El corazón del mar

Título:  Moby Dick.

Autor:  Herman Melville.

Editorial:  Modern Library.

 

En el año 2007 tuve oportunidad de relizar un viaje inolvidable:  cruzar el atlántico abordo del Queen Mary II.  Paro los acostumbrados a aviones, aeropuertos, controles de seguridad, comida encorsetada espacios minúsculos y jetlags, surcar el océano recordando el periplo de los exploradores pasados con la comodidad de hoy es toda una experiencia.

Seis días en el mar inmenso permiten entender aquel título de Sagan publicado en el 1994:  un punto azul pálido.  Nuestros antepasados que hicieron las américas ya experimentaron el asombro de los astronautas de hoy;  si éstos se alejan como el pintor del lienzo para captar el efecto, ellos fueron capaces de acercarse para apreciar el detalle sutil, soportando las inclemencias del tiempo y las incomodidades de la tecnología pasada, saboreando así el mar en todo su esplendor.

Consigue Melville en Moby Dick sumergir al lector en el mar profundo abordo de un ballenero.  Siempre pensé que las andanzas del capitán Ahab eran fruto de una obsesión, pero hace pocas semanas, y gracias a la cartelera cinematográfica, he descubierto que la historia de Melville tiene un origen real:  el desgraciado fin del ballenero Essex.

Debo reconocer que nada esperaba del título “En el corazón del mar” coproducción española filmada en exteriores Canarios y con protagonista de moda.  En primer lugar, esperaba ficción y resultó relato histórico.  Los magníficos exteriores y la caza de ballenas trajo a mi memoria los lejanos surtidores de vapor que saludaban el paso del Queen Mary tras 4 días de viaje marino.  La historia del Essex no sería diferente de tantos otros pecios sumergidos, sino fuera porque el hundimiento fue fruto de una acción premeditada de un gigantesco cachalote.  Las calamidades pasadas durante noventa días, por los pocos supervivientes que ocuparon las tres barcas disponibles, permitieron a Melville tejer esta gran novela americana.  Melville tuvo la oportunidad de entrevistarse con algún protagonista de aquella desgracia, y que por primera vez en muchos años confesó al escritor cuan lejos hubieron de llegar para sobrevivir a la deriva.  Melville obvió el escenario dantesco posterior, y centró su argumento en el cachalote asesino.

Dos años de intenso trabajo dieron lugar a esta magnífica obra, que gracias a la cartelera ha permitdo a algunos como yo situarla correctamente en el contexto histórico.  Espero tener pronto oportunidad de leer la historia original del Essex, y volver a escuchar la banda sonora que acompaña la película, compuesta por nuestro paisano Roque Baños, que continúa abriendo brecha en una terreno muy competido.

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