Re-evolución

agosto 28, 2018

Título:  The structure of Scientific Revolutions.

Autor:  Thomas Kuhn.

Editorial:  The University of Chicago Press.

Estamos de aniversario. Esta nueva edición del clásico de Kuhn celebra los 50 años de su primera tirada.  Y digo clásico porque toda biblioteca de ciencias debería incluir este ensayo que describe el proceso evolutivo que siguen las ciencias.

Kuhn se refiere a múltiples campos científicos para mostrar como los paradigmas, modelos que pretenden describir la realidad, llegan cuando un área está suficientemente madura.  Pero no permanecen para siempre.  En su propio seno albergan las semillas de su propia destrucción:  dudas, problemas,  faltas de concordancia entre el modelo y la realidad, que permiten a nuevas generaciones de científicos avanzar proponiendo, cuando ya no queda alternativa, un nuevo paradigma que rompe con el anterior, y a modo de revolución pone patas arriba lo que se conoce y lo que queda por descubrir.

No había tenido la oportunidad de conocer esta obra hasta que en otro libro que voy digiriendo con esfuerzo, por sus más de 1500 páginas, y del que ya hablaremos en próximos post, describe como algunos modelos nuevos de evolución, concretamente el “equilibrio puntuado”, se ajusta a muchas realidades diferentes, incluyendo la descripción de Kuhn del progreso científico mediante “revoluciones”.

Un libro muy interesante, y que por cierto conecta de algún modo mediante este término, revolución, con algunas charlas de divulgación científica en la que recientemente tratamos de combinar lo mejor de nuestra cultura, el vino, la música y la ciencia para el deleite de la parroquia, con el sugerente título:  “Píldoras para la re-evolución digital”.  Dejo aquí un vídeo de este Brindis por la ciencia que repetiremos el próximo 30 de Septiembre en la noche europea de los investigadores.

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Hipótesis.

agosto 19, 2018

Título:  On Intelligence.

Autor:  Jeff Hawkins.

Editorial:  St Martins Griffin.

Quizá sea el cerebro uno de los pocos territorios en los que aún andamos tan a oscuras como hace uno siglos sobre tantas otras realidades:  electricidad, gravitación, luz, etc.  Eran tantas las teorías o hipótesis irreconciliables, que no había forma de ponerlas de acuerdo para explicar los datos que los experimentos más ingeniosos iban arrojando.  Hasta que alguien, con un audaz movimiento, provoca un cambio de paradigma y consigue dar con la clave que explica, en su mayoría, las observaciones disponibles.

Así andamos con el cerebro, con muchas ideas, teorías contrapuestas, hipótesis y falta de acuerdo sobre cómo consigue realizar su trabajo con tal eficiencia.  Jeff Hawkins trata de provocar un cambio de paradigma con su propuesta de unidades predictoras jerárquicas.  A ésta, como otras teorías disponibles, le falta aún concreción, para poder llevar a cabo experimentos que la avalen.  No obstante, así funciona la ciencia, y antes o después, llegará la hipótesis definitiva que una vez testada nos permita finalmente conocer si la computación cerebral puede replicarse.

Hablando de hipótesis, me permito anotar aquí una extraña situación que se produjo anoche sobre las 2:15 a.m. en Tierra de Barros, Extremadura:  Hacia el oeste pude contemplar, con alguna otra persona que puede dar fe de lo sucedido, centenares de luces parpadeantes que se movían de forma más o menos conjunta.  La visión inicial de sólo dos o tres, al ser el resto ocultadas por edificios circundantes, me hizo pensar en aviones, pero su continuo movimiento norte-sur y la sorprendente aparición del resto, más de un centenar, me hizo descartar esta hipótesis.  Siguieron moviéndose todas simultáneamente y a medida que avanzaban, en cierto momento cambiaron de formación para asemejarse a las Vs que forman las bandadas de aves migratorias.  Otra hipótesis descartadas es la de globos de luz de festejos, dado que ninguno se apagó durante todo el transcurso por el horizonte, y además no eran luces fijas, sino intermitentes.

No puedo concebir que hayan capturado y colocado luces de algún tipo a tal cantidad de aves, por lo que la otra única hipótesis que manejo es una “quedada” de amantes de los ultra-ligeros, para realizar una ruta nocturna, o un nuevo tipo de globos de luz que funcionan con energía eléctrica.

¿Alguna otra hipótesis?


Lamark tenía razón.

marzo 25, 2018

Título:  Epigenetics Revolution.

Autor:  Nessa Carey.

Editorial:  Columbia University Press.

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Lamark tenía razón;  al menos en parte.  Es verdad que la Síntesis moderna se apoya firmemente en el Darwinismo, y que Lamark fue desechado hasta que los procesos de evolución cultural mostraron que encajaban en su propuesta, al contrario que las jirafas y su famoso “estiramiento de cuello”.

Pero también en genética ha encontrado Lamark su hueco al cabo de los años, y este libro sirve para entenderlo.

Muchos pensaron que la secuenciación del genoma sería la piedra filosofal.  Craso error. Todo es más complicado de lo que parece.  Y si la navaja de Occam nos anima hacia la simplicidad, la genética, y recientemente la epigenética, parece que se alejan de este conocido principio científico.

Este magnífico libro de divulgación permitirá entender al lector cómo es posible que los padecimientos de una embarazada en periodo de hambruna se reflejen hasta en la tercera generación, en un fenómeno lamarkiano indiscutible;  o porqué gemelos genéticamente idénticos no son iguales en realidad; o las razones de las diferencias cromáticas en pieles de gato macho y hembra …

Son muchos los misterios que la epigenética está explicando.  Pero no nos engañemos, tan intrincado son los fenómenos asociados al ADN y la maquinaria celular que los envuelven, que las grandes farmacéuticas dejan de invertir ante las dificultades para encontrar esos tónicos milagrosos que prometían los profetas del ADN hace pocos años.

Quizá la teoría de incompletitud de Gödel no es más que una punta del iceberg, otra más tras el principio de incertidumbre de Heisenberg, de nuestra incapacidad para abarcar el conocimiento del universo en que vivimos, desde lo más grande y lejano, hasta lo más profundo y pequeño en nuestro interior.  Lo cual no debe ser excusa para perseverar, y continuar el avance de la ciencia.


El Progreso de la ciencia.

septiembre 8, 2017

Título:  Cartas Marruecas.

Autor:  José Cadalso.

Editorial:  Salvat.

Hay temas que aguantan el paso del tiempo estoicamente.  No hay que rebuscar mucho entre las cartas de Cadalso: casi al principio, en la sexta carta hemos encontrado algo que parecería escrito anteayer.  Aquí dejamos para la reflexión sobre el progreso de las ciencias en España, y de los profesores que la cultivan, lo que sucedía en España en el siglo XVIII:

“El atraso de las ciencias en España en este siglo, ¿quién puede dudar que procede de la falta de protección que hallan sus profesores? Hay cochero en Madrid que gana trescientos pesos duros, y cocinero que funda mayorazgos; pero no hay quien no sepa que se ha de morir de hambre como se entregue a las ciencias, exceptuadas las de pane lucrando que son las únicas que dan de comer.

Los pocos que cultivan las otras, son como aventureros voluntarios de los ejércitos, que no llevan paga y se exponen más. Es un gusto oírles hablar de matemáticas, física moderna, historia natural, derecho de gentes, y antigüedades, y letras humanas, a veces con más recato que si hiciesen moneda falsa. Viven en la oscuridad y mueren como vivieron, tenidos por sabios superficiales en el concepto de los que saben poner setenta y siete silogismos seguidos sobre si los cielos son fluidos o sólidos.”

Así nos va.  ¿Porqué será que los jóvenes investigadores españoles se marchan en cuanto pueden a buscarse el futuro fuera de nuestras fronteras?


Tener y no tener, esa no es la cuestión.

marzo 4, 2017

Título:  1984.

Autor:  George Orwell.

Editorial:  RBA.

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Algunas frases son tan directas, sencillas y claras, que han pasado de la literatura o el cine al acervo popular como por arte de magia.  El “Ser o no ser” de Skespeare en Hamlet, que desafía la duda existencial;  o el “Tener y no tener” de Hemingway llevado al cine con maestría por Hawks, título que apela a corazón del capitalismo con la misma escasez de recursos, pero lógica aplastante que el ser o no ser de Hamlet.

Pues también ésta nueva cuestión, la del “tener o no tener” se dirime hoy en la realidad desnuda de la calle; y en sus autobuses.

Es lamentable que podamos utilizar una misma etiqueta, música, para calificar los trabajos de Mozart, Brahms y a la vez para el ruido blanco, sonidos aleatorios o seriales, y cualquier otro resultado del movimiento ondulante de los átomos de la materia.  Los esquimales utilizan más de veinte términos distintos para referirse a lo que para nosotros no es más que nieve, por razones evidentes:  su supervivencia depende de una correcta indentificación de la calidad de la misma y sus características en el ambiente.  Lo que por estos lares es algo anecdótico, una nevada, es de vital importancia para su día a día.  La simplificación del término en nuestra latitud es producto de su falta de relevancia.  ¿Será que para muchos críticos y aduladores, la música no importa nada, y lo único relevante es el engaño colectivo que les permite ganarse la vida?

No sólo en la música sucede tan pernicioso efecto.  Los museos de arte contemporáneo incluyen basura en sus exposiciones temporales.  Han conseguido al fin el arte supremo de vender basura a precio de oro.  Arte y crítica se alían para sacar tajada del Tener y no tener.

Esta lamentable falta de ética llega a su culmen aupada por grupos de presión que consiguen marginar entre lo políticamente incorrecto a los que defienden la importancia del vocabulario, llamando a las cosas lo que son.

Decía Swift en los viajes de Gulliver que los abogados eran los profesionales reconocidos por su capacidad de decir que lo blanco era negro y lo negro blanco;  no sólo decirlo, sino demostrarlo ante tribunal, y ganar dinero con ello.  Pero la realidad tozuda nos demuestra que este modo de proceder se ha extendido desde entonces, y ya ni el arte, ni la música, ni el matrimonio, por decir algo, son ajenos a esta corrupción lingüística.

Si hay algo que desasosiega en 1984, esta reconocida obra de Orwell que nos sirve hoy de pretexto, en mi opinión no es el Gran Hermano, ni el partido.  Es la capacidad para cambiar hechos, definiciones, la historia en sí misma.  Lo más preocupante de la obra de Orwell es que acierta en mostrar como grandes grupos de presión pueden cambiar no ya la historia, que también se reescríbelo en ocasiones, sino la misma naturaleza de las cosas:  el arte, la música, el bien y el mal, los masculino y lo femenino.

Pronto llegará el día que nos digan que XX y XY son quimera;  incluso podrán plantear operación de cromosomas.  ¿Me cambia una X por una Y?  ¿Podría incluirme una W?   ¿Habrían censurado al famoso autobús del eslogan de marras si en lugar de decir que los niños tienen pene hubieran dicho que los niños son XY?  Quizá quieran reescribir los libros de ciencia, como ya han conseguido transmutar lo que es música o arte.

Llegará el día que busquen operaciones transcromosómicas, para suprimir aquello que dicte el grupo.  ¿Idiotizarán a las masas para convencerla de que es mejor ser haploide?  Llegará el día que la ciencia permita convertir a quién lo desee en ave del paraíso, o en flor  de lis, o en gato, con una sencilla operación en el ADN.  Bastar cortar y reconstruir.  Cada uno será lo que desee.

Terrible camino el que nos dictan al amparo de lo políticamente correcto, consiguiendo que tener o no tener no sea ya la cuestión.


Fe en la ciencia.

enero 18, 2017

Título:  El volcán de oro.

Autor:  Julio Verne.

