La búsqueda de la Verdad.

Título:  The Language of God.

Autor:  Francis S. Collins.

Editorial:  Free Press.

 

La vida es una caja de sorpresas.  Para el joven Francis S. Collins hubiera sido difícil adivinar su futuro, cuando sus estudios de doctorado estaban lejos del gran proyecto que luego dirigió, El proyecto Genoma Humano;  y cuando su visión atea del mundo difícilmente le hubiera permitido prever su futura búsqueda de la revelación.  Pero al contrario que otros, Collins siempre estuvo interesado en la búsqueda de la verdad, y no evitó hacerse preguntas trascendentales, reflexionar sobre ellas y buscar las fuentes que le permitieran contestarlas.

La mente de Dios.

El libro de hoy se dirige a múltiples lectores:  creyentes que no consiguen aún compatibilizar su fe con la ciencia; científicos siempre dispuestos a evaluar qué creen y porqué; ateos con interés en el mundo de la ciencia …  Pero seguramente nada sacará de él un extremista, ya se fundamentalista creyente o ateo beligerante.

Collins parte de su experiencia personal para analizar el camino de la búsqueda de la verdad por dos caminos diferentes:  el de la ciencia primero, y el de la fe después.  Como científico ateo, fue consciente pronto de la imposible respuesta que la ciencia podía ofrecer a las cuestiones trascendentales:  El porqué del Universo, el porqué de la existencia, y el objetivo último de su consciencia personal…   y cómo una inmensa mayoría de culturas, tradiciones, y en definitiva, personas que habitan el mundo, responden a estas preguntas desde la fe.  La necesaria respuesta para éste deseo trascendental, esta profunda sensación de incompletitud que todo ser humano siente en algún momento de su vida, no encuentra su respuesta en la ciencia.

Collins, gracias al proyecto que dirigió, es uno de los científicos más cualificados para hablar de la teoría de la evolución, corroborada mediante el estudio estadístico de la presencia y posición de genes en los genomas de las múltiples especies que habitan la tierra.  Pero al contrario que el recalcitrante Dawkins, nos muestra como algunos comportamientos humanos se salen del modelo:  El altruísmo demostrado por Teresa de Calcuta acogiendo y acompañando a los moribundos en sus últimas horas queda lejos de los ejemplos con los que Dawkins quiere demostrar como las hormigas son el mejor ejemplo para entender la evolución del altruismo humano.

Así pues, Collins experimentó en primera persona la incapacidad de la ciencia actual o futura para resoponder a cuestiones últimas, la profunda carencia que experimenta el ser humano, y algo más:  la llamada interior de una ley moral que todo hombre siente y le previene y advierte, indicándole el camino del bien y del mal.  Incluso para los que defienden el relativismo moral y excluyen la universalidad de esta ley, su falta de razonamiento lógico le impide ver su posible equivocación:  Si todo es relativo, su propio relativismo puede ser relativo, abriendo la puerta a una ley moral fundamental.  Collins siente esta ley moral tan fuerte como la ley de la gravedad, aunque surgiendo de una realidad más profunda.

Con estos mimbres, Collins inició un camino que le llevó a estudiar lo que otros dicen de Dios, buscar el Dios que mejor responde a la lógica según la tradición científica, y que a la vez sea compatible con esa verdad científica.  Citando a Juan Pablo II, nos recuerda que si el Universo y la vida fueron creados por Dios, y Dios nos dio la capacidad de razonar, nuestro razonamiento profundo y sincero debe conducirnos a una verdad científica que sea compatible con la verdad que nos muestre el camino de la fe.  La verdad no puede ser contraria la Verdad.  Collins llegó así a la fe en Dios, y no un un Dios cualquiera que se olvida del hombre, sino en un Dios que necesita del hombre.

Y una vez Collins descubrió este otro camino de la verdad, también planteó en su terreno la preguntas más difíciles de contestar:  el mal del mundo, porque Dios parece permitirlo…  preguntas que también surgieron de experiencias personales, tal como el asalto y posterior violación que sufrió una hija.

Pero en fin, mejor nos desvelar más el misterio.  Es una suerte que gente que ha recorrido este camino acompañado del razonamiento científico lo cuente, para evitar que otros ruidosos y beligerantes pretendan hacernos creer que Dios es incompatible con la mente científica, y que un científico que se declara creyente comete suicidio científico.

 

 

 

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