Evolución

febrero 9, 2019

Título:  The Structure of Evolutionary Computation.

Autor:  Stephen Jay Gould.

Editorial:  Belknap harvard.

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Son dos las razones que me condujeron a este libro, del que ya hablábamos en 2010, y que con motivo del fin de su lectura retomamos hoy.  En primer lugar la maestría de su autor como divulgador científico.  La editorial Crítica hoy del grupo planeta, y hace años perteneciente a Mondadori, incluye en su selecto catálogo muchos de los libros de Gould, libros que han permitido a lectores de todo el mundo introducirse en la paleontología, biología evolutiva y en definitiva historia natural, con una prosa magistral, y una trama a la altura de la mejor novela negra.  Baste un par de título:  “Las piedras falaces de Marrakech” ó “El pulgar del panda”.  Ahí lo dejo.

La segunda razón es el interés obvio de cualquier investigador cuyo campo de trabajo es la evolución, desde cualquiera de sus puntos de vista, incluido los menos ortodoxos – evolución artificial – por conocer la visión y propuestas de uno de los investigadores recientes más importantes, y que a la vez han hecho causa para promover el diálogo fe y razón, en lo que él denominaba:  “Non-overlapping magisterio” (Magisterios que no se superponen). Ya ven: nada que ver con otros científicos que se echan al monte para promover la lucha de guerrillas con la religión.  Y baste como ejemplo la última frase de este voluminoso ejemplar -unas mil quinientas páginas-, frase extraída del libro de Proverbios, concretamente en Proverbios 3,18: “Ella es árbol de vida a los que la abrazan, y bienaventurados son los que la retienen.”  El árbol de la vida como imagen de la diversidad natural y su proceso de ramificación.

Magnífica edición y contenido, que, todo hay que decirlo, me ha llevado casi 10 años de lectura intermitente, iniciada en la dehesa extremeña allá por el 2010, y concluida en este comienzo de 2019.  Casi 10 años para encontrar multitud de ideas que antes o después podremos probar en el contexto de la Inteligencia Artificial.  La principal, el “equilibrio puntuado” ha sido ya de algún modo explorada, aunque probablemente tenga recorrido pendiente.  Pero tras este término de algún modo extraño para los profanos, encontramos multitud de otras ideas basadas en, jerarquías, “spandrels”, capas, contingencias…  Quién sabe hasta dónde podremos llegar de la mano de Gould.

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enero 13, 2019

Título:  De lo espiritual en el arte.

Autor: Vasili Kandinsky.

Editorial:  Paidós.

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Una de las obras mas reeditadas sobre el concepto de arte propugnado por uno de los artistas imprescindibles del siglo XX, que contribuyó como pocos a su renovación.

Kandinsky nos habla de la honestidad necesaria de los artistas, que buscan expresar su interioridad más allá de tendencias y modas.  Habla de la importancia de buscar nuevas formas de expresión para evitar caer en lo que denomina un arte muerto, mero emulador del pasado.

Pero la propia definición del concepto me recuerda la paradoja de Bertrand Rusell:  “El conjunto de todos los conjuntos que no forman parte de sí mismos”, que la sintaxis admite, pero cuya semántica destruye desde su mera concepción, haciendo imposible su existencia.

Porque si un artista, desde su propia interioridad require emular técnicas o figuras pasadas para su expresión ¿será su arte un arte muerto y por tanto anti-arte, como expresa el autor?  Y ¿Qué sucedería con el artista cuyo objetivo último es buscar la novedad -que podría justificar su posición en la cúspide de la pirámide definida por Kandinsky, y por tanto su empuje hacia adelante- y se olvida del resto?  ¿Sería su arte válido, o podría caer en la paradoja Ruselliana?

El artista-gamberro Banksy, como algunos lo definen, una de cuyas exposiciones de grabados está actualmente abierta al público en IFEMA, Madrid, muestra al público su visión sobre algunos de esos artistas en la cúspide, que según sus palabras, en lugar de aprender a dibujar, se dedican a tratar de impresionar con la novedad.

Sirva la exposición de Banksy, su visión, y este libro imprescindible de Kandinsky, para pensar de nuevo y depurar en la medida de lo posible, lo que arte contemporáneo oferta al público, pues aunque mucho hay de valor, no es oro todo lo que reluce.

 


Leonardo, Verne y las Inteligencias Múltiples Artificiales

diciembre 31, 2018

Título:  De la Tierra a la Luna.

Autor:  Julio Verne.

Editorial:  RBA.

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Unsplash, CC BY-SA

Francisco Fernández de Vega, Universidad de Extremadura

Cuando Julio Verne describió en De la Tierra a la Luna el “primer” vuelo tripulado a la Luna, y la tecnología necesaria para su lanzamiento, no podía imaginar lo cerca que estaba la humanidad de cumplir su sueño. Esta obra sirve de excusa al autor para proponer soluciones a algo que hasta hace poco era ciencia ficción: visitar nuestro satélite.

Verne se considera hoy uno de los padres de la ciencia ficción, género que presenta como actual la ciencia y la tecnología, siendo optimistas, del futuro. Y ciertamente a veces el futuro está más cerca de lo que parece. De la tierra a la luna fue publicada en 1865, y este pasado 21 de diciembre de 2018 hemos celebrado el 50 aniversario del despegue del Saturno 5, con tres tripulantes abordo y con destino a la Luna.

‘De la Tierra a la Luna’. Llegada del proyectil a Stone-Hill. Grabado por François Pannemaker a partir de un diseño de Henri de Montaut.
Wikimedia Commons

El genio creativo de Julio Verne y su capacidad de visión tecnológica futura nos recuerda lo que algunos científicos de la actualidad, como Michio Kaku en su Física de lo imposible, nos dicen: que lo que hoy es ficción será la ciencia del futuro.

Pero si buscamos el exponente máximo, para muchos, de científico con visión de futuro, creatividad desbordante y genialidad, llegaremos a la incomparable figura de Leonardo da Vinci.

Leonardo ejemplifica el espíritu renacentista mostrando una poliédrica multiplicidad creativa: artes plásticas, música, poesía, ingeniería, arquitectura, matemáticas… Dominó las artes, las ciencias y las humanidades no solo de su época, sino también del futuro. Anticipó con sus propuestas lo que solo el desarrollo tecnológico de siglos posteriores haría ver la luz. Es quizá el más conocido exponente de las inteligencias múltiples descritas por Howard Gardner como paradigma del intelecto humano.

Quizá sea este ámbito, el de las inteligencias múltiples, aquel en el que la inteligencia artificial (IA), tan de moda hoy, necesita más tiempo de maduración.

Existen trabajos recientes sobre el dominio de la IA en campeonatos mundiales de ajedrez y go, desarrollados por la empresa DeepMind. También es conocida la capacidad de nuestros dispositivos móviles para reconocer voz y conseguir buenas fotografías gracias a la IA.

Estos son solo un par de ejemplos, pero aún no queda claro si encontraremos pronto respuesta a la pregunta que surge: ¿conseguiremos algún día una Inteligencia Múltiple Artificial tan creativa como la de Leonardo da Vinci?

Para poder responder a esta pregunta, sería necesario revisar de nuevo bajo la perspectiva de la IA otras cuestiones bien conocidas. ¿Qué hay detrás de la creatividad humana? ¿Cómo idean los científicos las teorías más rompedoras? ¿Cómo surge un genio creativo? ¿Qué inspira una obra de arte y la convierte en tal? ¿Qué enigma incrustó Leonardo en la sonrisa de su famosa Gioconda? ¿Por qué composiciones tan diferentes como el Adagio de Albinoni o Summertime de Gershwin conmueven al oyente del modo en que lo hacen?

