Genios Creativos.

abril 21, 2019

Título:  Origins of Genius.

Autor:  Dean Keith Simonton.

Editorial:  Oxford University Press.

Los buenos libros conducen a otras mil lecturas nuevas.  El camino hacia Origins of Genius lo iniciamos en “Evolución“, tres posts atrás, en el que a su vez nos referimos en 2010 con “La naturaleza del verano“.  Nueve años encadenando lecturas hasta el libro de hoy.

Baste decir que el autor plantea su hipótesis de trabajo desde el comienzo, y posteriormente trata de llenar de argumentos a lo largo de cerca de 300 páginas:  La creatividad tiene un componente “evolutivo” primordial;  pero no en el sentido clásico de cómo los humanos somos lo que somos gracias a la evolución, sino que el propio intelecto humano, su fuerza creativa, y la generación de ideas, tiene un modo de operar similar al evolutivo, con recombinación, mutación prueba y selección.

En palabras del autor:  “Cuando un organismo se enfrenta a un problema nuevo, trata de usar soluciones del pasado, combinándolas o cambiándolas para el nuevo problema.  Pero si el problema es más difícil, entonces hay que descender en una jerarquía de ideas para trabajar con los componentes principales y probar cada vez posibilidad más improbables.  Y así, la nueva solución encontrada será una permutación de componentes pertenecientes a soluciones previas de otros problemas.

Algunas de las conclusiones que presenta sobre el carácter auténtico de un genio creativo son reveladoras:  “Están abiertos a nuevas experiencias; poseen alto nivel de tolerancia a la ambigüedad; buscan la complejidad y la novedad; y son capaces de una atención desenfadada (entiendo que capaces de mirar no sólo el foco, sino adoptar una perspectiva más amplia);  manifiestan un amplio rango de intereses, incluyendo aquellos más alejados de su dominio principal; tienen más a la introversión que la extroversión; y a veces pueden parecer más aislados o antisociales que el promedio;  muestran un alto grado de independencia y autonomía, y suelen rechazar las normas;  aman lo que hacen y muestran entusiasmo, compromiso y energía persiguiendo sus objetivos”.

¿Conocen a alguien que encaje en esta lista?  Quizá hay algún genio creativo más cerca de lo que pensábamos.

Y me permito terminar recordando al que para muchos ha sido un Genio Creativo en el mundo del Jazz -disciplina muy adepta a la evolución, por cierto-, con su Giant Steps, John Contrane, interpretado por el que parece es un nuevo genio en la actualidad:  Joey Alexander.  Imposible no disfrutar viéndole tocar.

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Leonardo, Verne y las Inteligencias Múltiples Artificiales

diciembre 31, 2018

Título:  De la Tierra a la Luna.

Autor:  Julio Verne.

Editorial:  RBA.

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Unsplash, CC BY-SA

Francisco Fernández de Vega, Universidad de Extremadura

Cuando Julio Verne describió en De la Tierra a la Luna el “primer” vuelo tripulado a la Luna, y la tecnología necesaria para su lanzamiento, no podía imaginar lo cerca que estaba la humanidad de cumplir su sueño. Esta obra sirve de excusa al autor para proponer soluciones a algo que hasta hace poco era ciencia ficción: visitar nuestro satélite.

Verne se considera hoy uno de los padres de la ciencia ficción, género que presenta como actual la ciencia y la tecnología, siendo optimistas, del futuro. Y ciertamente a veces el futuro está más cerca de lo que parece. De la tierra a la luna fue publicada en 1865, y este pasado 21 de diciembre de 2018 hemos celebrado el 50 aniversario del despegue del Saturno 5, con tres tripulantes abordo y con destino a la Luna.

‘De la Tierra a la Luna’. Llegada del proyectil a Stone-Hill. Grabado por François Pannemaker a partir de un diseño de Henri de Montaut.
Wikimedia Commons

El genio creativo de Julio Verne y su capacidad de visión tecnológica futura nos recuerda lo que algunos científicos de la actualidad, como Michio Kaku en su Física de lo imposible, nos dicen: que lo que hoy es ficción será la ciencia del futuro.

Pero si buscamos el exponente máximo, para muchos, de científico con visión de futuro, creatividad desbordante y genialidad, llegaremos a la incomparable figura de Leonardo da Vinci.

