Música Celestial

diciembre 27, 2011

Título:  A-life for Music

Autor:  Eduardo R. Miranda

Editorial: A-R Editions

 

No hacen falta encuestas para conocer lo que el público considera propio de las Navidades:  música, cantos populares y villancicos.  También es verdad que desde que los Reyes Magos regalan i-Pads, Xbox y Nintendos, la tecnología intenta desplazar partituras y músicos.  Pero el rey de la Navidad sigue siendo el villancico popular, y basta asomarse a la calle para constatarlo.

Una periodista italiana se preguntaba recientemente sobre el origen humano o divino de la música.  Aunque la tecnología es un trabajo con mucho presente, la música tiene más futuro:  ¿alguien se imagina un cielo lleno de ángeles informáticos conectados a la gran nube?  No;  el cielo debe ser hogar de músicos y coros celestiales, y quizá el músico de oficio, pésimamente pagado aquí en la tierra, se esté labrando un currículo para la vida eterna.

En todo caso, esta temporada terrenal podemos transitarla uniendo música y tecnología, para vivir el presente con una profesión demandada y con la mirada puesta en el futuro.  Libros como el que Eduardo ha editado nos permiten vislumbrar posibilidades musicales que seguramente explotarán en este siglo XXI.  Si la música artesana ha dominado la historia, el futuro vendrá determinado por la mezcla de creatividad artificial y humana, y quién sabe si las nuevas tendencias musicales lleguen al paraiso.

Feliz Navidad Musical y disfruten este Jingle bells de con Sinatra y Crosby.

 

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Superar el nombre

diciembre 16, 2011

Título:  Modelos Meméticos cooperativos para la optimización de problemas combinatorios.

Autor:  Jhon Edgar Amaya Salazar

Editorial:  Universidad de Málaga.

 

Ayer discutí con Jhon.  Divergíamos en los nombres y convergíamos en las ideas de fondo:  Los algoritmos meméticos quizá no lo son,  aunque cumplen su misión.  La segunda parte de la afirmación estaba clara, y Jhon se ha asegurado en su Tesis Doctoral de mejorar propuestas anteriores.  La primera, sobre el nombre, es otra historia.  Vamos por partes.

Los Algoritmos Meméticos deben su bautizo a Pablo Moscato, que actuando como padre y padre (de la criatura y cura que oficia ceremonia del bautizo), eligió este nombre para su propuesta de hibridación de técnicas de búsqueda evolutivas + locales.  Y lo de memético lo tomó prestado del conceptó de Meme, oficialmente presentado a la comunidad en el famoso “Gen Egoista” de Dawkins.  No quiero gastar tiempo ni palabras en este Fundamentalista converso, que hizo de su bandera atea arma arrojadiza en estos últimos tiempos.

Jhon, y muchos otros, utilizan actualmente el término, y ahí estuvo la discusión, si el nombre describe la actividad del Algoritmo.  Particularmente pienso que el Algoritmo no hace justicia al nombre, aunque realiza su tarea, y gracias a trabajos como el de Jhon, van mejorando cada día.  Pero el Meme como concepto es otra cosa, su codificación no es genética, y su utilidad en la supervivencia cuestionable.  No obstante, ya algunos, como Yew-Soon en su reciente artículo de revisión para el número especial del IEEE TEC, reconoce que los hay intentando superar la técnica híbrida inicial y acercarse más a la propuesta de Dawkins.

Pero lo más interesante del trabajo de Jhon, en mi opinión, son los ejemplos.  Y no se trata de la elección de benchmarks adecuados -con la supervisión de sus directores y amigos Carlos y Antonio– lo importante aquí, aunque también.  El trabajo de Jhon es una muestra de la superación personal, del trabajo en equipo y de la importancia de la familia, tan cuestionada en la vieja europa.

Jhon es un estudiante que brilla en un ambiente oscuro, que ha sabido superar la evolución computacional y biológica.  Las leyes de Darwin le concedieron una posición de outlier.  La paradójica falta recursos de cómputo en un país rico -su Venezuela natal, fue  suplida por una enorme paciencia con los experimentos secuenciales.  Las capacidades que la naturaleza olvidó regalarle, fueron suplidas con la perseverancia de él y los suyo:  una familia unida en busca de un objetivo, una mente brillante desplegando ideas y unos padres y hermanos que anticipan cada pensamiento actuando en su nombre.

Enhorabuena Jhon y familia -y a los directores de la Tesis-, y que sirva tu trabajo a otros estudiantes en la “media” como ejemplo para superar nombres y capacidades.

