sin mencionar el subtítulo del libro, que se grabó en mi mente hace años, y decidí comprar recientemente sin conocer autor ni contenido:  “Si el universo es la respuesta, ¿Cuál es la pregunta?”  Bonita cuestión que queda sin respuesta, obviamente.  Pero como buen científico, Lederman plantea el hecho de los límites naturales de la ciencia -aún no alcanzados- y del terreno vírgen para la filosofía y la religión.  Solamente conocemos un Universo, y la ciencia no puede dar respuesta al porqué del mismo, ni experimentar sobre las razones de su origen.

No nos conformemos con una simplista visión científica del mundo.  Pero tampoco con una visión del mundo carente de ciencia, debido quizá a una animadversión creada en una etapa educativa previa.  Libros divulgativos como éste, son una buena solución para muchas carencias.


Un mundo maravilloso

agosto 14, 2009

Título:  Jazz:  A History of American Music

Autor: G. C. Ward, K. Burn

Editorial: Knopf

A cualquier amante de la música, cerrar este magnífico libro -del que ya hablamos en otra ocasión- sobre la historia de la más característica música del siglo XX le deja un sabor agridulce.  Porque al placer de leer un libro en gran formato, profusamente ilustrado con más de 500 fotografías históricas, y con una calidad notable en la composición y edición, se une el regusto amargo de contemplar el final de la historia vital de grandes personajes de la historia del Jazz:  Duke Ellington, Louis Armstrong, Glen Miller o Benny Goodman, por nombrar solo algunos.

Su época fue difícil:  a las intrínsecas estrecheces derivadas de sus inicios, humildes en muchos casos, se unió con frecuencia el color tostado de su piel en una época de segregación.  Porque los líderes espirituales del movimiento surgido en New Orleans, estaban marcados desde el instante de su concepción.  Aún así, consiguieron con su música abrir la brecha de la lucha por los derechos civiles en un país dividido.  Con la única voz de sus trompetas, clarinetes, trombones y pianos, hablaron a sus paisanos y al mundo de su visión de la vida.

Fue una bendición que en la época en que vivieron la música electrónica aún no hubiera nacido.  Así los organizadores de bailes y verbenas no podían recurrir a teclados midi reproduciendo, a las órdenes de supuestos músicos, machaconas melodías sintetizadas.

Una tecnología muy notable ha permitido a los músicos modernos escribir con un nuevo lenguaje sus composiciones.  El formato MIDI, permite a un músico experto transcribir on-the-fly cada pista musical y arreglo necesario, utilizando para ello su genio, un teclado, y llegado el caso, un computador.  El fichero MIDI no es más que una partitura digital, que incluye las notas,  volumen, dinámica…  Todo lo necesario para que una tarjeta audio sea luego capaz de reproducir en vivo la partitura contenida.

Pero este fantástico Dr. Jeckll tiene un tenebroso Mr. Hyde oculto:  Lo que un experto puede producir, será utilizado después de manera sistemática y repetitiva por músicos de playback para hacer su Agosto:  nada mejor que las fiestas del verano para llenar la verbena de ineptos músico-cantantes, que parapetados en sus teclados midi, reproducen baladas a las que han robado el alma.

En los años 30, cuando el swing hacía furor en América, los músicos podían ganarse la vida con su profesión.  Las grandes Big Bands actuaban noche tras noche en lugares tan emblemáticos como el Savoy del Harlem.  La música, y la buena voluntad de músicos como Benny Goodman, permitieron romper la segregación, integrando bandas bicolor.  Tanta importancia tomó la música como elemento político, que el gobierno americano, mirando al Jazz, nombró a Armstrong como especial embajador para mostrar al mundo los vientos de cambio que soplaban.

El propio Ellington, después de una vida íntegramente dedicada a la música y con una pacífica y silenciosa muestra de la capacidad de la raza negra, fue nombrado uno de los más grandes compositores americanos del siglo XX.

La música… , la buena música… , hoy y siempre permitirá mejorar el mundo.  Fíjense lo que en la actualidad está consiguiendo el sistema de orquestas juveniles e infantiles de Venezuela, del que otro día hablaremos.   Aunque la clase política se apropie a veces de los modelos y resultados,  la música, la buena música, ayudará a hacer este mundo -con permiso del MIDI- un poco más maravilloso.


Los límites del mar

agosto 7, 2009

Título: SHIP

Autor: Brian Lavery

Editorial: DK

Sao Pedro de Moel es un pequeño pueblito portugués, que vive rodeado de naturaleza.  Dicen que hace más de 500 años, el rey de turno mandó plantar pinos para evitar que las dunas de arena se extendieran tierra adentro.  Lo que entonces fue un intento de solución de un problema, se ha convertido hoy en un inmenso bosque de pinos, el Pinhal de Leiría, como dicen por aquí, repleto de especies arbustivas y plantas de todo tipo.  La buena gestión y aprovechamiento de recursos naturales, permiten hoy al turista recorrer cientos de kilómetros en bicicleta por las distintos carriles bicis que surcan los bosques, así como por las infinitas vías y carreteras secundarias, mientras el gobierno aprovecha la resina y madera generada por tan inmensa masa forestal.

Sao Pedro de Moel

Sao Pedro de Moel

Pero probablemente este pueblecito sea más conocido por su fachada al mar.  El eco profundo y constante de las olas azotando sus playas y acantilados crean una sintonía muy características de pueblos costeros.  Playas tempestuosas, no aptas para baños prolongados en días de bonanza, banderas rojas y calas entre riscos, además de un antiguo faro previniendo a navegantes foráneos, marcan el devenir veraniego de este enclave.
Corredores de madera recorren los tortuosos acantilados, y permiten a paseantes enfrentarse a un infinito océano de múltiples y oscilantes azules.  Las olas en el fondo traen ecos de muchos otros mares, personajes y ciudades de la literatura marítima:  el populoso Bristol de la Isla del Tesoro y la posada del Almirante Benbow en lo alto del acantilado; la gran novela americana con el capitán Ahab coprotagonizando las aventuras tras el monstruo blanco en Moby Dick, quizá protagonista auténtico de la obra;  el Nautilus y Nemo surcando los fondos oceánicos, con un prolijo detalle de la fauna y biología marina conocida en la época; el viejo y el mar….

Inabarcable, infinito, profundo, magnífico, terrible, sereno, tempestuoso, azul, pacífico, lejano, desconocido,  ¿Se le ocurre algún otro adjetivo para describir….?  Una mirada serena y lúcida a la inmensidad marítima permite atisbar el sentimiento de los primeros hombres que se aventuraron hacia lo desconocido.

Ship

Ship

No se pierda el libro de esta semana, SHIP, para conocer la historial del hombre en su afán de conquistar el infinito, para recorrer de manera visual el afán del hombre por dominar el imposible.  Embarcaciones, métodos de navegación, batallas navales, los grandes descubrimientos… todo sobre el mar en este magnífico libro.

Quizá sea buen momento de revisar la historia -y literatura- del hombre y el mar, hoy que la Nasa se enfrenta a dilemas profundos sobre el futuro de la conquista espacial.  Los mismos miedos, temores e ilusiones que en el pasado despertaba el mar y sus límites conocidos, se repiten hoy ante el universo que nos envuelve.