Leonardo ejemplifica el espíritu renacentista mostrando una poliédrica multiplicidad creativa: artes plásticas, música, poesía, ingeniería, arquitectura, matemáticas… Dominó las artes, las ciencias y las humanidades no solo de su época, sino también del futuro. Anticipó con sus propuestas lo que solo el desarrollo tecnológico de siglos posteriores haría ver la luz. Es quizá el más conocido exponente de las inteligencias múltiples descritas por Howard Gardner como paradigma del intelecto humano.

Quizá sea este ámbito, el de las inteligencias múltiples, aquel en el que la inteligencia artificial (IA), tan de moda hoy, necesita más tiempo de maduración.

Existen trabajos recientes sobre el dominio de la IA en campeonatos mundiales de ajedrez y go, desarrollados por la empresa DeepMind. También es conocida la capacidad de nuestros dispositivos móviles para reconocer voz y conseguir buenas fotografías gracias a la IA.

Estos son solo un par de ejemplos, pero aún no queda claro si encontraremos pronto respuesta a la pregunta que surge: ¿conseguiremos algún día una Inteligencia Múltiple Artificial tan creativa como la de Leonardo da Vinci?

Para poder responder a esta pregunta, sería necesario revisar de nuevo bajo la perspectiva de la IA otras cuestiones bien conocidas. ¿Qué hay detrás de la creatividad humana? ¿Cómo idean los científicos las teorías más rompedoras? ¿Cómo surge un genio creativo? ¿Qué inspira una obra de arte y la convierte en tal? ¿Qué enigma incrustó Leonardo en la sonrisa de su famosa Gioconda? ¿Por qué composiciones tan diferentes como el Adagio de Albinoni o Summertime de Gershwin conmueven al oyente del modo en que lo hacen?

Uno de los más renombrados investigadores de la IA, Mirvin Minsky, proponía en su famosa teoría de la “Sociedad de la mente” que, aunque lejana a las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner, la IA compartía con esta la necesaria concurrencia de múltiples agentes en esa suma intangible que forma la mente-inteligencia.

Y, aunque la IA ha avanzado mucho en algunas de las áreas descritas por Gardner, sobre todo en lógica matemática y lingüística, aún se encuentra en la infancia de aquellas áreas más relacionadas con los procesos creativos. Pero no desesperemos.

En busca de la creatividad artificial

En los últimos años, algunas parcelas de la inteligencia artificial han tratado de avanzar en la creatividad “artificial”. Hay un dominio en particular que aplica el modelo de la evolución de Darwin en el contexto de la IA. Este no solo está consiguiendo resolver problemas clásicos, y difíciles, de optimización. También se ha planteado por primera vez en la historia de la tecnología que una IA sea capaz de producir resultados “patentables”. Y lo ha conseguido.

Yavalath.
www.sigevo.org

Más aún, la competición internacional Hummies awards busca que la inteligencia artificial supere a la humana en ámbitos creativos muy diferentes. Se trata de que la IA invente aparatos, circuitos, juegos, nuevas tecnologías y fármacos. Y así, el primer juego de mesa con tablero y fichas, llamado Yavalath, ha sido inventado por un algoritmo de programación genética.

En 2013 tuvimos la oportunidad de participar en la competición, con una reseñable selección como finalista, con un “algoritmo genético” de transcripción automática para piano. Este había sido probado previamente en el concurso internacional celebrado en 2011 en Miami por la International Society for Music Retrieval. Quedó tercero en su categoría en esta competición en Miami, y finalista en 2013 en los Hummies. Fue la primera vez que un algoritmo “evolutivo” conseguía tal nivel. Las transcripciones obtenidas sobre obras de Albeniz, Chopin, Haydn o Schuman no dejan indiferentes al oyente.

Pero no solo eso. La metodología creativa empleada, inspirada por la selección natural de Darwin, ha permitido a una obra artística, The Horizon Project, ser finalista en una competición de arte en Nueva York en igualdad de condiciones con otras obras de arte creadas por humanos. En 2017, Show your world competition escogió esta obra, que fue expuesta en Manhatan junto con una selección internacional.

La creatividad computacional ha tomado fuerza en la última década, y tenemos ya resultados sorprendentes: poesía, obras de teatro, arte plástico y composiciones musicales creadas por múltiples inteligencias artificiales, cada una especializada en un ámbito.

