Paliza de Seguros

Título:  El color de la magia.

Autor:  Terry Prachett.

Editorial: Debolsillo.

Alan Poe 1, Terry Prachett 0.

Asimov 1, Terry Prachett 0.

Terry Prachett 0, Lovecraft 1.

Mery Shelley 1, Terry Prachett 0.

Terry Prachett 0, Tolkien 1.

Lo siento, pero no veo por dónde cogerle, siendo lector asiduo de la ciencia ficción.  Lo único que me ha hecho cierta gracia del libro es la “paliza de canguros”, con la que el traductor español supongo que sigue el juego al original en inglés para cachondearse de los seguros.  Apuestas, según la descripción en el libro:  una compañía apuesta contra ti (y siempre gana) por eso de la estadística de los grandes números.  Las compañías ganan mucho dinero a cambio de que el público esté más tranquilo.  Y esto es en general así, e incluso te atienden, a veces, cuando les necesitas.  Pero no siempre.

Sin ir más lejos, y por una cuestión de fechas, Direct Seguros, se negó a reconocer que un seguro de automóvil estaba en vigor, aún habiendo recibido el pago del seguro (unos 40 días después del vencimiento, pero dentro de los seis meses en los que aún se tiene derecho al restablecimiento del mismo, según las condiciones generales del seguro).  Conclusión:  multa de tráfico, protesta del asegurado ante la compañía y …. “lo lamentamos mucho, pero no podemos reconocer que el seguro estuviera en vigor”.

Y la pregunta es:  ¿Por qué al cliente no le hacen caso y a la oficina del consumidor sí?  El asegurado, quien suscribe, interpuso una denuncia en la Oficina Municipal de Información al Consumidor, y en menos de 15 días le devolvieron el dinero y le abonaron el importe de la multa.  Total, más de 700€, que se dice pronto.

En el comercio tradicional, la máxima rige:  El cliente siempre tiene la razón.  Si el empresario se equivoca en el precio al marcar una prenda y el cliente quiere abonarla, nunca sucederá que le cobren el precio correcto.  El empresario asume la pérdida y se gana al cliente.   En los nuevos tiempos, el cliente nunca tiene la razón,  y a menos que entre en litigios, el empresario nunca reconocerá el error, ni dejará de ganar unos céntimos mientras pueda.

¿Qué hemos hecho en el mundo globalizado, los negocios telefónicos y las compras por internet para merecer tal castigo?  Afortunadamente no todas las empresas funcionan así, y quizá algunos empresarios modernos tuvieran abuelos en la tienda del barrio que sí estudiaron la sicología del cliente sin haber cursado en la universidad.

En fin, tomen nota y reclamen cuando lo necesiten.  No merecemos la paliza que de seguro nos dan muchas compañías que dicen preocuparse de nosotros.  Incluyendo las aseguradoras.

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