Uno de los más renombrados investigadores de la IA, Mirvin Minsky, proponía en su famosa teoría de la “Sociedad de la mente” que, aunque lejana a las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner, la IA compartía con esta la necesaria concurrencia de múltiples agentes en esa suma intangible que forma la mente-inteligencia.

Y, aunque la IA ha avanzado mucho en algunas de las áreas descritas por Gardner, sobre todo en lógica matemática y lingüística, aún se encuentra en la infancia de aquellas áreas más relacionadas con los procesos creativos. Pero no desesperemos.

En busca de la creatividad artificial

En los últimos años, algunas parcelas de la inteligencia artificial han tratado de avanzar en la creatividad “artificial”. Hay un dominio en particular que aplica el modelo de la evolución de Darwin en el contexto de la IA. Este no solo está consiguiendo resolver problemas clásicos, y difíciles, de optimización. También se ha planteado por primera vez en la historia de la tecnología que una IA sea capaz de producir resultados “patentables”. Y lo ha conseguido.

Yavalath.
www.sigevo.org

Más aún, la competición internacional Hummies awards busca que la inteligencia artificial supere a la humana en ámbitos creativos muy diferentes. Se trata de que la IA invente aparatos, circuitos, juegos, nuevas tecnologías y fármacos. Y así, el primer juego de mesa con tablero y fichas, llamado Yavalath, ha sido inventado por un algoritmo de programación genética.

En 2013 tuvimos la oportunidad de participar en la competición, con una reseñable selección como finalista, con un “algoritmo genético” de transcripción automática para piano. Este había sido probado previamente en el concurso internacional celebrado en 2011 en Miami por la International Society for Music Retrieval. Quedó tercero en su categoría en esta competición en Miami, y finalista en 2013 en los Hummies. Fue la primera vez que un algoritmo “evolutivo” conseguía tal nivel. Las transcripciones obtenidas sobre obras de Albeniz, Chopin, Haydn o Schuman no dejan indiferentes al oyente.

Pero no solo eso. La metodología creativa empleada, inspirada por la selección natural de Darwin, ha permitido a una obra artística, The Horizon Project, ser finalista en una competición de arte en Nueva York en igualdad de condiciones con otras obras de arte creadas por humanos. En 2017, Show your world competition escogió esta obra, que fue expuesta en Manhatan junto con una selección internacional.

La creatividad computacional ha tomado fuerza en la última década, y tenemos ya resultados sorprendentes: poesía, obras de teatro, arte plástico y composiciones musicales creadas por múltiples inteligencias artificiales, cada una especializada en un ámbito.

Aunque aún estamos lejos de llegar a la creatividad humana, esta nueva perspectiva múltiple y creativa de la IA nos permitirá contextualizar de un modo diferente el arte humano. Podremos comparar lo que la creatividad humana y la artificial producen, entender por qué al público le interesan ciertas corrientes artísticas, mientras desecha otras encumbradas por la crítica.

Quizá podamos, por primera vez en la historia, responder varias preguntas: ¿Hay un arte genuinamente humano? ¿Es correcto considerar arte, como cuestiona Don Thomson en su libro sobre el mercado del arte, un tiburón almacenado en formol? ¿Podrán las inteligencias múltiples artificiales crear arte de naturaleza humana? ¿Serán ellas las que, como el niño de El traje nuevo del Emperador de Andersen, señalen a los que en el arte actual nos dan gato por liebre?

Quizá, como sucedió con el viaje a la luna de Verne, la respuesta a estas preguntas esté a la vuelta de la esquina.The Conversation

Francisco Fernández de Vega, Titular de Arquitectura y Tecnología de Computadores, Universidad de Extremadura

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

 


Decodificando la igualdad.

noviembre 9, 2018

Título:  Code Girls.  The untold story of the American women code breakers of world war II.

Autora: Liza Mundy.

Editorial: Hachette Books.

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Camino de California, compré este libro para tener lectura de viaje en un tránsito aeroportuario.  Editado en pasta blanda, unas jóvenes sonrientes en blanco y negro ilustran lo que la autora nos desvela en la obra:  que tan importantes para la victoria final en las II Guerra Mundial, fueron los ejércitos de hombres, como la multitud de jovencitas que fueron reclutadas para romper los códigos del enemigo.

Mucho se ha hablado de la máquina Enigma, del papel de Alan Turing en su análisis y en general de la ciencia británica para conseguir desentrañar los mensajes utilizados por el ejército alemán durante este oscuro periodo de la historia.  Pero desde el ataque de Pearl Harbour, los Estados Unidos tomaron un papel primordial en la lucha contra el fascismo.  Si los británicos miraban al atlántico, los norteamericanos se enfocaron primero en el pacífico y el problema japonés, siendo su primer objetivo la máquina “purple”, encargada de cifrar los mensajes del ejército nipón.  Y dada la carestía de cerebros masculinos, que eran sistemáticamente alistados y enviados a luchar, no tuvo más remedio el gobierno, a pesar de las desigualdades de la época, de confiar la inteligencia a un batallón de mujeres con aptitudes en las matemáticas.

Fueron varios miles de mujeres las encargadas de desentrañar el significado de las órdenes del ejército japonés primero,  y posteriormente de “romper” la máquina enigma y sus mensajes con un éxito indiscutible.  Éxito sin el cual, el resultado de la guerra probablemente hubiera sido otro.  Mujeres brillantes que tras la guerra tuvieron que volver a casa ante la falta de oportunidades, y las recomendaciones del gobierno para que se dedicaran a lo que más necesitaba el país, recuperar la población perdida.

Interesante obra para tener una imagen más completa de la historia y del relevante papel de la mujer en momentos clave de la humanidad, y que sirve de nuevo para mostrar que el camino hacia la igualdad está cada vez más cerca.


Sueños

noviembre 3, 2018

Título:  ¿Sueñan los Androides con ovejas eléctricas?

Autor: Philip K. Dick.

Editorial:  Edhasa.

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De entre los muchos libros que cito a propósito de la reflexión sobre el futuro de la Inteligencia Artificial, este imprescindible de P. K. Dick es uno de los pocos que no había leído hasta la fecha.

Son varias las razones por las que la nombro en el contexto de las ciencias de la computación y que van mas allá de su aportación a la ciencia ficción, que definiríamos como aquella ciencia pendiente de materializarse.

En primer lugar, esta obra fundamental del género, que podríamos tildar como distópica, y que dio lugar a la Blade Runner que Ridley Scott dirigió en 1982, no lo es tanto.  Quizá se deba a que esa distancia hacia el futuro se va acortando a pasos agigantados, y desde que Dick la publicó hasta hoy, mucho ha avanzado la Inteligencia Artificial (IA).  Así, el lector de hoy tiene presente el mundo digital que nos invade, mientras que para el lector de ayer, aquel al que iba dirigida en 1968, cuando fue publicada,  la IA no era más que un juego de palabras de futuro incierto.

Cabe destacar que los fundadores de Apple, visto el éxito de Blade Runner, eligieron a Ridley Scott para la promoción de su Macintosh en 1984.  El anuncio se estrenó en la final de la XVIII Super Bowl, pasó luego por todas las televisiones, y se considera hoy día un hito de la publicidad.  Tanto, como el propio Macintosh en la historia de los computadores personales.  Segunda razón para hablar del libro a jóvenes programadores.

Pero además, la Inteligencia Artificial de hoy está bastantes pasos más cerca de la Inteligencia humana que en los setenta, y para algunos investigadores de la IA, es sólo cuestión de tiempo que ésta nos alcance y supere en todos los aspectos, incluidos el de la consciencia personal.

Creo, sin embargo, que Dick da en el clavo al utilizar el famoso test de empatía para separar androides y humanos, porque más allá de si será la empatía, la consciencia o las propias capacidades mentales, son muchos, incluido Roger Penrose en sus destacables “La nueva mente del emperador”, y “Las sombras de la mente”, los que cuestionan que la mente artificial pueda igualar a la mente humana.

