El estado de la autonomía.

marzo 25, 2020

Título:  La Evolución de la Belleza.

Autor:  Richard O. Prum.

Editorial:  Ático de los libros.

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Muy interesante obra que volviendo a los “orígenes” de Darwin, nunca mejor dicho, trata de hacernos entender como la elección de pareja entre las aves ha conducido a una evolución estética innegable.

Además, y aquí hay tela que cortar, muestra el autor como la monogamia ha conducido a parejas progenitoras responsables en el cuidado común de la descendencia, mientras que la poliginia, etiqueta que se correlaciona con la característica crianza autónoma de “hembras solteras”, lleva aparejada una violencia sexual inevitable, y que se da en el 5% de todas las especies de aves, que evolucionaron quizá y desde el punto de vista de las hembras, por el camino evolutivo equivocado; mientras que para 95% restante, descendientes todas del antepasado común denominado “Neoave”, eligieron derroteros de mayor justicia.

Aunque los escabrosos detalles de la vida sexual de estos dos grupos de aves quizá no sean apto para todos los lectores, permite sin embargo una reflexión muy profunda no sólo sobre la evolución de la “belleza” en el mundo animal, sino también sobre la autonomía sexual femenina y como diferentes anatomías y modelos han conducido en un caso a una escalada armamentística en el ámbito de la coerción sexual, y en el otro caso, de una pacífica convivencia en las especies monógamas.  En ambos casos la elección es siempre de la hembra, pero el resultado final del comportamiento del macho, es muy diferente.

También especula el autor sobre otros aspectos de actualidad candente. Quiero sin embargo, fijarme hoy en cómo la preferencia estética, que en definitiva podríamos asociar a un “arte biológico”, más allá del ser humano, presenta unas características que sirven para reflexionar sobre la eterna pregunta:  ¿Qué es el arte?  Y el autor, responde uniendo en una ecuación indivisible al artista y al público que recibe su obra, como fuente única e indivisible de lo que debe ser el arte.  Obras que el público rechaza; bodrios denostados por los artistas que el público devora, son así ejemplos típicos de lo que no es el arte.

Y ya son dos reflexiones interesantes que surgen de una obra de divulgación, que no es poco.