200 años de romanticismo musical

Título: Clarinete Clásico A

Autor: Lancelot

Editorial: Combre

Esta semana hemos tenido anuncios y celebraciones.  El bueno de Jobs sigue lanzando al mundo sus inventos y mejoras tecnológicas.  Si hace varias semanas llegaba a España el iPad, ahora toca el anuncio del nuevo iphone, con más resolución, cámara de vídeo y otras lindezas.  El tiempo pondrá cada cosa en sus sitio, aunque la caja de Jobs y su compañía ya ha recogido los frutos, superando por primera vez en la historia a Microsoft en capital bursátil. Quién le iba a decir a Jobs hace unos años, cuando se marchó por la puerta de atrás de Apple, -quizá la misma puerta del garaje que dio origen a la compañía- que él éxito volvería de su mano.

Quizá dentro de 200 años hablemos de Jobs, como esta semana hablamos de Schumann, del que el libro de hoy, clásico dónde los haya para el aprendizaje de clarinete, recoge algún estudio que nos da una idea de su arte y personalidad, acorde con el siglo en que vivió.

La muerte de Sardanápalo. Delacroix.

Fue su época, la Romántica, de turbulencias y excesos, exaltación de sentimientos y búsqueda del pasado, leitmotif de una particular visión del mundo.  Si en pintura Turner o Delacroix asombraban al público con su colorista y desgarradora visión de la realidad, en literatura Scott, Byron y nuestro paisano Espronceda, entre otros muchos, narraban las ansias de libertad con una poética desconocida.

Las celebraciones se suceden en estas semanas al abrigo de los románticos:  Espronceda y su tiempo, por ejemplo, en una nueva edición de la ruta del romanticismo. Pero hay más.

La música del XIX bebió de las mismas fuentes que el resto de artes, y queda así  Schumann encuadrado entre los exponentes del Romanticismo musical.  Convergieron en el genio de Schumann otras varias facetas, y además de compositor fue ensayista de talento, inventor -aunque desafortunado en su intento de mejorar su técnica pianística con un artilugio que le produjo a la postre una invalidez permanente- crítico, mentor y descubridor de nuevos talentos:  Chopin, Berlioz y, especialmente, Brahms, a quién acogió como a un hijo.

Turner

Sufrió Schumann al final de su vida, como podría ser previsible en un genio Romántico, la enfermedad de la locura.  La desazón que se refleja en muchas obras románticas, particularmente en el mejor Turner, afloraron en sus últimos años de vida, y le condujeron a una muerte temprana, después de haber saboreado el éxito como compositor.

Bueno será que ante la marabunta tecnológica que hoy nos inunda, y los personajes de oro que nos agasajan con sus últimos inventos, no olvidemos que la sociedad tecnológica necesita más que nunca el cultivo de las artes y humanidades, abono imprescindible para que el intelecto colectivo no quede improductivo como tierras de labor explotadas por un monocultivo intensivo.

Y no dejen de disfrutar de estos 200 años de romanticismo musical en primera persona si pueden, o en tercer escuchando a genios como Rostropovich.

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Una respuesta a 200 años de romanticismo musical

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