La conjunción del saber

Título:  El soberbio Orinoco.

Autor:  Julio Verne.

Editorial:  RBA

Esta semana se producen varios hechos significativos.  El pasado día 8 de Febrero celebrábamos aniversario de nacimiento de Julio Verne.  No es que yo lo recordara, pero a los de Google no se les escapa una, y tenían logo especial para la efeméride.

Ni corto ni perezoso, haciendo un breve receso sobre las obras completas de Delibes, me dirigí a mi colección de Verne, con el resultado de la obra que hoy destacamos como siguiente en espera de lectura:  El soberbio Orinoco.  La novela me ofrece gratos recuerdos de décadas pasadas, cuando la leí por primera vez en versión reducida y aderezada con cómics.

Verne cultiva en sus novelas de aventuras la geografía, descubierta a través de viajes extraordinarios, y la ciencia.  Basta leer 20.000 leguas de viaje submarino para encontrar una descripción del conocimiento de la época en que vivió.  Es así Verne un descriptor notable de la Biodiversidad de cada enclave.  Y es aquí dónde llegamos al segundo tema de la semana.  Vamos a ello.

Edward O. Wilson

Resulta que el pasado miércoles se ha hecho público el premio entregado a Edward O. Wilson: premio Fronteras del Conocimiento Fundación BBVA. Además de amante de las hormigas desde su niñez -¿quién no ha sido fascinado por estos insectos en la más tierna infancia?- prosiguió con su fascinación de adulto, y cultivó la ciencia de su estudio -bienaventurados los que se hagan como niños.   Fundó la sociobiología y acuñó términos tan conocidos hoy como “Biodiversidad” y el más enigmático “consilience”, vocablo este último de mucho interés: nos dice el término que ciencias y humanidades no son ramas de conocimiento aisladas, al contrario, juntas nos hablan del sentido del mundo, de su orden y explicación por leyes naturales.

Podríamos llegar más lejos:  la experiencia de muchos científicos en su incapacidad final de comprender el mundo, y de muchos teólogos para comprender a Dios nos dicta que Arte, Ciencia, Religión… todo es imprescindible para saber dónde estamos, porqué, y el más difícil todavía “para qué”.

Hablando del Para qué: en los fluctuantes tiempos económico-laborales que transitamos, es buena época para reflexionar sobre capacidades y habilidades propias, y tomar en cuenta lo que nos recomientan algunos expertos, entre ellos Jim (“Cope”) Coplien, a saber, rehacer la carrera profesional cada 7 años.  No es bueno apalancarse en lo ya sabido.  La evoluciona natural ha sido posible por la capacidad de las especies para cambiar de acuerdo con lo que el entorno marca.  El desarrollo profesional también requiere cambios y actualizaciones, y para ello, nada mejor que poner sobre el tapete  todas las habilidades recibidas, para moldearlas, adaptarlas y desarrollarlas.

Es necesario así un verdadero “consilience” de nuestras habilidades olvidadas, y llegar a una verdadera conjunción de conocimientos para beneficio propio y de la sociedad en que vivimos.

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