El hombre y la tecnología

agosto 31, 2012

Título:  Fundación.

Autor:  Isaac Asimov.

Editorial:

 

En un reciente programa de televisión, nos hablaba un reconocido investigador sobre las emociones universales que la música genera:  expuestos por primera vez a música occidental ciertos habitantes del Camerún, todos expresaron  similares sentimientos a los que un Europeo muestra ante diversos fragmentos musicales:  tristeza, alegría, nostalgia…

Igualmente parece suceder ante las visiones del futuro que los escritores de ciencia ficción nos ofrecen:  difícilmente encontraremos paisajes idílicos en islas remotas, campiñas floridas o bosques y montañas.  Las más de las veces nos muestran un mundo gris de acero y cristal, lleno de robots;  paisajes desérticos en lejanos planetas y tecnología que domina la existencia;  por no hablar de desastres ecológicos o guerras nucleares.  Parece universalmente aceptado por los distintos autores, y sus devotos lectores, que el Reino de Dios en la tierra es una quimera.  Buen argumento para los que se aferran al Apocalipsis y sus 144.000.

Dicho todo esto, hay que reconocer que Fundación de Asimov se lee de un tirón.  Que gris, pesimista (o no), llena de intrigas, revoluciones, imperios y fundaciones, la obra atrapa al lector.  Ahora bien, ni un comentario sobre la música del futuro, ni sobre cómo serán las escuelas, hoy que celebramos aniversario de Maria Montessori.  Si es verdad que como buen trabajador del género nos llena de ciencia estadística su propuesta de análisis histórico.  Pero volvamos a la banda sonora.

La música parece a muchos un don de Dios, y quizá por ello fue la iglesia mecenas y escena de la mejor música en gran parte de la historia.  Si el paraiso está lleno de música, coros y bandas, parece razonable la incosciente elección de Asimov y su Fundación:  nada de música en el purgatorio Universal.  Tampoco vi música en otras novelas reconocidas con el premio Hugo.

Casualidad o no, buen momento para tomar nota:  cuidado con poner al hombre al sevicio de la tecnología (y no al contrario);

 

 


A hombros de electrones

agosto 25, 2012

Título:  Yo, Robot.

Autor:  Isaac Asimov.

Editorial: Editorial Sudamericana.

El siglo XXI probablemente sea el de los robots.  Revolución Industrial, Revolución de la Información, Revolución de los Robots… Esperemos que esta última sea en sentido figurado.

La Ciencia Ficción de Asimov es curiosa, y no vamos aquí a descubrir nada nuevo.  La ausencia de ordenadores en sus primeras obras es sorprendente, así como su capacidad de plantear una ecuación difícil de resolver:  ¿Qué sucederá el día que los Robots sean nuestros compañeros de fatiga?


No llega Asimov a presentar robots tipo Nexus 6 (ni el mundo cyberpunk de P. K. Dick);  tampoco plantea problemas relacionados con la consciencia.  Pero pero aún así, sus tres leyes robóticas dan juego para plantear problemas de lógica interesante.  Asimov permite al lector entender que un futuro incierto nos aguarda;  ya no se discute la futura presencia de robots en nuestras vidas: habrá robots, muchos robot, y tanto sus capacidades  “mentales” como las de sus hermanas las computadoras seguirán una progresión ascendente cuyo fin no se vislumbra.

Este es el primer e-book que leeo en un e-reader, y aunque en algunos momentos he podido olvidar el medio, las más de las veces hecho de menos las estímulos sensoriales que el libro de papel “emite”.  El e-reader es una carcel sensorial muy apropiada para este tipo de lecturas.

No tengo claro que este futuro tecnológico sea panacea de mal alguno. La mejora de la sociedad nos ha llevado a hacer el camino a hombros de electrones, computadoras y robots.  Esperemos que no se trate de un callejón sin salida.


Crimen y castigo

agosto 21, 2012

Título:  La Verdad de Guadalupe.

Autor:  Eduardo Chávez.

Editorial:  Ediciones Ruz.

 

La evolución de la ética y moral de los pueblos tiene idas y vueltas.  Cuando en el siglo XVI los misioneros españoles conocieron las costumbres y creencias del pueblo Mexica, que incluía la llamada “guerra florida”, sufrieron una conmoción tan brutal que no pudieron encontrar en su origen a otro más que al propio diablo.

Difícil fue entender para aquellos evangelizadores la presencia de 17.000 calaveras en el templo mayor, fruto de la ofrenda a los Dioses de sus botines de guerra:  prisioneros necesarios para mantener el universo en marcha.  El motivo fundamental de la guerra para ellos era precisamente éste,  el sacrificio a los Dioses de los corazones extraídos a los desconsolados cautivos.

Hoy se juzgan los hechos de otro modo, y aunque aún resulta repulsiva tan tremenda ceremonia, se dispone -gracias a los propios misioneros de la época- de un legado histórico-cultural que analiza los modos y maneras de aquel pueblo, su lengua, cultura y tradición.

Precisamente este libro narra el milagro Guadalupano, considerado de manera amplia como fenómeno de inculturación, que utiliza elementos tradicionales de la cultura precolombina así como de los europeos que llegaban.