Aunque aún estamos lejos de llegar a la creatividad humana, esta nueva perspectiva múltiple y creativa de la IA nos permitirá contextualizar de un modo diferente el arte humano. Podremos comparar lo que la creatividad humana y la artificial producen, entender por qué al público le interesan ciertas corrientes artísticas, mientras desecha otras encumbradas por la crítica.

Quizá podamos, por primera vez en la historia, responder varias preguntas: ¿Hay un arte genuinamente humano? ¿Es correcto considerar arte, como cuestiona Don Thomson en su libro sobre el mercado del arte, un tiburón almacenado en formol? ¿Podrán las inteligencias múltiples artificiales crear arte de naturaleza humana? ¿Serán ellas las que, como el niño de El traje nuevo del Emperador de Andersen, señalen a los que en el arte actual nos dan gato por liebre?

Quizá, como sucedió con el viaje a la luna de Verne, la respuesta a estas preguntas esté a la vuelta de la esquina.The Conversation

Francisco Fernández de Vega, Titular de Arquitectura y Tecnología de Computadores, Universidad de Extremadura

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

 


Decodificando la igualdad.

noviembre 9, 2018

Título:  Code Girls.  The untold story of the American women code breakers of world war II.

Autora: Liza Mundy.

Editorial: Hachette Books.

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Camino de California, compré este libro para tener lectura de viaje en un tránsito aeroportuario.  Editado en pasta blanda, unas jóvenes sonrientes en blanco y negro ilustran lo que la autora nos desvela en la obra:  que tan importantes para la victoria final en las II Guerra Mundial, fueron los ejércitos de hombres, como la multitud de jovencitas que fueron reclutadas para romper los códigos del enemigo.

Mucho se ha hablado de la máquina Enigma, del papel de Alan Turing en su análisis y en general de la ciencia británica para conseguir desentrañar los mensajes utilizados por el ejército alemán durante este oscuro periodo de la historia.  Pero desde el ataque de Pearl Harbour, los Estados Unidos tomaron un papel primordial en la lucha contra el fascismo.  Si los británicos miraban al atlántico, los norteamericanos se enfocaron primero en el pacífico y el problema japonés, siendo su primer objetivo la máquina “purple”, encargada de cifrar los mensajes del ejército nipón.  Y dada la carestía de cerebros masculinos, que eran sistemáticamente alistados y enviados a luchar, no tuvo más remedio el gobierno, a pesar de las desigualdades de la época, de confiar la inteligencia a un batallón de mujeres con aptitudes en las matemáticas.

Fueron varios miles de mujeres las encargadas de desentrañar el significado de las órdenes del ejército japonés primero,  y posteriormente de “romper” la máquina enigma y sus mensajes con un éxito indiscutible.  Éxito sin el cual, el resultado de la guerra probablemente hubiera sido otro.  Mujeres brillantes que tras la guerra tuvieron que volver a casa ante la falta de oportunidades, y las recomendaciones del gobierno para que se dedicaran a lo que más necesitaba el país, recuperar la población perdida.

Interesante obra para tener una imagen más completa de la historia y del relevante papel de la mujer en momentos clave de la humanidad, y que sirve de nuevo para mostrar que el camino hacia la igualdad está cada vez más cerca.


Re-evolución

agosto 28, 2018

Título:  The structure of Scientific Revolutions.

Autor:  Thomas Kuhn.

Editorial:  The University of Chicago Press.

Estamos de aniversario. Esta nueva edición del clásico de Kuhn celebra los 50 años de su primera tirada.  Y digo clásico porque toda biblioteca de ciencias debería incluir este ensayo que describe el proceso evolutivo que siguen las ciencias.

Kuhn se refiere a múltiples campos científicos para mostrar como los paradigmas, modelos que pretenden describir la realidad, llegan cuando un área está suficientemente madura.  Pero no permanecen para siempre.  En su propio seno albergan las semillas de su propia destrucción:  dudas, problemas,  faltas de concordancia entre el modelo y la realidad, que permiten a nuevas generaciones de científicos avanzar proponiendo, cuando ya no queda alternativa, un nuevo paradigma que rompe con el anterior, y a modo de revolución pone patas arriba lo que se conoce y lo que queda por descubrir.

No había tenido la oportunidad de conocer esta obra hasta que en otro libro que voy digiriendo con esfuerzo, por sus más de 1500 páginas, y del que ya hablaremos en próximos post, describe como algunos modelos nuevos de evolución, concretamente el “equilibrio puntuado”, se ajusta a muchas realidades diferentes, incluyendo la descripción de Kuhn del progreso científico mediante “revoluciones”.

Un libro muy interesante, y que por cierto conecta de algún modo mediante este término, revolución, con algunas charlas de divulgación científica en la que recientemente tratamos de combinar lo mejor de nuestra cultura, el vino, la música y la ciencia para el deleite de la parroquia, con el sugerente título:  “Píldoras para la re-evolución digital”.  Dejo aquí un vídeo de este Brindis por la ciencia que repetiremos el próximo 30 de Septiembre en la noche europea de los investigadores.


Actos de fe

febrero 13, 2018

Título:  How to create a mind.

Autor:  Ray Kurzweil.

Editorial:  Viking

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Es difícil encontrar hoy día en el mercado una contraportada con más halagos de personas relevante en su ámbito, en este caso la inteligencia artificial (IA).  Ray Kurzweil es un reconocido “futurista”, dícese del que predice con acierto lo que sucederá en décadas venideras.  Pero más allá de esto, hay que destacar su éxito en el desarrollo de tecnologías tan importantes como las que permiten a los humanos hablar naturalmente con los computadores (Siri por ejemplo).

Kurzweil propone un modelo simple y a la vez complejo, ese tipo de complejidad emergente que surge de sistemas sencillos, para el funcionamiento del cerebro, basado en reconocedores de patrones simples, y que de modo jerárquico se van uniendo hasta conseguir la capacidad de la inteligencia humana.

El libro hace una amplio recorrido por la inteligencia, desde el punto de vista formal, funcional y filosófico.  Repasa las teorías más conocidas sobre la IA, y propone modelos que llevan hasta los campos más discutidos:  mente, consciencia e identidad personal.

Pero si tuviera que destacar el elemento que me parezca de mayor mérito en el autor, sería su sinceridad;  porque al contrario que otros muchos de su estirpe, reconoce sin pudor que en algunas de sus propuesta no le queda más remedio que realizar un “acto de fe” o “leap of faith” literalmente.  Es el caso particular sobre su discusión de la consciencia, de cuándo y cómo surge en sistemas inteligentes, el yo personal del “pienso luego existo” de Descartes, y su relación profunda con los procesos cognitivos, la mecánica de su procesamiento y la consciencia que se le asocia.  Porque cuando otros dicen que los robots inteligentes del futuro serán conscientes, él dice que aunque cree que serán conscientes, no habrá modo de demostrarlo, ni será posible establecer un “test de Turing” para la consciencia, por lo que asume que está haciendo un “acto de fe”.

Plantea del mismo modo un experimento mental interesante, relacionado con el Yo o identidad personal que todos decimos sentir.  Y digo decimos sentir, porque cada uno solamente puede estar seguro del suyo propio.  Este yo tan personal, dice el autor que puede duplicarse:  si en el futuro dispusiéramos de tecnología suficiente para hacer una copia de todas las conexiones cerebrales de una persona y transplantarlas a un cerebro artificial, según el autor, nuestro yo personal surgiría simultáneamente en esa máquina, y sería tan yo como yo mismo.  Para ello recurre a un experimento mental:  Supongamos que sustituimos una neurona de nuestro cerebro por otra artificial.  ¿Seguiríamos siendo YO?  Seguramente todos diríamos que sí.  El lleva el caso al extremo, repitiendo el experimento neurona tras neurona, y realizando a cada paso la pregunta.  Como la respuesta siempre es la misma, al final del proceso, seguiríamos siendo nosotros mismos pero con un cerebro artificial.  A partir de ahí, el dice que una copia del mismo, por ser artificial y fácil de copiar, crearía el mismo YO personal que ahora tenemos, y él manifiesta de nuevo su “acto de fe” diciendo que ese YO no sería una identidad diferente si no la misma que tenemos.  Ya digo, lo bueno es que manifiesta su humildad por no poder demostrar aquello en que cree.  Y esto es importante porque en muchas ocasiones se pone en cuestión la fe de las personas en lo que no puede demostrarse.

También la ciencia está llegando cada vez más a ese punto, en el que manifiesta con humildad su incapacidad para llegar más lejos, y deposita su confianza en la fe.  Y sino pregunten a Gödel, Chaitin, y ahora a Kurzweil.

 

 

 


No sólo Jazz

febrero 2, 2018

Título:  El Jazz de la Física.

Autor:  Stephon Alexander,

Editorial:  Tusquets.

En el famoso documental sobre la historia del jazz que Ken Burns filmó con tanto éxito, y que a fuerza de verlo permite a uno disimular la ignorancia sobre el devenir de esta música a lo largo del siglo XX, aparece algún colega de Charlie Parker, hablando de su inteligencia e interés por disciplinas bastante alejadas de lo que se supone debe interesar a un intérprete de jazz.  Y nos cuenta como se podía mantener una conversación con Bird, no ya sobre Bach o Beethoven, sino sobre partículas elementales y la incompresibre física cuántica.

Francamente, creo que es más fácil que un físico entienda el jazz, que un asiduo a las jam sesion llegue a entender nunca algunas áreas de la física, incluida la cuántica.  Y no precisamente por incapacidad de los que se dedican al jazz.  Todo lo contrario:  por la hasta ahora incapacidad de los físicos de desarrollar una teoría comprensible del mundo en que vivimos.  El propio Richard Feyman, uno de sus máximos exponentes, expresaba su creencia firme, ciega diríamos, en los modelos matemáticos que la sustentan, y a la vez su incomprensión profunda de la realidad física que describen.

Qué curioso que el propio Feyman sea ejemplo de creyente en algo que escapa a la comprensión.

Dicho todo lo anterior, no hay excusa para ignorar lo que mueve el mundo.  Música, ciencia, literatura, arte…  todos deben ser elementos que formen parte de un menú intelectual equilibrado. Y el libro de hoy, permite de algún modo, acercar la física a la otra orilla.

El autor, Stephon Alexander, utiliza su experiencia vital como músico de jazz y físico teórico, para mostrar como se inspiró en el jazz para trazar su investigación, y con multitud de anécdotas, hila una historia que pretende acercar la física más abstracta al público general;  bueno, digamos mejor al músico de jazz general.

No obstante, creo que para adentrarse en cualquier terreno resbaladizo de la física, hay otras obras más recomendables.  El libro hace un largo recorrido, pero con no demasiada profundidad, en muchas áreas de la física, desde la cosmología, unificación, cuántica, relatividad, etc.  Un recorrido tan rápido y a tal altura que producirá vértigo al visitante casual, y dejará insatisfecho al que ya conozca algo de cada temática.

Así y todo, es una buena ocasión para ver que el que se dedique al jazz, también puede desarrollarse profesionalmente en otras disciplinas.

Acabemos este principio de año con un temita clásico, que está haciendo disfrutar a los alumnos de combo del instituto de jazz  y música moderna de extremadura.  Ojalá que también aquí podamos pronto mezclar el jazz con alguna otra disciplina, aunque no sea la física;  las nuevas tecnolgías, por ejemplo, por las que pasa el futuro de la sociedad que conocemos.

 

 

 

 


No tan desechos.

noviembre 6, 2016

Título:  Junk Dna.

Autor:  Nessa Carey.

Editorial:  Columbia.

9781848318267

Siempre nos han contado lo importante que son los genes en la definición de los caracteres. Desde que Mendel hiciera artes malabares con sus guisantes, los términos dominante y recesivo han pasado a formar parte del léxico popular, y el color de los ojos ya no es tan misterioso.

Pero este libro cuenta algo que bien puede ser motivo de reflexión:  que la mayor parte de nuestro código genético no sirve para expresar genes;  y que todo ese material “sobrante”, al contrario de lo que se ha pensado durante un tiempo, es muy valioso.  Lo que hace décadas paracía material de deshecho, resulta fundamental para que la otrora élite cromosómica, los genes, puedan hacer su papel.

En esta magnífica obra de divulgación,  nos ofrece la autora un buen puñado de ejemplo sobre la funcionalidad recién descubierta para los intrones, telómeros y, en general, gran parte de lo que en otra época se consideraba material sobrante, restos que por otra parte están también sirviendo para realizar una exploración arquelógica de nuestro pasado genético y parentela diversa en el árbol de las especies vivientes.

Libro imprescindible para quienes quieran conocer un poco más lo que hay en nuestro interior, y buena metáfora para llegar a valorar a quienes nuestra sociedad de consumo rechaza como deshecho.