Digital drugs.

julio 28, 2019

Título:  Reclaiming conversation:  The power of talk in digital age.

Autor: Sherry Turkle.

Editorial: Penguin Books.

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Profesora de estudios sociales en ciencia y tecnología del MIT, los obras de Sherry Turkle son indispensables para los que hoy día trabajan con los llamados “nativos digitales”.  Su C.V es meritorio, pero más aún lo es el certero análisis que en su “Reclamando la conversación” hace de esta nueva droga digital que habiendo prometido llevar la conexión entre personas a su máximo potencial, de la mano de herramientas como las redes sociales, whatsups y en definitiva de los dispositivos móviles inteligente que todo joven “integrado” en su entorno posee, nos ha conducido justo a lo contrario:  pandillas de amigos que en lugar de mirarse a los ojos para hablar de lo que les preocupa, fijan su mirada en las hipnóticas pantallas de los teléfonos móviles que han recibido como regalo en alguna fiesta familiar.

Basten dos ejemplos, tomados de los capítulos iniciales y finales, para entender a qué nos enfrentamos, y la dificultad para eludir este canto de sirena del siglo XXI que impide el diálogo efectivo, la conversación, para la comunicación sincera.

En los primeros compases de libro, nos presenta un padre que pasea con su hijo.  El padre, camina hacia el parque mirando la pantalla de su móvil, y su hijo, aún pequeño para disponer de tal artilugio, y que siente la lejanía emocional de su padre en ese momento le pregunta:  ¿Porqué traes el teléfono si vamos a jugar al parque?  La respuesta del padre parece razonable:  Por si surge una urgencia.  Y concluye la autora:  ¿Hay mayor urgencia en la sociedad actual que dedicar nuestro tiempo a la cercanía emocional y atención de nuestros hijos, a jugar en el parque con ellos concentrados en esta etapa fundamental de su aprendizaje?

Aunque son muchas las entrevistas y puntos de vista descritos, siento yo que se agrava lo que en su día provocó la televisión atrayendo de forma inevitable a la generación del baby boom, con alerta creciente de educadores; inevitable atracción debida, entre otros muchos factores, al modo en que el sistema visual animal funciona ante el objeto en movimiento -basta pensar en lo molestos titulares de noticias de actualidad que se desplazan sobre la parte inferior de la pantalla sin descanso en los modernos informativos y que inevitablemente obligan al espectador a perder la atención sobre la parte central y acudir de forma reiterada a leer dichos titulares, y por la facilidad del cerebro a convertirse en receptor pasivo, con un gasto energético muy inferior al requerido por el diálogo y razonamiento activo;  creo que el problema se acentúa con los medios actuales, que consiguen atar al usuario de forma tan efectiva, en muchos casos, como una droga, de modo que la atracción del dispositivo, la necesidad de recibir realimentación continua a través de las redes sociales, y la variedad tal de aplicaciones tratando de enganchar de forma activa al usuario -fuente fundamental de sus ingresos- nos lleva a la desconexión de éste con su entorno físico más cercano.

En fin, son muchas las reflexiones ofrecidas por la doctora Turkle, que requieren atención, incluido un capítulo final sobre el futuro de los robots y su papel no sólo en el mercado laboral, sino también en el emocional.  Cuenta así el caso de los supermercados que comienzan a sustituir a los “cajeros” humanos, por cajeros autónomos “robotizados”;  y lo compara con el cajero humano que tratando de conversar con los clientes a medida que pasa sus productos para el cobro, recibe como respuesta un:  “no me moleste, que estoy conversando por el móvil”.  Recuerda Turkle la época en que vendedores y clientes creaban una comunidad “afectiva y efectiva” en el barrio, y cómo basta mirar la cola de un supermercado hoy día para entender que, si no ponemos remedio, la conversación en la tienda habrá muerto, y el comportamiento inducido por los dispositivos móviles, que reclaman continuamente de forma egoísta nuestra atención, ayudará en el proceso de sustitución de trabajadores humanos por robots.

Libro imprescindible para cualquier trabajador del ámbito educativo.

 

 


La intrahistoria del jazz.

julio 7, 2019

Título:  The Story of Jazz.

Autor:  Marshall Stearns.

Editorial:  Mentor.

Cuando nos cuentan historias sucedidas en la noche de los tiempos, corremos el riesgo de perder los detalles.  Observar un hecho en la distancia, es como mirar al cielo una noche estrellada: solo podremos distinguir el brillo de los astros más brillantes del firmamento.

Algo parecido sucede con la historia del jazz y los libros actuales, que repasan una y mil veces los hechos mejor conocidos, las estrellas de relumbrón, pero a los que cuesta llegar a detalles que se han evaporado en los más de 100 años de historia del género.

Tuve ocasión en un reciente viaje a Wellington (NZ) de visitar una libraría de esas que llaman de “viejo”.  Y entre el mucho material disponible, encontré esta historia del jazz escrito en los años 50.  No miré más, ni me fijé en el autor.  La cercanía de su edición con los acontecimientos que narraba fue suficiente.  Y ciertamente encontré detalles que no había leído previamente:  por ejemplo, que el famoso “One o’clock jump” proviene un riff muy conocido y que utilizó con éxito Count Basie para este tejer este memorable título;  o cómo uno de los probables orígenes de la palabra “bebop” o “bop” es el término español “Arriba”, ó “riba”, y la forma de pronunciarlo de la época.  Historias de la historia, intrahistoria del jazz.

En fin, mucho material de interés recopilado por un autor, que luego he descubierto, tiene una importancia notable en la preservación del Jazz:  Marshall Stearns fue el fundador del Institute of Jazz studies en Nueva York, la organización con el archivo y biblioteca más grande del jazz del mundo.

Buen día hoy para hablar de jazz, y terminar recordando, a una de las figuras de la Bossa Nova que justo ayer nos dejó:  Joäo Gilberto.