El secreto de Alicia

junio 26, 2010

Título:  Alicia Anotada.

Autor: Lewis Carroll | Edición de Martin Gadner.

Editorial: Akal.

Cada libro encierra un universo de bibliográfico.  Es el caso de Alicia en sus fantásticos viajes.  Y la edición aquí presente tiene mucho recorrido.

Para empezar, está anotada por el conocido divulgador Martin Gadner, quién como Asimov, mantuvo una columna durante años en Scientific American, dando alas a las matemáticas recreativas.  Son muchas las ediciones que han recogido después sus famosos Juegos Matemáticos.  Y nadie mejor que él para anotar un libro lleno Imposibilidades y Lógica, 6 de las cuales dieron título a otro libro muy recomendable:  “6 Cosas imposibles antes de desayunar” de Louis Wolpert, de quién ya hablamos en otra ocasión.

La edición de Gardner fue publicada en lengua inglesa en la misma colección que los ya visitados Huckleberry Finn anotado y The Wizzard of Oz.  Debo decir que la edición inglesa supera con creces a la Española;  y que si ésta última fue la que llegó a mis manos todo fue debido a las ofertas anuales de las ferias de libro locales.

La obra permite conocer de cerca la personalidad del autor, y su admiración platónica por las niñas de corta edad, origen y causa del cuento -encontrará el lector entre las notas de Gardner una descripción completa del origen del cuento, las destinatarias primeras, y su petición formal para que le diera forma escrita.

Alicia

Pero Alicia está de moda este año por razones bien distintas:  Hollywood, de la mano de Tim Burton y Johny Deep, han lanzado de nuevo la historia en una nueva dimensión:  3D y con efectos visuales a la altura de la fantasía novelada.

Mucho se ha escrito sobre la tecnología detrás de esta cinta, que con el prisma particular de Burton no ha dejado a nadie indiferente.  Yo nombraré a Saphire, software utilizado en la industria del cine y la animación para crear multitud de efectos, y que también ha sido utilizado en Alicia.

Resulta curioso constatar como la Inteligencia Computacional llega a los rincones más insospechados:  Karl Sims, conocido por sus criaturas generadas mediante Evolución, es el padre de GenArts, empresa que lanzó Saphire, y que sigue cosechando éxitos notables de crítica y público de la mano de Hollywood.

Tendremos este año la suerte de contar, entre otros, con miembros de GenArts en el curso de verano que sobre Inteligencia Computacional, Arte y Diseño celebraremos próximamente.  Quizá se desvelé allí el secreto de Alicia.


¡Que comience la función!

junio 20, 2010

Título:  Functional Programming

Autor:  Bruce J. MacLennan

Editorial:  Addison Wesley

Los libros de programación no son novelas.  Ni falta que les hace.  Ni se leen como tal.  Más bien suelen utilizarse como libros de consulta, con capítulos leídos de manera caprichosa, elegidos por el interés particular del programador:  la duda marca el punto de lectura, y las circunstancias aconsejan sabiamente el capítulo al que acudir.

El libro de hoy viene a cuento por dos o tres razones diferentes.  Primero porque lleva varios años sobre mi mesa, y es momento de refrescar la memoria.  Segundo, porque continúo mi infatigable lectura de las obras completas de Delibes, y conviene no explotar la caza en demasía, evitando el riesgo de agotarla, que en palabras de Delibes del año 95 era un proceso inevitable por la pasiva actuación de las administraciones públicas, y el indecoroso proceder de los furtivos toca-huevos y rompe-nidos (esto último lo digo yo).

En varias ocasiones he comentado con mis colegas, que puestos a elegir, si tuviera que enseñar programación a estudiantes vírgenes -en términos académicos- elegiría la programación funcional, que particularmente resumiría como la aplicación recursiva de “hagamos poco ahora, y más adelante resolvamos el problema”.  El Currículum propuesto por IEEE-ACM de hecho no hace distingo ni prefiere la Orientación a Objetos, tan cacareada hoy en las aulas primerizas de estos pagos, y que por mi parte relegaría a etapas posteriores, si acaso.  Con sorpresa he encontrado un buen número de académicos más expresivos que yo con esta particular visión de la programación: alguno la compara con el recolector de bananas, que para conseguir una -programa- necesita cargar con el Gorila que la porta y con toda la selva dónde vive.  Buen ejemplo.  ¡Viva la programación funcional!

El libro en cuestión, que presenta de forma teórica el concepto y práctica de la programación mediante programación funcional -utilizando LISP-, descansa sobre mi mesa por razones sentimentales:  me fue regalado por el progenitor de Miguel Ángel Guillén Banaloche, el mismo día en que la biblioteca técnica de este último era trasladada a la Universidad de Extremadura.  Vamos por partes.

Miguel Ángel Guillén

Miguel Ángel Guillén era reconocido en el mundo del software libre por sus “know-how” -como se dice ahora- y trabajos en electrónica, hardware, programación y proyectos de calado.  Fue un electrónico pionero en su incursión al mundo del software libre, con un interés por la ciencia en general, la tecnología, y una capacidad de trabajo que le llevó a proyectos importantes en Tele 5, o el Aeropuerto de Barcelona, por nombrar solo algunos.

Pero el bueno de Miguel Ángel, que tenía su oficina cerca del madrileño Paseo del Prado, cansado un día del ajetreo de la gran ciudad, decidió junto con su esposa buscar un paraíso en el que continuar teletrabajando.  No crean que no miró.  Recorrió parte de la península buscando y sintiendo el pálpito de cada rincón de nuestra geografía, para decantarse finalmente por un paraíso desconocido para muchos:  la montaraz sierra de Montánchez, y la villa con su mismo nombre, dónde se estableció rodeado de naturaleza: riscos, encinas y alcornoques, jaras y tomillos, ovejas y retinto, grullas y cigüeñas.  Allí ubicó su nuevo laboratorio, y allí conoció la Universidad de Extremadura.

Tube el placer de invitarle a departir con los estudiantes en un Curso Internacional de Verano, y allí nos cantó las maravillas del OLPC, y el estudio que gustosamente estaba realizando sobre las posibilidades de Linux -Fedora- sobre el invento.

Fue un encuentro en el que su carácter conquistó a la audiencia, y una plétora de futuros proyectos que nacían no pudieron llevarse a cabo:  un dolor de espaldas prematuro, que se manifestaba en aquella época, fue a la postre el anuncio de un final inesperado.  Miguel Ángel nos dejó antes de que la siguiente edición de los cursos de verano permitiera de nuevo su presencia.  Y en su testamento donó toda su biblioteca técnica a la Universidad que conoció y le acogió.

Todos sus libros residen hoy en el Centro Universitario de Mérida.  Esperemos que sirvan para despertar otras tantas vocaciones como la suya, y que los jóvenes puedan encontrar en Miguel Ángel un referente para desarrollar proyectos que lleven a Extremadura al lugar que merece.

Ojalá que sus libros inspiren a nuevas generaciones de estudiantes para que puedan así comenzar con su particular función vital.


200 años de romanticismo musical

junio 12, 2010

Título: Clarinete Clásico A

Autor: Lancelot

Editorial: Combre

Esta semana hemos tenido anuncios y celebraciones.  El bueno de Jobs sigue lanzando al mundo sus inventos y mejoras tecnológicas.  Si hace varias semanas llegaba a España el iPad, ahora toca el anuncio del nuevo iphone, con más resolución, cámara de vídeo y otras lindezas.  El tiempo pondrá cada cosa en sus sitio, aunque la caja de Jobs y su compañía ya ha recogido los frutos, superando por primera vez en la historia a Microsoft en capital bursátil. Quién le iba a decir a Jobs hace unos años, cuando se marchó por la puerta de atrás de Apple, -quizá la misma puerta del garaje que dio origen a la compañía- que él éxito volvería de su mano.

