¡Oh Capitán!, ¡Mi Capitán!

Título: ¡Oh Capitán! ¡Mi capitán!

Autor: Walt Whitman

Editorial: Mondadori

Para los de mi generación, como para casi todas las generaciones, hay libros, películas y canciones que dejan una huella indeleble, por razones diversas.

A finales de los 80, hubo una película de éxito notable, que narraba las aventuras de un grupo de estudiantes que dejaban atrás la adolescencia y se adentraban en una prometedora juventud.  Alentados por un Robin Williams espléndido -como casi siempre- en su papel de profesor-capitán de tripulación, la cinta muestra el devenir un variopinto club de estudiantes, que alentados por su profesor, realizan un viaje iniciático en su buque vital, buscando con afán su lugar en el mundo.  Interesante muestra de la abnegada labor olvidada de muchos profesores, y la innata capacidad juvenil para disfrutar y saborear la vida.

El club de los poetas muertos, sus escondidas reuniones y misteriosas liturgias al amparo de una inspiradora poesía, nos trae a las mentes tecnológicas los orígenes de los movimientos hacker, con particular mención del Rail Road club gestado en las entrañas del MIT.  La búsqueda del conocimiento -en fórmulas y sabores varios- es una energía tan extraordinaria que bien alimentada puede suplir el actual desencanto de jóvenes mentes inquietas.

El libro de hoy responde precisamente a los versos empleados como estribillo del film.  Versos que Whitman, peculiar poeta a contramano, nos ofrece ahora:

¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, nuestro espantoso viaje ha terminado.
La nave ha salvado  todos los escollos,
hemos ganado el anhelado premio.
Próximo esta el puerto, ya  oigo las campanas y  el pueblo entero te aclama,
Siguiendo con tus miradas la poderosa nave, la audaz y soberbia nave.
Mas, ¡ay! ¡oh corazón!, ¡mi corazón!, ¡mi corazón!
No ves las  rojas gotas que caen lentamente,
allí en el puente, donde mi capitán yace extendido, helado y muerto?

¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, ¡levántate para escuchar las campanas,
Levántate! Es  por ti que izan las banderas, es por ti que suenan los clarines.
Son para ti estos búcaros  y esas coronas adornadas;
Es por ti que en las playas hormiguean las multitudes;
Es hacia ti que se alzan sus clamores, que se vuelven sus almas y sus rostros ardientes.
¡Ven, capitán! ¡Querido padre! Deja pasar mi brazo bajo de tu cabeza.
Debe ser sin duda un sueño que yazca sobre el puente,
extendido, helado y muerto.

Mi capitán no contesta, sus labios siguen pálidos e inmóviles.
Mi padre no siente el calor de mi brazo, no tiene pulso ni voluntad.
La nave, sana y salva, ha arrojado el ancla, su travesía ha concluido;
La vencedora nave entra en el puerto, de vuelta de su espantoso viaje.
¡Oh playas, alegraos; Sonad campanas,
Mientras yo con  doloridos pasos
recorro el puente donde mi capitán yace,
extendido, helado y muerto.

Edición asequible dónde las haya, de una época en la que todavía por 350 pesetas se podía comprar poesía.  Mondadori demostraba entonces que la literatura estaba al alcance de todos.  También en las fechas que se aproximan los Reyes Magos podrán regalar literatura, que a buen precio sigue ofertándose en escaparates de todo el mundo, y brindar así un nueva oportunidad para poner en práctica el “carpe diem”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: