Explotando a los hijos

enero 23, 2016

Título:  Almacén de antigüedades.

Autor: Charles Dickens.

Editorial:  Club Internacional del Libro.

1979, BBC

Dickens siempre mostró especial sensibilidad por la infancia.  Sus muy conocidas Oliver Twist o Grandes Esperanzas, muestran las andanzas juveniles de unos protagonistas cuyas fortuitas desventuras o suerte al acecho, según el caso, marcan una vida llena de alegrías o miserias, estas últimas más frecuentes.

Almacén de antigüedades, no por menos conocida, deja de sustraerse a la fórmula, y en un siglo en que una asentada revolución industrial aún mal entendida, creaba masas de pobreza, la joven protagonista es explotada por un anciano sin escrúpulos.  Todo con el más perfecto decoro y tono apto para todos los públicos, sin mancillar su honra pero ejerciendo la mendicidad en su justa medida.

En países que tratan de liberarse del fango de la pobreza, y elevarse con trabajo para alcanzar un desarrollo razonable, los hijos fueron elemento vital de ayuda.  En la España rural de los cincuenta y sesenta, los jóvenes, una vez terminada su instrucción básica, en su incipiente adolescencia, pasaban a formar parte de la cuadrilla familiar, colaborando en el sustento y progreso de la misma, que aparejaba a la vez el de su país.  Y aunque hoy no entenderíamos que a tan tierna edad comenzara la vida laboral de cualquier español, las carencias y sufrimientos de la época justificaban esta norma social.  Pero de ahí a la mendicidad hay un trecho, y tanto entonces como ahora, causaba perplejidad y asco, ver en la puerta de una iglesia una joven de cualquier minoría étnica, que las había entonces y las hay ahora, cuyo único negocio era parir hijos para exhibirlos sin pudor al son de la calderilla removida en un cuenco de porcelana, mientras entonaba el eterno soniquete:  “una moneda, señora”.  La proclive fertilidad de las ninfas, ofertaba al viandante una cara infantil nueva cada año;  qué bien conocían ellas el negocio:  el mozo imberbe siempre renta menos que el harapiento niño de teta.

Hoy, a Dios gracias, y al esfuerzo de muchas generaciones de españoles, cada vez hay menos de esto, al menos con pasaporte patrio.  Son más lo inmigrantes que prosiguen este negocio de la mendicidad pariendo y mostrando.  Que el niño en casa no produce, ni en la guardería, ni en el colegio.  Mejor que se vea.  ¿Hay mayor delito de explotación infantil?

Pues sí que lo hay.  Y aunque es imperdonable, todavía habrá quienes piensen en la pobreza que padecen las que amamantan en las puertas de las iglesias;  la falta de educación, cultura y muchas otras conquistas sociales de nuestro siglo, servirá a muchos para justificar lo injustificable.  Pero ¿Qué hacemos hoy con aquella otra, que con dineros, cultura, guarderías, trabajo, … , en beneficio propio y de su partido muestra al infante y le da la teta delante de los focos sentada en su escaño del congreso de los diputados?

Que Dios nos coja confesados, como diría el castizo, si semejantes ejemplares deben llevar el rumbo de la política del país.  Que ya nos avisaba Don Quijote:  “Cosas verdes amigo Sancho”;  y ¡qué cosas!.

 

 

 

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El mundo en un disco

enero 12, 2016

Título:  Rechicero.

Autor: Terry Prachett.

Editorial: RBA.

Tengo que confesar que Terry Prachett no ha conseguido que caiga en sus redes.  La curiosidad me llevó a elegir uno de los tres volúmenes que dispongo de su mundodisco, y me ha dejado completamente indiferente.  Bien es verdad que el nombre que da origen a su mitología y la saga que desarrolla, mundodisco, me van a permitir hoy trasladar una noticia que aunque no me ha sorprendido, a muchos sí que lo hará, en el ámbito de la música.  Y aunque ciertamente Terry Prachett considera la música como elemento indispensable para cualquier civilización, sea ésta imaginaria o real, lo que explica su título Soul Music para uno de los capítulos de su mundo, no seré yo quién avance de la mano del escritor en la música del mundo disco.  En su lugar hablaré hoy de los discos de música.

Allá por Julio de 2012, me permitía compartir aquí mi visión sobre la vuelta del Vinilo.  Mis alumnos nunca estuvieron de acuerdo conmigo.  Generación digital por autonomasia, de pantallas táctiles, índices deslizantes y pulgares hyperdesarrollados, no hay más literatura ni música para ellos que la digital.  Pero la psicología humana me sirve de argumento para defenderme frente a sus ataques, y estas Navidades, el comercio electrónico en EEUU me ha dado la razón:  el aparato más vendido por amazon ha sido un tocadiscos clásico.

