En cuerpo y alma

Título:  Coleman Hawkins – Maestros del Jazz.

Autor:  Miquel Jurado (textos).

Editorial:  Diario el País.

Dicen que el sonido del saxo en el Jazz fue definido por este peculiar genio de la música, cuando una tarde del 11 de octubre del 39 entró a grabar en los estudios RCA Victor de Nueva York.  Hasta entonces el saxo tenor había sido otra cosa, un instrumento utilizado por las bandas militares, que en su desbandada tras la guerra de secesión quedó inutilizado y a disposición de los músicos aficionados.

Hoy día, Jazz y saxo son sinónimos, y en gran medida gracias a Hawkins y su body and soul, cuerpo y alma.  Tema imprescindible para entender este lenguaje, y el incomprensible misterio de la vida humana, que recientemente llegó a su fin en una compañera y profesora querida de todos.  Sirva este tema para despedirla.

Como el sol primaveral ilumina y marca el rumbo del girasol que florece, la sonrisa radiante de Marisol fue la brújula que orientaba animosamente el camino de sus alumnos.

Pianista volcada en su vocación docente, permitió disfrutar de su entusiasmo y positiva personalidad a todos los que la encontraron hasta el atardecer de su vida. Su energía y capacidad superaba horarios y jornadas; Ni el frío ni la lluvia la pararon: nada mejor que el despertar de un sábado invernal cualquiera para encontrarla dando consejos y abriendo aulas a sus alumnos más dedicados.

Marisol nunca sufrió mal de altura. Jamás trató de hacer brillar galones ni medallas, ni acrecentar la distancia que la separaba de sus pupilos. No son pocos los que utilizando el púlpito del aula convierten sus clases en sermones diarios, y más que enseñar, exhiben sin pudor una mediocridad supina, que queda expuesta a la verguenza por cualquier estudiante avispado. Al contrario, ella permitió disfrutar a todos de su cercanía y familiaridad, ofreciendo a cada uno el nivel que demandaba, disfrutando el progresos de sus alumnos, y reconociendo el talento de sus colegas.

Marisol fue motor oculto de proyectos, corazón entregado que se aleja de los focos. Imposible iluminar una fuente de luz; su personalidad irradiaba una positiva energía que a todos alcanzaba. Fue también ella alma de Oniria. Si Oscar y Ana fueron los creadores, Marisol, entre otros, ayudó a generar la fuerza que animaba al grupo de alumnos que lo interpretaron. El Oniria que conocemos no hubiera sido el mismo sin Marisol. Y posiblemente la próxima representación de Oniria tenga muy presente a Marisol, que desde lo alto acompañará con algún coro de ángeles al grupo de jovencitos que con ella se entregaron al proyecto.

Marisol llegó al ocaso sin avisar. Su trabajo incansable nos acompañó hasta las celebraciones de final de curso, y en silencio, sin hacerse notar, nos dijo adiós.

La música, ese gran misterio que aún resiste el análisis de su necesidad en la lucha por la existencia, para la que la teoría de la evolución no encuentra una justificación adecuada, que científicos y humanistas disfrutan y cuyo sentido profundo encuentra raíces en la fe de muchos pueblos, seguirá sonando en lo alto y su alma seguirá entregándose para formar parte de esa música celestial, como antes lo hizo entre nosotros en cuerpo y alma.  Sirva este cuerpo y alma del libro-cd de Hawkins para rendirle homenaje.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: