Un minuto

Título:  El Gran Gatsby.

Autor: Francis Scott Fitzgerald.

Editorial: Alfaguara.

En mis años de bachillerato tuve la ocasión de escuchar una versión estelar del El Gran Gatsby: tan condensada como el nucleo de una estrella, el Gran Gatsby se ofrecía en un minuto de narración.  El record Guiness en velocidad de lectura en inglés de la época, se dedicaba a grabar versiones super reducidas de grandes títulos en poco más de 60 segundos;  y la falta de talento de nuestra profesora de inglés era suplida por la endiablada verborrea del personaje.  Recuerdo el comienzo:  “Daisy and her husband Tom, who are both very rich, invited….”  Sabía que era una historia de ricos dándose la gran vida.  Poco más.  Desde entonces el título ha estado durmiendo en mi mente hasta que he logrado conectar la época de la trama, con las aventuras artístico/musicales que surgieron en Estados Unidos en los años 20: el Art Deco, y el Jazz.

Esta novela de Fitzgerald, considerada como clave en la narrativa contemporanea, admite todo menos la velocidad.  Su lectura tranquila y meditada permitirá degustar el estilo del autor, y la profudidad de alguno de sus mensajes.  Baste como prueba el ṕarrafo de obertura:

Cuando era más joven y más vulnerable, mi padre me dio un consejo en el que no he dejado de pensar desde entonces.  “Siempre que sientas deseos de criticar a alguien -me dijo- recuerda que no a todo el mundo se le han dado tantas facilidades como a ti”.

Los años 20 fueron preludio embriagador a la crisis venidera.  El despilfarro, la disipación y la falta de profunidad de los valores fueron síntomas de la enfermedad latente.  Hoy como entonces estamos sufriendo un mal incubado durante años, la enfermedad del rico nuevo y la inevitable penitencia del hijo pródigo, quien habiendo dilapidado la herencia recibida, se enfrenta a la miseria sin esperanza.  Pero el hijo pródigo recordó a su padre, y es un mensaje paterno el que introduce al lector en el Gran Gatsby.

Sin importar lo mucho o poco que en cada momento disfrutemos en nuestra sociedad occidental, y a pesar de la crisis, siempre será más de lo que la mayoría en el mundo dispone.  Aunque puede que no sirva de consuelo, bien merece El Gran Gatsby un minuto de reflexión.

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