Aunque carece el autor de la necesaria pericia al utilizar la puntuación correcta en múltiples ocasiones, provocando a veces el enojo de este paciente lector, sirve este libro para conocer la historia de un pueblo en un momento concreto de confrontación con occidente, y la impotencia de unos afanados misioneros que eran sistemáticamente desmentidos en su predicación por la incoherencia e hipocresía de los cristianos Españoles que les acompañaban.  Cuando ya se daba por perdida la cosecha espiritual, sucedió el milagro, literalmente.

Por cierto, interesante los discursos recopilados en múltiples documentos históricos, sobre los discursos de los ancianos -sabios- a las jóvenes en estado de buena esperanza:  remedios, cuidos y consejos para el buen desenlace y culminación del embarazo en el nacimiento de un nuevo retoño.

Nada que ver con la actual e imperante cultura de la eutanasia y aborto, que hunde sus garras en la sabiduría de nuestro mayores y en la esperanza del no nacido.  En el crimen está el castigo, en el pecado la penitencia.  Esperemos que pronto nuestra sociedad reconozca su yerro.


Por Ende

agosto 12, 2012

Título:  La historia Interminable.

Autor:  Michael Ende.

Editorial:  Alfaguara.

A mediados de los 80 tuve la oportunidad de leer esta obra sin fin.  Treinta años después he retomado este clásico juvenil, que Alfaguara sigue editando con la calidad de antaño.

Entre otras curiosidades, nos ofrece Ende la paradoja de la biblioteca interminable:  con tiempo suficiente (infinito) un proceso aleatorio podría generar todas las obras de literatura conocidas, y las que están por venir.  Aunque no es un tema original, Aristóteles lo proponía y Borges nos lo recuerda, bien está para que el joven lector reflexione.

Entre surrealismo y fantasía, la obra de Ende muestra la verdad de la infancia frente al mundo adulto, y aborda temas clásicos con una mirada nueva.

Muerte y resurrección, enigmas propios de múltiples culturas, son utilizados aquí como mecanismo generador.  La destrucción como germen de un mejor futuro.  Consuelo necesario para la incertidumbre presente.

Enlazamos una vez más hoy con la muerte y su música.  No sólo los novelistas trabajan este misterio.  También los grandes compositores se han inspirado para convertir tan macabro tema en obra monumental:  la muerte como ofrenda y vínculo a la nueva vida.  Si la pasada semana nos referíamos a Fauré y su Requiem, acabamos hoy con el Kyrie Eleison del Requiem de Mozart, cumbre en su estilo

Disfruten esta interpretación del Coro del Conservatorio Oficial de Música de Almendralejo, en el incomparable marco de la Iglesia de Ntra Sra de la Purificación, capilla Sixtina de Extremadura.


Un don de Dios

agosto 4, 2012

Título:  This is Your Brain on Music

Autor:  Daniel J. Levitin

Editorial:  Plume

 

Esto libro brega con el misterio.  No hay acuerdo unánime sobre el porqué de la música, y nuestra capacidad cerebral para entenderla y disfrutarla.

El libro se lee de un tirón, y permitió al autor -músico reconvertido en científico- colocarse como finalista en Los Angeles Times Book Prizes, y su obra en el New York Times Bestseller.  Aunque no me gustan los Bestsellers, hay que reconocer que el libro se hace entender, y eso atrajo al público-comprador.

Entre otras muchas cosas, cuenta el autor como en una charla, Steve Pinker, muy conocido psicólogo experimenal del MIT, tuvo la osadía de espetar al respetable con la idea de que la música era un accidente evolutivo, un “spandrel” (tímpano) en palabras de Jay Gould.

El tímpano es un resultado arquitectónico fruto del uso de dinteles y arcos, y que generan como subproducto un espacio triangular que habitualmente se decora.  Este espacio decorativo no previsto, y que a la postre puede resultar tan interesante como el propio arco o el dintel, es el accidente arquitectónico al que se refieren tanto Gould como Pinker.

La afirmación del psicólogo fue controvertida para los musicólogos que abarrotaban la sala.   Aún así, hay algo de cierto en la afirmación:  de un modo u otro la experiencia musical es un regalo, un don de Dios para muchos.  Quizá por esto la música religiosa haya tenido una importancia capital en la cultura occidental.   La historia de la música está abarrotada de composiciones religiosas.

Hace dos día, tuvimos la oportunidad de asistir en la Iglesia de Piedra, en Ensenada, al Requiem de Fauré, compositor considerado de estilo clásico, y cuya obra más célebre, el requiem, le permitió enfrentrarse a otro enigma fundamental:  la muerte.

Fauré se declaraba no creyente, pero fue sucesor de su maestro Saint-Saëns como organista en La Madeline, y acabó siendo el maestro de coro en 1896.   Durante más de 40 años trabajó como músico de iglesia y en 1905 fue nombrado director del Conservatorio.

Además del propio Requiem, su Pavane para orquesta es imprescindible.  Sirva hoy como punto final y muestra de lo que muchos consideramos un don de Dios: la música y nuestra capacidad para percibirla.