Cuatro pequeñas piezas

febrero 28, 2011

Título:  Fourt Short Pieces.

Autor:  Howard Ferguson.

Editorial:  Boosey Howkes.

Aunque Irlandés de nacimiento, podemos considerar a Howard Fergurson como Compositor Británico si atendemos al desarrollo de su carrera.

Nació en Belfast el 21 de Octubre de 1908. En una familia poco relacionada con la música, hijo de banquero, le fue permitido aporrerar un viejo piano Collard a edad temprana, y luego seguir clases con un pianista local, Frederick J. Sawyer. Tomó también clases de violín con el líder de la orquesta filarmónica de Belfast.

Ferguson.

El rumbo de su carrera está marcado por su participación en un concurso musical en Belfast en 1922. El ganador del concurso resultó ser el conocido pianista Harold Samuel, que, habiendo escuchado al adolescente Ferguson, propuso a sus padres adoptarlo como pupilo y llevarlo a Londres para que continuara su aprendizaje. El viaje y comienzo de los estudios fue preludio para su entrada en el Royal Collegue of Music en 1924, del que Samuel era profesor.

Ferguson estudió en su nueva etapa Composición con R. O. Morris, cuyas técnicas marcarían las obras futuras de Ferguson. Su estudio con Morris le permitió contactar con Gerald Finzi, que en la época estudiaba contrapunto también con Morris.

Las frecuentes crisis de confianza de Ferguson hicieron que sus primeras obras no hayan sobrevivido: entregó a las llamas sus primeras composiciones por considerarlas de poco valor.

Ferguson y Finzi desarrollaron una profunda amistad de la que quedó constancia en una abundante correspondencia. El interés general por la obra de Finzi, que murió prematuramente, es debido en gran parte al trabajo de Ferguson.

Ferguson trabajó como asistente de Myra Hess en la organización de los conciertos de la National Gallery.

Después de los años 30 se dedicó a la interpretación, junto con el pianista Denis Matthews, y también con el violinista Yfrah Neaman. A partir de los 50 comienza una etapa de composición por encargo, incluyeno una obra para la BBC con motivo de la coronación de la reina Isabel II (Overture for an occasion).

Son particularmente interesantes algunas composiciones pequeñas originadas en contextos de concursos y recitales amateurs, tales como Four Short Pieces for Clarinet o Three Sketches for Flute.

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¿Ingeniería Social?

febrero 20, 2011

Título:  The Art of Deception

Autor:  Kevin D. Mitnick & William L. Simon

Editorial:  Wiley

Probablemente el señor Mitnick se esté haciendo de oro.  Quizá lo valga su arrepentimiento derivado de años tras las rejas.  Porque el señor Mitnick se ha paseado por los sistemas informáticos más preciados, gracias a sus dotes sociales.

En los nuevos estudios de inteligencia, se valoran las habilidades sociales.  El señor Mitnick haría sonar la campana con su contundente pegada social.  Se hizo pasar por todos, y se la pegó a las más altas organizaciones gubernamentales y empresariales.  Hasta que le pillaron.

¿Ingeniería Social?

Creo que Mitnick no es buen escritor, pero sí nos convence de la facilidad para penetrar en cualquier sistema informático de la forma más rocambolesca:  nada de programas que destripan claves, ni especialidades en administración de sistema;  basta tener buenas dotes sociales.

El término Ingeniería Social lo utiliza para referirse a la forma de abusar de la buena voluntad, camaradería y espíritu samaritano de la sociedad occidental.  Parece que el mensaje de Jesucristo realmente caló, y el personal trata de comportarse adecuadamente con su prójimo.  Y el malvado se aprovecha de la situación.

En fin, que hay que ser precavido, y en ciertas cuestiones andar con pies de plomo.  Si los ingenieros sociales son capaces de tanta maldad como el libro nos describe, quizá necesitemos aplicar Ingeniería Social Inversa.


La conjunción del saber

febrero 12, 2011

Título:  El soberbio Orinoco.

Autor:  Julio Verne.

Editorial:  RBA

Esta semana se producen varios hechos significativos.  El pasado día 8 de Febrero celebrábamos aniversario de nacimiento de Julio Verne.  No es que yo lo recordara, pero a los de Google no se les escapa una, y tenían logo especial para la efeméride.

Ni corto ni perezoso, haciendo un breve receso sobre las obras completas de Delibes, me dirigí a mi colección de Verne, con el resultado de la obra que hoy destacamos como siguiente en espera de lectura:  El soberbio Orinoco.  La novela me ofrece gratos recuerdos de décadas pasadas, cuando la leí por primera vez en versión reducida y aderezada con cómics.

Verne cultiva en sus novelas de aventuras la geografía, descubierta a través de viajes extraordinarios, y la ciencia.  Basta leer 20.000 leguas de viaje submarino para encontrar una descripción del conocimiento de la época en que vivió.  Es así Verne un descriptor notable de la Biodiversidad de cada enclave.  Y es aquí dónde llegamos al segundo tema de la semana.  Vamos a ello.

Edward O. Wilson

Resulta que el pasado miércoles se ha hecho público el premio entregado a Edward O. Wilson: premio Fronteras del Conocimiento Fundación BBVA. Además de amante de las hormigas desde su niñez -¿quién no ha sido fascinado por estos insectos en la más tierna infancia?- prosiguió con su fascinación de adulto, y cultivó la ciencia de su estudio -bienaventurados los que se hagan como niños.   Fundó la sociobiología y acuñó términos tan conocidos hoy como “Biodiversidad” y el más enigmático “consilience”, vocablo este último de mucho interés: nos dice el término que ciencias y humanidades no son ramas de conocimiento aisladas, al contrario, juntas nos hablan del sentido del mundo, de su orden y explicación por leyes naturales.

