El Divino

octubre 17, 2012

Título:  Miguel Ángel.

Autor:  Gilles Néret.

Editorial:  Taschen.

El genio de Miguel Ángel es indiscutible.  Su perfección artística se consumó igualmente en su arte predilecto, la escultura, y en el que se le impuso, considerado por él como menor, la pintura.  Su modo de ver y entender la vida y las relaciones humanas influyó su obra notablemente.

La lectura de un libro como el de hoy, puede bien servir para reflexionar sobre un par de hechos notables:  los grandes hombres renacentistas eran polifacéticos, y una verdadera formación actual -justo cuando nos acaban de refregar de nuevo los informes sobre el fracaso escolar en España- implica un conocimiento profundo de ciencias, artes y letras.

Por otro lado y no menos importante:  las grandes obras de hoy, fueron inversiones del pasado.  Si España, Italia, Francia y otros países Europeos tienen un PIB grandemente influido por el turismo, es en parte gracias a los grandes mecenas del renacimiento, nobles, iglesia, reyes o burguesía posterior.  Las grandes fortunas invertidas -que en su tiempo quizá fuera considerado un derroche- fue una herencia que nos dejaron, y un apoyo a los genios de la época.

Hoy son los gobiernos, a través de nuestros impuestos, fundaciones, bancos y grandes fortunas las que invierten en arte.  No pongamos en duda la necesidad de invertir, pero sí exijamos que se apoye a los artistas verdaderos, y no a los mequetrefes embaucadores y promotores de las burbujas artísticas de la decadencia.

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Muchos Gatos por liebre

octubre 7, 2012

Título:  Kafka en la orilla.

Autor:  Haruki Murakami

Editorial:  Tusquets.

 

Con este comentario no pretendo alinearme con nadie, ser vocero de otros o hacer oposición alguna.  Hacía tiempo que quería leer a Murakami,  hasta hoy.  Me recomendaron Kafka en la orilla, y con este título interrumpí una insípida novela de Julio Verne -no todas las suyas son obras maestras.

Murakami es capaz de atrapar al lector con su prosa, que teje con maestría;  posee una característica voz propia y notable capacidad para construir una trama sugestiva.  Por otro lado es un autor que trata de verter sus conocimientos en el texto.  Quizá con el mismo título ha querido que el lector busque lo que no hay:  temas kafkianos con mensaje.  En fin, que Murakami cumple con las normas y no digo yo que no merezca premios como escritor.

Ahora bien, Kafka en la orilla es cuanto menos una decepción, y en el peor de los casos una pérdida de tiempo.

La historia del joven que huye recuerda al protagonista de “El Guardián entre el Centeno”, pero la obra de Murakami, al contrario que la de Salinger, que ha sido  durante generaciones libro de lectura obligatoria en Secundaria, es todo menos recomendable para un adolescente:  historias explícitias de incesto, promiscuidad y señoritas de compañía, maltrato animal y asesinato.  Nada de textos sugestivos, sino detalles morbosos que hagan revolverse a cualquier joven lector.

¿Cual es el objetivo del señor Murakami?  Las dotes narrativas pueden expresarse de muy diversos modos.  Pongamos un ejemplo:  podemos describir la cultura Mexica sin relamernos con los pormenores del sacrificio humano.  Murakami se ve que busca un objetivo distinto aquí.  Poco le importa la historia, que deja sin solución.

Una interesante historia que alguien podría incluir en el realismo mágico, o en el surrealimos, acaba mal resuelta, y peor terminada.  No hay solución al planteamiento de la obra, y si el lector se encuentra atrapado durante la lectura, sufre una decepción definitiva al llegar al final.

En resumen, y en términos estándar, leer esta novela es en el mejor de los casos perder el tiempo.  Con esta historia con gatos, nos han dado gato por libre.

Good bye señor Murakami.