Historia de una isla

septiembre 26, 2012

Título:  History of Australia.

Autor:  Tony Robinson

Editorial:  Penguin/Viking

Este libro llega al blog por su precio,  5 dólares australianos en saldos.  Nunca lo habría comprado de otro modo:  un libro de historia escrito por un personaje de ¿televisión?  Eso es lo que pensé cuando en Brisbane, hace 3 meses, cayó en mis manos.  Pero tampoco necesitaba la Enciclopedia Británica para aprender algo sobre la historia de Australia.

Australia

Resultó luego, que el autor de marras, Tony Robinson, es un conocido actor británico -no australiano- que protagonizó junto Mr Bean  La víbora Negra , lo que ya de por sí es un aval.  Parece además Tony Robinson interesado particularmente en la historia y ha participado en programas destinados a público infantil, lo cual es un mérito en los tiempos que corren.

Pongamos un pero:  su reiterada aparición en las imágenes que acompañan el texto del libro recuerda una experiencia habitual por demás:  la de aquel infatigable e insufrible compañero de aulas que acompañaba de la mano -casi- al profesor en cualquier visita cultural, y acaparaba el objetivo en las fotos de rigor.

A pesar de todo, el libro permite una primera aproximación histórica a una isla-continente y sus gentes.  Conocer el origen de una sociedad como la Australiana -nacida de un grupo de la peor estofa británcia- bien muestra una experiencia ya conocida.  La genética de poblaciones permite lo mejor y lo peor;  y así, de un selecto grupo de presidiarios puede surgir una sociedad modelo.

Ojo con el argumento inverso:  una sociedad modélica, con servicios y protección social y derechos múltiples y universales, también puede dar lugar gracias a la genética poblacional -y al interés de algunos- a un porvenir desastroso.  Cuidado con nuestra vieja Europa y su futuro.

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La tecnología del futuro

septiembre 22, 2012

Título:  El Fin de la Eternidad.

Autor:  Isaac Asimov.

Editorial:  Ediciones Martínez Roca.

Nadie sabe a ciencia cierta que pinta tiene la Eternidad.  Los creyentes confían en ella sin plantearse su principal problemática:  cómo evitar el aburrimiento con tanto tiempo por delante.  Pero hay que reconocer que en la España actual muchos se están entrenando:  piaras juveniles tomando el sol en los parques los días laborables, para llegar frescos a las noches sabáticas con subvención paterna;  fagocitadores incansables de engendros televisivos  que ideados por nuestros gobernantes sirven para drogar las neuronas e impedir un pensamiento crítico de la situación que vivimos.

Gran parte de la Ciencia Ficción hace revolverse al lector ante un panorama siniestro. Aparte de paradojas temporales bien servidas y aderezadas en esta obra, echa uno en falta un plan de pensiones futuro, algo que permita pensar en el siglo siguiente con tranquilidad.  Quizá falta a los autores fe:  fe en el género humano que permita una mejora auténtica de la humanidad;  y falta de fe en Dios que nos consuele en las llanuras eternas ante tanta incapacidad propia.

Ojalá que no lleguemos perder la fe y sigamos esforzándonos, ora et labora, por una mejor sociedad futura.