Obsolescencia

Título:  Computer Architecture:  a Quantitative Approach

Autor:  Hennesy & Patterson

Editorial:  Morgan Kaufman

Rebuscando en cajas de libros pendientes de ordenar, encontré este clásico editado machaconamente en los últimos años.  Quizá esta primera edición tegan un precio, y las tecnologías descritas, aunque presentes aún en las reediciones, queden lejos de las propuestas más novedosas que se van publicando año tras año.  Porque si hay algo que envejece rápido es la tecnología.

La obsolescencia tecnológica debida a los avances, tiene un parecido notable a las modas arquitectónicas, decorativas o de indumentaria.  Cuando el ojo se acostumbra a algo, o el oído, automáticamente se vuelve antiguo, y la novedad se busca de nuevo -¡ay las denostadas octavas paralelas con tintes barrocos, tan marginadas por la armonía clásica!-.  Esto que en sí mismo es un fenómeno natural, y que no debería causar ningún estrago al bosillo, manejado con diligencia y mesura, se retuerce y vuelve alambicado en manos de empresarios sin escrúpulos.  El objetivo es que el período de obsolescencia se acorte y amortice rápido, para provocar las compras compulsivas de los usuarios.

Un ejemplo:  hace poco celebraron un centenario curioso, correspondiente a los años que una bombilla tradicional, de filamente incandescente, ha permanecido encendida desde que fue instalada en los tiempos de Edison.  Proeza semejante no debería extrañarnos si los fabricantes siguieran normas de eficiencia y robustez:  lo que Edison inventó, fue a propósito desvirtuado por el “cartel de las bombillas”, para obligar al usuario a comparar nuevas bombillas con cierta periodicidad;  semejante comportamiento se consiguió de modo bien sencillo, poniendo en el mercado lámparas fabricadas para romperse al cabo de 1000 horas.

Un estudiante me envió hace poco el link al documental que nos aclara este comportamiento industrial, que conduce irremisiblemente a la basura, cual condenado a muerte, impresoras y otros equipos informáticos por lo demás perfectamente utilizables.  Si tienen tiempo, echen un ojo al vídeo que aquí dejamos.

Nuestro moderna sociedad de consuma necesita una profunda revisión.  No se qué tipo de móviles tendrán los acampados “indignados”, ni que televisión tendrán en casa, ni cuántas;  ni con qué frecuencia cambiarán de ordenador, ni la antiguedad de sus reproductores de música.  Sería buen ejercicio hacer una encuesta hoy en la madrileña puerta del Sol.  ¿No será que parte de la culpa del fiasco del modelo no es sólo de fabricantes, empresarios, banqueros y políticos, y que realmente los ciudadanos-compradores tienen sus stock-options de culpa?

Necesitamos leer autores que como Dickens en su épcoa sean capaces de hacer una radiografía a la sociedad actual y proporcionar diagnósticos.  A mediados del XIX, contemporáneos de Dickens consiguieron mirar la realidad de un modo distinto.  El propio Turner, del que ya hablamos en Julio de 2010, fue capaz de captar y plasmar la luz de modo impensable hasta la época, e incluir al espectador en la obra contemplada.  Buen ejemplo, el del mundo del arte bien entendido, para comprender el valor de las cosas, y la necesidad de conservarlas, frente al moderno usar y tirar.  Hoy, más que nunca, necesitamos una nueva reflexión sobre nuestra sociedad y su funcionamiento, y poner el acento en otros valores.

Quizá sirva la crisis para entrar en razón, y descubrir que hay algo más “objeto” del deseo.  La sociedad basada en los valores y el conocimiento, y no en la posesión.

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