Funny Physics

Título:  The God Particle.

Author: Leon Lederman.

Editorial: Mariner Books.

Algunos profesores de ciencia, así se autodenominan, han conseguido frustrar muchas vocaciones a base de rigor científico mal entendido.  Mediante áridas sesiones teóricas -usadas como burladero para esconder carencias manifiestas-, y a falta de salazón y condimento experimental, anecdótico, y diversión auténtica generada por el descubrimiento asombroso de las leyes más profundas de la naturaleza,  han conseguido formar verdaderas legiones de iliteratos científicos.

Sufrí en mis carnes, pongamos por caso, varios profesores de ciencia paradigmáticos en secundaria.  El uno, nos empapelaba de apuntes de química con interlineado 1, y generados con una calidad emborronada mediante multicopista defectuosa.   Jamás vi colores de productos químicos, ni sentí el nauseabundo olor de ciertos compuestos, quizá por un alarde de proteccionismo paternal del susodicho elemento.  El otro, ante preguntas profundas sobre el misterioso significado de materia y energía, gravedad o fuerza, escurría el bulto redirigiendonos al profesor de filosofía, que por otra parte estaba en otros menesteres.

Partículas

Partículas

Leon Lederman, por otra parte, es el extremo opuesto.  Preocupado por la docencia de la ciencia y la divulgación, trata con este libro de hoy de presentar de manera amena y divertida, hasta donde es posible, la historia del hombre en la búsqueda de los más pequeño, el átomo de Demócrito.

Es un curioso elemento Lederman, que aunque experimentalista profundo, al contrario que el teórico Feyman, comparte con este la diversión por su trabajo y el universo que le ha tocado vivir.  Sus descubrimientos de partículas fundamentales, le condujo a la obtención del premio Nobel de Física, 27 años después del descubrimiento, por cierto, y que explicaba a su madre, extrañada por la tardanza manifiesta del jurado, que probablemente se tomaron ese tiempo para dilucidar cuales de sus trabajos era el más importante para otorgarle el galardón.

Cuenta otra interesante ocasión, en que tubo oportunidad de contárselo a alguien que no conocía:  Viajaba en metro, y en una atestada estación subió una monja y un grupo de deficientes mentales que, entre atropellos prisas y empujones le rodearon rápidamente.  La dedicada monja, para no perder eslabones de su cadena humana púsose a hacer recuento:  uno, dos, tres…. ¿Y Vd quién es, preguntó a Lederman, cuando señaló su rostro?  Yo soy Leon Lederman, premio nobel de física, investigador de física de partículas, contestó.  Ah, sí- dijo la monja- y continuó su cuenta del grupo incluyéndole: cuatro, cinco, seis…

Cuenta Lederman en el libro, entre anécdotas, la historia de la física de partículas, desde los griegos a la actualidad.  Y cómo tan bonito trabajo ha conducido tanto a teóricos como experimentalistas, allá en el Fermilab, o acá en el CERN, a otros tantos doctorados y premios nobel posteriores.   Aunque, como explicaba a su madre, entre tanto doctor persiguiendo partículas hay de todo, incluyéndo imbéciles, necios, raros, idiotas….  ¿idiotas auténticos, le preguntaba su madre en cierta ocasión, han conseguido un doctorado?  ¿Cómo lo hicieron? Sitzfletchz, contestó -calentando el sillón- en nuestro términos.  Basta ser capaz de aguantar sobre una tarea el tiempo que haga falta, hasta que de un modo u otro algo salga, o alguien quiera quitarse de encima a semejante engendro regalándole el título.  ¿Le suena? Quizá algo parecido a su nivel suceda con algunos profesionales de la enseñanza.

Por cierto, no me resigno a acabar hoy sin mencionar el subtítulo del libro, que se grabó en mi mente hace años, y decidí comprar recientemente sin conocer autor ni contenido:  “Si el universo es la respuesta, ¿Cuál es la pregunta?”  Bonita cuestión que queda sin respuesta, obviamente.  Pero como buen científico, Lederman plantea el hecho de los límites naturales de la ciencia -aún no alcanzados- y del terreno vírgen para la filosofía y la religión.  Solamente conocemos un Universo, y la ciencia no puede dar respuesta al porqué del mismo, ni experimentar sobre las razones de su origen.

No nos conformemos con una simplista visión científica del mundo.  Pero tampoco con una visión del mundo carente de ciencia, debido quizá a una animadversión creada en una etapa educativa previa.  Libros divulgativos como éste, son una buena solución para muchas carencias.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: