Otros Meridianos

marzo 24, 2017

Título:  Mérida, Palabras y Miradas.

Autor:  Varios.

Editorial:  Ayuntamiento de Mérida.

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Mérida “la blanca”.  Así la conocen sus admiradores.  Dicen que no sigue el patrón común de la ciudad colonial mexicana.  Nacida de la piedra Maya se asienta en lo que fue T’Ho,  urbe de importancia en época precolonial.

Mi colega y amigo Juan Villegas, profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana, me ofreció ocasión para visitar Ciudad de México, y en esta ocasión también nuestra hermana ciudad de Mérida en Yucatán.

En un meridiano apartado de la Mérida española, disfruta el “meridano” de allá, de una cálida temperatura veraniega la mayor parte del año, humedecida con la brisa del atlántico que dista sólo algunas decenas de kilómetros; calor y humedad que contrarrestan las hamacas.  Traídas de Filipinas, pronto dominaron el paisaje nocturno de hogares humildes, dónde el aire acondicionado hoy como ayer son un lujo imposible y los paisanos optaron por desechar la cama.  Pero su éxito contagioso hace que hoy sea elegida por mayoría:  un 86% de la población la utiliza.  Contaba con flema un guía turístico ante el asombre de forasteros, que la hamaca da tanto juego como la propia cama.

Mérida tiene un aroma a nostalgia.  Aunque la fisonomía de los modernos fraccionamientos rezumen el made-in-america, y los inexpresivos numerales han suplantado completamente y relegado al olvido los pintorescos nombres de sus calles, todavía encontramos en el corazón de Mérida su casco histórico, con una aire vintage que sugiere aquellas imágenes sepia de edificios señoriales que nos ofrecen aún los archivos históricos de principios del siglo XX.  Un paseo por su centro permite al transeunte un inolvidable viaje al pasado.

La plaza en que asienta la catedral, rodeada de notables construcciones, lugar obligado para cualquier visitante o anfitrión haciendo patria, es un hervidero de actividad, con cafeterías y heladerías centenarias que comparten abolengo y pedigrí heredado de clientela ilustre.  Bien pudiera uno pensar que viaja en el tiempo hacia esa otra España de siglos precedentes, en los que señoríos y ducados otorgaban rango.  Pero las calles de hoy se disputan paridad, y así se cruzan y alternan nones y pares en dirección norte-sur este-oeste, como si transitara uno Manhattan.  Este prestado culto a los números; los centros comerciales a la americana; los vivos colores en algunas fachadas y cercanías de las pirámides precolombinas, harán recordar al visitante que transita por la hermana ciudad de Mérida yucateca, con todo su pasado maya, presente mexicano e influjo gringo que sopla del norte.

Y si lo anterior no basta, el empuje y energía de sus empresarios, y la recién re-estrenada capitalidad cultural americana, pues goza del apelativo por segunda vez en la historia, deben servir de excusa para cualquiera de nuestra latitud, con ganas de hacer turismo o negocios por/con otros merid(i)anos.

Y enhorabuena al ayuntamiento por esta magnífica edición, que incluye textos de sus paisanos, autores mexicanos, y algunos notables visitantes españoles, entre los que destaca Valle Inclán.


El secreto de Lello

abril 3, 2016

Título:  Cuentos Portugueses.

Autor:  Castelo Branco, Eça de Queirós, Pessoa, Sá-Carneiro.

Editorial:  Gadir.

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La librería Lello es visita obligada para los amantes del vino y los buenos libros.  Situada en la vitivinícola ciudad de Oporto, cuyos vinos dulces son fruto de la interrupción de la fermentación del mosto con alcohol de alta graduación,  forma parte del selecto top 3 de librerías más bonitas del mundo, y también es reconocida por los amantes de la saga Harry Potter:  un simple rumor urbano que la sitúa como escenario de grabación, la ha catapultado a la fama.   Aunque el hecho no es cierto, ha servido para multiplicar sus visitas.  Así, para evitar la avalancha de turistas, cobran desde agosto pasado 3€ por la visita, que amablemente canjean por descuento a aquellos que deciden invertir en cultura.  Cuentos portugueses ha sido mi contribución personal a la empresa, y canje del ticket de entrada.  Siempre es buen momento para saber que Castelo Branco no es sólo una ciudad portuguesa, y que a caballo entre el XIX y XX varios autores notables prodigaron cuentos y narraciones que conviene conocer.

La librería Lello, que abrió sus puertas en 1906, está ubicada muy cerca de la torre de los clérigos,  con fachada de estilo neogótico y detalles modernistas en el interior, ofrece al visitante una impresionante escalera de doble recorrido que permite el acceso a la planta superior. Ahora bien, no todo es lo que parece en esta curiosa librería:  quién quiera conocer el secreto deberá visitar el Palacio de la Bosa, otro edificio insigne en la pintoresca ciudad de Oporto.  Mantengamos por ahora el secreto de Lello.

Otros edificios modernistas y decó dan pinceladas a la ciudad de Oporto, que con sus vinos aromáticos, sus callejuelas coloristas y empinada y sus puentes sobre el Duero no necesita carta de presentación y es destino obligado para quienes visitan Portugal.

Sirvan estos cuento portugueses para unir literatura, viajes y arquitectura de una época, principios del siglo XX, que serán hilo conductor hacia nuestro próximo post.

 


El corazón del mar

diciembre 20, 2015

Título:  Moby Dick.

Autor:  Herman Melville.

Editorial:  Modern Library.

 

En el año 2007 tuve oportunidad de relizar un viaje inolvidable:  cruzar el atlántico abordo del Queen Mary II.  Paro los acostumbrados a aviones, aeropuertos, controles de seguridad, comida encorsetada espacios minúsculos y jetlags, surcar el océano recordando el periplo de los exploradores pasados con la comodidad de hoy es toda una experiencia.

Seis días en el mar inmenso permiten entender aquel título de Sagan publicado en el 1994:  un punto azul pálido.  Nuestros antepasados que hicieron las américas ya experimentaron el asombro de los astronautas de hoy;  si éstos se alejan como el pintor del lienzo para captar el efecto, ellos fueron capaces de acercarse para apreciar el detalle sutil, soportando las inclemencias del tiempo y las incomodidades de la tecnología pasada, saboreando así el mar en todo su esplendor.

Consigue Melville en Moby Dick sumergir al lector en el mar profundo abordo de un ballenero.  Siempre pensé que las andanzas del capitán Ahab eran fruto de una obsesión, pero hace pocas semanas, y gracias a la cartelera cinematográfica, he descubierto que la historia de Melville tiene un origen real:  el desgraciado fin del ballenero Essex.

Debo reconocer que nada esperaba del título “En el corazón del mar” coproducción española filmada en exteriores Canarios y con protagonista de moda.  En primer lugar, esperaba ficción y resultó relato histórico.  Los magníficos exteriores y la caza de ballenas trajo a mi memoria los lejanos surtidores de vapor que saludaban el paso del Queen Mary tras 4 días de viaje marino.  La historia del Essex no sería diferente de tantos otros pecios sumergidos, sino fuera porque el hundimiento fue fruto de una acción premeditada de un gigantesco cachalote.  Las calamidades pasadas durante noventa días, por los pocos supervivientes que ocuparon las tres barcas disponibles, permitieron a Melville tejer esta gran novela americana.  Melville tuvo la oportunidad de entrevistarse con algún protagonista de aquella desgracia, y que por primera vez en muchos años confesó al escritor cuan lejos hubieron de llegar para sobrevivir a la deriva.  Melville obvió el escenario dantesco posterior, y centró su argumento en el cachalote asesino.

Dos años de intenso trabajo dieron lugar a esta magnífica obra, que gracias a la cartelera ha permitdo a algunos como yo situarla correctamente en el contexto histórico.  Espero tener pronto oportunidad de leer la historia original del Essex, y volver a escuchar la banda sonora que acompaña la película, compuesta por nuestro paisano Roque Baños, que continúa abriendo brecha en una terreno muy competido.


El sur

junio 21, 2014

Título:   En los Mares del Sur.

Autor:  R.L. Stevenson.

Editorial:  Valdemar.

 

El viaje hacia lo exótico fue una necesidad para Stevenson.  Su frágil salud le llevó a visitar islas lejanas y mares desconocidos para el europeo medio de la época.  De su mano recorremos hoy aquellos paraísos inexplorados y asistimos atónitos a las costumbres de pueblos aislados, de los que hoy casi no quedan.

Si creemos el relato de Stevenson, y nada hay que nos empuje a dudarlo, el occidental tiene aún mucho que aprender de la exótica forma de vida de los nativos, que durante milenios se han adaptado a la tierra que los acoge.  Baste un fragmento del texto, en el que Stevenson pone a prueba la medicina tradicional, para comprender cuán lejos estamos aún, a pesar de la ciencia y la tecnología, de comprender la naturaleza de nuestra mente y del mundo en que evolucionó:

El doctor y yo entramos en el lugar sagrado solos;  pusieron a un lado las cajas y la esterilla y a mí me entronizó en su lugar sobre la piedra, mirando una vez más hacia el Este.  Durante un rato el hechicero permaneció detrás de mí sin ser visto, haciendo pases en el aire con una rama de palma.  Luego golpeó ligeramente en el ala de mi sobrero de paja, y continuó repitiendo este golpe a intervalos, rozando algunas veces mi hombro y brazo alternándolo con el golpe.  Hay gente que ha intentado hipnotizarme docenas de veces y siempre sin el menor resultado.  Pero al primer golpecito -en una parte no más vital que el ala de mi sombrero, y con nada más virtuoso que un bastoncillo de palma blandido por un hombre que no podía siquiera ver- el sueño me acometió como un hombre armado.  Mi fortaleza desfalleció, mis ojos se cerraron, y el cerebro me zumbaba a causa de la somnolencia.  Resistí:  al principio instintivamente, luego con una repentina agitación de desesperación, al final con éxito, si en realidad fue éxito, que mi hizo ponerme de pie rápidamente, llegar a casa dando traspiés, sonámbulo, tirarme en la cama en seguida y hundirme inmediatamente en un amodorramiento sin sueños.  Cuando me desperté el constipado había desaparecido.  Y en eso quedó un asunto que no entiendo“.

Hoy las distancias se acortan, la lejanía es relativa, y el paraíso llega a casa embotellado y por satélite en cualquier momento.  Justo ahora, que el fútbol se alía con Brasil, resuenan las notas que en 1963 A. Carlos Jubim compuso, y Vinicious Moraes escribió al ser deslumbrados en el bar Veloso, un behemio local en las playas de Ipanema, cuando quedaron deslumbrado por el paso de una hermosa joven de 20 años, Heloisa Eneida, y que gracias a la canción, y sus dotes naturales, fue posteriormente conocida y admirada.

La chica de Ipanema

La chica de Ipanema

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Stevenson también muestra admiración por las mujeres nativas, y sus parcas vestimentas que logran hipnotizar a cualquier viajero desprevenido.  La sensación hipnótica que H. Eneida provocó en los dos artistas mencionados, nos ha regalado este Bossa Nova innolvidable:  “Garota de Ipanema”.  A disfrutarlo.

 

 

 


Leyes vírgenes

abril 8, 2013

Título:  El Libro de las Tierras Vírgenes.

Autor:  Rudyar Kipling.

Editorial:  Club Internacional del Libro.

 

Creo haber hablado en otra ocasión de El libro de la selva, en una magnífica edición ilustrada.  Hoy vuelvo al autor y su obra más conocida, cuyo título en su publicación en Español, además del anterior, ha sido en ocasiones El libro de las Tierras Vírgenes.

Kipling, autor de cultura británico e Indio de corazón fue un fiel amante de la naturaleza.  Como nuestro hispano Delibes defendía la naturaleza a través de la caza y sus leyes, Kipling nos transmite en la voz de sus protagonistas la Ley Natural y su metódico cumplimiento por los ciudadanos de la selva.  Buen momento para volver los ojos a este retablo natural y las normas en que se apoya, cuando las leyes humanas se tambalean y tuercen a gusto de políticos y gobernantes de turno.  La lectura de las múltiples historias que habitan las junglas, manglares y llanuras polares servirán para entender que todavía existen límites que no deberían ser borrados de la naturaleza.

Una pena que el comportamiento humano se caracterice hoy por una mal llamada “ley de la selva”, y lo que surge de modo natural, en un modelo evolutivo bien entendido, se prostituya en beneficio de unos pocos.

Hablado de Evolución, tuvimos la ocasión reciente de visitar Viena con motivo del congreso Evo*.  Una nevada imprevista en el mes de Abril, al menos para los foráneos, nos ha permitido a algunos disfrutar en esta magnífica ciudad de un fenómeno extraño en otras latitudes.  Pero la meteorología sigue aún sus leyes, saboteando en ocasiones las disposiciones humanas.  Una ocasión más para reflexionar sobre una empresa quimérica:  la aplicación tecnológica para la deconstrucción del orden natural.

 


Los males presentes

febrero 17, 2013

Título: El Chancellor

Autor:  Julio Verne.

Editorial:  RBA.

Fortuna y desgracia son términos relativos.  Quizá por eso acostumbran los gobiernos a proyectar películas catastróficas en nochevieja.  Hace décadas, El Coloso en Llamas era habitualmente la elegida.  La meca del cine nos surte hoy de númerosos ejemplares de esta especie, que incluye elementos destructures diversos:  meteoritos, volcanes , agua…

Cuando el cine aún era ficción, la literatura proporcionaba consuelo:  la castátrofe de otros siempre fue analgésico efectivo contra el mal presente.  Y Julio Verne también cultivó el género.

El Chancellor

El Chancellor es una obra que se lee de un tirón, con desenlace feliz y preludio agónico.  Con el más profundo carácter Verniano, y prólogo ambientado en el negocio del Algodón en el siglo XIX, forma parte del conjunto de “Viajes Extraordinarios”.

Verne narra las desventuras de un barco, el Chancellor, con las bodegas atestadas de balas de algodón.  Enlaza la temática con parte del argumento del post previo:  la importancia del cultivo del Algodón en los estados Sureños de Norteamérica.

Repleto de términos náuticos, nos permite la obra oler la brea y la brisa del mar, sufrir el mareo de la navegación a vela, y finalmente, sentir el padecimiento de la tripulación.  Buena lectura para olvidar la crisis.


Otro planeta

junio 13, 2012

Título:  2012 IEEE World Congress on Computational Intelligence.

Autor:  Varios.

Editorial:  IEEE.

 

Suponga que un día es usted teletransportado a un planeta de otra galaxia con condiciones similares a la tierra:  misma distancia a su estrella, mismo tamaño, misma antigüedad -tiempo necesario para la evolución de la vida- vegetación similar…. todo igual.  ¿Cómo saber si es Tierra o sucedáneo el suelo que pisamos?

Claro, podrían decir, es muy difícil que la vida allá hubiera seguido el mismo derrotero que en nuestra tierra -basta comparar las diferencias en fauna y flora de los distintos continentes para hacerse una idea de la divergencia evolutiva- así que no habría más que abrir los ojos.  Pero en fin, supongamos que cae Vd en el desierto de dicho planeta.  ¿Habría forma de comprobar que no estamos en la tierra?

Pues sí, la hay, y no es necesario viajar tan lejos.

A los amigos de la IEEE se les ocurrió organizar este año el World Congress on Computational Intelligence en Australia, concretamente en Brisbane, dónde su clima subtropical es un alivio para los que venimos de la calurosa España en el mes de Junio.  Cualquier Europeo que visite el continente se verá sorprendido enseguida por los llamativos cambios en la fauna y flora, conocidos por cierto gracias a los documentales televisivos.  Ahora bien, si uno se adentra en el continente y se pierde en el desierto, llegará el momento que no haya especie viva que admirar.  Y caerá el sol.

La noche Austral es de otro planeta.  A los que acostumbran mirar al cielo nocturno, y dominan las rutas estelares mejor que google maps, servirá la experiencia para sentirse perdidos y desorientados.  No hay estrellas ni constelaciones conocidas.  Uno mira a otro Universo, al Universo del otro lado.  ¿Quién necesita Fringe?;  el otro lado se contempla desde Australia.

El cielo es la clave, y los antiguos navegantes polinesios lo sabían.  La nevegación Europea de Cabotaje, aderezada sextantes, compases, relojes y brújulas  era un juego de niños comparada con los profundos viajes al mar abierto sin más ayuda que la ofrecida por la naturaleza:  corrientes marinas, aves migratorias, y, sobre todo,  el mapa estelar de los tripulantes aborígenes.  La conquista del firmamento les permitió llegar hasta Hawaii y Chile en una aventura transoceánica.

Playa de Brisbane

Brisbane -única ciudad con playa interior de Australia- y el WCCI, bien puede servir para reflexionar sobre el lugar que ocupamos en el universo, y cómo la curiosidad y espíritu observador -lease la  investigación- es el único camino hacia la conquista de nuevos horizontes.  Esperemos que en estos convulsos tiempos nuestros gobernantes no lo olviden -del todo.