Un buen libro para amantes de la ciencia ficción, la inteligencia artificial, la computación, o simplemente las novelas policiacas.

 


Pura poesía

septiembre 30, 2018

Título:  Poesía española del siglo de oro

Autor:  Varios. Selección de Luis Rosales.

Editorial:  Salvat.

Cuenta Luis Rosales en su prólogo, hablando de las antologías, que no siempre éstas son seleccionadas atendiendo puramente a su valor artístico.  Y pone como ejemplo y justificación, lo que viene muy al caso en los tiempos que corren, que igualmente los parlamentos no están formados por los mejores hombres y mujeres de la nación, sino tan sólo, por algunos representativos.

Dicho esto, y teniendo en cuenta el currículo de quién hizo la selección, miembro de la generación del 36, de la hispanic society, académico de la lengua y premio Cervantes, todo comentario adicional huelga, y me limito aquí a incluir un soneto anónimo y un ejemplo de la poesía cantable de Calderón de la Barca.  Sirvan ambos como preámbulo e invitación a esta analogía imprescindible, compuesta según Rosales por lo más revelador y representativo de la poesía española del siglo de oro.

Pedro Calderón de la Barca. 1600-1681

Cantarico que vas a la fuente,

¡no te me quiebres!

A estas horas al pozo

mi amor me saca,

¿quién ha visto del fuego

tercera al agua?

Si me llevan mis celos

por agua al pozo,

¿de qué sirve que sean

fuentes mis ojos?

Si a la fuente camino,

no voy por agua,

porque sólo son viento

mis esperanzas.

Con el sol y el aire

perdí mi color;

hácenlo de envidia

el aire y el sol.

Cantarico que vas a la fuente,

¡no te me quiebres!

 

Anónimo – A Cristo crucificado

No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte;

tu me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido,

muéveme ver tu cuerpo tan herido,

muévanme tus afrentas y tu muerte.

muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera

que aunque no hubiera cielo yo te amara,

y aunque no hubiera infierno te temiera;

no me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.


Artesanía de las palabras.

septiembre 9, 2018

Título:  H.P. Lovecraft, edición anotada por Leslie S. Klinger.

Editorial:  Akai.

Autor:  H.P. Lovecraft.

9788446043867

El “hecho a mano” referido a los artesanos que fabrican productos únicos, va adquiriendo importancia creciente.  Como cada vez más las máquinas y la inteligencia artificial (IA), ayudan y resuelven, el “handmade” será pronto aplicable no sólo a productos físicos, sino intelectuales:  obras musicales, libros, teatro, arte… Cualquier producto de la creatividad humana será reconocido y valorado como se merece, cuando la competencia con con la IA sea inevitable, y los amantes de la artesanía formen legiones.

Viene esto a cuento por  nuestro autor de hoy, H.P Lovecraft, que permite una interesante disección de su apellido (Love – craft) y que nos habla de ese amor por lo que hasta ahora, sólo el hombre ha sido capaz de producir.  Por que la historia de la literatura,  en la que finalmente Lovecraft ha encontrado acomodo, es hasta la fecha solamente producto del ingenio humano.  ¿Cuánto tiempo permanecerá así?

Más allá de toda consideración por el valor de su narrativa de horror cósmica, indiscutible en la actualidad, creo que Lovecraft, junto a otros como Gershwin, del que hablábamos hace poco, F. Scott Fitzgerald y el paisaje urbano de alguna de las ciudades que les vieron crecer, incluyendo New York y su magnífico Art Decó, son imprescindibles para tener una visión completa de los años 20, paradigma de la edad dorada del siglo pasado.

No duden pues en zambullirse en esta voluminoso ejemplar de más de 1000 páginas, que incluye clásicos como “En las montañas de la locura”.  Su terror primigenio, entrelazado con ciencia ficción y experiencias exploradoras de la época, no dejará indiferente al lector que siga buscando la artesanía de las palabras.