Presente perfecto

Título:  El dueño del secreto.

Autor:  Antonio Muñoz Molina.

Editorial:  Espasa.

 

El ejemplar de esta semana pertencea a la colección de narrativa del siglo XX que ABC, con la colaboración del BSCH (sí, sí, los bancos también colaboran con la cultura a veces) editó hace ya varios lustros.  No había tenido ocasión de leer a Muñoz Molina antes:  su prosa merece la pena.

La temática de fondo del libro muy bien cuadra con el actual interés por remover nuestro pasado más bochornoso, en que los unos y los otros, cada uno parapetado en su verdad, hicieron arma arrojadiza de sus principios, y llevaron al país al desastre. A pesar de todo, con el esfuerzo colectivo, la resignación de muchos, y el acuerdo de todos, pasamos página de aquella trágia historia.

Me parece particularmente relevante la descripción de las penurias económicas de los años 70, cuando los jóvenes abandonaban la tradición campesina y se lanzaban a la aventura en la capital.  Qué diferencia tan singular con los jóvenes actuales, holgazanes muchos que pasan las horas fumando al sol en los parques cualquier día del año, con paga en el bolsillo, moto aparcada, y una falta absoluta de interés por nada.

En los 70, nos dice Muñoz Molina, los jóvenes buscaban su trabajo en los anuncios por palabras del ABC, pateando Madrid -para ahorrarse las pesetas del metro- y alimentando el estómago, las más de las veces, con bocadillos de foigras, galletas rancias para desalluno, y sopas claras en los comedores universitarios, aquellos que conseguían cursar estudios superiores.

Nosotros siempre hemos estado en crisis, dicen muchos sexagenarios de hoy, que desde los 70 vienen sufriendo dificultades económicas.  ¿Qué hemos hecho con las nuevas generaciones que llegan al mundo como estrellas en su mundo perfecto: coche, casa, vacaciones y caprichos?  ¿Cómo es posible que hoy nadie hable del esfuerzo necesario para sacar adelante una familia, un país, y una economía?

Buen libro para reflexionar sobre nuestro presente, nuestro pasado, y nuestro papel en la sociedad actual.  Lo perfecto, dicen, es enemigo de lo bueno.  Cierto hoy más que nunca:  es imprescindible nuestro esfuerzo colectivo para volver a una situación razonable, dónde la ilusión sea la guía y faro del esfuerzo y el trabajo.

 

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