La relatividad del tiempo

Título:  La Flecha del tiempo (I)

Autor:  Peter Coveney y Roger Highfield

Editorial: RBA

Pues sí, quizá la falta de causalidad cuántica me hicieron elegir este libro:  efecto precedente a causa.  Porque el asunto del tiempo, la relatividad y el universo están ahora muy a debate en Londres, dónde Hawkings hace campaña para su próximo libro negando la necesidad de Dios.  Noticia grave la que nos dicta:  la gravedad basta para todo lo que existe.  Es notable que la sede del encuentro,el Kings College, y particularmente el el Anatomy Theatre and Museum, hayan sido cuna de alguna de las mentes científicas más notables, incluyendo a Maxwell, que con sus leyes electromagnéticas abrió la caja de pandora.  No dejen de visitar la capilla de su campus en Strand, y fíjense como el Genoma ha llegado a sus vidrieras.

El libro de la semana llevaba varias décadas esperando una relectura.  Pertenece a aquella magnífica colección que Muy Interesante editó hace varios lustros.  Mis lecturas en progreso (1000 años de poesía española, y el libro sobre evolución, de Gould, cada uno con más de 1000 páginas), me hacían difícil esta semana elegir libro y post.  Así que antes de partir a Londres al Citizen Cyberscience Summit fui a la biblioteca y elegí este para poder releerlo y hablar de él.

Tiempo

Londres es hoy un hervidero con la rectificación de Hawkings:  si en sus libros anteriores dejaba un hueco para Dios, ahora cerró esa vía, y ya, dice, no lo necesita.  Parece que la relatividad y toda su cohorte gravitatoria se sobran y se bastan. Dice Hawkins que con la mera Gravedad, el Universo no tenía escapatoria, su existencia a partir de la nada estaba ya prevista.  Lo curioso es que en esos razonamiento no considere la Fuerza Gravitatoria y las leyes físicas como un algo que impide la nada.  En fin, las cosas de los teóricos.  Quizá sea que quiera que leamos el libro.

A mi, si les digo la verdad, no me hace falta ir tan lejos para entender los problemas relativistas:  Siempre me han parecido el culmen de la relatividad los restaurantes aeroportuarios.  Basta echar un ojo para caer en una profunda duda:  Estará el señor de la esquina desayunando una hamburguesa con papas fritas y ketchup, o en su relatividad horaria estará aprovechando su hora de la comida para ingerir cualquier basura. ¿Porqué todos miran cuando en un tránsito aéreo pido café y bollos recién despierto por el aterrizaje tras una larga noche de viaje?  Quizá sea porque su horario local les dicta la cena.

La relatividad del tiempo, que decía Einstein, no es tan difícil de comprender.

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