Lamentable

abril 20, 2018

Título:  Patria.

Autor:  Fernando Aramburu.

Editorial: Tusquets.

Lamentable el comunicado de ETA de hoy, y lamentable que víctimas y verdugos protagonicen en igualdad de condiciones una novela como ésta.  Porque aunque alguno de los personajes acaba pidiendo perdón, no todos lo hacen, y el tejido social, político y religioso parece que vienen a justificar sus comportamientos.  Lamentable.

Y pedir perdón no es suficiente.  El que inflige daño debe trabajar para reparar el daño causado.  No es suficiente pedir perdón por una estafa,  hay que devolver el dinero.  Esta novela parece que olvida esto, igual que los muchos de los que hoy se conformarían con una rectificación de ETA reconociendo su completo error.  No es suficiente, y seguirá siendo lamentable que todos los que lo apoyaron de un modo u otro ETA, no trabajen de ahora en adelante en revertir el dolor causado.

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Hermoso

febrero 18, 2018

Título:  Pero Hermoso.

Autor:  Geoff Dyer.

Editorial:  Random House.

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Dicen que es uno de los escritores de no-ficción más importantes en la actualidad.  Ganador de múltiples galardones literarios, diría yo que el lector se encuentra en esta sucesión de relatos, que más parecen bolos de sus protagonistas que historias con desenlace, con un amante del jazz, pues no habría podido de otro modo componer este libro que novela episodios, conocidos unos más que otros, de la vida de los artistas que retrata.

Imagina Dyer qué pudo suceder a Young, Monk, Ellington, Pepper … en su peregrinaje musical y existencial, poniendo en manos del lector historias plausibles, experiencias vitales de los grandes del jazz, tamizadas por una prosa exquisita y veraz que permite al lector sumergirse en la vida de estos músicos y su época, décadas de los 40, 50 y 60, y que recuerdan al modo en que Scott Fitzgerald con sus historias nos zambulle en los locos años 20.

Siendo escasa la literatura de ficción en torno al Jazz, “Pero Hermoso” será un clásico en las décadas venideras, y figurará en la biblioteca de cualquier interesado por el género.

 


Una buena historia

febrero 2, 2018

Título:  Chamán.

Autor: Noah Gordon.

Editorial:  Roca editores.

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Hace pocos días se hizo viral la respuesta que un jovencito dio a su dedicada profesora tras una pregunta de examen referida al descubridor de América;  el lenguaraz y deshinbido pulilo le respondió con altanería indicando que todo el mundo sabe que América la descubrieron los indios americanos.

Más allá del trasfondo del asunto, viene a colacción el tema porque el libro de hoy fue premiado por la asociación de historiadores americanos, y recoge hechos notables, costumbres y maneras de los nativos en su relación con la clase dominante recién llegada;  la guerra civil norteamericana, las vivencias de los soldados presos, y, por supuesto detalles del quehacer diario de los médicos en la época, la enfermedades que trataban, las operaciones que practicaban, el avance de los métodos de anestesia, y un sinfin de detalles más, resultado del arduo trabajo de investigación del autor.

Sólo un pero:  el historia bien podría haber dado lugar a dos novelas, no sólo por el número de páginas, que también, sino por su comienzo con la historia Rob J. Cole, padre, como protagonista, y su posterior salto malabar con Chamán, su hijo, cuando el autor decide que es tiempo de mudanza en el protagonismo de la historia, de modo que en  su ecuador, siente el lector que cambia de camisa, como diría aquel.

Sirva esta novela como buen ejemplo para escritores amateurs:  es mucho el trabajo que requiere trazar una buena historia, y más aún recibir el premio que Chamán mereció.


El Progreso de la ciencia.

septiembre 8, 2017

Título:  Cartas Marruecas.

Autor:  José Cadalso.

Editorial:  Salvat.

Hay temas que aguantan el paso del tiempo estoicamente.  No hay que rebuscar mucho entre las cartas de Cadalso: casi al principio, en la sexta carta hemos encontrado algo que parecería escrito anteayer.  Aquí dejamos para la reflexión sobre el progreso de las ciencias en España, y de los profesores que la cultivan, lo que sucedía en España en el siglo XVIII:

“El atraso de las ciencias en España en este siglo, ¿quién puede dudar que procede de la falta de protección que hallan sus profesores? Hay cochero en Madrid que gana trescientos pesos duros, y cocinero que funda mayorazgos; pero no hay quien no sepa que se ha de morir de hambre como se entregue a las ciencias, exceptuadas las de pane lucrando que son las únicas que dan de comer.

Los pocos que cultivan las otras, son como aventureros voluntarios de los ejércitos, que no llevan paga y se exponen más. Es un gusto oírles hablar de matemáticas, física moderna, historia natural, derecho de gentes, y antigüedades, y letras humanas, a veces con más recato que si hiciesen moneda falsa. Viven en la oscuridad y mueren como vivieron, tenidos por sabios superficiales en el concepto de los que saben poner setenta y siete silogismos seguidos sobre si los cielos son fluidos o sólidos.”

Así nos va.  ¿Porqué será que los jóvenes investigadores españoles se marchan en cuanto pueden a buscarse el futuro fuera de nuestras fronteras?


No me digan “ahorita no”

junio 28, 2017

Título:  Don Quijote de la Mancha.

Autor:  Miguel de Cervantes.

Editorial:  Planeta.

La última vez que leí este voluminoso ejemplar del Quijote, profusamente ilustrado por Mingote, fue allá por el 2005, antes de que este blog naciera.  Cada relectura del Quijote le aporta al lector múltiples experiencias y detalles que antes pasó por alto.  Y hoy me quedo con uno, asociado al uso del lenguaje.

La primera vez que hice una estancia prolongada en México fue en Ensenada, Baja California.  Mis amigos de allá me sorprendían con frecuencia al utilizar el vocabulario de un modo particular.  No sólo era que ciertas palabras no se usan en estos lares, sino que a veces, un uso diferente crea situaciones cómicas.  Así, me costó comprobar, por ejemplo, que el “Ahorita” de ellos, se refiere en realidad a un momento indeterminado del futuro.  Así cuando la madre reconviene al hijo para que haga una tarea, el niño remolón contesta con el “Ahorita lo hago”, que provoca el habitual cabreo al postponer para un futuro indeterminado la mencionada tarea.  Igualmente cuando al paseante de turno le ofrecen un producto en venta callejera, habitualmente responde el posible comprador “Ahorita no”, lo que en el fondo significa “ni ahora ni nunca”, aunque con una particular diplomacia.

Ahora bien, lo que más extrañeza me causó, fue la respuesta materna al “ahorita” del joven vago:  “lo haces luego luego”.  Y la sorpresa viene por el uso reiterativo del “luego”, más indefinido aún para un castellano, cuya reiteración abunda en la indeterminación.  Muy al contrario, para ellos significa algo así como “ahora mismo”.  Pues bien, entendida la construcción, desde entonces me preguntaba de dónde surgió, y aquí llegamos a Cervantes.  Porque en su Quijote, son al menos dos o tres veces las que aparece la construcción “luego luego” en boca de algún personaje.

Les dejo como tarea, volver a disfrutar con la lectura, y encontrar quién y porqué usa “luego luego”.

Y no me digan “ahorita no”.


Una de piratas.

diciembre 28, 2016

Título:  Bolsa de viaje.

Autor:  Julio Verne.

Editorial:  RBA.

Con la excusa de un premio a los mejores estudiantes, cosa cada vez menos habitual en nuestro moderno sistema educativo, aprovecha Julio Verne para presentarnos un viaje a las Antillas interceptado por una banda de piratas.

El término pirata, según los diccionarios más extendidos, se asocia con el robo, aunque en época de bucaneros y filibusteros, incluía entre los delitos practicados el asesinato y otras lindezas.  Conocemos piratas de esta índole en la actualidad, pero son más los que actualmente asocian el término a la industria tecnológica, y el pirata es así habitualmente descrito como el que practica el robo de datos, ya sea por cuestiones monetarias o de disfrute personal.  Pero no siempre fue así. De hecho convendría distinguir el término hacker, acuñado a finales de los 70 por el de pirata.

El hacker se inició como el paria que lucha por sus derechos en un mundo dominado por las grandes corporaciones;  cuando éstas negaban información importante a los programadores, estos se veían abocados a la ingeniería inversa para extraer de los dispositivos lo que sus fabricantes les negaban.  Además, un sentimiento de hermandad permitía luego compartir esos datos, y ahí surgían los conflictos con el establishment:  unos outsiders podían construir lo que hasta el momento solamente el fabricante suministraba.

Estas luchas de poder, que se iniciaron quizá por razones moralmente aceptables, devinieron en lo que hoy conocemos:  aunque siguen existiendo estos hackers de guante blanco sin fines lucrativos cuyo objetivo es aprender y compartir conocimientos, son muchos más los que buscan con su conocimiento sacar tajada caiga quien caiga.  Aquí como en tantos otros ámbitos, es el uso que se hace del conocimiento el que determina su bondad.

Así que no tenga miedo de ser un hacker;  Tema más bien caer en el “lado oscuro”.


Sobre zánganos y obreros

octubre 31, 2016

Título:  La colmena.

Autor:  Camilo J. Cela.

Editorial:  Espasa.

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Nos explicaban en la escuela que una colmena es una comunidad,  dominada por una reina,  en la que todos los componentes trabajan por el bien común de la misma.   Cada ejemplo de insecto social sigue,  más o menos,  el patrón,  sean abejas,  avispas,  termitas,  hormigas…

Pero la colmena de Cela,  si bien  integrada por una numerosa colectividad,  describe un panorama algo menos regular,  más holgazán,  tirando a sórdido.   Comenzando por el que huye del café ahorrando el pago,  el “sinpa” que diría hoy la juventud,  Cela nos ofrece un tejido social deshilachado,  en el que el bien común es el concepto olvidado,  y el beneficio propio,  salvo excepciones poco honrosas,  todo sea dicho cuando el fin no justifica los medios,  es el principio vertebrador del laboratorio humano.

Los rotos y descosidos sociales se manifiestan de forma múltiple:  rufianes, golfos,  usureros,  chicas dadas a la vida,  infieles empedernidos…  de todo hay en esta lamentable colectividad humana. Una pena que un retrato más bondadoso, de aquellos que como las hormigas obreras lucha cada día por el bien de sus familias,  no venda.

También hoy tenemos chulos,  golfos,  prostitutas,  ladrones,  asesinos,  y rufianes,  pero afortunadamente parecen minoría,  y nuestras calles y barrios discurren habitualmente con diligencia, y el trabajo honrado de sus gentes permite superar las crisis que nos afectan.

Sirva esta colmena para constatar que ayer como hoy,  el esfuerzo personal de cada uno ayudará a mitigar el descalabro que ocasionan los zánganos infiltrados en cada estrato social.