Caballos de Troya

Título:  El Museo de la Inocencia

Autor:  Orhan Pamuk

Editorial:  Mondadori

Con motivo del Día del Software Libre, tuve el viernes 24 la oportunidad de participar en el Parque Científico Tecnológico de Extremadura, en un “encuentro con creativos” moderado por el conocido periodista Paco Lobatón.

Entre otras muchas cosas, se hablaba de software libre, internet, principios filośoficos, éticos y problemas técnicos y de seguridad.  Ética y filosofía se funden con las leyes en las sociedades avanzadas, y lo que perniciosamente afecta en ocasiones al software, virus, caballos de troya y demás fauna, es presentado en otros contextos como ejemplos de valor.  Vamos con un ejemplo.

Caballo de Troya

A nadie se le ocurre hoy buscar una casa, con la que está cayendo, sin seguir los cauces legales, que conllevan notarios, abogados, bancos, hipotecas, firmas, contratos…  Sería más fácil y rápido una mera ocupación de vivienda libre a la vista -como hacen los ocupas- o quizá un choque de manos con un propietario, previo tácito acuerdo económico.  Pero no.  Todos quieren estar cubiertos legalmente: propietarios, compradores, bancos, inmobiliarias y promotores.

En el plano conyugal, sin embargo, aunque bien establecido el procedimiento legal de compromiso matrimonial y fundación de una familia, resultado de una intensa evolución histórica y social en la mayoría de las culturas, los últimos años muestran una tendencia a la simplificación del proceso y renuncia de cualquier firma por parte de los interesados.  Todo esto podría venir aderezado de cualquier suerte de polirelación sentimental, como acostumbran a mostrarnos los guionista hollywoodienses.

También en este libro no cuenta Pamuk en tono costumbrista, la historia de un joven prometido y en vías de matrimonio,  en sus devaneos amorosos con la amante, hecho éste oculto y desconocido por la futura esposa. Aunque en este caso no hay renuncia explícita a la firma legal, si hay ocultación sistemática de la amante fiel.

Nos decía Dawkins en su Gen Egoista, que la biología de las especies explica en sí misma el pernicioso efecto del adulterio, que puede conducir a un interesante problema económico:  progenitor macho invirtiendo sus esfuerzos en un Caballo de Troya, léase consorte fecundada por otro macho.  Justificaba Dawkins el distinto criterio social que se utiliza al juzgar las infidelidades masculinas y femeninas, y derivadas precisamente del criterio económico.  En todo caso, el esfuerzo inversor de un marido en una amante es igualmente conducta Troyana.

Llegamos así a la sociedad en las  últimas décadas, que nos muestra como conductas de éxito la presencia de Caballos de Troya y otros infidelidades virulentas, y que ha simplificado hasta un extremo peligroso los procesos de compromiso conyugal: si la fidelidad garantizada por contrato es fuente de derecho, ¿quién garantizará los derechos a falta del contrato?. ¿Será una oscilación social con los días contados, o tendremos Caballos y Yeguas de Troya para rato?

En todo caso, aún no he terminado la novela, así que veremos qué nos propone Pamuk para desenredar el entuerto.

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