Patrimonio.

septiembre 2, 2017

Título:  Codici decorati dell’archivio di motecassino.

Autor: Giulia Orofino.

Editorial:  Universita’ degli studi di cassino

Esta magnífica obra ilustrada, segundo volumen de una serie que recoge elementos presentes de los códices del archivo de Montecassino, aparte de un lujo bibliográfico, responde a una de las misiones que cualquier universidad debe perseguir:  el interés social y cultural de su actividad.  Editar un libro de estas características requiere una inversión en trabajo y recursos que pocas veces puede afrontarse sin inversión pública.  Pero cuando se da, los resultados quedan como herencia:  aunque con frecuencia las grandes obras, sean arquitectónicas, artísticas, culturales, musicales… reciben críticas del pueblo por sus elevados costes, cuando son bien proyectadas y ejecutadas, producen rendimientos a la sociedad que la financia que bien pueden determinar parte de su futuro.  Sirva España como ejemplo de un patrimonio cultural y artístico, además de climatológico, que le permite situarse entre los tres primeros destinos turísticos mundiales.  Y también Italia, cuyo pasado romano, atrae oleadas de turistas.  Quizá sean ambos, Italia y España, bien escogidos ejemplos entre los países mediterráneos en los que patrimonio se combina por la acogida fraterna del visitante.

Precisamente este verano, hemos sido testigos de esa fraternal relación entre paisanos de España e Italia, fruto del hermanamiento de las ciudades de Almendralejo y Ceprano.  Este gemelagio, denominación italiana del término, ha servido para intercambiar experiencias de diferentes colectivos sociales, y a la vez conocer más de cerca la sociedad italiana.  Aunque como viajero por tierras italianas, siempre tiene uno la oportunidad de visitar los grandes monumentos de Roma, Nápoles, Florencia, Milán, Venecia…  pocos son los que con visitas fugaces a los polos de atracción turística, pueden decir que conocen un país.

En sus conocidas Cartas Marruecas, presentaba José Cadalso un visitante marroquí, que a fuerza de convivir con los Madrileños, iba poco a poco desentrañando los modos y maneras de los españoles del XVIII.   Esto mismo hemos experimentado los que en esta expedición de hermanamiento hemos podido visitar Ceprano, vecina localidad a la capital Romana.  Han sido las gentes de Ceprano, quienes han permitido un acercamiento diferente a nuestra vecina Italia.  No sólo han compartido eventos protocolarios y reuniones de trabajo, que también;  ha sido su cordial recibimiento y acogida, el compartir casas, mesas y manteles, lo que ha permitido a muchos, entender más de cerca la moderna Italia.  Vivir con las familias italianas nos ha hecho saborear los usos y costumbres de la actual Italia, en una fraternal convivencia que hizo a los paisanos extremeños llamar “mi padre” o “mi hermana” a estos familiares adoptivos que nos han recibido en sus casas como a familia propia.

El que suscribe tuvo la suerte de ser recibido por  una “gran familia italiana“, compuesta de padres e hijos, abuelos e incluso bisabuelos.  Me permito aquí un agradecimiento especial a la “nonna”, abuela de nuestra anfitriona y  de su hijo,  que nos recibió en su casa, junto al resto de la familia,  y nos permitió así viajar en el tiempo y conocer la Italia de hace varias décadas, cuando los progenitores se encargaban de la cría del ganado y su ordeño, elaboración de quesos, pastas, embutidos, salsas de tomate procedentes del cultivo de la huerta, etc, tradiciones que todavía hoy sobreviven en manos de algunas conocidas “nonnas”.  En un reto de habilidad lingüística, en el que debíamos hacernos entender cuando cada uno hablaba su propio idioma, nos explicaba la nonna, como aún con su edad, se encargaba ella de todo en la granja, y con orgullo se aplicaba el termino que en Italia se aplica a sus monumentos: patrimonio unesco.

Sirva este post como homenaje al pueblo italiano, a sus tradiciones, y a sus mayores, que sirven para unir lo mejor del pasado, su patrimonio humano, con las promesas futuras de las nuevas generaciones.

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Esta semana, Jazz

septiembre 28, 2015

Título:  Coming through slaughters.

Autor:  Michale Ondaatje.

Editorial: Vintage Books.