Podríamos llegar más lejos:  la experiencia de muchos científicos en su incapacidad final de comprender el mundo, y de muchos teólogos para comprender a Dios nos dicta que Arte, Ciencia, Religión… todo es imprescindible para saber dónde estamos, porqué, y el más difícil todavía “para qué”.

Hablando del Para qué: en los fluctuantes tiempos económico-laborales que transitamos, es buena época para reflexionar sobre capacidades y habilidades propias, y tomar en cuenta lo que nos recomientan algunos expertos, entre ellos Jim (“Cope”) Coplien, a saber, rehacer la carrera profesional cada 7 años.  No es bueno apalancarse en lo ya sabido.  La evoluciona natural ha sido posible por la capacidad de las especies para cambiar de acuerdo con lo que el entorno marca.  El desarrollo profesional también requiere cambios y actualizaciones, y para ello, nada mejor que poner sobre el tapete  todas las habilidades recibidas, para moldearlas, adaptarlas y desarrollarlas.

Es necesario así un verdadero “consilience” de nuestras habilidades olvidadas, y llegar a una verdadera conjunción de conocimientos para beneficio propio y de la sociedad en que vivimos.


Dime con quién andas

febrero 4, 2011

Título:  Sonata in Bb major for Clarinet and Piano

Autor: Wanhal

Editorial: International Music Company

Hace unos días conocí el origen de los términos Bemol y Becuadro, que hunden sus raíces en el canto gregoriano.  Decían en los ambientes músico-religiosos de la época que era fruto del “diabulus” la disonancia FA-SI, y por eso introdujeron el modo MOLLE o suave en su nota B, para evitarlo.  El Diablo no podían verlo ni en música ni en pintura.

Historia bien distinta, por las buenas compañías en este caso, la que nos viene hoy de la mano de esta partitura publicada con copyright, entendemos que de la edición en sí, porque la obra es de buena añada.

Johann Baptist Wanhal en Nechanice, actual república checa, un 12 de Mayo de 1739, en una familia artesana, dedicada a la construcción de carruajes.  Comenzó su carrera musical de modo humilde, aprendiendo de músicos locales, llegando a tocar Violín y Órgano, y comenzando sus primeras composiciones sacras.  A los 13 años ocupó el puesto de organista en Opocno, y a los 18 años fue nombrado director del coro en Nemyceves.

Wanhal

En esta época se dedicó al estudio de idiomas:  aprendió alemán preparando así la posibilidad de desplazarse a Viena.  Su talento y pragmatismo prepararon así su camino al éxito.

Y las oportunidades no tardaron en llegar.  El conde Schaffotsh, perteneciente a una noble dinastía con orígenes en el siglo XIII, y con el que tenía relación, llevó a Wanhal ha Viena en 1760, después de haberle escuchado tocar el violín.  Aunque la fecha exacta de su viaje se desconoce, se sabe que coincidió con el período de boom económico, en el que cada nueva familia rica burguesa competía con el resto, y mostraba su abundancia, entre otros factores, organizando veladas musicales con orquestas y músicos de relieve.

En su nueva etapa en la gran ciudad tomó clases de composición con Dittersdorf, y, gracias al mecenazgo pudo viajar y perfeccionar sus conocimientos a la edad de 35 años.  Ya en esta época compuso un buen número de sinfonías, música de cámara y sacra.  El Baron Issac von Riesch of Dresden le tomó a su cargo y le envió de viaje a Italia, lugar considerado en la época como el óptimo para finalizar los estudios.

La vuelta del viaje fue desafortunada:  fue presionado para aceptar un cargo que no deseaba, y su rechazo causó decepción e indignación en el entorno, lo que a la postre le acarreó una depresión.

Pero las buenas compañías dieron su fruto:  se dice que llegó a tocar en un cuarteto compuesto por él mismo, su tutor Dittersdorf, Haydn y Mozart, quienes aún no siendo los mejores intérpretes de la época, su mera aparición pública en conciertos atraía una rápida atención.  En esta época escribió 3 óperas

En 1770 escribió un doble concierto para contrabajo, fruto de su relación con el contrabajista Johannes Matthias Sperger.  Sus obras adquirieron reconocimiento.  En 1777 el propio Mozart interpretó su concierto en Si bemol en Augsburg.  En 1774,  Haydn, Dittersdorf, Mozart y Vanhal repitieron su cuarteto de cuerda:  Vanhal Chelo, Mozart  Viola y el resto violín.  El cuarteto, aunque no por su virtuosidad, llegó a ser imagen de la época clásica.

Como en el caso de algunas grandes figuras en la historia del arte, dicen que Vanhal sufrió crisis nerviosas, y que era en estos periodos de enfermedad cuando brotaban sus mejores composiciones.  Algunos encuentran rastros de su enfermedad en su obra:  la relación entre escalas menores y mayores en su obra es mucho más grande que en otros compositores de su época;  además tenía un gusto especial por motivos con disonancias cromáticas.

Vanhal llegó a componer más de 1300 obras:  100 cuartetos, 73 sinfonías , música sacra y trabajos corales entre ellas.  También escribió para Clarinete, utilizando el estilo clásico vienés, aunque con algunos toques románticos.  En algunas de las obras llegó a experimentar con estilos y estructuras bastante radicales.

Aunque raramente se movió de Viena, dónde también fue un docente activo, debido al éxito de sus composiciones, sus obras llegaron a interpretarse en Estados Unidos al final de su vida.

En resumen, una vida llena de trabajo y resultados:  el interés que despertó el buen trabajo hizo a Wanhal codearse con los mejores.  Buena moraleja para los que quieren triunfar meramente a base de contactos.