Las notas y la música.

diciembre 12, 2014

Título:  Ha estallado la paz.

Autor:  J.M. Gironella.

Editorial:  Círculo de Lectores.

Aunque esta obra es completamente prescindible, por lo que luego comentaré, siempre se puede  justificar a posteriori una lectura.  En este caso tengo dos motivos, que aunque no la salvan, permiten al menos evitar la sensación del tiempo perdido.  En primer lugar, y esto vale para todas las “series” de la literatura, está lo que podríamos llamar “impronta” o tendencia hacia lo conocido:  cuando un lector se ha habituado a la vida y milagros de un personaje, siempre existe la tendencia a continuar indagando en sus nuevas peripecias.  Comentaba hace unos meses con un familiar mi etapa final en la obra de Gironella, y los motivos que encontraba para abandonarla sin finalizar.  La razón que me dio fue exactamente la misma por la que comencé a leer el tercer volumen:  una vez ha entrado uno en la familia de Ignacio, protagonista de la saga, y sus aventuras por Gerona, el afán por concluir su odisea contrarresta en gran medida las carencias del autor.   Así se explica el éxito editorial de Gironella, y de otros tanto autores olvidable.

Ha estallado la paz.

En segundo lugar, y esto tiene más enjundia:  la lectura de “Ha estallado la Paz” permite conocer datos de la época que hoy nos puden parecer sobrecogedores:  lás más de tres mil muertes de parturientas en España al año, o el infierno que encontraron los emigrantes políticos que buscaban en Rusia el paraíso comunista, por poner dos ejemplos.

Dicho esto, hay que reconocer que el autor bien podría permanecer en el anonimato.  Porque escribir escribe, como cualquier persona con una correcta educación en España.  Pero de eso, ha hacer literatura hay un abismo.  El mismo que el que encuentran los jóvenes estudiantes de música.

Dice con frecuencia el profesor al estudiante avezado que ha conseguido dominar con soltura la mecánica del instrumento y se enfrenta a una partitura:  Ahora ya tocas las notas.  Pero necesitamos más;  hace falta que hagas música.  Esta frase inexplicable se convierte con los años en norma de conducta:  una cosa es emitir sonidos, notas, y otra que el oyente sienta la emoción musical.  De igual manera, y lamentablemente, los niños salen del colegio sabiendo leer, pero de ahí a ser capaz de proclamar o dar un discurso emocionando al oyente hay un abismo.  Un abismo al que Gironella es incapaz de asomarse.

Una pena que a esta novela esté le falte la música, aún estando llena de notas.