No son muchas las novelas que fijan su discurso en la vida de un personaje del jazz haciendo ficción de la misma, quizá porque en muchos casos sus bien conocidas biografías impiden a los autores dejar volar la imaginación.  Pero con Buddy Bolden todo cambia:  sólo una fotografía conservamos de él y cuatro datos de su vida.

Curioso libro que teje poesía, música, descarnada realidad de bajos fondos, y la Nueva Orleans de la época en los hilos vitales que de Bolden ha conservado la historia.  Intrincado mosaico difícil de completar, pero una recomendación perfecta para los que esta sema pueden disfrutar y aprender un poco más del mundo del Jazz.

Se celebra los próximos días el Primer Seminario Internacional de Jazz ciudad de Almendralejo.  Y todo esto es posible por la implicación, una vez más, del Ayuntamiento de la ciudad con este proyecto que va madurando poco a poco:  el Instituto de Jazz y Música Moderna de Extremadura.  Además de los estudiosos de esta disciplina artística, que tendrán entre los días uno y tres de Octubre la posibilidad de recibir clases de algunos de los más prestigiosos representantes del género, los amantes de la buena música podrán disfrutar de un concierto que será ofrecido por los profesores al finalizar el seminario.  Oportunidad única para escuchar figuras procedentes de Berklee, Musikene, Universidad de Lisboa y otros tantos lugares dónde el Jazz es una pieza básica del paisaje urbano.

Ojalá que también en Almendralejo el jazz goce pronto del mismo prestigio que otros estilos y géneros musicales, y con el apoyo de todos, pueda ser reconocida como la ciudad del Jazz.


El Arte del Mercado.

julio 17, 2009

Título:  The 12$ Million Stuffed Shark.  The Curious Economics of Contemporary Art

Autor: Don Tompson

Editorial:  Palgrave macmillan

¿Sintió alguna vez en sus carnes la vergüenza generada por las cifras multimillonarias pagadas a futbolistas de élite?  Allá por finales de los 90, hablaba Antonio Gala con emoción del Extremadura de Almendralejo, y desde el asombro y la ilusión, hacía una serena alabanza a la modesta cuna de equipo que con singular humildad conquistó la cima del fútbol Español.  Quizá fuera esa la realidad de la época, o quizá tan sólo un espejismo fortuito.  El orgullo, prepotencia y aprovechada industria de sus diligentes, pusieron las cosas en su sitio:  arcas vacías a los pocos años, y equipo en el olvido de las divisiones inferiores.

Pero no es el fútbol único en su especie mercantil, con trasiego de millones a ritmo infernal.  Cualquier negocio humano puede verse abocado a ese mismo torbellino disparatado de economías no aptas para países en crisis.  Sin ir más lejos, según nos cuenta el autor de una manera indirecta en este libro de hoy, el mercado del arte sufre en la actualidad este mismo episodio febril.

Tiburón

Tiburón

Nos cuenta con desenfado este economista, como un tiburón, en  incipiente estado de putrefacción, fue vendido por una astronómica cantidad de libras.  ¿En concepto de qué?  De arte.

El problema del arte contemporáneo, es que ha perdido la credibilidad del público, a la vez que ha conseguido ganar bolsillos adinerados.  Bien mirado, el caso se las trae.  ¿Recuerdan ustedes lo que sucedió con los impresionistas de su época?  El asunto tenía tintes similares, por la transgresión activa por parte de los Monets y Manets de las normas académicas.  Ahora bien, la diferencia también es palmaria:  Entonces la innovación era un elemento necesario para alcanzar diferentes cimas estéticas, y el público así lo entendió rápidamente.  Ahora por el contrario, la transgresión en sí es el elemento artístico, y lo demás huelga.

Mérito notorio de estos llamados artistas, que trabajando de este modo han conseguido convencer a crítica y público del interés de su obra.  La ley de la oferta y la demanda ha permitido después encumbrar a gente como Hirst, el del famoso tiburón.  Si usted quiere ganar dinero con el arte, consiga de algún modo que sus creaciones sean deseadas, igual da la temática y calidad (hasta con excrementos de elefante están generando hoy día obras cotizadas).  A partir de ahí, quién quiera la obra tendrá que pagarla.

La cuestión clave sería entonces conseguir fomentar el deseo de una obra, y por lo demás resulte indiferente la calidad, o el verdader arte del autor.  Posiblemente el mercado del arte se haya convertido en el arte de hacer negocios.  Esperemos que este nuevo siglo XXI vuelva a poner las cosas en sus sitio.