Un don de Dios

Título:  This is Your Brain on Music

Autor:  Daniel J. Levitin

Editorial:  Plume

 

Esto libro brega con el misterio.  No hay acuerdo unánime sobre el porqué de la música, y nuestra capacidad cerebral para entenderla y disfrutarla.

El libro se lee de un tirón, y permitió al autor -músico reconvertido en científico- colocarse como finalista en Los Angeles Times Book Prizes, y su obra en el New York Times Bestseller.  Aunque no me gustan los Bestsellers, hay que reconocer que el libro se hace entender, y eso atrajo al público-comprador.

Entre otras muchas cosas, cuenta el autor como en una charla, Steve Pinker, muy conocido psicólogo experimenal del MIT, tuvo la osadía de espetar al respetable con la idea de que la música era un accidente evolutivo, un “spandrel” (tímpano) en palabras de Jay Gould.

El tímpano es un resultado arquitectónico fruto del uso de dinteles y arcos, y que generan como subproducto un espacio triangular que habitualmente se decora.  Este espacio decorativo no previsto, y que a la postre puede resultar tan interesante como el propio arco o el dintel, es el accidente arquitectónico al que se refieren tanto Gould como Pinker.

La afirmación del psicólogo fue controvertida para los musicólogos que abarrotaban la sala.   Aún así, hay algo de cierto en la afirmación:  de un modo u otro la experiencia musical es un regalo, un don de Dios para muchos.  Quizá por esto la música religiosa haya tenido una importancia capital en la cultura occidental.   La historia de la música está abarrotada de composiciones religiosas.

Hace dos día, tuvimos la oportunidad de asistir en la Iglesia de Piedra, en Ensenada, al Requiem de Fauré, compositor considerado de estilo clásico, y cuya obra más célebre, el requiem, le permitió enfrentrarse a otro enigma fundamental:  la muerte.

Fauré se declaraba no creyente, pero fue sucesor de su maestro Saint-Saëns como organista en La Madeline, y acabó siendo el maestro de coro en 1896.   Durante más de 40 años trabajó como músico de iglesia y en 1905 fue nombrado director del Conservatorio.

Además del propio Requiem, su Pavane para orquesta es imprescindible.  Sirva hoy como punto final y muestra de lo que muchos consideramos un don de Dios: la música y nuestra capacidad para percibirla.

 

 

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