En el pecado está la penitencia.

Título:  Cancionero Popular de Extremadura

Autor:  Bonifacio Gil

Editorial:  Diputación de Badajoz

Hace más de doce años, con motivo del certamen tradicional de villancicos organizado por la Excma. Diputación de Badajoz, nos entregaron a los participantes esta interesante recopilación que fue editada por primera vez en 1955.  Bonifacio Gil nos dejó un legado como musicólogo y folclorista impagable, y esta obra atesora la música popular de nuestros antepasados, algunas de cuyas canciones siguen vivas aún en la geografía Extremeña.  Supo Bonifacio incluir temas de lo más variopinto, incluida la temática religiosa.

Banda Municipal de Almendralejo

Música y religión se funden y mezclan con frecuencia:  uno de los más propicios exponentes de esta amalgama suculenta es la actual Semana Santa española, repleta de manifiestación religiosa, cultural, folclórica y antropológica.  El pueblo ha sabido cultivar y mantener esta muestra de su polifacético sentimiento:  la fe que mueve las vidas de muchos; el arte reflejado en misterios singulares de escultures renombrados, junto con mantos y faldones bordados, bacalaos, estandartes e insignias de singular belleza, pasos labrados en maderas nobles; y música procesional, ya sea de agrupaciones musicales de cornetas al paso de Cristos flanqueados por hachones o faroles y misterios en múltiples expresiones rodeados por candelabro , o bandas de música acompañando palios de dolorosas.  Es notoria la multitud de marchas procesionales, encuadradas en el genérico marchas, que desarrollan su expresión con tintes fúnebres y románticos, y que alcanzan importancia tal que hoy día no se concibe banda de música en España que no las incluya en su repertorio.

Cuando en el siglo XIX comienzan a utilizarse las marchas en los acompañamientos religiosos, la falta de composiciones hizo tomar prestadas movimientos de grandes autores como Chopin o Beethoven.  Pero pronto las cofradías y hermandades de penitencia impulsaron su desarrollo y propiciaron el florecimiento del género.  El posterior auge de los costaleros en Sevilla en la segunda mitad del siglo XX promovió un tipo de marchas acordes con el rachear y baile de los misterios.

Pues bien, toda esta fe, cultura, arte y tradición de poco valen ante los intolerantes (¿acérrimos incultos, ateos recalcitrantes del progreso o trasnochados del ala oeste?).

Juegan los infantes al insulto despectivo.  Las diferencias corporales marcan en los primeros años de escuela:  uso de lentes, sobrepeso, orejas de soplillo, defectos corporales varios, todo son excusas para vilipendiar al prójimo.  Afortunadamente, la educación escolar y familiar corrigen semejante comportamiento, y permiten a los vecinos sobrellevarse con tolerancia.  Pero no siempre es el caso.  Seguramente por familias que olvidan sus menesteres educativos, púbiles que renuncian al esfuerzo necesario y quizá también por incapacidad intelectual manifiesta para comprender el mundo en el que viven, algunos han promovido este año en la capital de reino una denominada “Manifestación Atea”.  La verguenza que han debido sentir muchos ateos convencidos quizá les sirva para una futura conversión.  Porque lejos de manifestar cualquier idea profunda, que las democracias occidentales no sólo permiten sino que alientan, los promotores han buscado la burla y escarnio de la Semana de Pasión, que en términos religiosos denominaríamos blasfemia si fuera ejecutada por un creyente, y en términos artístico-culturales demuestra la incultura manifiesta de los mal llamados manifestantes.  Quizá sea eso lo único que han conseguido manifestar a la postre su profunda majadería intelectual.

Consuelo que la Delegada del Gobierno sí haya tenido los suficientes arrestos para impedir la contra-manifestación al comprender el objetivo de la misma.  Una pena que quede gente así en nuestra moderna España, y no sean capaces de valorar, ni siquiera económicamente, lo único que hoy parece que puede salvar el PIB nacional.

En fin, para aquellos que saben y pueden apreciar la Semana Santa en toda su riqueza, aquí les dejo la marcha “Cristo del Buen Fin” una obra de arte de Luis Lerate, violinista Sevillano y Catedrático que fue del Conservatorio Superior de Sevilla.  Para el resto, como dice el dicho popular, en su pecado llevan la penitencia.

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