 

 


Weber

diciembre 8, 2011

Título:  Concertino

Autor:  Carl Maria Von Weber

Editorial: Henle Urtex Edition

Nunca está demás el romanticismo, y en estos tiempos de penurias económicas, su música bien podría servir a ratos para olvidar las estrecheces.  En los años 30 la juventud acudía en tropel a las Salas Neoyorkinas a bailar y escuchar Jazz.  Quizá la crisis de hoy sirva para devolver a las bandas y orquestas al lugar que el Midi les robó.   Vamos hoy a aderezar el blog con un poco de romanticismo musical de la mano de Weber.

Aunque no fue miembro de la aristocracia, desde que nació incluyó Weber  “von” en su apellido, heredando una impostura de su padre.  Hijo de un militar retirado reconvertido en productor teatral, sufrió problemas de movilidad que le impidieron caminar hasta que tuvo 4 años.  Franz, padre del Carl, quiso convertir a su hijo en niño prodigio, siguiendo el ejemplo de su sobrino político Wolfgang Amadeus Mozart , casado con Constanze, hija de su hermano Fridolin.  Comenzó así bajo su tutela a estudiar piano y canto.

Weber

Más adelante, y siguiendo las contínuas mudanzas de su familia, estudió primero con el oboista Johann Peter Heuschkel, y más tarde en Salzburg, con Michael Haydn, hermano menor Joseph Haydn.  Comenzó a componer a la temprana edad de 12 años, época en que publicó sus primeras obras.  A los 14 años publicó la ópera The Silent Forest Maiden así como sus priméras críticas musicales.

Su primer éxito como compositor llegó en 1803 con la ópera Peter Schmoll and his Neighbors.  Su talento le hizo conseguir el puesto de director de la Ópera de Breslau.  Un accidente doméstico, ingestión de un ácido que su padre almacenaba en una botella de vino, le tuvo convalenciente dos meses, y arruinó definitivamente sus dotes para el canto.

Los siguientes años estuvieron llenos de problemas, con apropiaciones de fondos indebidas por parte de su padre, que resultaron en acusaciones infundadas para el hijo, y estancia en prisión de ambos por orden del rey, lo que no le impidió seguir componiendo, particularmente obras para misa católica -y acarreando hostilidad de los reformistas.

En su última etapa pasó por Berlín, llegó a dirigir la ópera de Praga y la reputada ópera de Dresden.  Se ocupó entonces de asentar la ópera Alemana en contraposición de la Italiana.  El éxito abonó su carrera, y le permitió seguir componiendo, y en algunos casos, mostró el camino de lo que vendría después:  la obertura de Euryanthe, por ejemplo, anticipa la música de Richard Wagner.

Weber murió de tubeculosis en 1926, después de haber cultivado otros géneros artísticos:  poesía, novela y ensayo.

Weber es particularmente conocido entre los intérpretes de viento:  produjo dos conciertos y un concertino para clarinete -especialmente compuestos para Heinrich Baerman- , un concierto para fagot, y un quinteto para clarinete y cuarteto de cuerda, así como un duo concertante.

Sus tendencias y estilos en orquestación, música vocal, y óperas fueron seguidos y emulados por muchos compositores posteriores.

Y nada mejor para acabar que una interpretación de Weber por una de las más reputadas intérpretes actuales de clarinete:  Sabine Meyer.  A disfrutarlo.


Versiones

diciembre 2, 2011

Título:  Fred Astaire

Autor:  Chema García Martínez

Editorial:  El Pais.

 

Dice un refrán castizo:  “No hay mal que 100 años dure, ni cuerpo que lo resista”.  Nos desayunábamos esta mañana del dos de Diciembre con el augurio de dos años de recesión.  Si los dos últimos han sido malos, mejor no pensar lo que nos espera.  Pero mejor volver la vista atrás y ver que el refrán se cumple.

Los años 20 fueron de locura y dispendio.  Recuerdan, quizá, al último lustro de la década pasada, en que el gasto y el crédito bancario no tenían límites.  Dos versiones de un mismo fenómeno, separadas por 80 años, y seguidas por dos crisis, la del 29, y la que ahora sufrimos sin saber aún su calado real.

Pero incluso en los años 30 hubo ocasión para que la industria del entretenimiento suministrara placebos, y que el público olvidara algunos ratos su desgracia encerrados en las salas de cine.  Y Fred Astaire fue estrella en su época, volcado con el baile, el cine, y a ratos, la canción de jazz.  El libro de hoy es una muestra de sus grabaciones, con algunos temas convertidos en clásicos:  Steppin’ out whit my baby, Let’s call the whole thing off…  Quizá sea este buen ejemplo de las diferente versiones con un mismo contenido, y como la crisis de hoy es una versión más de la de ayer.  Esperemos que la recuperación no requiera del impulso bélico que entonces propició el boom económico.  Más vale acabar con buena música, e imágenes de pistas de hielo y bailarines, muy apropiado para los días Navideños que asoman a la puerta.