Poesía hecha pan.

marzo 15, 2012

Título:  Platero y yo.

Autor:  Juan R. Jiménez.

Editorial: Bruguera.

Aunque a muchos no les gusta soplar velas, la edad es remedio de algunos males:  apreciar buenos libros que fueran lecturas obligadas.  El caso de Platero, junto con el Quijote, son paradigmáticos;  uno por su falta de argumento y otro por su voluminosa factura.  Muchos mayores rechazan su lectura tras traumáticas experiencias juveniles.

Todo estará dicho de Platero.  Personalmente me quedo con la vida hecha poesía, de un pueblo y su discurrir apartado de las grandes urbes, con anónimos personajes que se ganan el pan con su trabajo diario.  Nada de lujos, vacaciones y otros aparejos de la sociedad del bienestar.

Leía hace poco que algunos americanos huyen de las megápolis autodenominanse make-it-yourself.  Son los que recuperan la forma de vida de nuestros abuelos, sus huertos y granjas caseras.  Vecinos que en las páginas de Platero se afanan a diario por el bien de sus familias.  Vida, lugares y protagonistas convertidos en telón de fondo, decorado del deambular de Platero.  No estaría demás que algunos padres de familia actuales volvieran la vista a Platero, y transmitieran a su progenie de más de 16 años -que tras liberarse del yugo educativo se pasan las horas al sol en los parques, en holganza indefinida- la necesidad del esfuerzo y el trabajo para llevarse un trozo de pan a la boca.  Esperemos que algún día se acuerden de Platero y de la necesaria honradez en el trabajo para la prosperidad de nuestra sociedad.

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De dónde venimos, y adónde vamos.

marzo 4, 2012

Título:  El Asno de Oro.

Autor:  Apuleyo.

Editorial:  Club Internacional del Libro.

 

La Real Academia de la lengua, viene una vez más a poner el punto sobre la i:  basta ya de fundamentalismo no-sexista en el lenguaje.  No se dan cuenta algunas que tiran piedras a su tejado, y tras la pancarta de feminista, esconden un guadaña selectiva, que se ceba en quienes defienden.

En aras de la independencia y libertad defienden hoy muchas féminas el aborto, sin considerar el derecho del no nacido, ni del cooperante masculino.  Preguntaba una colega en cierta ocasión a Richard Dawkins la necesidad del género masculino.  Quizá sea bálsamo para ateos practicantes y recalcitrantes feministas el modelo bíblico de salvación, que nos presenta a un Dios hecho niño nacido de Mujer virgen.

No se si la inflacción de la vivienda -engendrada en los años 70- algo tuvo que ver con la incorporación de la mujer al puesto de trabajo, y la cooperación del doble sueldo para la adquisición de un nuevo hogar.  En los tiempos que allá van, el campesino afanado ganaba el pan y pagaba la renta, ahorrando hasta disponerse a comprar vivienda.  Hoy, matrimonios jóvenes sufren para encontrar trabajo, y desesperan por conseguir una hipoteca para su primera vivienda.

Viene todo esto a cuento del Asno de Oro, que tejido con fina pluma y habilidad de cuenta cuentos, nos muestra una época machista, la romana, en que las más de las veces la mujer era antojo y juguete varonil;  época en que las normas sociales y morales permitían todo género de distracción, en perjuicio, las más de las veces, del género femenino.  Y hete aquí, que hace 2000 años surge un movimiento social que aboga, entre otras cosas, por la fidelidad en el matrimonio, y el respeto hacia la mujer, elevandola hacia la igualdad en el matrimonio. Mal que a muchos les pese, el cristianismo trajo al hogar el no-sexismo práctico, exento de quiebra-diccionarios.

En fin, sirvanos Apuleyo y su Asno de Oro como muestra de la cultura de una época, y que a la luz de la historia, nos permite ver de dónde venimos y hacia dónde vamos.