Finzi

mayo 24, 2012

Título:  Five Bagatelles Op. 23.

Autor: Gerald Finzi.

Editorial: Boosey & Hawkes.

Aunque de origen italiano y cuna judía, Finzi se convirtió en exponente del movimiento británico y compuso con frecuencia para la liturgia cristiana.

Nacido en 1901, comenzó de joven sus estudios musicales con Ernest Farrar, y cuando esté emigró por la Guerra, y cuyo fallecimiento en el frente afectó profundamente a Finzi, continuó estudiando con Edward Bairstow en York Minster.

Gran admirador de Thomas Hardy y de la tranquilidad que la belleza del paisaje inglés le transmitía,  en 1922 publicó su primer trabajo, un ciclo de canciones para barítono y cuerda inspirado en los texto de Hardy.

Más adelante, y cansado del aislamiento rural, se trasladó a Londres y estudió con RO Morris, y con Ralph Vaughan Williams, quién dirigió el concierto de Violín de Finzi.  En esta época entabló amistad con otros músicos, destacando Howard Ferguson, cuya amistad mantuvo a lo largo de su vida.  Terminó en esta época la Severn Rhapsody que mereció el premio Carnegie Award.

En 1930 consiguió un puesto en la Royal Academy of Music, puesto que abandonaría más adelante al contraer matrimonio con Joyce Back.  Junto a su esposa trabajó por el reconocimiento del poeta y compositor Ivor Gurney.  También estudiaron y catalogaron música tradicional inglesa.

La segunda guerra mundial impidió el estreno de Dies Natalis, que probablemente le hubiera colocado como compositor de primer nivel antes de lo que realmente sucedió.

5 Bagatelas de FinziEl fin de la guerra, permitió que le llegaran una serie de importantes encargos, entre los que se incluye el Concierto para Clarinete, quizá su obra más conocida, por encargo de Frederick Thurston in 1949.

En 1951 fue diagnosticado de leucemia, con un pronóstico de entre 5 y 10 años de vida, hecho que no afectó su ritmo de trabajo.  Murió un 27 de Septiembre de 1956.  Destaca de esta última época un concierto con su obra en el Royal Festival Hall en 1954.

Su amor por los libros, que influyó en su obra notablemente, componiendo música para muchos de los poemas que tanto admiraba, le permitió reunir a lo largo de su vida 6000 ejemplares de literatura inglesa, que quedó depositada a su muerte en la «Finzi Book Room», en la Biblioteca de la Universidad de Reading.

Gracias al trabajo de su hijo Christopher, y de asociaciones como la Finzi Trust y Finz Friends, la obra de Finzi ha adquirido gran popularidad en el siglo XX.

La música de Finzi es de caracter triste y otoñal, quizá característica del clima y paisaje Inglés que representa, y con una capacidad notable para ajustarse a los textos que acompaña;  quizá por ello las canciones sean tan representativas en la obra de Finzi.


Ave Fénix

mayo 13, 2012

Título:  Por una causa justa

Autor:  Vasili Grossman

Editorial:  Galaxia Gutemberg

La naturaleza maravillosa del Ave Fénix ha permitido a la mitología deslumbrar el imaginario colectivo:  muerte y vida, fuego y aire, cenizas y resurrección.  No existe otro ave con moraleja más suculenta, y viene al caso hoy para hablar de la guerra y la prosperidad del pueblo que se recupera de la misma.

Por una causa justaGrossman va al corazón del hombre, y nos habla de la naturaleza humana, sus pasiones, intereses y anhelos, y como la guerra a veces se interpone entre el hombre y su destino.  Pero sirve también el escenario de la novela, Stalingrado, para recordar que las Guerras Mundiales son resultados de situaciones sociales previas.

Hay quién se refiere a la II Guerra Mundial como la respuesta a la crisis del 29, y como solución y salida para la misma.  Pero leyendo autores como Grossman, uno más bien concluye que quizá la guerra, sea el único vínculo que permitió a un pueblo unirse en la búsqueda de su destino.

Las democracias modernoas asientan su mecánica en la lucha ideológica fratricida, dónde la discusión y el enojo, el enfrentamiento y las envidias son las cartas del juego en el día a día político, y en el que los ciudadanos se enfrentan con palabras haciendo suyos los mensajes de unos cuestionables líderes.  Pocos son los países modernos, civilizados y democráticos que en tiempo de necesidad llegan a una unión completa, más allá de la política o religión, para solventar de manera colectiva los problemas que enfrenta.  Antes bien, prefieren el hundimiento conjunto frente a un éxito del oponente.

No fue la Guerra la solución, sino el reactivo que impulsó la unión del pueblo en una causa común:  el interés nacional.

¿Sería posible prescidir de esta encima tóxica y conseguir sus frutos sin la catástrofe?   Esperemos que los políticos lo entiendan, se entiendan, y nos animen a todos a empujar en una dirección común.  No se si será mucho esperar, o si necesitaremos que se consuman en el incendio que han provocado para abonar la tierra en un nuevo resurgir.  Quizá sea Grecia quien marca el vuelo del Ave Fénix.