Aunque hay quienes se aferran a la tecnología para explicar su regreso, no creo que la calidad sea la razón fundamental;  más bien es el humo que vende el fabricante para apoyar lo inevitable, y convencer a los indecisos.  El protocolo y ritual necesario para reproducir un disco de vinilo, su liturgia que diríamos, junto con la sensación de poseer un objeto físico especial, creo que están permitiendo que la industria del vinilo remonte el vuelo de nuevo.

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La música digital tiene sus ventajas, inmediatez, facilidad de acceso, portabilidad.  Pero todos ellos son elementos que restan valor al CD:  ¿Qué necesidad hay del formato binario en disco, cuando puedo tenerlo sin que ocupe espacio físico?  En el futuro nadie comprará CDs.  Eso sí, los servicios de descarga, préstamo, escucha, compartición de música digital, gratis o no, irán a más, y serán completamente compatibles con la venta de discos de vinilo;  dos mundos musicales que coexistirán.  Las grandes compañías se van dando cuenta.  Ahí tienen al presidente de Sony, que va aún más lejos:  no sólo el vinilo, también el carrete de fotos tendrá una segunda vida, dice Kazuo Hirai.  Bueno, con el carrete creo que se equivoca, y aunque es verdad que los profesionales de la fotografía probablemente vuelvan sus ojos al carrete clásico, el usuario de a pie difícilmente dará marcha atrás.

Por cierto, y para ir acabando, mi primer vinilo ha sido un clásico del Jazz:  Time Out de Dave Brubeck.  Se ve que los Reyes Magos también creen en el vinilo, y pese a algunos nuevos gobernantes, por estos lares seguimos creyendo en Sus Majestades de Oriente. Aquí les dejo un enlace para escuchar este título imprescindible:

A disfrutar de este magnífico cuarteto.

 

 

 


Aviso de Bomba

julio 2, 2015

Título:  Crónica de una muerte anunciada.

Autor:  Gabriel García Márquez.

Editorial:  Mondadori.

El día de ayer corrió la noticia del cambio en el mercado editorial:  el libro de bolsillo -el barato y de poca calidad- pierde fuelle y deja paso al electrónico.  Como en otros ámbitos, la tecnología acabará asesinando a quién la engendró:  si un libro electrónico puede copiarse fácilmente, ¿Para qué gastar los cuartos en uno de bolsillo por muy barato que sea éste o su edición digital?  Se repetirá la historia sucedida en el negocio de la música,  que está provocando hoy la vuelta al disco de vinilo.  Afortunadamente los grandes lectores no han dejado nunca de valorar las ediciones de calidad, como esta de mondadori, y el libro-objeto sigue gozando de buena salud.

Crónica de una muerte anunciada.Pero a lo que vamos, asesinatos y víctimas.  La historia que nos cuenta García-Márquez está muy bien traída en las fechas que corren:  Los asesinos avisan al vecindario del crimen que perpetrarán, con la vana esperanza de que alguien avise a la víctima, y puedan así haber intentado con honor su encargo sin que llegue la sangre al río.  Pero hete aquí que no son creídos y el asesinato se culmina.  ¿Quién fue el culpable de la muerte?

Cambiando nombres, títulos, amenazas y desplantes, tendríamos una novela sobre Grecia y sus aliados, llámense rusos, europeos o chinos, que difícil está saber la situación.  La cosa se complica sobremanera y Grecía envía un aviso de bomba electoral, con un diabólico mecanismo:  el avisado no puede desactivarla en modo alguno, y de momento el artillero no piensa hacerlo tampoco.  Veremos si con el tiempo esta historia no es otra crónica de una muerte anunciada.


¿Y qué es la verdad?

abril 4, 2015

Título:  La agencia Thompson y Cía.

Autor:  Julio Verne.

Editorial: RBA.

En el largo proceso que condujo a Jesús a la cruz, hubo una pregunta que el incrédulo pero dubitativo Pilatos planteó a su reo: ¿Y qué es la verdad?

El reconocimiento de la verdad ahorraría muchos pesares a la sociedad en la que vivimos, como los hubiera ahorrado a aquellos turistas caza-gangas que nos presenta Verne como los sufridores de la baja de precios temeraria, resultado de la competencia atroz entre dos compañías navieras.  La agencia Thompson y Cía es la que finalmente se hace con el botín, e incumpliendo sus promesas lleva a sus viajeros a una situación límite, que en manos de otro escritor hubiera desencadenado la muerte de todos ellos.

El incumplimiento de promesas, una forma sublime de la más cruel de las mentiras, juega con los anhelos del pueblo, los exprime sin vacilar y con una palmada en la espalda fía su cumplimiento a una nueva promesa futura, que justifica así y ampara el desvío pasado en un futuro incierto.

Desempeña así quién promete el papel de la banca en la ruleta del casino, que con el beneplácito del jugador que confía en su futuro, gana cada vez que éste apuesta de nuevo esperando recuperar la pérdida de la jugada previa.

Quizá sea buen momento para recordar qué provocó la pregunta de Pilatos:  “Todo el que es de la verdad escucha mi voz” (Jn, 18:37).