Re-evolución

agosto 28, 2018

Título:  The structure of Scientific Revolutions.

Autor:  Thomas Kuhn.

Editorial:  The University of Chicago Press.

Estamos de aniversario. Esta nueva edición del clásico de Kuhn celebra los 50 años de su primera tirada.  Y digo clásico porque toda biblioteca de ciencias debería incluir este ensayo que describe el proceso evolutivo que siguen las ciencias.

Kuhn se refiere a múltiples campos científicos para mostrar como los paradigmas, modelos que pretenden describir la realidad, llegan cuando un área está suficientemente madura.  Pero no permanecen para siempre.  En su propio seno albergan las semillas de su propia destrucción:  dudas, problemas,  faltas de concordancia entre el modelo y la realidad, que permiten a nuevas generaciones de científicos avanzar proponiendo, cuando ya no queda alternativa, un nuevo paradigma que rompe con el anterior, y a modo de revolución pone patas arriba lo que se conoce y lo que queda por descubrir.

No había tenido la oportunidad de conocer esta obra hasta que en otro libro que voy digiriendo con esfuerzo, por sus más de 1500 páginas, y del que ya hablaremos en próximos post, describe como algunos modelos nuevos de evolución, concretamente el “equilibrio puntuado”, se ajusta a muchas realidades diferentes, incluyendo la descripción de Kuhn del progreso científico mediante “revoluciones”.

Un libro muy interesante, y que por cierto conecta de algún modo mediante este término, revolución, con algunas charlas de divulgación científica en la que recientemente tratamos de combinar lo mejor de nuestra cultura, el vino, la música y la ciencia para el deleite de la parroquia, con el sugerente título:  “Píldoras para la re-evolución digital”.  Dejo aquí un vídeo de este Brindis por la ciencia que repetiremos el próximo 30 de Septiembre en la noche europea de los investigadores.

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Cambios

agosto 27, 2018

Título:  Fascinating Rhythm.

Autor:  Deena Rosenberg.

Editorial:  Penguin Books.

Entre las múltiples visitas que Nueva York ofrece, está su circuito jazzístico, jalonado por los históricos clubs que dieron forma a este arte musical:  Smalls, Blue Note, Village Vanguard, Birdland…, imprescindibles.

En todos ellos se pueden aún escuchar hoy versiones de los grandes clásicos, más conocidos como “standards” entre los profesionales y aficionados del jazz.  Son muchos los temas, autores y compositores que habría que revisar para hacernos una idea apropiada del origen y evolución de esta forma musical, pero entre todos ellos, algunos han ascendido hasta convertirse en modelo o patrón para nuevas creaciones.  Voy a referirme hoy al autor del origen del famoso “Rhythm changes“.

Fue George Gerwshin un Neoyorkino de pro, que a caballo entre el jazz y el mundo académico, trabajando mano a mano con Broadway y Hollywood, compuso una lista de standards que forma parte del conocimiento de cualquier músico jazz actual, entre la que destaca “I’ve got Rhythm”, cuya serie modulante dio lugar a los famosos Rhythm Changes.

Gershwin fue imprescindible en el mundo del espectáculo:  Con la colaboración de su hermano Ira, que puso letra a la gran mayoría de sus composiciones, generó éxito tras éxito en Broadway de los años 20 y 30: I’ve got Rhythm, Let’s call the whole thing off, Summertime, A foggy day (in London town), They can’t take that away from me…

Pero su maestría le permitió también ser aceptado por el mundo académico.  Tanto Rhapsody in Blue, poema sinfónico, y la ópera Porgy y Bess, permiten hoy que “Summertime” sea escuchada tanto en conservatorios, interpretada por estudiantes de canto lírico, como en Jam Sessions de todo el mundo, cuando los combos de jazz la hacen suya.

Aunque Gershwin es un personaje secundario en las cronologías del jazz, creo que ha sido una figura importante para dar lustre a lo que era entendida por la academia como algo frívolo, coyuntural y, quizá, pasajero.  El tiempo, y compositores como Gershwin, han demostrado la importancia del jazz en el panorama musical.

Nuestro libro de hoy recorre la historia de éxitos de este desbordante personaje, que junto con su hermano, nutrieron de abundante material a generaciones de músicos.

Aquí dejamos a Foggy Day, uno de los éxitos del largometraje “Shall we dance”.  La versión que enlazamos permitirá disfrutarla en las voces de Amstrong y Fitzgerald.


Hipótesis.

agosto 19, 2018

Título:  On Intelligence.

Autor:  Jeff Hawkins.

Editorial:  St Martins Griffin.

Quizá sea el cerebro uno de los pocos territorios en los que aún andamos tan a oscuras como hace uno siglos sobre tantas otras realidades:  electricidad, gravitación, luz, etc.  Eran tantas las teorías o hipótesis irreconciliables, que no había forma de ponerlas de acuerdo para explicar los datos que los experimentos más ingeniosos iban arrojando.  Hasta que alguien, con un audaz movimiento, provoca un cambio de paradigma y consigue dar con la clave que explica, en su mayoría, las observaciones disponibles.

Así andamos con el cerebro, con muchas ideas, teorías contrapuestas, hipótesis y falta de acuerdo sobre cómo consigue realizar su trabajo con tal eficiencia.  Jeff Hawkins trata de provocar un cambio de paradigma con su propuesta de unidades predictoras jerárquicas.  A ésta, como otras teorías disponibles, le falta aún concreción, para poder llevar a cabo experimentos que la avalen.  No obstante, así funciona la ciencia, y antes o después, llegará la hipótesis definitiva que una vez testada nos permita finalmente conocer si la computación cerebral puede replicarse.

Hablando de hipótesis, me permito anotar aquí una extraña situación que se produjo anoche sobre las 2:15 a.m. en Tierra de Barros, Extremadura:  Hacia el oeste pude contemplar, con alguna otra persona que puede dar fe de lo sucedido, centenares de luces parpadeantes que se movían de forma más o menos conjunta.  La visión inicial de sólo dos o tres, al ser el resto ocultadas por edificios circundantes, me hizo pensar en aviones, pero su continuo movimiento norte-sur y la sorprendente aparición del resto, más de un centenar, me hizo descartar esta hipótesis.  Siguieron moviéndose todas simultáneamente y a medida que avanzaban, en cierto momento cambiaron de formación para asemejarse a las Vs que forman las bandadas de aves migratorias.  Otra hipótesis descartadas es la de globos de luz de festejos, dado que ninguno se apagó durante todo el transcurso por el horizonte, y además no eran luces fijas, sino intermitentes.

No puedo concebir que hayan capturado y colocado luces de algún tipo a tal cantidad de aves, por lo que la otra única hipótesis que manejo es una “quedada” de amantes de los ultra-ligeros, para realizar una ruta nocturna, o un nuevo tipo de globos de luz que funcionan con energía eléctrica.

¿Alguna otra hipótesis?