No hay quién lo entienda

Título:  Entrelazamiento.

Autor:  Amir D. Aczel.

Editorial:  Crítica.

De tarde en tarde solía comprar y leer libros de divulgación científica, para tratar de entender algunas de las teorías más curiosas que nos sirven para entender el mundo en que vivimos.  Crítica edita Drakontos, esta magnífica colección de ensayos científicos para disfrute del espíritu curioso.

Decía Eínstein, que cualquier descripción correcta de un fenómeno físico debía incluir la capacidad de realizar predicciones deterministas sobre sucesos, es decir que la teoría sirva para saber lo que sucederá en ciertas circunstancias;  que debía incluir elementos de realidad, o elementos reales que objetivamente existen; y además comportar principios de localidad, lo que viene a ser que un suceso no puede depender de “alguna señal” que algún otro suceso lejano pueda enviarle a una velocidad más alta que la luz.  Es decir, que lo que sucede aquí, no puede depender de lo que suceda en algún punto lejano (en ese sentido asociado a la velocidad en que puede enviarse cierta información).  Los únicos hechos conocidos que se apartan de estas premisas son algunos sucesos descritos como milagrosos:  la posibilidad de algunos santos para estar en dos lugares a la vez, ejerciendo a su vez influencia a distancia sobre otras personas o circunstancias…

Einstein no hizo más que transmitir este punto de vista sensato sobre el mundo en que vivimos cuando con su famosa paradoja EPR (acrónimo de sus autores, Einstein, Podolsky y Rosen) puso en cuestión la completitud de la Teoría Cuántica.

Pues sí, el libro de hoy nos detalla paso a paso cómo surgió esta famosa teoría, para intentar “modelar” los sucesos observados a nivel de partículas elementales, electrones, fotones, neutrones, átomos…, y predecir de algún modo los extraños resultados que los experimentadores desplegaban.  Tan matemática teoría se basa en funciones de onda (senos, cosenos….) que por su capacidad de combinarse y mostrar soluciones múltiples para una sola ecuación (algo así como las dos soluciones que los polinomios cuadráticos siempre nos ofrecen, pero a lo bestia), provoca el que esas múltiples soluciones ondulatorias provoquen interferencias entre sí y muestren unos patrones extraños de interferencia cuando se experimenta físcamente con las partículas.

Pero la extrañeza del mundo cuántico que experimentamos no es sólo esta cuestión de interferencias, sino que las partículas tienen capacidades sólo vistas antes en personas de elevada condición, los santos que decíamos:  las partículas pueden estar aquí y allá a la vez, y provocar efectos instantáneos a cualquier distancia sobre otras partículas que se encuentran “entrelazadas ” inexorablemente con ellas.  Dicen los entendidos que esto se explica por que esas partículas separadas se describen con una ecuación única, y que cualquier cambio en algún lado de la ecuación, afecta al resto.  Y así se demuestra en la realidad de los experimentos realizados por los expertos.

Pero en época de Einstein, sólo se disponía de las ecuaciones que modelaban lo poco que se había observado, y esas ecuaciones hacían a los teóricos predecir las extrañas y milagrosas capacidades que las partículas debían tener.  Por eso Einstein expresó sus dudas indicando que o bien la mecánica cuántica no encaja con los modelos de realidad y localidad presentes en el resto de la ciencia conocida, o bien era incompleta, y que simplemente nuestro desconocimiento de algunos datos objetivos nos hacía parecer mágico el comportamiento que describe.

Los años han demostrado que la realidad que suponemos no es tal, y que de algún modo la localidad también es sobrepasada por el comportamiento cuántico entrelazado de las partículas.  Ahí es nada.  Si no tuvimos bastante con la relatividad para cuestionar nuestra manera de entender el mundo, la teoría cuántica parece que nos deja sin suelo en que apoyarnos, y de momento, sin capacidad para entender razonablemente el mundo.

Buen libro para seguir el desarrollo de las ideas y los experimentos que llevaron a demostrar porqué la teoría cuántica es correcta y nuestra percepción del mundo no lo es.

 

 

 

 

 

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