El Alcohol

Título: Aterrizaje en la Luna.

Autor: Hergé.

Editorial: Juventud.

Hergé no se complicó su arte imaginando selenitas.  No.  En su lugar tejió una historia basada en las peripecias del viaje lunar, aderezado por complots y efectos gravitatorios, y un inexcusable paseo lunar.  Evitó así cometer errores proféticos.  Muy al contrario, su realista visión del entorno lunar le atrajo el encargo de la revista Paris-Match para documentar la misión Apolo XII.

Apolo XII

Si el realismo domina la aventura, algunos errores de física se cuelan en la historia:  Los cosmonautas (Tintín y compañía) sufren los mismos efectos durante el aterrizaje que en el despegue, un aumento espectacular de peso con efectos idénticos al despegue terrestre.  No aparece en la historia los resultados del cambio de dirección y velocidad del cohete y los efectos reales que debería producir en los ocupantes.

En otro orden de cosas, y entre idas y venidas, el capitán Hadock consigue burlar la guardia, y pasar el whisky por la “aduana”.

Hablando de viajes, y alcohol.  La reciente visita masiva juvenil a Madrid ha sorprendido entre otros al SAMUR este pasado fin de semana.  Dicen los portavoces, que aunque han atendido varios miles de peregrinos por lipotimias (a nadie se le ocurre organizar una jornada mundial de la Juventud en Madrid en pleno mes de Agosto), no han tenido ni un sólo caso de intoxicación etílica.  ¿Alguien puede explicar a las autoridades, cómo es posible que en una concentración de más de 1.000.000 de jóvenes, no haya problemas con el Alcohol?  ¿Alguien puede explicar a padres desesperados por las actitudes y costumbres de muchos adolescentes españoles, cómo este milagro se ha obrado?  Quizá es que estos jóvenes están hechos de otra pasta, y tienen valores y objetivos diferentes a los de muchos de sus congéneres.  Actitudes y valores que les permitieron aguantar el chaparrón.

Es posible que algunos disfrutaran ante la venganza metorológica de la vigilia, que no pareció respetar ni al papa.  Los que buscan el milagro, quizá tienen su punto de mira mal enfocado, y no se dan cuenta que el milagro estuvo de nuevo -como en Caná de Galilea- en el alcohol -su ausencia esta vez- y en el agua -el aguante de los entusiastas.

 

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