El gran Duque

enero 26, 2015

Título:  Duke.  A life of duke Ellington.

Autor:  Terry Teachout.

Editorial:  Gotham Books.

Si preguntamos a cualquier aficionado al jazz, medianamente leído, como dicen en mi pueblo, u oído, como corresponde al caso, por unas cuantas figuras claves en la historia de esta música, y simultáneamente preguntamos a músicos especialistas en los grandes compositores del siglo XX, con particular interés en los compositores americanos, seguramente haya un solo personaje común en ambas respuestas:  Duke Ellington.

Duke Ellington fue el niño mimado de una familia de color acomodada y residente en Washington D.C., que llevó a sus padres consigo en busca de una mejor vida cuando el éxito le acompañó, que fue prácticamente siempre y durante más de cuatro décadas consecutivas.  Fue uno de los pocos músicos-compositor-arreglista cuya gran orquesta, Big Band, nacida en la época del swing, fue capaz de resurgir de las cenizas provocadas por la marcha de músicos, o por los inevitables cambios de la moda musical.  Con ayuda de otros, principalmente de Billy Strayhorn, quién por otra parte prefirió siempre estar en un discreto segundo plano pero con habilidades compositivas compitiendo con las de su líder, se las arregló para producir una memorable producción discográfica.  Algunos ven en el modo de trabajar de Duke, que en ocasiones fagocitaba el crédito de sus colegas, la más auténtica naturaleza del jazz:  grupal e improvisadora.

Libro recomendable para cualquiera que esté dispuesto a evitar una visión edulcorada de Duke Ellington, y admirar al genio comprendiendo sus miserias.

Aquí les dejamos uno de los temas que sin ser propiamente de Duke, acompañó sus actuaciones durante décadas:  Take the A train, una ruta GPS, que diríamos hoy, compuesta por Billy Strayhorn cuando en su camino hacia el hogar de Duke decidió componer un tema que incluía los lugares que recorría.  A disfrutarla.

Anuncios

La catedral de París.

enero 6, 2015

Título:  Nuestra Señora de París.

Autor:  Victor Hugo (ilustracioes Benjamin Lacombe).

Editorial:  Edelvives.

Siempre nos quedará París, que decía aquel;  y el comienzo de año es una excusa como cualquier otra para volver a visitarlo, aunque sea a lomos de un clásico como el que Victor Hugo nos presenta.

Edelvives publica la obra en esta ocasión con apuesta segura: acompañado de ilustraciones tan magníficas, y a la vez alejadas del Jorobado de Notredame de Disney, como estas que Benjamin Lacombe ha hecho surgir envueltas de una inquietante atmósfera gótica.  Muchos jóvenes lectores de hoy, dejan marcar el ritmo de sus lecturas por los pinceles de Lacombe.

Esmeralda.

La novela de Victor Hugo es una obra con mayúsculas, y la sorpresa para los aficionados a Disney es mayúscula cuando avanzando en la historia la divergencia se acentúa, tanto en la trama, psicología de los personajes, y a la postre desenlace inesperado.

Entre las muchas sorpresas que ha deparado la obra al que suscribe, no causa poca satisfacción y hace surgir la sonrisa, cuando el hartazgo del asunto catalán llega a su culmen para muchos compatriotas, la pésima opinión que Victor Hugo desliza al comienzo de la obra sobre el pueblo catalán, cuando analiza el origen y razón del comportamiento y maneras de cierto colectivo que la corrección política no permite describir aquí.  Si en otras circunstancia hubiera sido motivo de desdén hacia el autor francés, la actualidad cambia el color del comentario.

Trata también Victor Hugo a través de los personajes uno de los mayores enemigos de la familia actual, hoy que el índice de matrimonios rotos en EEUU es un 62%, y origen de escándalos múltiples en la iglesia de todos los tiempos:  la incapacidad del hombre, entiéndase género masculino, para dominar sus pasiones.  Tanto el clérigo corrupto como el doncel agraciado van cultivando la desgracia de la joven protagonista.   A pesar de los esfuerzos de nuestro jorobado, Esmeralda discurre por un camino sin retorno.

Pero París bien vale esta libro, y Notre Dame es un marco incomparable para su desarrollo.  Victor Hugo no sólo tejió una historia memorable:  a través de Esmeralda y el Jorobado escribió una oda a la arquitectura y a la catedral más conocida y visitada de París, y quién sabe si del mundo.