Editorial:  RBA Editores.

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Aprovecha Julio Verne la fiebre del oro, para montar la historia de unos buscadores en pos de lo imposible:  un volcán que mana oro.  Historia ágil con final feliz que deja finalmente a un lado la quimera del volcán para dar paso al más tradicional oficio de zaranda en el río.

Qué tendrá este elemento químico, tan perseguido desde la antigua alquimia.  Hubo un tiempo en que la falta de conocimiento alentaba a los alquimistas en su búsqueda de la reacción perfecta.  Pretendían éstos emular a los modernos “cocineros” que son capaces de generar en los laboratorios drogas artificiales.

Pero no.  Finalmente la persistencia permitió entender a los científicos, que el oro, como otros elementos simples, no pueden generarse mediante mezcolanza alguna.  La Física y la Química triunfaron, y el intelecto humano avanzó de su mano.

Cosa bien distinta a otras áreas notables de la ciencia, en la que la experimentación y posterior generación del marco teórico, aunque han servido para entender lo que muestra la realidad en que vivimos, ayuda bien poco a entenderla.  Un ejemplo:  una reciente encuesta entre los físicos muestra que estos no entienden la física cuántica, aunque sus ecuaciones les permiten utilizar sus efectos, y quién sabe si toda la ciencia del futuro dependa de sus cualidades.  Ya lo decía el propio Feyman.  Tal es así, que mucho renuncian a entenderla.

Otro ejemplo:  la incompletitud de las mátematicas.  Fue Gödel quien destronó a las matemáticas como cumbre del saber humano, demostrando que ni son completas ni nunca lo serán.  Siempre requerirán de axiomas o verdades externas que le ayuden a completar de lo que carecen.  Pero cada nuevo axioma, abrirá un nuevo espacio de incompletitud, que requerirá nuevas verdades, y así ad infinitum.

Resulta pues, que la ciencia aquí converge con la fe:  los propios físicos descubren área que no sólo reconocen como misteriosas, sino a cuyo conocimiento profundo renuncian por imposible.  Se convierten así los científicos en hombres de fe, y dan la mano a los que también utilizan la fe, con otra perspectiva, para entender este mundo que habitamos.

 


La máquina vital.

diciembre 11, 2016

Título:  The machinery of life.

Autor: David S. Goodsell.

Editorial:  Springer.

Libros como éste hacen comprender al lector cuán complicado es el universo en que vivimos.

Por mucho que algunos lo intenten, la falsa ilusión de estar cada vez más cerca de la teoría del todo, del conocimiento último de las leyes fundamentales que rigen la material, la vida, el universo… no es más que eso, una falsa ilusión.  Si algo nos enseña la historia de la ciencia es que cuando parece que alcanzamos la fórmula que nos falta, de la partícula final, el elemento vital, más distancia y profundidad descubrimos en nuestro desconocimiento.

La ciencia resulta así un mundo fractal encerrado en sí mismo.  Cuanto más nos acercamos a sus maravillas, y más claras nos parecen sus fórmulas;  cuanto más ampliamos el objetivo y vemos más lejos en el universo, o más cerca en el fondo de los átomos, nuevas formas de complejidad surgen en los márgenes y recovecos aún no explorados, como curvas de mandelbrot aumentadas repetidamente.

Este libro, con su intento de ilustrar la compleja maquinaria celular, nos devuelve a la realidad de nuestro pretendido conocimiento, que nos más que la quimera que envuelve nuestra ignorancia.

La maqunaria vital irá poco a poco, con esfuerzo de la ciencia, mostrando sus piezas.  Pero quién sabe lo que nos queda aún por descubrir escondido entre las moléculas de ADN.  Quizá  el pretendido simple código genético, con sus 4 letras, que algunos creen resuelto, transporte un enigma tan complejo que ni el propio Turing pudiera descifrar.  Quizá Godel nos enseñó con su teorema la profundidad de la paradoja científica:  que su objetivo es inalcanzable, no sólo en las matemáticas.