Quizá dentro de 200 años hablemos de Jobs, como esta semana hablamos de Schumann, del que el libro de hoy, clásico dónde los haya para el aprendizaje de clarinete, recoge algún estudio que nos da una idea de su arte y personalidad, acorde con el siglo en que vivió.

La muerte de Sardanápalo. Delacroix.

Fue su época, la Romántica, de turbulencias y excesos, exaltación de sentimientos y búsqueda del pasado, leitmotif de una particular visión del mundo.  Si en pintura Turner o Delacroix asombraban al público con su colorista y desgarradora visión de la realidad, en literatura Scott, Byron y nuestro paisano Espronceda, entre otros muchos, narraban las ansias de libertad con una poética desconocida.

Las celebraciones se suceden en estas semanas al abrigo de los románticos:  Espronceda y su tiempo, por ejemplo, en una nueva edición de la ruta del romanticismo. Pero hay más.

La música del XIX bebió de las mismas fuentes que el resto de artes, y queda así  Schumann encuadrado entre los exponentes del Romanticismo musical.  Convergieron en el genio de Schumann otras varias facetas, y además de compositor fue ensayista de talento, inventor -aunque desafortunado en su intento de mejorar su técnica pianística con un artilugio que le produjo a la postre una invalidez permanente- crítico, mentor y descubridor de nuevos talentos:  Chopin, Berlioz y, especialmente, Brahms, a quién acogió como a un hijo.

Turner

Sufrió Schumann al final de su vida, como podría ser previsible en un genio Romántico, la enfermedad de la locura.  La desazón que se refleja en muchas obras románticas, particularmente en el mejor Turner, afloraron en sus últimos años de vida, y le condujeron a una muerte temprana, después de haber saboreado el éxito como compositor.

Bueno será que ante la marabunta tecnológica que hoy nos inunda, y los personajes de oro que nos agasajan con sus últimos inventos, no olvidemos que la sociedad tecnológica necesita más que nunca el cultivo de las artes y humanidades, abono imprescindible para que el intelecto colectivo no quede improductivo como tierras de labor explotadas por un monocultivo intensivo.

Y no dejen de disfrutar de estos 200 años de romanticismo musical en primera persona si pueden, o en tercer escuchando a genios como Rostropovich.


Ajustar el Objetivo

junio 5, 2010

Título:  Las perdices del Domingo

Autor: Miguel Delibes.

Editorial:  Galaxia Gutenberg

Me hablaron hace tiempo de aquella sexagenaria empeñada en obtener su licencia B1.  Y así se condujo afanada hasta llegar, una vez pasado el examen teórico, a las necesarias prácticas de coche, con un curtido profesor, al que en un arrebato de sinceridad le expetó:  “¿Niño, tienes tú paciencia?  Porque si tu la tienes yo tengo perras”  Y efectívamente, necesitó gastar más de 4000€ en prácticas interminables, hasta conseguir su flamante carnet de conducir.

Objetivos, esta es la clave:  Los objetivos.  La señora tenía objetivos.  Los cazadores -como Delibes- tienen objetivos. Los objetivos son imprescindibles en la vida.  Y el objetivo debe estar en su punto para poder alcanzarlo.

Objetivos

Los deportistas de élite tienen objetivos.  Las empresas tienen objetivos.  Para prosperar en la vida hacen falta objetivos.

Billy Elliot, del que ya hablamos hace bastante, tenía el suyo:  bailar.  Y este le hacía levantarse cada día para luchar contra su entorno.

Tomen nota los jóvenes que cada día buscan el sentido de sus vidas y busquen un objetivo auténtico:  ¿Qué les hace cada día perder el sueño?  ¿Qué les motiva por encima de todo?  ¿Qué les dicta su voz interior? Escúchenla y márquense un objetivo ambicioso.  Si siguen el dictado de esa voz, no habrá tarea insuperable ni esfuerzo sin recompensa.

Y una vez cumplido un objetivo, busquemos con ahínco el siguiente.  Una vida llena de objetivos permitirá volver la mirada atrás con satisfacción.