Los libros de nuestros hijos

Título:  C.  El pequeño libro que aún no tenía nombre.

Autor: Jose A. Millán.

Editorial: Siruela.

Es habitual que los niños lean -o hagan- lo que recomiendan los adultos.  Lamentablemente, esta costumbre puede dar lugar a algunas situaciones tristes, basadas en sugerencias poco acertadas.

Sin ir más lejos, tuve la desgracia reciente, de contemplar como una pandilla de energúmenos adolescentes se dedicaban a estampar huevos en portones de desafortunados vecinos, que estupefactos contemplaban como esta marabaunta de espectros celebraba de tan incivilizado modo el día de todos los santos, emulando de forma equivocada a los héroes norteamericanos en su particular fiesta de Halloween.  Y ciertamente, esto es fruto de la promoción adulta de fiestas foráneas.  Halloween es un fiesta arraigada en la cultura anglosajona, y esperada con ilusión por los niños:  el barrio se vuelca con sus chavales, y la fiesta es celebrada por todos.

Pero aquí, por nuestras latitudes mediterráneas, parece que medios de comunicación y sectores sociales influyentes pretenden sustituir nuestra tradicional fiesta de Todos los Santos y Día de los difuntos, por sucedáneos desnaturalizados del Halloween de marras.

¿Alguien se imagina un desembarco en Londres y encontrar una procesión a la Virgen del Carmen en andas saliendo de la Catedral de Westminster?  Aunque la fiesta sería bastante colorista y tendría su gracia -más ahora que la iglesia católica abre sus puertas a anglicanos decepcionados-, a nadie se le escapa que esto sería otro pernicioso efecto de la globalización:  ósmosis galopante y homogeneización mundial.  ¿Qué necesidad habría de viajar, si costumbres, gastronomía y fiestas fueran idénticas en la Patagonia y en Cangas de Onís? La común creencia de que el viaje abre las mentes jóvenes dejaría de tener su saludable efecto.

Parece que algunos preclaros educadores y personajes públicos no entienden tal asunto, y se olvidan de nuestras tradiciones.  Sería bueno que los niños enseñaran a los adultos lo que quizá solamente ya sus abuelas les transmiten.

Pues ahí va el tema de hoy, un libro que me recomendó un lector infantil.  Siguió así la recomendación el cauce inverso, y el libro, que en su día alguien le regaló, ha despertado hoy mi interés:  un libro sobre libros.

Son muchos los libros que hablan de libros o tienen a los libros como parte fundamental del argumento o arranque de la historia:  Firmin, Don Quijote de la Mancha, La Historia Interminable, … y C, el pequeño libro.  “C” -que nada tiene que ver con el lenguaje de programación tan habitual entre programadores de todo el orbe- es un buen libro que puede servir para que los nuevos púberes hiperconectados a la red y desconcedores de los misterios bibliotecarios, puedan entrar en contacto con los tesoros ocultos en estos lugares públicos.  Personajes como el señor libro de Solfeo, con su magnífico oído capaz de escuchar a 4 metros de distancia en la estantería, o la Señora Revista Científica,  que en tantas tertulias de investigación participaba, por no nombrar a la descomunal Enciclopedia, o el libro de Códigos con su conocimiento profundo del morse… abrirán en la mente infantil, un mundo de temáticas diversas.

Ciencia, Música, Literatura, cultura en general que bien aprovechada permitirá entender el mundo de hoy, el origen de nuestras tradiciones y costumbres y el valor de preservarlas.

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