La invisibilidad posible

Título:  El secreto de Wilhelm Storitz

Autor:  Julio Verne

Editorial:  RBA.

Hace no muchos meses los medios de comunicación generalistas se hacían eco de una noticia asombrosa, que traía al terreno de la realidad lo que hasta ahora fue ciencia ficción:  El hombre Invisible.

Piense en una temática inverosímil, y no se asombre al comprobar que alguien la está investigando hoy en algún lugar del mundo: sólo hace falta ejercitar la paciencia -y los buscadores- para encontrar al científico afanado.  Incluso la máquina del tiempo que Wells llevó a la literatura es hoy objeto de investigación.

El propio Wells utilizó a menudo en sus novelas ideas fantásticas:  viajes en el tiempo, visitas alienígenas y hombres invisibles.  La ciencia ficción era abono en su labor.

Abrigo Invisible

Alguna de estas descabelladas ideas han sido finalmente implementadas.  En el caso que nos ocupa, científicos asiáticos han conseguido la invisibilidad, agarrándose esta vez a la tecnología.  Con cámaras y proyectores han logrado presentar el abrigo invisible, que dota a sus portadores de poderes los que Harry Potter o Frodo Bolsón, por nombrar algunos personajes más recientes, también disfrutaron en sus aventuras.

Pues bien, esta nueva “invisibilidad posible” -que me recuerda el forte-posible, pianno-posible, y otros muchos posibles con los que Antonio Salguero entusiasmaba a los estudiantes ayer en Azuaga– también estuvo presente en la obra del padre de la ciencia ficción, Julio Verne.

No está claro quién escribió primero su obra, Verne o Wells, porque la del primero, fue publicada póstumamente.  Y aunque hay quien duda de la paternidad de la novela actual -Verne padre o hijo- yo me inclino por el auténtico, Julio Verne.  La razón es muy clara:  No se conforma Verne con presentar la invisibilidad-posible, también pronostica el infrarrojo y el ultravioleta-posible (gracias de nuevo, Antonio), sin darles nombre, para intentar justificar la posibilidad de lo imposible.

En fin, creo que es buen momento para pensar que lo imposible  es posible, y está al alcance de la mano:  el trabajo bien hecho recompensa.  Al menos esa es la esperanza que a algunos nos queda.

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