Crimen y castigo

Título:  La Verdad de Guadalupe.

Autor:  Eduardo Chávez.

Editorial:  Ediciones Ruz.

 

La evolución de la ética y moral de los pueblos tiene idas y vueltas.  Cuando en el siglo XVI los misioneros españoles conocieron las costumbres y creencias del pueblo Mexica, que incluía la llamada “guerra florida”, sufrieron una conmoción tan brutal que no pudieron encontrar en su origen a otro más que al propio diablo.

Difícil fue entender para aquellos evangelizadores la presencia de 17.000 calaveras en el templo mayor, fruto de la ofrenda a los Dioses de sus botines de guerra:  prisioneros necesarios para mantener el universo en marcha.  El motivo fundamental de la guerra para ellos era precisamente éste,  el sacrificio a los Dioses de los corazones extraídos a los desconsolados cautivos.

Hoy se juzgan los hechos de otro modo, y aunque aún resulta repulsiva tan tremenda ceremonia, se dispone -gracias a los propios misioneros de la época- de un legado histórico-cultural que analiza los modos y maneras de aquel pueblo, su lengua, cultura y tradición.

Precisamente este libro narra el milagro Guadalupano, considerado de manera amplia como fenómeno de inculturación, que utiliza elementos tradicionales de la cultura precolombina así como de los europeos que llegaban.

Aunque carece el autor de la necesaria pericia al utilizar la puntuación correcta en múltiples ocasiones, provocando a veces el enojo de este paciente lector, sirve este libro para conocer la historia de un pueblo en un momento concreto de confrontación con occidente, y la impotencia de unos afanados misioneros que eran sistemáticamente desmentidos en su predicación por la incoherencia e hipocresía de los cristianos Españoles que les acompañaban.  Cuando ya se daba por perdida la cosecha espiritual, sucedió el milagro, literalmente.

Por cierto, interesante los discursos recopilados en múltiples documentos históricos, sobre los discursos de los ancianos -sabios- a las jóvenes en estado de buena esperanza:  remedios, cuidos y consejos para el buen desenlace y culminación del embarazo en el nacimiento de un nuevo retoño.

Nada que ver con la actual e imperante cultura de la eutanasia y aborto, que hunde sus garras en la sabiduría de nuestro mayores y en la esperanza del no nacido.  En el crimen está el castigo, en el pecado la penitencia.  Esperemos que pronto nuestra sociedad reconozca su yerro.

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